El surfista profesional hawaiano Mikala Jones ha muerto a los 44 años tras sufrir un accidente durante un entrenamiento en las islas Mentawai en Indonesia.
El surfista uruguayo Santiago Pereira, presente en la zona, ha relatado lo que ocurrió tal y como recoge el sitio web Duke: “Jones se puso su Gopro en la boca y empezó a remar con mucha energía para surfear la segunda ola de una serie gigante. Era muy grande, tres veces su tamaño… Al salir de la espuma, varios segundos más tarde, notó que se había hecho un corte en la ingle, por lo que decidió soltarse el leash. Vinieron más olas. Las pudo pasar por abajo, pero ya sin fuerzas. Fuimos a buscarlo. Su sobrino le cedió su tabla y, cuando se colocó encima, se desmayó. Perdía mucha sangre. Le subimos a la lancha, le hicimos un torniquete con un leash y lo apretamos con un palo, mientras, le agarrábamos las manos diciéndole que no se durmiera y que se quedara con nosotros”, explica Pereira.
“Él respiraba. Llamamos para pedir auxilio. Llegamos 20 minutos después a la costa de Tuapejat donde nos esperaba la ambulancia. Lo bajamos de la lancha. Estaba inconsciente. Lo llevamos hasta la camilla de la ambulancia, cerramos las puertas y se fue al hospital pero ya era muy tarde. Mikala ya se había ido, más de 20 minutos antes de subirlo a la lancha. Mikala ya había perdido mucha sangre”, finaliza el relato.
Su hija, Isabella Jones, a través de Instagram, ha que querido agradecer a su padre el haberle “enseñado tantas lecciones de vida y estar siempre ahí para ella”.
“Desearía que estuvieras aquí con nosotros ahora mismo. Siempre pensaré en ti. Te quiero mucho y gracias por todo. Vuela alto, eres una jodida leyenda“, ha concluido.
Otro muchos miembros de la comunidad de surf, también han mostrado su apoyo en las redes sociales. Es el caso del fotógrafo Brian Bielmann, quién ha compartido una foto de Jones en Instagram y ha escrito: “Nuestro amigo Mikala Jones falleció ayer en Mentawai mientras surfeaba las olas que amaba… Lo siento mucho y envío oraciones a su familia”.
Campeones del mundo como Kelly Slater (11 títulos) y Mick Fanning (3 títulos) también han expresado su incredulidad y su pena por este suceso: “tan destrozado de escuchar la noticia. Mikala, eras único en tu clase“, ha escrito Slater.
Avanza marzo, ni mes y medio resta para el cruce de cuartos de la Euroliga, poco más de dos para la Final Four de Berlín y el inicio de los playoffs de ACB. Se acerca la fiesta y el Real Madrid, se podría concluir, se aproxima a ella con traje de etiqueta y brillantina en el pelo. Ganó las dos competiciones oficiales que se disputaron este curso, la Supercopa para abrir boca y la Copa hace sólo unas semanas (ambas en la final al Barça). Es líder con buen colchón en Europa, donde se antoja complicado que nadie le arrebate el primer puesto, mucho menos el factor cancha. Y también en la Liga Endesa, aunque le aceche ese asombroso Unicaja al que se enfrenta el domingo en el Carpena.
Se arrima el Madrid de Chus Mateo aparentemente impoluto a la hora de la verdad, sin lesionados de gravedad tampoco, aunque sólo hace falta mirar un poco más de cerca para observar alguna arruga en su camisa. Su baloncesto no es el del amanecer del curso -la circulación, la defensa, el rebote, la frescura...-, las derrotas se acumulan (especialmente en la Euroliga, tres seguidas, las dos últimas en el WiZink) y algunos gestos se tuercen. Pero, sobre todo (y quizá ahí está la razón del bache), lo que preocupa al aficionado es la incertidumbre: la mitad de la plantilla y el entrenador acaban contrato en unos meses.
