Manolo ‘El del Bombo, uno de los mayores aficionados, si no el que más, de la selección española de fútbol, ha fallecido este jueves 1 de mayo a los 76 años. El más icónico de los seguidores de ‘La Roja’ llevaba muchos años enfermo. La triste noticia ha sido confirmada a EL MUNDO por la Federación Española de Fútbol. La leyenda ha fallecido esta mañana sobre las 10:30 horas en el Hospital Universitario La Plana (Villarreal), tras varios días ingresado con problemas respiratorios.
Manuel Cáceres Artesero, ese era su nombre de diario, comenzó a animar a la selección en 1976, hace hoy ya casi 50 años. México, Estados Unidos, Corea… no se perdía un Mundial ni un partido de la selección, aunque fuera amistoso. Así, y al ritmo de su bombo, se convirtió en el símbolo de la afición de ‘La Roja’.
Nació en San Carlos del Valle, Ciudad Real, y fue animador de muchos clubes como el Huesca, donde se crio, También al Real Zaragoza y al Valencia. Pero alcanzó la fama con su boina, su camiseta de la selección y su mítico bombo, que en ocasiones adornaba con mensajes de ánimo como ‘deporte sí, violencia no’.
También animó al Valencia y era miembro de la peña ‘Marea Roja’. Regentó un bar llamado Tu Museo Deportivo en las inmediaciones de Mestalla, que tuvo que cerrar durante la pandemia. En el bar, un museo al fútbol, disfrutó de grandes momentos y lo pasó muy mal cuando tuvo que traspasarlo.
Su primer viaje para animar a la selección fue en 1979 a un partido que España jugaba contra Chipre. A partir de ahí comenzó a asistir a cada encuentro. Su popularidad se disparó durante el Mundial de España en 1982, cuando se desplazaba en autostop para ir a los partidos de ‘La Roja’.
Tal fue su irrupción en el mundillo del fútbol, que durante la Copa del Rey de 1983 fue recibido por el Rey Juan Carlos I, que le hizo entrega de una placa agradeciéndole su labor para con el deporte.
Su último partido animando a la selección fue el del pasado 23 de marzo en Valencia, contra Países Bajos. En ese encuentro recibió un precioso homenaje por parte de los hinchas de ‘La Roja’. Su hija ha confirmado a este periódico que el mito de la afición española será enterrado en Huesca.
“La gente decía que estaba chavao. Al principio, lo pagaba todo yo, todo lo que sacaba, me lo gastaba. Pero la Selección se ha portado siempre muy bien, me dan muchas facilidades para las entradas, para poder viajar con ellos y tal. El desplazamiento de Valencia a Madrid lo pago yo y luego, en el país donde vayamos, la comida la pago yo. Y estoy muy agradecido. En vez de ganar tres, gano dos, pero vivo y hago lo que me gusta“, comentó, en 2018 en su web.
La Federación ha sido una de las primeras en despedirse de Manolo. “Ha fallecido uno de nuestros seguidores más fieles, quien siempre nos acompañó en las buenas y en las malas. Sabemos que seguirás haciendo retumbar nuestros corazones. Descansa en paz, Manolo. Nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos”, ha publicado en X.
Con una remontada en un margen de dos minutos, el Athletic se trajo los tres puntos de Bulgaria, dando un paso más hacia la siguiente fase de la Europa League. La situación se había complicado en el minuto 20, cuando el Ludogorets se adelantó gracias a Erick Marcus. Sin embargo, los goles de Iñaki Williams, asistido por Óscar de Marcos, y Nico Serrano, a pase de Unai Gómez, obraron la tercera victoria en cuatro jornadas para el cuadro bilbaino. [Narración y estadísticas (1-2)]
Un disparo alto de Nico Williams a los 15 segundos pareció avanzar buenas cosas para el Athletic. Pero no fue así en la primera mitad porque, aunque los de Ernesto Valverde llegaban en más ocasiones, mayor sensación de peligro daba el Ludogorets.
Aún con ello las primeras oportunidades de gol fueron rojiblancas, en las que Iñaki Williams no estuvo fino. Primero para empalmar, como ya ha hecho alguna vez, un centro desde la línea de fondo de su hermano; y después para reaccionar en el segundo palo a un córner de Berenguer que había sobrepasado al meta y la defensa locales.
Decisivo triple cambio
Perdonó el mayor de los Williams y en la siguiente jugada el conjunto búlgaro abrió el marcador. Lo hizo tras el saque de otro córner, con un impresionante disparo desde la frontal de Erick tras el rechace de Yuri al saque de esquina. Marcó un segundo gol el Ludogorets, pero lo hizo en claro fuera de juego de Rwan Cruz antes de ceder a su compatriota Rick para que superase a Julen Agirrezabala con una picadita suave.
