Desde el ventanal de su despacho, en el séptimo piso de una urbanización de Valdebebas, se observa el tapiz verde del campo de golf de La Moraleja. La estantería de la pared rebosa libros. No hay balones, banderines o camisetas. Miguel Pardeza (La Palma del Condado, Huelva, 1965), el verso libre de La Quinta del Buitre, se abre camino como escritor. Acaba de publicar su tercera novela: Los últimos días de Alejandro Reig (Renacimiento). «Desde hace 10 años me aparté del fútbol y me centré en la escritura», dice el ex delantero del Real Madrid y del Zaragoza, que se estrenó en las librerías en 2016 con la novela Torneo (Malpaso), título adoptado de un programa de TVE de 1979 en el que fue elegido mejor jugador y le catapultó, con 14 años, a las categorías inferiores del Real Madrid. En 2020 publicó Angelópolis (Renacimiento), en la que narra el ocaso de un futbolista (él mismo) en el equipo mexicano del Puebla. Vive en Islantilla (Huelva) y Madrid. Es licenciado en Filología Hispánica y estudió hasta cuarto de Derecho..
- No es habitual que un ex futbolista se dedique a la escritura.
- Desde niño me gustó leer y escribir. Es algo innato, no me cuesta.
- ¿Es cierto que en su biblioteca tiene 15.000 libros?
- Sí, más o menos. Los tengo repartidos entre Madrid e Islantilla. Claro que no he leído todos.
- Torneo y Angelópolis estaban ambientadas en el fútbol. Los últimos días de Alejandro Reig es diferente, habla de las dudas de un escritor.
- Las dos primeras eran autobiográficas, pero con fantasía. Torneo tiene que ver con los sueños de un chico que quiere jugar. Angelópolis va sobre la recta final de un jugador profesional. Quería narrar qué pasaba por las cabezas de ambos.
- Esos libros representan el inicio y final de su trayectoria. Falta la etapa intermedia, la de éxito en el fútbol.
- La parte intermedia de mi vida, la de los goles, los equipos, los títulos, la selección española, el Mundial que disputé… Todo eso se encuentra al alcance de cualquiera que acuda a la hemeroteca.
- En Los últimos días de Alejandro Reig hay un cambio de temática, pero también se atisban apuntes biográficos: un abogado que quiere ser escritor y la ambientación en Islantilla…
- Sí, hay un cambio. Con ello no quería cerrar cuentas, pero sí iniciar un nuevo ciclo en mi vida. Quería contar dos experiencias que podían transcender: la de un joven que quiere empezar a escribir y la de un viejo que ha dado por finiquitada su carrera, que vive retirado, amargado. Quería contar porqué entran en contradicción.Me interesaba contar porqué entran en contradicción. Lo ambienté en Islantilla porque yo necesitaba conocer bien el escenario y situarlo en un contexto extraordinario: un sitio de verano en otoño. En la novela llueve mucho, hace mal tiempo. La sucesión de tormentas que aparecen casa muy bien con lo que es el temperamento de Alejandro Reig.
- ¿La novela siguió un guion preconcebido o fue evolucionando, abriendo ventanas?
- Yo no soy un escritor de planificación, ni de mapas, ni de guías. Tengo una idea en el origen. En este caso me imaginé a un escritor con dudas y otro que está de vuelta de todo. No tenía mucha más idea sobre la novela, ella fue descubriéndose.
- ¿Cuánto tiempo tardó en escribir la novela?
- Dos años y medio. Escribo lento. Escribir 500 palabras al día me parece un éxito. Soy muy disperso, indisciplinado. No soy muy prolífico. Tardo mucho tiempo en corregir. En esta novela casi he tardado tanto en corregirla como en escribirla. Intentaba que la novela fluyera bien, que no sobrasen cosas.
- ¿Para usted escribir es algo innato?
- Se aprende a escribir a lo largo del tiempo. Escribir no fue mi vocación original, pero desde niño tuve esa inquietud. Siempre me ha gustado más leer que escribir. No sufro escribiendo. Me divierte mucho, si no me divirtiese no escribiría. No creo que haya una necesidad de hacerlo, ni que una misión trascendente llame al escritor, no creo en esas paparruchas. Escribir es como cualquier otro trabajo. A mí me ayuda a pasar el tiempo, me entretiene, es un desafío permanente conmigo mismo.
- ¿Quién es su escritor referente?
- Hay muchos, pero para mí, Ignacio Martínez de Pisón es el maestro de la narrativa. Leo a los autores clásicos, sigo a los escritores de ahora por estar al día, por curiosidad.