Siempre fue la contención salarial la norma del club, siguiendo el patrón aplicado al fútbol. Pero lo que llama la atención poderosamente es el estancamiento en las operaciones por cerrar. Porque los que amenazan con partir son los pilares de la plantilla. Sólo Facundo Campazzo, Gaby Deck y Gerschon Yabusele, de entre los jugadores clave de la rotación de Mateo, tienen contrato firmado para el curso siguiente. Sin ser oficial, también parece que Dzanan Musa continuará (así lo avanzó su propio agente, el poderoso Misko Ranatovic un año más con una cláusula de salida para la NBA). Pero Tavares, Hezonja, Poirier, Causeur, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez y Sergio Llull siguen sin renovar.
Los escenarios son diversos. En cuanto a los nacionales, no se vislumbran conflictos. El capitán Llull seguirá y Rudy y el Chacho también si no deciden retirarse, algo que se antoja más que probable a final de curso: el alero, que tiene la vista puesta en sus sextos Juegos (algo inédito) como colofón, tendrá 39 años, y el base 38. La edad de Fabien Causeur, camino de 37, también juega en su contra, aunque siga respondiendo en la cancha -ahora como especialista defensivo-, cada vez que se le requiere. Son los otros tres casos los que más espinosos se presentan y los que, además, añaden un problema de fondo, el de los cupos en el baloncesto.
Hezonja, el pasado domingo contra el Tenerife.Daniel GonzalezEFE
Según ha podido saber este periódico, las conversaciones para la renovación de Edy Tavares se mantienen en una especie de punto muerto desde el pasado verano: hay contactos y buenas intenciones, pero el acuerdo no llega. El mejor pívot de Europa, el jugador más determinante, pretende un impulso a su salario acorde a sus prestaciones. Novias no le faltan, tampoco en la NBA, que no ha dejado de observarle desde que se marchó, aunque no ha iniciado ninguna negociación externa, pese a los rumores. A favor de su continuidad juega el apego del caboverdiano por el club y la ciudad, donde en unas semanas espera que nazca su segundo hijo (será una niña).
Como Tavares, Mario Hezonja (por su formación en la cantera del Barça) tiene plaza de cupo. Pero su caso es totalmente contrario: el croata parece que hizo las maletas hace tiempo. Nunca escondió su amor por el Panathinaikos, que le tienta con una oferta millonaria que el Madrid no parece dispuesto a igualar. Su sueldo no está acorde a su rendimiento: Mario llegó desde el UNICS con un contrato de dos años como una oportunidad de mercado tras el estallido de la guerra en Ucrania y la expulsión del equipo ruso de la Euroliga.
«Y sí, Mario tiene carácter, pero es nuestro Mario y le queremos un montón», salió al quite Llull el pasado domingo cuando otro gesto poco apropiado hurgó más en la herida de un jugador al que se le empieza a dar por perdido. Hezonja fue el único miembro de la plantilla que no estuvo presente en el Bernabéu para el homenaje por la conquista de la Copa. Allí, en Málaga, también se le observó a disgusto en semifinales y tras el título fue el primero en abandonar el vestuario. No es de los que disimulan los enfados. Su carácter, como su talento, es único, para bien y para mal.
Poirier, ante el Fenerbahçe.JUANJO MARTINEFE
Vincent Poirier es el otro jugador clave sin renovar y tampoco parece cercano el acuerdo. Una operación que parece vinculada a lo que suceda con Tavares. El francés, siempre a la sombra de su colega («le adora, se quieren un montón»), sería titular en el 90% de los equipos Euroliga y pretendientes, como en los otros casos, tampoco le faltan. Sobre todo este maremagnum de incertidumbres se pronunció recientemente Mateo, quien tampoco tiene asegurada su continuidad. «Lo que va a seguir seguro es el Real Madrid, independientemente de quién esté. Se irá gente, se ha ido gente, vendrá gente... y el Real Madrid de baloncesto va a seguir ahí arriba este quién esté», admitió.