Llegando al descanso, Berenguer, el más activo de su equipo hasta entonces, buscó batir a Padt con un libre directo, pero el meta respondió despejando a un córner en el nació lo que pudo haber sido el 2-0. Una contra local tras pérdida de Gorosabel que Erick cruzó demasiado encarando a Agirrezabala.
No varió el devenir del choque al regreso de vestuarios, ya que Duha amenazó de nuevo con el 2-0 con un balón a la espalda de la defensa, en el que le apuró Dani Vivian y acabó solventando Julen. Viendo cómo iban las cosas, Valverde decidió un triple cambio que su equipo estaba pidiendo a gritos, en especial a los desafortunados Gorosabel y Djaló.
Control y disparo
Intensificó su dominio el Athletic, empezó a aparecer Nico, y dos disparos desde frontal de Yuri y Unai Gómez, clave en su salida al campo, avanzaron al Ludogorets lo que se le venía encima. Que fue la remontada bilbaína en un minuto, con dos lecciones de control y disparo de Iñaki y el joven Serrano.
Iñaki se resarció de las ocasiones falladas en la primera mitad con un control orientado y un duro disparo que premió la enésima asistencia que le da De Marcos. Serrano acarició el balón que le pasó Unai Gómez, recortó para buscar el ángulo y disparó con la fortuna de que el balón dio en Son para hacer más imposible aún la parada a Padt.
Todavía pudo marcar el 1-3 el Athletic en ocasiones de Herrera y una doble tras córner de Paredes y Williams; aunque también pudo empatar el Ludogorets con un disparo de Gusev que impactó en el cuerpo de Yuri antes de una pequeña tangana final consecuencia de una dura entrada de Serrano a Rwan Cruz.
Los hechos violentos que obligaron a tres árbitras a encerrarse en el vestuario en un partido de fútbol de la segunda división regional de Gran Canaria mientras varios jugadores las acosaban ya tienen castigo: sus protagonistas han recibido de seis a 28 partidos de suspensión.
En concreto, el Comité de Competición de la Federación Insular de Fútbol de Las Palmas ha castigado por los altercados ocurridos el 21 de febrero a nueve jugadores del Teldecosta, el equipo local en aquel encuentro: con 28 partidos a un jugador, con 22 partidos a tres, con doce partidos a uno, con diez partidos a dos y con seis partidos a otros dos, según una resolución a la que ha tenido acceso Efe.
Por su parte, el club Teldecosta ha sido sancionado con la obligación de disputar cuatro partidos como local a puerta cerrada y se le apercibe de que será expulsado de las competiciones si se repiten hechos graves o muy graves.
El grupo 2 de la segunda división regional de Gran Canaria lo conforman 16 equipos que disputan un total de 30 jornadas, así que los 28 partidos que ha recibido el jugador del Teldecosta sancionado con la corrección más grave equivalen casi a una temporada completa sin poder competir, aunque repartida desde la jornada 23 del presente campeonato (cuando se impuso a los protagonistas ya una suspensión cautelar de un mes) y la 20 de la próxima campaña.
Es decir, que el jugador en cuestión, B.V.S., no podrá volver a pisar un campo de fútbol hasta aproximadamente febrero de 2026, en su caso por dos infracciones del reglamento disciplinario: golpear con en el pecho a un rival con el juego detenido (seis partidos) y acorralar a un rival con el partido suspendido por el tumulto y darle patadas mientras estaba caído en el suelo (22 partidos).
Sus compañeros de equipo B.S.M, K.C.M.C. y A.Y.C.V. cumplirán, por su parte, 22 partidos cada uno por participar en esos últimos hechos: dar patadas al un rival del Arena Futboltec al que habían derribado de un golpe con el juego ya parado y que terminó evacuado a un centro de salud, para que lo atendieran de las lesiones que sufrió.
Doce partidos se imponen a G.M.O. por dar dos puñetazos en la cara a un aficionado, diez partidos a A.D.C.S y A.J.A.D. por insultar y amenazar a las árbitras e intentar abrir a la fuerza la puerta del vestuario donde se habían refugiado y seis partidos a J.J.G.P. y C.J.E.B. por empujar la puerta en un segundo intento de abrirla.
Los artículos aplicados en las sanciones encajan con el relato de lo sucedido que las tres colegiadas reflejaron en el acta del partido y con los hechos que atribuyen a cada uno de esos nueve jugadores.
El encuentro fue suspendido en el minuto 77 con 0-2 a favor del conjunto visitante, el Arena Futboltec, después de que B.V.L. golpeara en el pecho a un rival cuando la colegiada principal acababa de expulsar a un compañero suyo por un lance del juego.
