La primera plantilla del Rayo Vallecano, que tenía previsto entrenar en sesión matutina, no ha podido este lunes ejercitarse en la Ciudad Deportiva debido a un robo de material deportivo que se produjo en las instalaciones del club, según informaron a Efe fuentes de la entidad madrileña.
Después de dos días libres tras el último partido frente al Getafe, el Rayo Vallecano tenía previsto regresar este lunes a los entrenamientos para empezar a preparar el partido de la próxima jornada frente a la UD Las Palmas.
El robo de material deportivo en el vestuario de la primera plantilla impidió que el equipo pudiera ejercitarse y, tras una reunión de los capitanes con el cuerpo técnico y David Cobeño, el director deportivo, se tomó la decisión de suspender la sesión.
Raúl Martín Presa, presidente del Rayo, llegó a la Ciudad Deportiva pasadas las 14 horas para gestionar el asunto y ver los siguientes pasos a tomar desde la directiva ante el incidente sufrido.
Todo está preparado en el Real Club Náutico de Palma desde hace días. Los equipos que participan en la 43º edición de la Copa del Rey Mapfre de vela y sus embarcaciones están listas para comenzar una semana de regatas que arrancó el sábado con el corte de la cinta inaugural y que se prolongará hasta el próximo 2 de agosto con la entrega de trofeos, una ceremonia presidida una vez más por el Rey Felipe VI. El Monarca, que participa en las regatas en la clase Abanca ORC 0 comandado por el almirante Jaime Rodríguez Toubes, buscará un año más alcanzar el oro en una regata que se le resiste al Aifos en parte por la falta de disposición de la Armada de destinar presupuesto para cambiar el barco.
En cualquier caso, la embarcación soltará amarras con el objetivo de poder revalidar el segundo puesto que ya alcanzó en la anterior edición. Una aspiración difícil y en la que se batirá en duelo con el Teatro Soho San Miguel, patroneado por Javier Banderas.
Al Real Club Náutico de Palma han llegado hasta once unidades TP52, a las que se suman tres barcos ClubSwan 50, dos de 46 pies y uno de 45. Una flota de altísimo nivel en la que los TP52 buscarán realizar salidas perfectas para tomar el control en la primera ceñida, mientras que el resto jugará sus cartas a través del rating, al ser algo más lentos, tratando de aprovechar las oportunidades que se generen tras la pared que formarán los 52 pies en las pruebas de barlovento-sotavento en la bahía de Palma.
Spirit of Malouen XI
Además del Aifos y el Teatro Soho, competirán en el mismo recinto el Urbania de Tomás Gasset, el italiano Vudu o el Arobas2. Sin embargo, el principal favorito de esta categoría será el francés Spirit of Malouen XI, que llega a Palma tras lograr el subcampeonato en el mundial de TP52, quedándose a sólo un punto del título.
Hablamos de una edición a la que comparecen 130 equipos con 24 nacionalidades diferentes, y cuyo impacto económico situó ayer "en unos 20 millones" Rafael Gil, el presidente del Real Club Náutico.
Interesante será también la competición en la clase Uber ORC C, donde más de 30 tripulaciones se jugarán el título continental. En esta clase hay una fuerte apuesta de la Armada, pues compiten el Regulus I, patroneado por Francisco Javier Pavón Jarava, y el Regulus VII. Por primera vez, además, el Ministerio de Defensa competirá con una embarcación capitaneada por la militar Esther Gómez Díez de la Cortina. Quince nacionalidades buscarán un título en la clase ORC A, con un programa que constará de un máximo de ocho pruebas, incluyendo dos regatas costeras.
Las tripulaciones que pasarán toda la semana en Palma tendrán también una intensa actividad de actos sociales que mañana comenzará con el cóctel de armadores en el castillo de Son Vida. El miércoles se presentará el primer barco de regatas para personas con gran discapacidad y habrá la Mapfre crew party además del concierto anual de Jaime Anglada. Será la aseguradora quien también patrocine el cóctel de blanco y cerrarán la semana con la entrega de trofeos en el Palacio de La Almudaina, donde se despejará la incógnita de si Felipe VI es, por fin, el ganador de las regatas.