Más allá de lo complicado que sería rellenar los huecos de semejantes ausencias, al Madrid se le presenta otro problema más burocrático: necesita cupos de jugadores nacionales. Hoy por hoy sólo tiene dos garantizados para el curso próximo (Abalde y Alocén), a los que se podría unir los de los canteranos Hugo González y Eli Ndiaye, cada vez más integrados en la primera plantilla, e incluso el de Sergio Llull. Pero con sólo cinco el panorama sería insostenible.
Así que en las cuentas del porvenir aparecen otros nombres. Con fuerza suena el de Usman Garuba, cuyo retorno a Europa llama a la lógica tras otra temporada en blanco en la NBA. Y también el de Juancho Hernangómez. Pese a que tiene un año más de contrato en el Panathinaikos, la posible llegada de Hezonja facilitaría su rescisión. Una especie de trueque. Porque tampoco hay muchos más nacionales apetecibles en el mercado (Juan Núñez tiene un año más en Ulm y explorará sus opciones en el draft, y Jaime Pradilla renovó con el Valencia).
No quería sustos Hansi Flick y saltó al Sardinero con las rotaciones justas para un duelo que le enfrentaba al líder de Segunda, pero se agarró a quienes no le fallan: Ferran, Joan Garcia y a ellos se sumó Lamine Yamal. El Barça, crecido tras la victoria en la Supercopa, vio tropezar al Real Madrid y apretó los puños. Un rival menos en el camino siempre que cumplieran con su deber en Santander. Le costó sudarlo. El Tiburón apareció para, en un latigazo en el minuto 66 que fue su único disparo, encarrilar una clasificación, que sostuvo Joan Garcia para birlarle la prórroga al Racing en último suspiro y remató Lamine Yamal en el añadido. Objetivo cumplido, pero no fácil.
El Racing fue digno competidor. El primer aldabonazo que les ancló las botas al césped lo dio Arana presionando y robando a Gerard Martín una pelota y armando un disparo que acabó salvando Joan Garcia rozándolo para enviarlo por encima del larguero. El Racing tocaba zafarrancho con la doble intención de evitar que los azulgranas se acomodaran el partido y golpearles. Apenas pudieron sostener esa intención porque, aunque el Barça no era tan vertical como le gusta, encontraba espacios para intimidar.
Fue Koundé hasta línea de fondo para poner un centro raso a Dani Olmo, y a punto estuvo de cazar con el empeine una pelota cruzada de Rashford al área pequeña. No se asustó el Racing, que intentó estirarse hacia campo culé, cómodo conteniendo al rival, que a la media hora le puso de nuevo a prueba con un disparo de rosca de Marc Bernal, a quien Flick le dio la titularidad para que vaya cogiendo ritmo y los minutos que no tiene en Liga. Amagaban los azulgranas sin conseguir avanzarse en el marcador, en el que iban pasando los minutos con un empate que no les servía. Lo intentó deshacer al filo de descanso Rashford con un tiro que se envenenó al tocar en Castro pero que, sin verlo, atrapó Ezkieta.
El Barça tenía a Lamine Yamal y a Ferran a los que Flick les pidió que encontraran la forma de ser protagonistas en la segunda mitad. Lamine se lo tomó al pie de la letra. Primero con un disparo y después encontrando el desmarque de Rashford en la otra orilla del campo para que el inglés armara un golpeo que se perdió por el lateral de la portería. No marcaban, pero ya se habían instalado a vivir en campo racinguista.
Como les faltaba un empujón, llamaron a Fermín para sustituir a Marc Bernal. El panorama no cambió: el Barça dominaba sin mordiente y el Racing se defendía esperando a poder armar una transición eléctrica que cogiera desordenado a su enemigo. Se acordó entonces Lamine de las instrucciones de Flick, burló a media defensa en un palmo y buscó a Ferran con una pelota que solo tenía que embocar. El gol lo evitó, esta vez, Ezkeita, pero no un córner que Lamine se la jugó a olímpico y la estrelló en el larguero.