En ese momento, relata el acta, se desencadenó un tumulto en el que las árbitras vieron que "peligraba" su integridad y se retiraron temporalmente al vestuario. Al regresar al campo, a los cinco minutos, vieron que unas 20 personas seguían sobre el terreno de juego y que había jugadores de los dos equipos hablando de entre ellos, cuando, de repente, G.M.O. agredió a un aficionado.
Fue entonces cuando varios jugadores locales acorralaron a un rival, lo derribaron y siguieron dándole patadas en el suelo. El acta señala en concreto a B.V.L., B.S.M, K.C.M.C. y A.Y.C.V.
En ese momento, las colegiadas corrieron a refugiarse en el vestuario, porque vieron que varios jugadores del Teldecosta se encaraban con ellas y las seguían.
El acta refleja que mantuvieron cerrada la puerta como pudieron, primero aguantándola ellas mismas con el cuerpo y, después, bloqueándola con el mango de una mopa, mientras varios jugadores locales intentaban abrirla a la fuerza y gritaban "¡Las vamos a matar, hijas de puta!" y "¡Abran, que las vamos a reventar, zorras!".
Testigo de esos hechos fue el entrenador del Arena Futboltec, Basilio Medina, que relató a Efe que intentó ayudarlas y que comprobó que habían pasado unos momentos de tanto miedo y angustia, que incluso cuando les dijeron que había llegado la Policía recelaban de salir del vestuario.
Aquella mañana en la playa de Fuentebravía, en el Puerto de Santa María, la carrera con Jaime, el pequeño de sus tres hijos, no había sido como las demás. "Joder, me ganaba con seis años. Estaba reventado", revisita Tomás Bellas (Madrid, 1987) en voz alta al instante preciso en el que todo cambia para siempre, en el que uno se da cuenta de que algo, de verdad, no va bien. Las vacaciones familiares en Cádiz el pasado mes de julio tornaron en pesadilla, en una sucesión precipitada de acontecimientos. Noches de sudoración descontrolada, "como un animal", inflamación de ganglios, tos, una visita de urgencia al hospital y un ingreso sin tiempo que perder. "A los pocos días nos confirmaron todos los presagios. Tenía un linfoma", recuerda el base, 14 temporadas en la ACB, el salto inicial del otro partido de su vida.
El 10 de mayo de 2024 Tomás, sin saberlo, se había vestido de corto por última vez. "Ganamos al Valladolid. A un entrenador que me echó de Fuenlabrada, que le tenía ganas... Bueno, no es mal colofón", saca pecho con media sonrisa melancólica. Repartió ocho asistencias, disfrutó y se despidió del Fernando Martín dándose el gusto de un baile más: la siguiente temporada seguiría en el Fuenla, uno de los clubes de su vida, al que ayudaba en su retorno a esa Liga Endesa en la que él disputó 466 partidos. "Nada mal para un tipo normal que no levanta el 1,80", reivindica una carrera que "ha sido la hostia". Ya en pasado, confirmada su retirada, pese a "estar ya sin enfermedad en el cuerpo". "Eso no quiere decir que este curado. El alta no te lo dan hasta que pasan 10 años", explica.
Tomás repasa con EL MUNDO su batalla de los últimos meses sentado en la mesa de reuniones de su empresa familiar, en Las Rozas. La que fundó su padre hace 32 años y en la que ahora le acompañan sus cuatro hermanos. A la que volvía cada verano unas semanas para echar una mano, para hacer gala de sus estudios universitarios. Un jugador profesional. Ya le ha crecido el pelo, aunque aún le acompaña una boina, nueva seña de identidad. Llegó a perder nueve kilos. Está volviendo al deporte, al crossfit, y va tachando de su lista las cosas que apuntó que no podía dejar de hacer. Esquiar, tirarse en paracaídas, viajar con sus hijos, ver en directo un Partizán-Estrella Roja (lo hizo este mismo viernes, en Belgrado)... Porque el final era una posibilidad. "Te pones en el peor escenario, claro. Y piensas: 'Mi vida ha sido fantástica, no tengo un solo pero a los 37 años", pronuncia con crudeza.
Tomás Bellas, en su empresa familiar en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
El sopapo fue inesperado. "Cuando me dicen, 'tienes un linfoma', yo estaba con mi padre en la habitación del hospital. Así, de frente. Es difícil describir las sensaciones. Intentas no llorar [se emociona, "ahora me cuesta"]. Intentas hacer ver a todos que estás bien. Porque creo que yo he sufrido, pero mucho más los que están alrededor", cuenta. El 19 de agosto recibió la primera sesión de quimioterapia en el Puerta de Hierro. "Hay cuatro estadios y yo estaba en el cuarto. Fue un tratamiento súper fuerte. Una bomba para mi organismo. Mi médula no estaba preparada, tuve un problema en el pericardio porque tenía el corazón encharcado, la quimio te inmunodeprime: cogí fiebre, varias semanas ingresado...", relata un infierno físico y mental del que escapó también con velocidad, como siempre deambuló por la cancha. "Antes del segundo ciclo, a finales de septiembre, me hicieron una prueba de Pet Tac y vieron que no tenía enfermedad. Había sido efectivo. Me dieron dos más, de refuerzo. El último, a mediados de noviembre", celebra.
