Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que ‘resucitó’ a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que 'resucitó' a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

La gran obsesión del nuevo prodigio del ciclismo es la Milán-San Remo. La Classicissima frustra a Tadej Pogacar. Dos veces ha sido tercero y este sábado persigue terminar con la maldición, para ello se ha preparado como nunca con entrenamientos grupales, tras moto e individuales en las cotas de Poggio y Cipressa. Unas subidas en las que imprimirá un ritmo diabólico para desprenderse, tras completar un recorrido de 298 kilómetros, de los velocistas y presentarse en solitario en la meta de Via Roma.

Esa estrategia de eliminación la ha desarrollado en las dos últimas ediciones, pero fracasó ante la resistencia de Mathieu van der Poel -el fenómeno neerlandés persigue su tercera victoria-, Filippo Ganna, Jasper Philipsen y Michael Mattheus.

Pogacar se ha obcecado con el primer Monumento de la temporada, destinado al lucimiento de sprinters y rodadores. Un escalador de tronío quiere demostrar que es capaz de imponerse en terreno hostil y para ello ha trabajado tozudamente. Tiene memorizado cada curva, bordillo, bache y pendiente del Poggio y Cipressa, a 22 kilómetos de la llegada. Algunos de sus rivales creen que podría ataca en Capo Berta, un ascensión a falta de 40 kilómetros. Una temeridad. .

Milán-San Remo y París-Roubaix (más adecuada a sus características) son los únicos Monumentos que faltan en su espléndido palmarés. El esloveno suma dos Tour de Flandes, tres Lieja-Bastoña-Lieja y cinco Giros de Lombardía.

La cita que obsesiona a Pogacar marcó el destino de Eddy Merckx (espejo en el que se mira) y de Fausto Coppi.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.EM

El belga (el sprinter que mejor ascendía y el escalador más veloz) se anotó la Milán-San Remo en siete de las 10 ocasiones en las que participó. Récord absoluto de triunfos. Ganó en las ediciones de 1966, 1967, 1969, 1971, 1972, 1975 y 1976. La última, hace justo 50 años, fue inolvidable para El Caníbal. Se presentó a la salida con la intención de ratificar que su ciclo no estaba finiquitado. En el Tour de 1975 había fracasado en su objetivo de sumar la sexta victoria. Claudicó ante el francés Bernard Thévenet en una ronda en la que se cayó y sufrió la agresión de un espectador.

Esta semana, en la Gazzeta dello Sport, recordaba su postrero éxito en San Remo. «Entonces quise demostrar que no estaba acabado. Desde luego, mucha gente no esperaba mi triunfo. Lamenté que muchos periódicos escribieran: ‘Merckx está acabado. Merckx ya no existe’. Demostré que aún no estaba muerto, a pesar de los problemas físicos que sufrí tras el accidente y las fracturas del Tour de 1975». Aquel 19 de marzo fue la última vez que ganó una clásica. Se retiró en 1978.

La Milán-San Remo nació el 14 de abril de 1907, con 290 kilómetros de recorrido. Sólo terminaron 14 de los 62 inscritos. Venció el francés Lucien Petit-Breton en una jornada infernal de frío y lluvia. La edición más cruel fue la 1910: sólo llegaron a la meta siete corredores, adheridros por el frío y la nieve, luego tres de ellos fueron descalificados por hacer trampas. Ganó el francés Eugène Christophe.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.GETTY

La gran gesta la firmó Fausto Coppi en 1946, la primera carrera tras el paréntesis provocado por la Segunda Guerra Mundial. En una Italia deprimida por la contienda bélica, el ciclismo suponía un nexo de unión y rearme moral. Coppi, junto a otros cuatro corredores, atacó a 200 kilómetros de meta. A Falta de 147 km se quedó sin compañía. Durante cuatro horas pedaleó en solitario y se presentó en la meta con 14 minutos de ventaja sobre el segundo. Aquella heroicidad de Il Campionissimo impulsó la reconstrucción anímica del país.

La Milán-San Remo, una clásica de epopeyas que obsesiona a Pogacar, coleccionista inagotable de hazañas.

kpd