Ya no hubo más fogueo del Barça. Desde la orilla derecha a la altura del círculo central filtró Fermín una asistencia a Ferran que, ganando la carrera al defensa y burlando al portero, convirtió en la ventaja culé un minuto antes de que su entrenador lo enviara al banquillo. Porque Flick ya no especuló: al campo Raphinha, Pedri y Lewandowski.
El plan estuvo a punto de hacerlo estallar Lozano, cuando se escapó a la espalda de toda la defensa para batir a Joan Garcia... aunque en fuera de juego. Eso fue suficiente para volver a recordarle al Barça que quedaban casi 20 minutos de partido y el marcador era corto. Parte de la culpa era de Ezkieta que, como si fuera la manilla de un pinball, salvó el remate de Fermín y el rechazo que cazó Lewandowski. Para entonces, el Racing también tenía toda su artillería sobre el césped, aunque fueron víctimas de la mecanización del Barça en los fueras de juego -dos goles anulados- y de la magia de un portero extraordinario.
Paula Badosa sufrió lo suyo para superar a Naomi Osaka en la primera ronda de Roland Garros (6-7 (1), 6-1 y 6-4). Pese a ello, la española tuvo destellos de gran juego desde el fondo de la pista en un partido épico y dio la impresión de haber superado con creces la cadena de lesiones que arrastra desde el 2022. En segunda ronda se medirá a la vencedora del duelo entre Mccartney Kessler y Elena-Gabriela Ruse.
El partido se disputó en la pista central, la misma en la que el domingo se celebró el homenaje a Rafael Nadal ante 18.000 espectadores, que fueron llenando poco a poco su aforo ante el juego vibrante y desequilibrante de las dos tenistas que acabó levantando a la gente de sus asientos.
El primer set fue un pulso de igual a igual entre la española, número 10 mundial, y la japonesa, número 49, que se fue creciendo con derechazos desde el fondo de la pista y sus ocasionales subidas a la red. Badosa arrancó con falta de ritmo y tal vez temerosa de forzar excesivamente su físico, pero fue entrando en juego y dispuso incluso de una bola de "break" con el marcado 6-5 a su favor.
La remontada de Badosa
La japonesa superó el trance, forzó el "tie break" y ahí se comió literalmente la española con un inapelable 7-1. Con todo a su favor, Osaka cayó de pronto en un agujero de juego, con una sucesión de dobles faltas y errores no forzados que fueron aprovechados por Badosa para romperle el servicio y ponerse como un tiro en 5-0 a su favor. La japonesa solo dio señales de vida al final, para dejar el marcador 6-1 a favor de la española en el segundo set.
DIMITAR DILKOFFAFP
La tercera tanda fue un 'remake' del primer set, con las dos tenistas imprimiendo un punto aún más agresivo a su juego, y un marcador oscilante que pudo haber caído hacia uno y otro lado. Badosa mostró una solidez en los puntos clave de la que fue capaz su rival, que alternaba cruzadas fulminantes con fallos inexplicables.
La española volvió a romper el servicio y logró despegarse con 4-3 y con el saque a su favor. Salvó una bola de 'break', tembló con una doble falta, pero volvió a mostrar consistencia en el momento de la verdad con un 5-3 que abría el camino a la victoria. El último juego lo abrió con dos 'aces'' consecutivos y los remató con una subida decisiva a la red y una muestra final de júbilo y confianza entre los "olés" de los espectadores españoles.
"Sabía que tenía que ser consistente porque partidos como éste se deciden en los pequeños detalles", declaró Badosa a pie de pista y añadió: "Sabía que tenía que seguir y seguir... Disfruté mucho y estoy muy agradecido al público, que me mandó mucha energía. Sentí también la fuerza de Rafa".