Nandu Jubany, el piloto del Dakar con una estrella Michelin: “Mi ilusión eran las motos, pero mi padre era muy práctico y me metió en la cocina”

Nandu Jubany, el piloto del Dakar con una estrella Michelin: "Mi ilusión eran las motos, pero mi padre era muy práctico y me metió en la cocina"

Actualizado

Nandu Jubany (Monistrol de Calders, Barcelona, 1971) quiso, hace ocho años, dejar de lado por unas semanas los fogones que tanta fama le han dado como cocinero, galardonado nada más y nada menos que con una estrella Michelin en su restaurante (Can Jubany), para probar por primera vez la aventura del Dakar. En moto, una de sus grandes pasiones a la que había estado ligado competitivamente, a baja intensidad, por así decirlo, a lo largo de toda su vida. El año pasado, no pudo resistirse a una nueva llamada del raid más duro del mundo y compitió en Arabia Saudí, en este caso en la categoría T2, con un buggy, con Marc Solà como copiloto. La cosa no fue mal. Nada mal, a decir verdad: acabó segundo en su categoría y fue el segundo español mejor clasificado en todo el rally. Ahora, vuelve otra vez a ponerse el mono de piloto. Y con más ganas que nunca.

«Yo lo que creo es que este año vamos a tener algún problema más, porque lo que no veo normal es hacer un Dakar casi limpio como hicimos el año pasado. Sólo pinchamos dos ruedas y se nos hizo un día de noche. Al final, nos fue de diez», confiesa. «A Marc le dije ‘vamos a arrancar una rueda a ver cómo haces de mecánico’, porque no se baja del coche -bromea-, pero luego, cuando ves que alguno está cinco horas allí, esperando el camión, llegas a la conclusión de que es mejor no hacerlo», asegura un Nandu Jubany a quien el gusanillo de la velocidad le picó cuando era un jovencito. «Mi ilusión era ser piloto de motocross. No pudo ser, y luego corrí en enduro, cuando cumplí unos años más. Al final, me dediqué al mundo de la cocina, yo no quería, pero mi padre era muy práctico y él fue el que me metió ahí. Luego, he tenido la suerte de que, de mayor, he podido retomar un poco más en serio mi hobby», apunta.

De jovencito, como tantos y tantos niños criados en los años 80, cómo no, no se perdía el Dakar por la tele. Soñaba con estar ahí. Lograrlo fue genial, aunque con algunos peros. «Acabar en el Lago Rosa me hubiera encantado. Ahora los coches son más rápidos, los pilotos son más rápidos… Todo ha cambiado y ahora se ha vuelto una carrera más de velocidad. Yo creo que antes, en moto, Marc Coma tenía que ganar tres días, o Peterhansel ganaba dos días y ganaba el rally. Ahora, es impensable que un tío que gane sólo dos días se haga con el triunfo. Tienen que ganar cada día o estar allí cada día, porque hay 15 pilotos con opciones. Y la seguridad, además, se ha comido un poco la aventura», señala.

«También es verdad que hoy en día es impensable que sea de otra manera. Antes, un peligro uno debía ser un peligro tres de ahora y un peligro tres debía ser un peligro seis, que no existía porque no lo podían cruzar con los coches que tenían. Ahora son más grandes, con recorridos de suspensión más largos, ruedas más grandes… Nani Roma nos cuenta que, con su coche, para un peligro uno, no frenan, con peligro dos, sólo levantan un poco la cabeza y con peligro tres, frenan. Nosotros en peligro uno ya tenemos que frenar a ver qué pasa, en el dos frenamos y reducimos a ver qué pasa y en tres bajamos del coche si hace falta», explica.

Espíritu de familia

También echa de menos ese espíritu de familia de antaño. «Me sorprende el poco compañerismo que está quedando en esta prueba. Antes, yo creo que se ayudaba a todo el mundo, se paraba todo el mundo, y ahora ves que cuesta parar. Sin querer, la carrera es muy rápida, la carrera ha cambiado mucho. Ahora, la veo más como una carrera de velocidad que de resistencia», insiste. Cómo no, vivirla en moto fue muy especial. «Más que como la forma más auténtica, prefiero definirla como la más dura. En moto estás tú solo, navegas tú solo, si tienes un problema te lo solucionas tú. No estaba acostumbrado a esa soledad de tantas horas y, pasando tanto tiempo conmigo mismo, encontré a un Nandu diferente del que yo conocía», recuerda. Ahora mismo, aún tiene cuerda para seguir, pero no por mucho tiempo según sus propias palabras.

«No soy como otros pilotos, que llevan 29 años en el Dakar. Este año era de tontos no aprovecharlo, pero no me veo compitiendo mucho más tiempo con este coche. Quizás con otro, un T1+, sería diferente. O, si nos apetece, buscar otros retos. Si encontrara un camión bueno para correr, me apetecería la experiencia de aprender a hacerlo y acabar la prueba con un camión rápido. Creo que sería una aventura muy buena, de aquellas que me gustaría hacer. Y como que normalmente hago lo que me gusta, si puedo, creo que dentro de un par de años, o tres, podréis verme al volante de un camión», sentencia.

kpd