Segunda diana para Tim Merlier. El sprinter belga impuso su punta de velocidad en otra llegada descontrolada de este Giro que enfila su recta final con el dominio implacable de Tadej Pogacar. El esloveno, tras las exhibiciones de esta semana, se protegió en el seno del pelotón en una jornada en la que los escaladores cedieron el centro del escenario a los rodadores.
La de este jueves fue una etapa sin dificultadores orográficas que transcurrió desde los Dolomitas hasta Padua, en la provincia de Venecia, marcada por una escapada compuesta por Mikkel Honoré, Mirco Maestri, Filippo Fiorelli y el incansable Andrea Pietrobon. El rodador del equipo de Alberto Contador es un filón publicitario, pocos como él han aprovechado las ocasiones para generar o meterse en la escapada buena del día, acaparando la atención de las cámaras en los tramos más interesante. Desde que arrancó el Giro, el corredor del Polti Kometa ha estado escapado más de 450 kilómetros El cuarteto fue neutralizado a falta de 10 kilómetros para la meta.
En la ruta desde la montaña hasta la cercanía del mar, los rodadores impusieron un fortísimo ritmo hasta el curveo final, en las calles de Padua, con susto para Arensman, que quedó cortado por una avería mecánica.
En un recorrido muy técnico, los velocistas se desafiaron en una partida sin dueño. Los lanzadores de Trek de Jonathan Milan tomaron la cabeza y luego cedieron la punta de lanza a los rivales del Soudal o Alpecin. Hasta elMovistar y el Cofidis se dejaron ver adelante. En ese descontrol, Milan perdió las referencias de sus compañeros y los últimos 200 metros tuvo que remontar posiciones. Un esfuerzo extra que le privó de su cuarta victoria, en beneficio de Merlier, que ya se impuso en la tercera etapa. A los sprinters aún les queda la clausura del domingo en Roma.
Nueva fecha para adornar el palmarés de Pogacar, que, salvo catástrofe, llegará a la capital italiana con 20 días consecutivos sin ceder la maglia rosa, la mejor cifra en los últimos 34 años. La sorpresa de Jhonatan Narváez en la etapa inaugural evitará lo que apuntaba a ser un pleno de Pogacar, un dominio absoluto que sólo Constante Girardengo (1919), Alfredo Binda (1927), Eddy Merckx (1973) y Gianni Bugno (1990) consiguieron en la historia de la carrera. Pogi acumula 17 días con la prenda de líder, una marca superior a las 15 jornadas que sumó su compañero Joao Almeida en 2020, el mejor registro de los últimos tiempos.
La etapa de este viernes vuelve a ser un castigo para los sprinters y una oportunidad para los cazaetapas y los escaladores. La cita consta de 178 kilómetros, con salida en Mortegliano y llegada a Sappada, que presenta tres ascensiones y un final nervioso previo a unas rampas del 15% en Sappada.
Final de la maldición y nuevo integrante en la fiesta de los sprinters. El belga Jasper Philipsen, por fin, pudo anotarse su primera victoria de etapa en esta ronda y terminar con su permanente frustración. El velocista del Alpecin superó al eritreo Biniam Girmay (el más eficaz en esta edición, con dos triunfos) y se olvidó de sus desagradables momentos: en la sexta etapa fue descalificado por cerrar a Van Aert y fue segundo en la quinta y octava.
El compañero de Van der Poel fue el más afortunado en un día de charleta, de intercambio de confidencias. Jornada sin apenas historia, la primera etapa plácida de este Tour.
La cita posterior a la jornada de descanso suele ser peligrosa por la dificultad de algunos para adaptarse al cambio de biorritmos. Un entrenamiento inadecuado o un exceso de inactividad han acarreado dolorosas facturas en otras ocasiones. Este martes, el pelotón alertado por esos precedentes y pensando en los próximos desafíos, con entrada en el Macizo Central y luego visita a los Pirineos, se tomó la etapa con tranquilidad hasta el tramo final.
Ayuso, Aranburu y Lazkano
Ni siquiera, los aventureros de turno se lanzaron a ganar cuota de pantalla. Un ejercicio de transición para Tadej Pogacar, que mantiene su puesto de privilegio en la clasificación general, y Jonas Vingegaard, muy satisfecho tras haber superado el primer tercio de la carrera con sólo 75 segundos de desventaja respecto al esloveno.