- En su casa de Madrid apenas hay referencias a su pasado en el fútbol.
- Me he ido alejando del fútbol de una manera gradual, en la medida que me he metido en los libros. Siempre quise ser futbolista, pero tuve claro que el fútbol se acabaría pronto y que debía estar preparado para hacer otras cosas. Me interesaba cerrar ese capítulo de mi vida, pero lo cierto es que me ha costado mucho, porque tras dejar el fútbol estuve seis años de director deportivo en el Zaragoza, cinco en el Real Madrid, colaboré con una agencia de representación… Al final tardé mucho tiempo en poner en práctica mi objetivo: sentarme y escribir. Esto lo hago desde hace 10 años y es lo que me gustaría hacer desde aquí hacía adelante.
- ¿Se puede vivir escribiendo?
- Algunos sí, algunos no. Yo no podría, pero tengo los recursos que gané con el fútbol. Ese drama del escritor español está muy extendido, hay muy buenos escritores que malviven. Vender libos es muy complicado, excepto para los fenómenos, autores muy consagrados o los que hacen un género muy vendible. Los demás tiran como pueden.
- Mientras que la mayoría de futbolistas, en concentraciones y viajes, jugaba a las cartas, usted leía ¿En el fútbol no se sintió un bicho raro?
- No. Bueno, un poco raro siempre he sido. El mundo del fútbol es mucho más tolerante de lo que parece. A mí nadie me molestaba, ni nadie me decía nada. También leían gente como Jorge Valdano o Emilio Butragueño. Yo leo desde pequeño, para mí eso no era ninguna anomalía. Yo leía como jugaba.
- ¿La Quinta del Buitre tendría sitio en el fútbol actual?
- Sí, el talento siempre tiene sitio, no tiene épocas.
- Era el único no madrileño de La Quinta, el que tuvo que marcharse del Real Madrid debido a una gran competencia: Butragueño, Hugo Sánchez, Santillana, Juanito y Valdano. ¿Fue el desheredado del grupo?
- No. Siempre tuve mucha suerte, eché los dientes en el Madrid y por varias circunstancias me tuve que marchar. Salí de aquí, pero en el Zaragoza gané tres títulos, fui internacional, pude jugar un Mundial. Me divertí mucho. Fui muy feliz en Zaragoza.
- Estuvo algo desplazado en el fútbol y ahora le ocurre algo parecido en la literatura, donde algunos le ven como un intruso
- Eso es inevitable. Siempre me he movido en tierra de nadie, ese ha sido mi sino. Con algunos amigos escritores ya lo he hablado, ese estigma de intruso lo voy a arrastrar siempre. Algunos pensarán en el jugador que he sido, otros pensarán que qué estoy haciendo ahora… Como si escribir fuera potestativo de una casta. Lo que hay que intentar es hacer las cosas bien, independientemente de donde provengas. Pero es inevitable que alguna gente piense que vengo de otro mundo y qué hago aquí. Como comprenderán, a estas alturas de mi vida esto me importa muy poco. Lo relevante es hacer las cosas bien y que lo que escriba tenga algún mérito, ese es mi objetivo. Si hago esto es porque, humildemente, creo que se pueden leer. No quiero superar a nadie, ni sentar cátedra de nada, ni escribir la obra perfecta. Para mí es una diversión, y si hay gente que comparte las cosas que escribo, pues bendito sea. Es una suerte poder hacer lo que te gusta. Me he empeñado en escribir libros, ya he escrito seis y pretendo seguir dando la paliza.
- Además de sus tres novelas, tiene tres libros: uno de aforismos (La cola del cometa), otro sobre su vida (Teoría general del abandono) y otro de artículos (A pie cambiado), pero su debut en la escritura se produjo con un estudio del escritor y periodista César González-Ruano. ¿Por qué González-Ruano?
- Fue por casualidad. Yo había acabado Filología, hice los dos años de doctorado y hablando con amigos surgió la figura de González-Ruano. Me llamó la atención que apenas hubiera obras sobre él, creo recordar que La escritura perpertua de Paco Umbral y poco más. Me parecía un personaje interesante, un buen escritor y que tenía una vida muy ajetreada, muy picaresca. Por todo eso me llamó la atención.
- Usted también también tiene fama de pícaro, dentro y fuera del campo.
- Risas. Yo creo que cualquier persona que tiene que salir muy joven de casa, como me sucedió a mí, que con 14 años me fui de La Palma del Condado a Madrid, tiene que desarrollar un cierto tipo de picardía para subsistir. La lucha por la vida es complicada, alguna picardía terminas por adquirir.








