La historia de Charlotte Worthington, de cocinera a campeona olímpica en un año: “Pasé de hacer burritos a salir en la tele”

La historia de Charlotte Worthington, de cocinera a campeona olímpica en un año: "Pasé de hacer burritos a salir en la tele"

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La inglesa, campeona olímpica de BMX freestyle, fue chef en restaurantes de Manchester antes que su modalidad fuera olímpica. La semana pasada compitió en Extreme Barcelona.

Worthington haciendo uno de sus trucos.EXTREME BARCELONA

«¿Sabes de algún buen restaurante por aquí?», pregunta Charlotte Worthington frente al Parc del Fòrum de Barcelona, donde este fin de semana se celebró el festival Extreme Barcelona, y la respuesta es difícil: está lejos de las mejores mesas de la ciudad. «Tampoco hace falta que sea un tres estrellas Michelin, eh, pero que pueda pedir una buena paella», ayuda.

Su pasión por la gastronomía podría ser parte de su ascenso, campeona en los Juegos de Tokio 2020 de BMX freestyle, miembro de la Orden del Imperio Británico e imagen rompedora de marcas como Adidas y Bridgestone, pero nada de eso: viene de antes. De mucho antes. De hecho, antes de coger su minúscula bicicleta y ponerse a hacer trucos en el aire Worthington trabajó como chef en un restaurante mexicano cerca de Manchester -el Racconto Lounge en Bury- y aún lo haría hoy si su curiosa disciplina no se hubiera convertido en olímpica.

«Fue el empleo que me hizo quien soy. Antes era un poco desastre y en la cocina aprendí a organizarme, a comunicarme, a ser proactiva. La experiencia de trabajar muchas horas en un ambiente de mucho estrés todavía me sirve. De hecho diría que la cocina tiene mucho que ver con el BMX. Ahora entreno los trucos de la misma manera que preparaba los platos: repito una y otra vez hasta que me salen sin pensar», detalla la inglesa en charla con EL MUNDO.

EXTREME BARCELONA

Hoy no hay nadie como ella en el BMX freestyle. Durante los Juegos de Tokio, Worthington silenció a los jueces y al escaso público del parque de Ariake con un 360 backflip, el primero completado por una mujer, y todavía nadie ha sido capaz de igualarla. Hasta entonces era una desconocida en una disciplina nueva. Ahora ya es invitada a eventos y galas y reconocida por las calles de Manchester, su ciudad. La prensa británica cuenta con su oro en los Juegos de París 2024, para los que ya está clasificada.

¿Hasta qué punto le ha cambiado la vida el oro olímpico?
Me la ha cambiado completamente. Me han pasado cosas muy buenas, pero pasé de hacer burritos a salir por la tele. No soy superconocida, pero la presión se multiplicó de la noche a la mañana. Además, antes de los Juegos de Tokio, cuando dejé la cocina, dedicaba todas mis horas a mis trucos de BMX y cuando gané el oro olímpico me di cuenta de que ya no tenía vida social. Había destruido todas mis vías de escape lejos de la bicicleta. Por eso el año pasado dejé la competición durante varios meses. Quería descansar, repensar por qué estoy haciendo esto, ir al skate park sin planificar nada, intentar recuperar el amor por mi deporte. Por suerte, funcionó.

A sus 27 años, Worthington es la abanderada de una especialidad en pañales y, pese a que su edad diga lo contrario, también es una veterana. Sus rivales, la estadounidense Hannah Roberts o las chinas Huimin Zhou y Sibei Sun, apenas son mayores de edad. De su generación quedan pocas, como la española Teresa Fernández-Miranda, de 29 años, en busca de la clasificación para los Juegos de París 2024. «Hay que pensar que el BMX freestyle es un deporte muy joven y que la inclusión en los Juegos ha cambiado muchas cosas. Antes las competiciones eran una fiesta y ahora son muy profesionales. Algunas veteranas no han entrado en este formato. Igualmente yo no me siento mayor. Piensa que empecé en el BMX a los 21 años», recuerda y su biografía, es cierto, nada tiene que ver con la de otras campeonas olímpicas.

EXTREME BARCELONA

Nadie le regaló una bicicleta a los tres años ni nada parecido. Worthington descubrió las rampas y los saltos con un patinete a los 12 y no fue hasta los 19 cuando se pasó al BMX gracias a su hermano. «Había competido con mi patinete, pero con un trabajo a jornada completa en el restaurante apenas podía entrenar. Necesitaba algo nuevo, algo divertido para desahogarme y así comencé con el BMX freestyle. Era imposible imaginar que acabaría siendo profesional. Sólo cuando el deporte entró en los Juegos y me llamó la Federación Británica empecé a comprender que podía ser algo más que un hobbie», finaliza la vigente campeona olímpica, que ya tiene apuntados el nombre de varios restaurantes de Barcelona. Volteretas en el aire con su bicicleta minúscula y una buena mesa, «la combinación perfecta».

kpd