Del “situaciones esperpénticas” del presidente del Athletic, Jon Uriarte, al “¡hijos de puta!”, corte de mangas incluido, de Joan Laporta, hay una decisión que ha removido el mundo del fútbol en España. La cautelarísima que permite inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor ha sido, a juicio de los expertos en derecho deportivo consultados por EL MUNDO, una “decisión inusual” tomada con una “urgencia innecesaria” en la que ha mediado “cierta intervención
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Siete apuntes reflejó Francisco Manuel Arias, el Oficial Informador del Comité Técnico de Árbitros de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) en su informe del partido de la jornada 29 de LaLiga que enfrentó a Osasuna y Real Madrid.
En el documento, conocido por EL MUNDO, el observador refleja: "En el minuto 9.36 de juego los aficionados locales ubicados en el graderio sur bajo situados tras pancartas de Lizarra Osasuna cantaron 'Vinicius, muérete', durante 15 segundos".
También, en el minuto 43, los aficionados de la misma zona del campo y del graderío sur de manera general gritaron "tonto, tonto", cuando el jugador número 7 del Real Madrid fue amonestado. Cánticos que fueron secundados posteriormente por todo el estadio.
Referente al conjunto blanco, el informador escribe: "En los minutos 4, 18, 34, 53, 60. 61, 88, 89, los aficionados locales ubicados en el graderío sur bajo situados tras pancartas de Lizarra Osasuna cantaron 'que sí, que sí, que puta Real Madrid'".
Informe del Oficial Informador.RFEF
Por último, en el minuto 32, los aficionados del mismo lugar del campo también gritaron lo siguiente: "La Romareda puta pocilga donde juntan ligallo (ciertos aficionados del Zaragoza) y policía qué puto olor que porquería con una bomba todo aquello volaría. Una explosión de goma 2 y a tomar por culo Aragón".
Esas son las principales anotaciones que el séptimo miembro de la delegación arbitral designada para este encuentro recogió en un informe que entregó firmado al órgano disciplinario de la RFEF el domingo 17 a las 14:43. Como se hace en LaLiga, según refleja el CTA, desde hace varias temporadas.
Funciones
Todas las delegaciones arbitrales cuentan con los cuatros árbitros de campo, dos de VAR y un Oficial Informador, que es el encargado de reflejar las incidencias externas a lo que ocurre en el terreno de juego. Éste es además el miembro especializado en la lucha contra la violencia, el racismo y la xenofobia que le otorga el Reglamento General de la RFEF.
El equipo arbitral de campo solo recoge en el acta del partido los incidentes antes, durante y después del encuentro en el terreno de juego o en cualquier otro lugar de las instalaciones deportivas o fuera de ellas, siempre que haya presenciado los hechos o, habiendo sido observados por cualquiera otro/a de los/as miembros del equipo arbitral, le sean directamente comunicados por el/ella mismo/a, según el apartado f del artículo 240 del Reglamento General de la RFEF.
El Real Madrid ha insistido en que Dani Carvajal comunicó a Juan Martínez Munuera, colegiado de campo, lo que se cantaba en la grada en el momento de un córner. No obstante, como recuerdan desde el CTA, ese sonido no se recogió en los audios del encuentro. El colegiado durante el arbitraje de un partido está de manera constante conectado a sus asistentes y al VAR por auriculares.
Cuando Dino Casimiro escuchaba historias de monstruos de la naturaleza que engullían a los pescadores de Nazaré (Portugal), Garrett McNamara se juró que jamás surfearía olas grandes después de ser vapuleado por una cuando tenía 15 años, en Sunset Beach (Hawái). "El surf puede ser muy humillante cuando un monstruo te golpea y te asusta", cuenta el americano a EL MUNDO en un evento de Thule, su patrocinador, en Nazaré. Unos años después, Casimiro, con la misma edad que McNamara sufrió ese susto, empezó a visitar el faro de la pequeña localidad pesquera portuguesa para vislumbrar ese mar que supone "una relación de amor y odio" para sus habitantes. "Era el sustento de todo el pueblo, pero muchos morían", recuerda a este periódico.
Un día, en su adolescencia, el portugués volvió a casa empapado tras mantenerse durante horas en el Fuerte de San Miguel, edificio donde se encuentra el faro de Nazaré, mientras el océano mostraba toda su fuerza. Al volver a casa y decir dónde había estado, su familia le dijo que "Praia do Norte era el diablo", pero él sólo pensaba en cómo compartir ese conocimiento con el resto del mundo. "No lo puedo explicar, pero siempre tuve pasión por las olas grandes".
El tiempo pasó y, mientras Casimiro seguía con ese mensaje en su cerebro, McNamara había no sólo perdido el miedo a las olas grandes, sino que las había convertido en su profesión y en su obsesión. "Apenas tenía 16 años cuando mi amigo Gustavo Labarthe me cogió del cuello y me obligó a volver a Sunset, me explicó cómo se hacía y después de eso ya me enamoré de ese tipo de olas", apunta el deportista.
