Aparece Rafa Jódar, con sus 17 años, y sus 1,90 metros, y su juego directo, y sólo queda una certeza: el tenis español tiene futuro. En los últimos tiempos no ha celebrado muchos éxitos que no fueran de Carlos Alcaraz, pero la cantera sigue rebosando talento. En el US Open júnior, por ejemplo, en las últimas cuatro ediciones ha habido tres campeones españoles: Dani Rincón en 2021, Martín Landaluce en 2022 y Jódar este 2024, una racha que no había encadenado ningún país. En la final del Grand Slam estadounidense de este sábado, en la inmensidad de la pista Arthur Ashe, Jódar al noruego Nicolai Budkov Kjær, el ganador del último Wimbledon junior, el número uno del mundo en menores de 18 años, por 2-6, 6-2 y 7-6(1).
“Estoy viviendo un sueño ahora mismo. Ha sido una batalla preciosa y me gustaría felicitar a Nicolai por el partido. Ha sido un placer jugar contra él”, comentaba Jódar en sala de prensa con una educación exquisita.
De Leganés, formado por su padre y por los entrenadores del Club de Tenis Chamartín, Jódar empezó a pelotear en su garaje, para luego practicar en unas pistas de pádel cercanas a su casa y descubrir la competición a los siete años. El año pasado ya dio la campanada al ganar por sorpresa y con sólo 16 años el Campeonato de España junior y desde entonces combina las sesiones en su club con ‘stages’ en la academia BTT de Sant Cugat, donde aprende de Francis Roig, ex entrenador de Rafa Nadal. Precisamente Nadal fue su ídolo de infancia -el primer partido que vio en televisión fue la final del Open de Australia de 2012 perdida ante Novak Djokovic– y un espejo en el que mirarse, madridista como él, aunque el estilo de ambos es muy distinto.
Con su físico, Jódar se acerca más al tenis de Jannik Sinner, el actual número uno del mundo, pese a que todavía le queda mucha formación. Antes del US Open junior, el español se había comprometido con la Universidad de Virginia para jugar allí a partir de enero, aunque ahora podría intentar un salto temprano al circuito ATP. “No puedo decir lo que voy a hacer. Para ser sincero, todavía no lo he decidido”, aseguraba después de levantar el título más importante de su corta carrera.
Reciente campeón en Indian Wells, Jack Draper disfrutaba del mejor momento de su carrera, incluso se le había visto sonriendo algún que otro día, hasta que este jueves cayó en octavos del Masters 1000 de Montecarlo ante Alejandro Davidovich. Andrei Rublev, en dinámica totalmente inversa, con muchas derrotas feas sobre sus hombros este año, esperaba revivir sobre la tierra batida, pero igualmente perdió ante Arthur Fils en su segundo partido en el Principado. Antes que ellos, Alexander Zverev, Novak Djokovic y Holger Rune habían desaparecido del cuadro por sorpresa, y después Casper Ruud se derrumbó en una batalla de tres horas ante Alexei Popyrin.
Al final, en cuartos de final del torneo monegasco, este viernes, sólo habrá un máximo tres jugadores en el Top 10 del ranking ATP: Carlos Alcaraz, Stefanos Tsitsipas si gana a Nuno Borges y el vencedor del duelo entre Daniil Medvedev y Alex de Miñaur.
Una rareza histórica. Después de dos décadas de duelos entre los mismos, con contadísimos tropiezos del Big Three, el tenis masculino se ha sumido en la irregularidad. Con Jannik Sinner ausente por sanción, en los Masters 1000 ya disputados ha habido campeones sorprendentes -Draper y Jakub Mensik- y parece que eso se repetirá en esta gira sobre arcilla. De hecho, sólo hay un candidato a dominador, a levantar varios de los trofeos que se entregarán antes de Roland Garros: Alcaraz.
Pese a su inconsistencia y a la mala racha esta temporada, el español es el único favorito capaz de vencer con cierta ventaja sobre sus rivales. Si en segunda ronda, ante Francisco Cerúndolo, dominó a partir del segundo set; este jueves, en octavos ante Daniel Altmaier, suyo fue todo el partido. Hubo problemas que resolver, vaya si los hubo, pero lo hizo sin exponerse a una eliminación en Montecarlo.
Ante Altmaier todo lo que padeció con su saque -apenas metió el 50% de primeros, salvó hasta nueve bolas de break- lo suplió con magia. En su momento más crudo, de hecho, dejó un globo entre las piernas que aparecerá entre los mejores golpes de la temporada. Al final, venció por 6-3 y 6-1 en una hora y 26 minutos y este viernes se medirá a Fils entre el peligro. Las derrotas de todos sus rivales potenciales le deberían servir como advertencia y, sobre arcilla, la mejor superficie para su tenis, puede hacerse con el trono que anda desocupado.
El marido de Junko Tabei trabajaba en la fábrica de coches de Honda, le explicó que la tela de los asientos era impermeable y ella no dudó en pedirle un rollo de varios metros: lo cortó, lo cosió y así hizo la chaqueta y las manoplas con las que se convirtió en 1975 en la primera mujer en subir al Everest. Anécdotas como esa, muchas. Decenas. Pero se conocen muy pocas.
