Nico Paz celebra su gol al Napolés.OSCAR DEL POZOAFP
El gol de Nico Paz en la pírrica victoria del Real Madrid ante un desordenado y obtuso Nápoles, salvó los desprecios de Ancelotti. El caduco técnico italiano sólo cuando se ve con la soga del ahorcado utiliza a una cantera blanca que está repleta de
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Mientras 'ardía' la avenida de Arcentales, una madre vestida con la camiseta de Griezmann disfrutaba con su hijo de la maravillosa puesta del sol que se ve desde el parque del estadio Metropolitano. Es la perfecta metáfora del contraste que vive hoy este Atlético de Madrid. La llama y la calma. Era día de llama. De remontada y de intensidad... De rugidos. Rugió el león, rugió el Metropolitano y rugió Oblak. [Narración y Estadísticas, 2-1]
El esloveno volvió por sus fueros con una gran actuación durante el encuentro y con una parada decisiva en la tanda de penaltis. Su performance merecía los cuartos de final de la Champions, lugar que n oocupaba el Atlético desde la 2021/22. El equipo necesitaba fuego, sí, pero también calma. Sólo había que remontar un 1-0.
Así, desde un bloque medio con las líneas muy juntas, cerrarían todos los pasillos interiores que tan bien ataca el equipo de Inzaghi, con esa movilidad tan característica que le mantiene ya con 16 partidos seguidos sin perder. El plan funcionó de inicio con un robo de Molina que generó el primer 'uy' en la grada y una salida de Lino, como un cohete por la banda izquierda, cuya finalización exigió una buena parada de Sommer.
Como dos rivales que se miran al espejo, Dumfries quiso responder al brasileño apenas dos minutos después. Oblak, el Oblak que necesita el Atlético, apareció para negar el gol al neerlandés. Lautaro se desesperaba porque estaba solo al palo largo. Minuto 14 y el partido era un vaivén de emociones, juego y ocasiones. Era todo lo que se puede esperar de una noche de Champions en un duelo de estrellas.
Barella y Lautaro eran dos de las que estaban en el césped. El primero era la batuta de los neroazzurri, el segundo, el vértice sobre el que se montaba la ofensiva. Aunque el argentino apenas levante 174 centímetros del suelo, es increíble su juego de espaldas y la manera de aguantar las embestidas de Savic y Witsel. Aunque al final de la noche la suerte le fuera esquiva, el partido del Inter fue suyo.
Su homólogo, Morata, debía responder al desafío del 9. Escribíamos en este periódico que ambos estaban en el mejor año de sus carreras, así que el duelo estaba servido. Las contras del Inter eran cosa de Lautaro, pero el primer remate a puerta fue un cabezazo del madrileño, blando, pero bien dirigido. 1-1 en el duelo particular.
Resultado que se puso en el marcador tras dos minutos de locura disputada la primera media hora de partido. El primero que golpeó fue el Inter. Lo hizo aupado a una pared de sus dos estrellas y a una llegada fulgurante de Dimarco, quien remachó la descarga de Barella en el punto de penalti.
Dimarco, tras marcar el primer gol del partido.Juanjo MartínEFE
Y respondió a quien más esperaba el partido. Griezmann comenzó el partido en cuerpo, pero no en espíritu. Fallón, cabizbajo y sobre todo sin sonreír y, si él no sonríe, al Atlético le cuesta más hacerlo. El equipo sabe luchar, presionar, morder, pero le falta algo de creatividad y esa es la característica fundamental del juego del Principito.
Y, aunque la creatividad tardó en llegar, apareció la efectividad. Un fallo estrepitoso de Pavard le valió, al borde del fuera de juego, para remachar ante Sommer al borde del área pequeña. Casi hace el segundo cinco minutos después, pero la defensa interista repelió otro disparo suyo dentro del área. Bienvenido Principito.
Griezmann celebra el empate del Atlético.MariscalEFE
Terminó el francés la primera mitad como comenzó la segunda, percutiendo. Lástima que le cayó a la derecha un pase atrás de Llorente y disparó blando a las manos de Sommer. Tuvo otra 10 minutos después, pero Morata no le vio y remató mal arriba. Si la deja pasar se quedaba solo el francés. Se hubiera caído el estadio si culmina la remontada de la eliminatoria en la portería del fondo sur del Metropolitano.
El partido avanzaba y el cronómetro apretaba en la cabeza del Cholo. El argentino, que en varias fases del partido pedía calma, en el 70 declaró fuego. De Paul y Lino al banquillo, Riquelme a la izquierda y Correa en punta con Morata. Griezmann al medio campo a intentar recuperar la creatividad perdida. Necesitaba una sacudida el encuentro que había perdido lustre con el paso de los minutos.
La sacudida casi se la da Lautaro al Atlético de Madrid tras conducir dos contras con maestría y dejar solos a Thuram y a Barella. Afortunadamente, el francés no tiene el temple del argentino y el italiano llegó fundido a los últimos metros. Ambos definieron mal.
Los últimos diez minutos de partido eran un toma y daca donde el gol podía encontrarse en cualquiera de los lados. Memphis pudo empatar en dos ocasiones. La primera tras una gran jugada de Correa, esta noche sí, el gran agitador que necesitaba Simeone en los metros finales. Y la segunda tras un gran disparo al poste.
