Las jugadoras de España y Suecia se sabían en el centro de todas las miradas y no dudaron en aprovecharlo para lanzar un doble mensaje.
Al mundo, con un posado unidas tras una pancarta en la que se leía “#Se Acabó. Our fight is the global fight” (Nuestra lucha es una lucha global)”. A Jenni Hermoso el otro, posando con el puño cerrado, empoderadas, con un esparadrapo a modo de pulsera en la muñeca en la que cada una escribió ‘Se acabó’ junto a un 10, el dorsal que lució la vallecana en el Mundial.
Las internacionales respetaron todos los actos protocolarios a los que obligaba la UEFA, serias en los himnos, con intercambio de banderines, pero cuando tocó posar, las españolas, que ya había alzado la voz, mostraron sus muñecas acordándose de quien faltaba. Fue entonces cuando Alexia, que no ejerció de capitana pese a que en las alineaciones oficiales así aparecía, buscó la pancarta, la desplegó y las suecas se abrazaron.
El once inicial de la selección española de fútbol posa con una pulsera en la que se lee “Se Acabo”.J. C. CÁRDENASEFE
No sólo hubo gestos en el césped. La grada también respondió. Desde que España bajó del autobús a su llegada al Gamla Ullevi recibió el respeto de la afición sueca con aplausos y gritos de ánimo. En la zona de animación del estadio, sede de la selección femenina sueca y lleno para debut en la Nations League, se pudieron leer también dos pancartas. Una con el lema que para el fútbol equivale al #MeToo: “Se acabó’ y otra con un sentido ‘Con vosotras. Jenny y La Roja” y una bandera sueca.
Pese a que el balón volvió a tomar protagonismo, nadie se olvida de lo que las campeonas del mundo han vivido en este mes que debía haber sido de continua celebración.
España va escribiendo líneas en su historia en esta Eurocopa de Suiza. Fase de grupos invictas, goleadas cómodas, derribada la barrera de cuartos por primera vez en 28 años y la posibilidad de llegar a la final tumbando a Alemania, algo inédito. Todas las miradas se han dirigido al césped, a la mejor versión de Alexia Putellas, la incombustible Patri Guijarro, el gol de Esther, el desparpajo de Vicky López o el regreso de Aitana Bonmatí. La clave de eso está en el banquillo. Montse Tomé ha conseguido que España mire al campo y quite el foco de otros asuntos que, si bien no han afectado al rendimiento, han enturbiado.
La seleccionadora tiene ante sí su propio reto, del que no habla, pero que es el elefante en la habitación. Quiere un título enorme, más que una Nations League, que ponga en valor su trabajo y le abra las puertas de su continuidad en la RFEF. El 30 de agosto finaliza el contrato que, en plena tormenta, le firmó Pedro Rocha. Se lo ganó con la Liga de Naciones, la clasificación para los Juegos de París y para la Eurocopa. La estructura federativa era tan inestable que nadie quería sacudirla con cambios en el banquillo. Ahora es distinto. Rafael Louzán está al mando y, junto a las directivas María Suárez y Ruth García, la directora de Fútbol Femenino, Reyes Bellver, y la directora deportiva, María Pry, -que no ha pisado Suiza hasta ahora- tendrán que tomar una decisión sobre el futuro de la seleccionadora que, a día de hoy, aseguran fuentes federativas que está por definir. Nadie desvía el foco del objetivo.
En el análisis, Montse Tomé está más fuerte que hace un año, cuando renovó, y lejos de aquel septiembre de 2023 cuando cogió el relevo de Jorge Vilda y se enfrentó a aquella madrugada en Oliva. Allí pareció que sus días estaban contados. Sin sacudirse nunca las preguntas sobre Jenni Hermoso, ha ido moldeando con mucha mano izquierda un grupo que hoy es una piña y tiene una relación sana con el cuerpo técnico. Devolvió orden natural a la capitanía, con Irene Paredes y Alexia, sumó a quienes empujan, como Aitana, Mariona y Olga Carmona, y ha abierto las puertas a la nueva generación que encabeza Vicky López sin dejar a un lado la meritocracia que ejemplifica la llamada de Martín-Prieto o las guardametas Nanclares y Sullastres. Ha puesto en marcha el relevo generacional, no sin críticas externas pero apoyándose siempre en los resultados, que son incontestables salvo el lunar de los Juegos de París. De eso también aprendió.
Tomé con su segundo, Nacho Fernández.ANA ESCOBAREFE
Tomé, que heredó buena parte del cuerpo técnico de Jorge Vilda, ha ido fortaleciendo su propio equipo. En octubre incorporó a Nacho Fernández como segundo entrenador, un hombre sin experiencia en el fútbol femenino pero que durante años ha arropado a José Bordalás o Marcelino en sus cuerpos técnicos.
Exigencia constante
Analiza y perfila con ella los partidos -juntos viajaron a Basilea a ver el Francia-Alemania en directo-, y se encarga de diseñar las jugadas a balón parado. Junto a ellos Irene del Río, Carlos Sánchez con las porteras y Víctor Cervera, que ha cogido el mando de la preparación física.