La llegada a la meta de St. Amand Montrond también fue la clausura de un encuentro sin sobresaltos para Juan Ayuso, Alex Aranburu y Oier Lazkano, que celebraron su elección para los Juegos de París. El compañero de Pogacar doblará, al afrontar la prueba en línea y la contrarreloj.
A por el Macizo Central
Eso sí, fue un día muy señalado por el noruego Jonas Abrahamsen (Uno-X) que igualó el récord del belga Ludo Peeters, datado de 1984, al portar el maillot de líder de la clasificación de la Montaña durante las 10 primeras etapas del Tour.
Este miércoles, una etapa complicadísima, con desgaste permanente. Única excursión en el temido Macizo Central. Serán 4.350 metros de desnivel en 187 tortuosos kilómetros. La parte más dura se concentra en los últimos 50 km, con los ascensos al Col de Néronne (3,8 kilómetros al 9,1%), el Puy Mary Pas de Peyrol (5,4 km al 8%) y el encadenado final al Col de Pertus (4,4 km. al 7,9%) y el Col de Font de Cere (3,3 al 5,8%) previos a la meta en Le Lioran. Nueva criba en el top ten de la carrera.
Hace tres años se presentó en el escaparate internacional con la inquietud propia del chico meritorio. Era el último de la fila en la presentación del Movistar celebrada en la sede de Telefónica de Madrid. Iván Romeo (Valladolid, 2003) respondía con discreción al periodista que se interesaba por conocer a un gigante (1,93 metros) que había sobresalido en categorías inferiores. Aquel chico es ahora un referente del nuevo ciclismo español que intenta recuperar el protagonismo de antaño. A sus 22 años es campeón de España de ruta y uno de los contrarrelojistas más prometedores del mundo. En el Movistar, donde ya asume galones y se ha olvidado la timidez, se encuentra muy cómodo. Su novia, la británica Cat Ferguson (19 años), también milita en el equipo gobernado por Eusebio Unzué, que el pasado 11 de diciembre presentó, en Valencia, la nueva temporada.
En las últimos tres años ha crecido mucho. No sólo es uno de los jóvenes con mejores resultados, sino también un baluarte del pelotón español.
Sí, he dado algunos pasos hacia adelante. Me hubiera gustado haber avanzado más, pero todos sabemos que el ciclismo es un deporte muy duro, propenso a las lesiones y a los accidentes. Yo siempre, desde que era pequeño, me preparo para seguir mejorando.
En 2025 se proclamó campeón de España en ruta y ganó sendas etapas en la Comunidad Valenciana y en el Critérium Dauphiné. ¿La nueva temporada podría ser la de su consagración?
Sí, espero que 2026 sea mi gran año. Yo me veo preparado, para eso he estado trabajando fuerte.
En el Movistar, tanto sus técnicos como sus compañeros, tienen grandes expectativas depositadas en usted, ¿teme defraudarles?
No. Desde que soy profesional he ido mejorando poco a poco. Agradezco al equipo Movistar el apoyo y la paciencia que siempre han tenido conmigo. Nunca me he sentido presionado. Soy consciente de que tengo que mejorar, que hay gente superior tanto en la contrarreloj como en la escalada. También sé que por atrás muchos chicos vienen pisando fuerte.
En la pasada temporada subió a lo más alto del podio del campeonato de España y una caída le privó de ganar una etapa del Tour de Francia. ¿Qué objetivos se ha fijado para el nuevo curso?
Uno de los retos es hacer un buen papel y ganar alguna etapa en el Tour de Francia. También quisiera probar en la general de algunas rondas de una semana. Este año me encontré muy bien en el Tour de Emiratos Árabes Unidos [cuarto en la general], en la Vuelta a la Comunitat Valenciana [una etapa y octavo en la general] y en el Critérium Dauphiné [una etapa y 39º en la general].
¿No probará suerte en las clásicas?
En principio no las contemplo. Ya habrá tiempo en un futuro.