El león
Y tanto insistió el león que terminó por encontrar a su presa. Lo haría tras un gran pase de Koke. El neerlandés se revolvió bien y remató fuerte y al palo. Eliminatoria empatada a cinco minutos del final. El Inter, plagado de defensas, grogui. El Metropolitano en ebullición. Y Riquelme pudo evitar la prórroga en sus botas cuando la creatividad de Griezmann había vuelto. Una pena.
El Inter, lejos de afectar el golpe en el tiempo añadido, mostró una versión más parecida al partido de ida. Mas agresivo y más intenso. Thuram amagó con un cabezazo que silenció a la grada. Y era el Atlético el que esperaba cazar una contra. En cuestiones de caza, lógicamente, hay que llamar al león. Esta vez, Memphis no pudo encontrar el gol tras una gran jugada de Riquelme. El partido se iba a decidir por los pequeños detalles.
Un córner por ejemplo, como el que remató Lautaro, pero no encontró portería. Un 'valderrama' de Thuram a Savic, que el VAR pudo interpretar de otra manera. O la sustitución de Griezmann... los caminos del Cholo son inescrutables. Nada pasó y el partido se decidió en los penaltis. La suerte más injusta en el fútbol. Lo fue con Lautaro, el mejor del Inter y el que falló el penalti definitivo. Pero no con el Atlético que creyó y rugió como nunca.
JULIÁN RUIZ
Actualizado Miércoles,
4
octubre
2023
-
23:41Lamine Yamal, durante el encuentro.PATRICIA DE MELO MOREIRAAFPCrónica El Barça aprieta los dientes...
El Villarreal se la jugaba en Dortmund sin red y acabó cayendo al vacío. El conjunto de Marcelino encajó una nueva derrota (4-0), la cuarta en cinco jornadas, que le deja prácticamente sin opciones de acabar entre los 24 primeros tras ofrecer de nuevo una imagen diametralmente opuesta a la del sólido equipo que marcha tercero en la liga. El tanto alemán al filo del descanso empezó a torcer un partido que se acabó de estropear con un dudoso penalti y expulsión de Foyth que allanó el camino para la goleada local.
El arranque del Dortmund fue intimidante, con una asfixiante presión que mantenía a los castellonenses encerrados en el área, incapaces de superar la línea central durante los primeros minutos. Cuando no tenía el balón, no tardaba en recuperarlo el conjunto alemán, protagonista absoluto de un monólogo en el que fue bajando la voz con el paso de los minutos. Más allá del dominio, no conseguían los de Nico Kovac generar verdaderas acciones de peligro.
Todo lo contrario que el Villarreal, que demostró lo poco que necesita para armar una buena jugada de ataque. Los de Marcelino enseñaron el colmillo pasados los diez minutos, a la primera que lograron circular con rapidez. Golpeó Partey desde la frontal y el balón tocó en un defensa antes de caerle a Buchanan, que estaba en fuera de juego cuando remató a la red.
Una simple acción bastó para cambiar la inercia de un partido en el que los alemanes empezaron a ceder protagonismo a un Villarreal que se iba encontrando más cómodo en el campo y tampoco pasaba excesivos apuros, con Foyth imponiendo su ley en la defensa. Además del contragolpe, como el que culminó Buchanan con un deficiente remate tras un buen pase de Comesaña, el equipo de Marcelino amenazaba también con el balón parado, como en un saque de esquina de pizarra que habilitó un remate franco de Gueye, que totalmente solo envió por encima del larguero.
El Villarreal empezaba a tener el partido donde quería pero el arreón del Dortmund antes del descanso le fastidió el plan. Comenzó a aparecer Adeyemi llegando hasta línea de fondo y tras una primera acción que salvaron entre Luiz Júnior y Foyth, un saque de esquina forzado por el extremo acabó en el primer gol del Dortmund. Los amarillos pidieron manos en el control de Anton, revisado y validado, y el balón le acabó cayendo tras un par de rechaces a Guirassy, que remachó de cabeza en boca de gol.
Las manos que no apreciaron árbitro y VAR en el primer gol alemán sí las vieron en la acción con que Foyth evitó el segundo tras un buen contragolpe alemán. La revisión solo sirvió para que la amarilla inicial al argentino se transformara en roja. Luiz Júnior detuvo el lanzamiento de Guirassy pero el máximo goleador de la pasada Champions anotó tras recoger el rechace.
El gol y la expulsión dejaron al Villarreal tambaleándose y Adeyemi lo acabó por mandarlo a la lona anotando casi a continuación el tercero en un golpe de fortuna. El intento de despeje de Partey rebotó en el extremo y el balón hizo una parábola perfecta para superar a Luiz Júnior.
Cambios sin premio
Marcelino movió el banquillo para reordenar su defensa y apurar sus opciones. No se rindieron los amarillos, que pudieron recortar distancias a balón parado, en una falta de Pepe que despejó Kobel y el posterior saque de esquina peinado por Gueye y al que no llegó por poco Rafa Marín en el segundo palo.
Aún pudo ser mayor el castigo, pues Fabio Silva desperdició un penalti cometido sobre Adeyemi estrellando el balón en el larguero. No perdonó sin embargo Svensson, que firmó el cuarto de cabeza en el descuento para sellar una nueva derrota de un Villarreal cuyas opciones de clasificarse para las eliminatorias pasan por algo parecido a un milagro.