Tabei hizo historia y hoy apenas se la recuerda. Escribió ocho libros explicando todas sus aventuras y durante muchos años solo se publicaron en Japón, con escaso éxito. No fue hasta después de su muerte en 2016 que apareció algo de bibliografía sobre ella en inglés. "Por eso quisimos hacer el documental", explica la directora española Isabel Díaz Novoa, autora de Lady Everest, que reivindica la figura de la alpinista japonesa. El documental se estrenó el pasado 11 de diciembre en el BBK Mendifilm de Bilbao y en los próximos meses recorrerá España de festival en festival.
Nacida en Mihaur, cerca de Fukushima, en 1939, cuenta la leyenda que Tabei se enamoró del alpinismo cuando subió a los 10 años al monte Nasu, aunque es difícil de creer: es una cima de apenas 1.000 metros de altitud, donde hoy hay un parque de atracciones enorme. Sería como enamorarse del montañismo en el Tibidabo. En realidad, su amor por las alturas nació en el Club de Montaña de la Universidad para Mujeres Showa, donde estudió Filología Inglesa, y creció en la reivindicación.
"Le decían que se quedara en casa"
"Las mujeres no estaban admitidas en los clubes masculinos y, si les incluían en alguna expedición, les prohibían abrir vías. Las utilizaban para darse publicidad. Tabei luchó para crear un club femenino y en 1970 organizó un viaje con otras mujeres al Annapurna III, que fue su primera ascensión fuera de Japón. Hizo cumbre, pero hubo muchas tensiones entre las alpinistas", explica Díaz Novoa, quien pudo entrevistar al marido de Tabei, Masanobu Tabei; al pequeño de los dos hijos de ambos, Shinya Tabei; y entre otras personas, a Setsuko Kitamura y Emoto Yoshinobu, miembros de la expedición al Everest de 1975.
¿Aquella ascensión al Annapurna III le permitió viajar al Everest?
En parte, sí, en parte, no. De todos modos le costó muchísimo. Necesitó cuatro años de preparación por los permisos y, sobre todo, por la financiación. En 1975 Tabei ya era madre y cuando se reunía con los empresarios todos le decían que se quedara en casa, que tenía que cuidar de su hija mayor Noriko, que la sociedad japonesa no vería bien su expedición al Everest. En realidad, tenían algo de razón: ella y su marido eran raros. Masanobu Tabei era alpinista, perdió varios dedos de los pies en el Cervino y tuvo que dejar las montañas. Por eso él le apoyaba y se quedaba en casa, aunque socialmente en Japón los dos eran incomprendidos.
Si Tabei consiguió el dinero para asomarse al techo del mundo fue porque la televisión japonesa, Nippon Television, y el periódico más leído, el Yomiuri Shimbun, entendieron el calibre histórico de su aventura y decidieron pagar una parte. A cambio, la alpinista tenía que acompañarse de cuatro periodistas, dos por medio. Una escolta que le trajo algún que otro problema.
La avalancha en el Everest
"En el campo 2, a más de 6.000 metros de altitud, Tabei y sus compañeras sufrieron una avalancha. La nieve que llegaba del Lhotse se llevó las tres tiendas de campaña de las expedicionarias. No sufrieron traumatismos, pero sí muchas contusiones", relata Díaz Novoa. Los únicos que se libraron eran los cuatro periodistas, que dormían en una tienda separada y que bajaron al campo base para avisar de que se anulaba el intento de ascensión. Tuvo que ser Tabei la que dijera que de eso nada, que solo necesitaban unos días extra para curarse las heridas.
Díaz Novoa, autora del documental.
¿La entendieron un poco mejor al llegar del Everest?
En Japón cambió mucho la perspectiva que había sobre ella. La recibieron con todo tipo de homenajes. De hecho, al contrario de lo que le pedían, tardó dos meses en poder ir a casa con la familia porque tuvo que participar en todo tipo de fiestas y festivales por todo el país.Ella dijo todo el tiempo que se consideraba antes ama de casa que alpinista y eso lo utilizó el Gobierno. Fue presentada como un ejemplo de mujer fuerte capaz de cuidar de su familia y de escalar a la cima más alta del mundo.
Después del Everest, Tabei se convirtió en la primera mujer en completar las Siete Cumbres, es decir, la montaña más alta de todos los continentes. Recibió premios como el Leopardo de las Nieves, que se concedía a quienes ascendían a los mayores picos de la Unión Soviética, y ofreció múltiples charlas en empresas con su lema, "paso a paso". En 2012 fue diagnosticada de cáncer de estómago, aunque siguió en las montañas hasta la muerte: tres meses antes de morir visitó por última vez el Monte Fuji.
"Antes de hacer el documental ya sabía que la figura de Tabei no era muy conocida en Europa o Estados Unidos, pero me sorprendió la poca importancia que le dan hoy en día en Japón", finaliza Díaz Novoa, que añade: "Incluso su marido y sus hijos me preguntaron por qué quería explicar su vida. Me parece evidente el gran peso que tiene su trayectoria en la historia del alpinismo".
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Sábado,
7
octubre
2023
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