"Estoy convencido de que el deporte me ha ayudado muchísimo. Para coger el toro por los cuernos. Era como un partido, había un objetivo y sabía que iba a tener que esquivar balas. Gran parte es actitud. El baloncesto me ha enseñado a saber sufrir, a que no siempre hay una recompensa inmediata, a gestionar las emociones...", relata un tipo al que no le cuesta admitir que nunca tuvo "pedigrí", pese a que con 12 años ya estaba en la cantera del Real Madrid.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
El hándicap de la altura siempre le acompañó. Fue a la vez su acicate. Como las miradas de sospecha: "Ser infravalorado forja tu carácter". "Nunca fui a una selección. Es mi espina clavada, lo reconozco. Me podían haber llamado, sin lugar a dudas. Hay gente que ha estado con mucho menos nivel que yo", se queja, consciente también de que no ayudó su forma de ser -"mi carácter. Yo no soy una ovejita a la que dirijas"-, para bien y para mal, es su otra gran seña de identidad. Ha habido pocos guerreros con más ardor en la cancha que Tomás Bellas, pesadilla para los rivales, pretoriano de los entrenadores en sus cuatro equipos ACB (Gran Canaria, Zaragoza, Fuenlabrada y Murcia), desde Pedro Martínez hasta Sito Alonso, pasando por Aíto García Reneses, Jota Cuspinera, Luis Guil... "Era una mosca cojonera. 'Joder, hoy me toca contra Bellas', decían los rivales. He tenido peleas con todos. Yo siempre fui a muerte. Hacía en la cancha lo que nadie quería hacer", admite de unas batallas que ahora son anécdotas de amistad con sus ex rivales, los que le han abrumado con mensajes de apoyo e interés.
¿Cómo llega un niño bajito de Las Rozas a la elite? "Todo es más o menos positivo en función de las expectativas que tengas. Las mías ni de lejos eran estar 14 años en la ACB, casi 500 partidos, más competición europea, haber jugado la Summer League de Las Vegas... y un denominador común: he jugado muchísimos minutos", se enorgullece de una trayectoria que empezó por su padre, entrenador en equipos femeninos, guardián de sus primeros entrenamientos en el patio de su casa. En infantil ya estaba en el Madrid, pero a los 18 jugaba en Primera Nacional en el Torrelodones, "entrenando a las nueve de la noche con abogados, dentistas, pintores...". Quería centrarse en sus estudios universitarios y en su novia. Y por eso rechazó, ahora ríe, hasta a Pablo Laso. "Me quería en Cantabria tras una pretemporada, se quedó alucinado", recuerda.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
Pero le llamó el Cáceres de Piti Hurtado, destacó en LEB Oro, y después le surgió la oportunidad "de una vida". Saltar a la ACB con el Gran Canaria. Se acogió a aquel decreto 1006 que hizo famoso Alberto Herreros. "Con Pedro Martínez fue un máster de cinco años, diario. Con una exigencia bárbara. Pero es lo que me permitió estar tantos años en la liga". Tras seis temporadas en Las Palmas, sale a Zaragoza, la otra cara del baloncesto, "peleando por no bajar, impagos... No fue muy agradable. Remar y remar". "De ahí a Fuenlabrada. Decido acercarme a casa por el tema de la empresa, la familia...". Y después Murcia, "una segunda juventud". Tras tres cursos, repliega, otra vez el negocio familiar como prioridad, y Tomás, Paola y Jaime, claro. Pero mantiene el gusanillo del deporte de elite en su vuelta a Fuenlabrada. "Ha sido la hostia. Mi carrera ha sido la hostia", repite.
Cuando le sobrevino la enfermedad, Bellas, siempre celoso de su intimidad, no quiso hablar públicamente demasiado. Se centró en la recuperación, se fue despidiendo del baloncesto al que no sabe si volverá como entrenador o director deportivo quizá y del que, por ahora, sólo echa de menos lo bueno, "competir, el vestuario...". "Si me llega a pasar más joven, probablemente hubiera intentado volver. Pero ya no está en mis planes", dice. Ahora cuenta el proceso por primera vez. En unos días, en Gran Canaria, recibirá un homenaje durante la Copa del Rey, en el "club de su vida", en el que fue capitán. "Todo esto ha sido una lección de vida. Me ha retirado del baloncesto, pero no de la vida. Te hace cambiar las prioridades. Antes te preocupabas porque no metías dos canastas y ahora porque estás vivo".