Si hay un detalle que destaca todo el entorno de trabajo de Tomé es su exigencia constante. La seleccionadora es consciente de que tiene a las mejores jugadoras del mundo y quiere que su equipo de trabajo responda a ese nivel. En esta Euro, se ha reforzado con un analista más, todos los entrenamientos son grabados desde las alturas del Juan Antonio Samarach de Lausana y todos los rivales han sido seguidos en directo. No hay detalle que se deje al azar, como ha ocurrido en otros momentos de su etapa en el banquillo.
Esta Eurocopa ha puesto a la asturiana en un grupo de élite. De las siete mujeres que empezaron en los banquillos, solo ella y la doble campeona Sarina Wiegman al frente de Inglaterra, han peleado por llegar a la final. En el caso de la neerlandesa, su nombre llegó a estar en la lista de sustitutos de Gareth Southgate, lo que hubiera supuesto recorrer el camino inverso al que han hecho los dos hombres que aparecen junto a ellas. El italiano Andrea Soncin, que llegó al fútbol femenino sin experiencia, y Christian Wück, que creció en las categorías inferiores de Alemania con éxitos como el Mundial sub'17 masculino, y a quien pusieron al frente de la Mannschaft tras los Juegos.
El eje norte-sur sostiene al Madrid. El norte es Mbappé; el sur es Courtois. El primero marca los goles y el segundo valida el valor de esos goles, al impedir que el contrario los iguale. El la periferia del eje crecen algunos jugadores y decrecen otros. Crece Trent, convertido en lo más parecido a un kicker del fútbol americano, un pateador que siempre encuentra el norte, pero un norte en movimiento. La lesión que se produjo el inglés es un contratiempo en el peor momento, para sí mismo y para el equipo. Veremos. Decrece Güler, suplente en San Mamés en una situación extraña, como extraño fue su cambio en Girona. La diferencia es el resultado, un marcador contundente en un lugar difícil, menos hoy que en otras ocasiones, seamos claros. La victoria es una prueba de vida para Xabi Alonso, escondida todavía en el norte y el sur del Madrid. [Narración y estadísticas (0-3)]
Nada hay que reprochar al técnico, después de un ejercicio de dominio de los suyos, de los que mandan, porque el Madrid fue lo más jerárquico posible. Estaba Valverde, y estaba donde le gusta jugar, salvo por las necesidades del desenlace. Estaba Vinicius y estaba Bellingham, un paso adelante por la inclusión de Camavinga junto a Tchouaméni, y estaba Rüdiger, que ha regresado de su larga lesión sin contar los minutos. Camavinga desplazaba a Güler, uno de los pocos futbolistas que alumbran los espacios frente a defensas en formación, pero el tanto del francés carga el argumentario del técnico. No hay debate que se resista a los goles, aunque la lesión del francés, otra, devolverá protagonismo al turco.
Es posible que Xabi Alonso quisiera más físico frente aún rival que siempre propone duelos a cuerpo, pero la realidad es que esté Athletic no está para proponer muchas cosas, lejos de las mejores versiones que ha ofrecido con Ernesto Valverde. La impresión es que la exigente Champions lo ha desgastado y descolocado, y eso se paga siempre en la Liga.
opacado por el depredador
La debilidad defensiva, con muchas dudas, fue una prueba y quedó de manifiesto en los dos primeros goles del Madrid, con independencia de los méritos de Mbappé, que sorteó rivales como se sortean puertas de esquí para batir a Unai Simón. Trent lo habilitó en el espacio justo, por lo que algunos madridistas se fueron a felicitar al inglés, pero a partir de ahí los movimientos de Mbappé fueron inaccesibles, como si se evaporara, para culminar uno de los mejores tantos desde que está en el Madrid, aunque no el gol en el que haya tenido mayor oposición.
La defensa del Athletic estuvo contemplativa, tibia, y su portero no hizo un imposible. Antes y después, en cambio, evitó Unai Simón que los males fueran mayores, ante el propio Mbappé o en un mano a mano ganado a Vinicius, activo en el arranque, pero irremediablemente cada vez más opacado por el depredador que tiene a su lado. Es inevitable. El día que toma la iniciativa, como sucedió en Atenas, Mbappé logró cuatro goles. Continúa.
El segundo gol de los blancos, obra de Camavinga, con dos cabezazos en el área ganados por los visitantes, y el tercero, en el que Mbappé tuvo tiempo para mirar, medir y disparar, sin que Vivian pusiera la cabeza donde debía ponerla, ahondaron en la debilidad local.
El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.EFE
En ataque, asimismo, le faltaron al Athletic tramos de alto ritmo de juego, aunque cazó acciones aisladas, gracias a segundas jugadas, en las que Courtois resultó fundamental, frente a Guruzeta, Berenguer o Jauregizar, en momentos importantes, sin que el marcador tuviera todavía la claridad del desenlace. Nico Williams tampoco consiguió poner en valor su explosión y ganar duelos individuales.
Zurcidos tras las lesiones
Ernesto Valverde intentó poner más agresividad tras el descanso con el recurso de Unai Gómez, pero no le sirvió para cambiar el escenario. Militao, Tchouaméni, Carreras o Camavinga eran ganadores de los duelos individuales, una especialidad habitual del Athletic debido a la intensidad que suele imponer en San Mamés. Ahora no está para eso.