No obstante, surcar las olas, para Garret, siempre ha sido mucho más que una profesión. "Cuando llegamos a Hawaii, mi madre no tenía dinero. Vivíamos en un apartamento pequeño, sin muebles. Pero conseguí una tabla y fui a surfear con un amigo. Cuando lo hicimos fue como: 'Dios mío, nada importa'. Aunque no tengas comida en la nevera, dinero, juguetes... realmente estábamos disfrutando de la vida y del océano", revela. El surf era su pasión, pero las olas gigantes su obsesión.
Así, tras comenzar su carrera participando en pruebas del circuito mundial, McNamara comenzó a virar su vida hacia esos monstruos que asustan a la mayoría de surfistas. Jaws, Mavericks,Waimea... todos los spots habituales en los que el océano mostraba su fuerza eran el día a día de Garrett. "Todo era más grande, más grande... hasta que no había más grande, hasta que no podíamos encontrar algo suficientemente grande", rememora el deportista.
Retrato del surfista en la presentación de un producto de Thule.Thule
Entonces, a principios del siglo XXI, Casimiro y varios socios comienzan a montar competiciones de bodyboard en Praia do Norte porque "las tablas de surf se rompían contra el fondo". Hasta que un día, tras subir al faro, disparó una foto a algo que se movía en el horizonte. Cuando vio la imagen en casa, descubrió que aquello era una ola perfecta, pero que se necesitarían jetskis para surfearla. "Busqué a surfistas que hacían tow in (una técnica de remolcado) en aquella época y el único que tenía web de contacto era Garrett", explica el portugués. Así que, en 2005, le mandó un mail para preguntarle si esa ola era practicable.
"Me interesó, parecía Jaws sin gente en el agua, pero me preocupaba lo que tuviera en frente", respondió McNamara. Y el descubrimiento se quedó en su bandeja de entrada durante más de un lustro hasta que su mujer, Nicole, lo recuperó tras recibir otro mensaje. "Le invitamos a venir en 2011 y Nazaré cambió para siempre", responde Casimiro, hoy técnico del Área Deportiva del Ayuntamiento de la localidad.
"Cuando llegué vi las olas más grandes que había visto en mi vida, era el Santo Grial", comienza McNamara que califica este spot como "Jaws, Waimea y Puerto Escondido puestos con esteroides". "Me sentí en casa y dije: 'ya no tengo que moverme más, sólo intentar conseguir domar el mejor swell posible'", apunta un deportista que, precisamente, presentó una funda de viaje para tablas de surf de Thule en este lugar donde reside la mitad del año. Lo consiguió ese mismo mes. Han pasado 14 años desde que batiera el récord Guinness tras coger una ola de 78 pies (24 metros) en ese mágico cañón de 5.000 metros de profundidad que forma esos monstruos de sueño o pesadilla.
McNamara en una ola de 100 pies.Mundo
El pequeño pueblo de Nazaré se convirtió en una meca del surf para los deportistas obsesionados con las olas grandes tanto en el agua "donde se ha vuelto masivo y peligroso" como en la tierra donde los alquileres en esta población han subido casi un 10% anual. "Si no se regula, terminará habiendo 100 motos de agua en el pico en los próximos 10 años, será como Waterworld", ríe McNamara.
De momento, el principal negocio de las olas grandes en Nazaré lo tiene la empresa de Lino Bugalho, otro de los pioneros del lugar. A través de ella puedes alquilar jetskis por un precio aproximado de 500 euros la hora y spotters (vigilantes desde la superficie) por unos 300. El servicio completo para el inconsciente que quiera seguir los pasos de Garrett McNamara, un deportista que tiene ciertos riesgos cerebrovasculares tras sufrir más de 100 contusiones en la cabeza, es de algo más de 1.000 euros la hora. "Cuando te caes es como hacerlo en cemento y luego entras en el ciclo del centrifugado de una lavadora con Tyson dándote puñetazos", explica el norteamericano lo que él llama el "viaje submarino".
Las herramientas
McNamara usa cascos especiales y personalizados, un traje de 5 milímetros de color llamativo y bolsas de aire para facilitar la flotabilidad y unas tablas cortas, 6.0, pero con gran peso y quillas redondeadas para ganar estabilidad. "Cuando te has preparado, lo has hecho todo, solo tienes que rendirte y disfrutar", explica el deportista ante unas olas que obligan a tomar decisiones de "vida o muerte" en décimas de segundo.
Aunque parezca mentira, no es Nazaré el lugar en el que este hombre se ha visto más indefenso sino en el océano Ártico donde ha surfeado olas provenientes de desprendimientos de glaciares. "Si cae en vertical, bien, si lo hace hacia tí, estás muerto", explica un surfista que "está dejando que el miedo vuelva a entrar en su mente", pero que nunca dejará que eso le impida realizar aquello que tanto ama. "Mientras no me duela, seguiré surfeando, incluso con 80 años", concluye.
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