A medida que toma cuerpo el torneo crece la impresión de que Carlos Alcaraz no está aquí de paso, con el freno de mano echado, sino que a poco que se lo proponga puede convertirse en el primer tenista capaz de ganarlo en tres ocasiones consecutivas. Jan-Lennard Struff era ya una prueba de mayor calibre, un jugador en un momento dulce con armas distintas a las de sus dos rivales anteriores. Obligado a ganar el partido dos veces, pues tuvo cuatro pelotas para cerrarlo con su saque en el décimo juego del tercer parcial, el español venció la tenaz oposición de su rival y se impuso por 6-3, 6-7 (5) y 7-6 (4), en dos horas y 52 minutos.
Si tiene que meter una marcha más, Alcaraz está de sobra afinado para ello, aunque hiciese peligrar su éxito en un horrible juego. Este miércoles le aguarda el ruso Andrei Rublev, séptimo cabeza de serie, que derrotó por 6-2 y 6-4 a Tallon Griekspoor. Alcaraz ganó el único enfrentamiento entre ambos hasta la fecha, en la fase de grupos de las pasadas ATP Finals, por 7-5 y 6-2.
La sensación que transmitió Alcaraz en los dos primeros partidos, frente a Alexander Shevchenko y Thiago Seyboth Wild, fue la de una inmensa superioridad. Poco importó que el bicampeón del torneo, que encadena 24 victorias consecutivas en tierra batida española, 14 de ellas en la Caja Mágica, llegase condicionado por la lesión en el antebrazo derecho que le impidió jugar en Montecarlo y Barcelona. El número tres del mundo, segundo cabeza de serie en este Masters de Madrid, viaja a una velocidad distinta, inalcanzable para los adversarios que ha encontrado hasta ahora.
Erosión sobre el revés
Con un punto de agresividad mayor, cargó el juego sobre el revés de Struff y, movido por la inercia competitiva, soltó con más alegría su derecha, contenida en los últimos partidos por el contratiempo referido. Todo parecía encaminado hacia una nueva victoria en dos sets, con 2-0 arriba y servicio para él en el segundo, cuando el alemán revirtió la desventaja gracias a una doble falta y llevó el parcial al desempate, donde cometería menos errores y cerraría con un ace milimétrico y cargado de suspense, que precisó la revisión del vídeo. Al igual que la final de 2023, el partido precisaría de un tercer set.
Struff, que acaba de cumplir 34 años, venía de ganar en el ATP 250 de Múnich el primer título de su carrera, con una soberbia actuación. Dejó en dos juegos a Holger Rune, número 12 del mundo, en semifinales, antes de superar a Taylor Fritz en la final. El alemán posee un estilo propio. Hace valer su corpulencia y agresividad y con el tiempo ha aprendido a explotar sus cualidades en la altura de la capital.
Struff dependía en exceso del acierto con su servicio, que impacta con violencia desde sus 193 centímetros. A partir de ahí, si le funciona el golpe de arranque, tiene más facilidades para golpear con la derecha o para irse a la red. En el bajo porcentaje de puntos ganados con el segundo cabe encontrar parte de las razones de su condena. Lo cierto es que Alcaraz había marcado distancias desplegando lo mejor de su repertorio en el tramo definitivo, antes de mostrarse confundido en la resolución.
Además de arrinconar a Struff en el lado del revés, le desplazó con dejadas que, cuando así era preciso, completaba con un globo. Pero en el tercer set tampoco le alcanzó con el break en el cuarto juego. El alemán volvió incluso de un 3-0 adverso en el último desempate, de nuevo ayudado por los errores de su rival, pero prendido una vez más de la grada, Alcaraz, sin ceder en su gusto por el riesgo, culminó el triunfo.