El segundo gol de Mbappé, tercero del Madrid, tranquilizó a Xabi Alonso, que hasta entonces había tenido que zurcir al equipo por las lesiones. Primero al colocar a Asencio en el lateral derecho, por Trent, y a Güler por Camavinga. A partir de ahí, llegó el momento de pensar en lo que viene, el Celta y, especialmente, el City de Pep Guardiola, en el Bernabéu. Entre los que se fueron estaban Vinicius, Mbappé y Militao, jugadores indispensables.
En el caso del brasileño, además, quizás para evitar males mayores, ya que Vini hizo un feo gesto a la grada, al mostrar tres dedos en señal de la goleada. Se retiró de San Mamés al grito de «¡Tonto, tonto!». Tan feo como lo que había hecho. El Madrid lo necesita en su mejor versión, porque lo de San Mamés es sólo una prueba de vida. Si tiene dudas, que pregunte a Mbappé.
En el mismo lugar que en Tokio, sexto. Tres años después, la sensación es frustrante para Hugo González. Tampoco el tiempo le consuela: apenas cinco centésimas más rápido (52.73 frente a los 52.78 de entonces). Lento para un podio olímpico, que exige lo mejor que cada nadador en el momento decisivo. Le sucedió a quienes subieron al cajón pretendido por el español. Se impuso el italiano Thomas Ceccon, que fue cuarto en la capital nipona, con unos excelentes 52.00, y en segundo lugar concluyó el chino Xu Jiayu, cuarto entonces. Si Hugo les hubiera seguido en la progresión, hoy tendría al menos el bronce. "Si estuviera contento, no sería deportista", dijo el español. Eran las palabras de la frustración.
Sabe Hugo que los 100 espalda no son su mejor prueba, aunque su resultado en Tokio fuera mejor que el de los 200, donde no alcanzó la final y se marchó entre quejas por las pocas ayudas que recibían los nadadores, a su entender. A partir del miércoles, cuando nadará las series y semifinales, si se clasifica, tiene su segunda gran oportunidad. Desde Tokio, el español ha trabajado tanto la salida como la velocidad, más determinantes cuanto menor lo es la distancia, en sus entrenamientos en California, aunque con la asesoría compartida de su entrenador de siempre en el Canoe, José Ignacio González, 'Taja'. "En menos de 48 horas tenemos la oportunidad de demostrar que hemos llegado mejor", insistió.
Mala salida
En París no ha podido, por ahora, mostrar los teóricos resultados. Mala fue su salida y mala su progresión, con un giro en 25,52 que empeoraba incluso en una centésima el de las semifinales. Entonces su tiempo fue de 52.95, por lo que en la final nadó más rápido el segundo 50, pero fue insuficiente.
La decisión de irse a Estados Unidos, crucial para el salto competitivo necesario, al entrar en el ecosistema universitario, donde se enfrenta en las ligas a los que serán sus rivales en los Juegos, ha sido un ir y venir, en Auburn, Virginia y finalmente California, hasta que se asentó en el grupo de Dave Durden, en Berkeley, nombrado, además, jefe del equipo estadounidense de natación. No es un viaje indispensable, como demostró el caso de Mireia Belmonte, pero se repite en los grandes nadadores olímpicos españoles, desde Martín López Zubero, afincado en Estados Unidos, a Sergi López o ahora Hugo. Al mallorquín le falta el podio que ellos consiguieron.
Más lento que en Doha
A pesar de que partía con grandes esperanzas también en el 100, donde fue plata en el pasado Mundial, hace unos meses en Doha, Hugo debe reponerse rápido mentalmente. En la capital qatarí fue capaz de nadar 52.70, registro que no pudo igualar en la piscina de La Defénse, donde fue tres centésimas más lento. Las referencias de un Mundial en año olímpico, apretado el calendario todavía por los efectos de la pandemia, no son las más interesantes, ya que muchos nadadores priorizan la preparación para alcanzar el pico de máximo rendimiento en los Juegos.
Si tiene algo que ver o no la profundidad de la piscina, de la que se quejó el mallorquín tras las series, la realidad es que es la misma para todos, también para el italiano Ceccon o el chino Jiayu. En 200, en cambio, fue campeón en Doha, además de lograr, justo dos meses antes de los Juegos, el récord de España (1.54.51) en los Campeonatos de España. El de 100 sigue lejos (52.38), en posesión de Aschwin Wildeboer desde 2009, un año prolífico para los récords, impulsados por los bañadores mágicos que más tarde fueron prohibidos por la FINA, aunque sin anular las plusmarcas. Algunos resisten a nivel mundial.
Los 100 espalda podrían haber tenido más representación española en una final, en categoría femenina, pero Carmen Weiler Sastre se quedó a un puesto. Fue quinta en su semifinal, como le había ocurrido a Hugo, pero su tiempo (59.72) fue el noveno en lugar del octavo. Para Carmen, el diploma habría sido un premio con sabor a medalla. Para Hugo, el papel no sabe a nada.