Visto el partido del sábado, la gestión de egos de Carletto no está funcionando en Brasil. Una de las grandes favoritas no pudo pasar del empate ante Marruecos, que, aunque ya no es la cenicienta de Qatar, tampoco está entre las candidatas a llevarse el título.
Vinícius volvió a salvar a Ancelotti, como tantas veces había hecho en el Madrid, y así pudo seguir dejándose ver por los rodizios de Río fumando puros entre otro tipo de carne mucho más suculenta.
El viernes, en mi cumbre con el mourinhismo histórico en Richelieu, se comparaba la vuelta del entrenador portugués al Madrid con el reencuentro con un gran amor: el que más quisiste, al que tuviste que dejar o que te abandonó, en el que no puedes evitar pensar cada día 20 años después.
Y eso no quiere decir que esos años hayan sido en balde. Al contrario: te casas con alguien al que amas, te mudas a las afueras, tienes hijos… pero no es esa emoción de ese gran amor. Y un día, ya con el divorcio firmado y la custodia y el hogar conyugal en el desguace te reencuentras con ese amor, el único. Y resulta que ambos estáis libres, sin ataduras ni impedimentos que os separen. La cosa puede salir muy bien y volver la magia, aunque no fuera perfecto. Claro, siempre quedará París, que son la Liga de los récords y la Copa del Rey ante el Barça. Y también puede salir mal, muy mal o fatal. El miedo al desastre, sin embargo, nunca disuade de querer vivir el gran amor porque… ¿de qué narices escribiríamos?
Mis amigos piperos andan muy pesados y machacones con la vuelta de Mourinho. También lo estarían si les dijera que iba a volver a intentarlo con el amor de mi vida, que fue bastante hijoputesco. (Me simultaneó con varias y me dejó por otra más joven). Tendrían razón en preocuparse, pero ya se sabe que el corazón tiene razones… y también dos coj… Y estoy segura de que con Mourinho, al menos, las ruedas de prensa volverán a ser muy divertidas. Como el cigarrillo de después.
Es de esperar que estos años hayan cambiado a nuestro amourinho (ojalá le den las dos ligas que le regalaron al Barça de Guardiola), pero el Madrid también ha cambiado: se ha acostumbrado al bonachismo de Carletto y a su gestión de huEGOS.