Tras la derrota liguera contra el Barça, que rompía una racha de nueve victorias blancas en los clásicos, Scariolo habló sarcásticamente de los 'hiroshimas' que se desatan con cada bache en el Real Madrid. Le sobran batallas al italiano, consciente de lo que se trae entre manos en su retorno al club, de la calma que requiere un proyecto así, una carrera de fondo. Sea lo que sea, desde aquel 4 de enero, su Madrid es otro. Ante el Monaco, el último rival capaz de batirle en Europa, fue la corroboración del despegue. [90-78: Narración y estadísticas]
Desplumó al subcampeón de Europa en una primera parte impecable y aguantó su embestida después, liderada por Mirotic. Con colmillo, con juego del que gusta en el Palacio, con personalidad y defensa. Y con Campazzo, en una versión magistral (17 puntos, 10 asistencias). A un mes de la Copa, el primer Rubicón, el Madrid parece en órbita.
La vida con puntería es otra cosa. La frustración de un lanzamiento fallado se transforma en pura confianza cuando, por contra, entra. Tantas veces igual da que sea después de una mala o buena jugada. Todo fluye con alegría, hasta la defensa. El crecimiento del Madrid en las dos últimas semanas, concretamente desde que tocara fondo ante el Barça, tiene mucho que ver con sus porcentajes. Es como el trampolín de todo lo demás.
Que son siete victorias de carrerilla. Pero no cualquiera. Ni de cualquier forma. Entre tanta acumulación de partidos, no es baladí tumbar al mismo Barça que dejó 105 puntos en el Palacio (dejándole en 61), ni remontar al asombroso Valencia, ni desplumar, como anoche, al Mónaco. Un cambio radical.
Con muchos nombres propios. Aunque ninguno como el de Usman Garuba. El gran salto que su carrera estaba aguardando. Seguirá equivocándose y su ímpetu le llevará, en ocasiones, a frenar demasiado tarde. Pero ahora es consciente de que esa energía es lo que le hace único. De que por cada fallo hay 10 cosas que transmite al equipo, que desequilibra al rival. Se siente respaldado en esa forma de entender el juego, por el banquillo y también por las tribunas. Que le adoran.
Garuba intenta taponar a Strazel, del Monaco.Juanjo MartínEFE
Cuando saltó a cancha la Pantera, siempre el primer recambio de Tavares, su equipo ya navegaba viento en popa sobre el temido Monaco de Mike James, Mirotic y compañía. Pero su zarpazo escoció. Nueve puntos, sin fallo, casi de carrerilla y la grada en pie. El Madrid, que amaneció con cinco de seis en triples, se fue 23 arriba al descanso (54-31). Una apisonadora, un ritmo endiablado, los puntos de Hezonja y Lyles, los de Tavares (bien encontrado) en pintura o la canasta imposible (que no falte) de Llull. Ni siquiera le inmutó la lesión en una mano nada más entrar de Theo Maledon, que no volvió a cancha.
Dejar a uno de los equipos ofensivamente más peligrosos de la Euroliga en 31 puntos al descanso fue una buena muestra de los cielos en los que habita este Madrid en pleno salto. Y aunque a la vuelta un triple de Abalde puso el 26 arriba, los de Spanoulis reaccionaron. A base de puntos, claro. 20 en seis minutos, con Theis haciendo daño a Tavares, para arrimarse peligrosamente (64-51).
Regresó Garuba y puso orden. Robos, rebotes y asistencias tras recorrerse la cancha botando, como solía. Pero el Monaco era ya otro y el Madrid no se sentía tan seguro ante las individualidades del subcampeón. Un triple de Mirotic -silbado, como siempre-, volvió a acercarles (71-58). Llegaron a estar a nueve y Tavares (y los demás, llegaron a acumular un 1 de nueve) falló después algunos tiros libres para poner algo de emoción. Pero el triunfo, con el basket average ganado, la hace ser ya tercero. Y subiendo.