Técnicos como Samuel Sánchez, que le conoce bien porque usted ya estuvo en su equipo de cantera, y otros especialistas aseguran que en sus piernas hay un título de Mundial de contrarreloj. En 2024 ya lo ganó en categoría sub'23. ¿Está de acuerdo con este vaticinio?
No sé si alguna vez podré ganar un Mundial de contrarreloj. Esto es un objetivo muy complicado porque ahora mismo hay muchos mejores que yo, pero como ya he dicho antes, me queda mucho tiempo para seguir aprendiendo. El año pasado terminé 11º en el campeonato de Ruanda, yo creo que me merecía un mejor puesto, pero es que llegué enfermo y no pude entrenar bien. A ver si en el próximo año tengo más suerte.
El ciclismo español atraviesa por un periodo de transición, sin figuras relevantes. Parece que el futuro lo marcarán usted y Juan Ayuso. ¿Le asusta la responsabilidad?
No me pesa la responsabilidad de ser uno de los referentes o líderes del nuevo ciclismo español. Llevo mucho tiempo esforzándome para estar donde estoy, pero sé que tengo que seguir creciendo. Lo que sí tengo más o menos claro es que sé llevar bien la presión. Me gusta que los focos se fijen en mí. Eso no me puede influir porque es para lo que estoy trabajando.
En la competición ha demostrado notables condiciones técnicas y mucho carácter. Ha sido reivindicativo en temas como la seguridad en la carretera. ¿Ese tipo de acciones le crea simpatía en el pelotón?
Yo siempre he sido así. No sé si eso me beneficia o perjudica entre los corredores, no es algo que me preocupe mucho. He visto que algunos me valoran más y otros me han mostrado lo contrario. Cada uno tiene una forma de ser.
El ciclismo actual está dominado por Pogacar. ¿En el pelotón también se le ve como imbatible en las generales de las tres grandes rondas?
''Es necesario dejar que el cerebro llore, se exprese, grite''. Estrategias psicológicas para situaciones límite, como las que este martes afrontarán los jugadores del Barcelona, horas después de enterrar a Carles Miñarro, su amigo, su confidente. Especialistas en salud mental coinciden en que tras el shock generado por la desaparición del doctor es necesario encauzar adecuadamente las emociones y que el encuentro contra el Benfica sirva como tributo.
''Al jugador hay que darle espacio para liberar sus sentimientos, cada uno tiene sus propias formas de expresarse, de canalizar su impotencia y rabia por lo sucedido. Tras pasar el shock, vienen los momentos de ira y si no tenemos el canal adecuado para asimilar lo sucedido aparecen complicaciones a la hora de somatizar ese malestar psicológico'', sostiene la psicóloga Josefina Cutillas, que durante un tiempo trabajó con Carlos Alcaraz.
''Lo inmediato es que los jugadores pongan el foco en el partido, en los 90 minutos que tienen que estar ahí, eso lo llamamos técnica de la atención. Luego llegarán los momentos de la tranquilidad para gestionar el duelo, para que el cerebro se exprese, para que no se enquisten las emociones. Hay que acudir al ser humano que hay detrás del número de una camiseta, que siempre está en el foco mediático'', advierte Cutillas, especialista en desarrollo personal, coaching empresarial y Máster en Psicología del Deporte.
''A los jugadores del Barcelona se les han roto los esquemas, porque ha desaparecido la persona en la que confiaban su salud. Hay que reestructurar la situación, entender el proceso, respetando los tiempos. Yo creo que habría que combinar acciones individuales y grupales, que haya auto diálogo, pero también momentos para escuchar al otro, entender el comportamiento del compañero'', añade.
Cutillas es partidaria de afrontar el partido a modo de homenaje al doctor: ''Puede resultar positivo, porque supone transformar la rabia en motivación. Eso nos ayuda a seguir''.
Duelo complicado
''Los futbolistas atraviesan por un duelo complicado, porque juegan poco después del hecho luctuoso. Supongo que el departamento médico del club ha dejando un tiempo para que ellos muestren sus sentimientos. Es preciso que ellos hagan comentarios sobre lo sucedido. Para superar esta situación tienen que plantearse objetivos inmediatos, generar estímulos a corto plazo. Los jugadores tienen que pensar cómo actuaría el doctor Miñarro en esta situación'', afirma David Peris, presidente de la Federación Española de Psicología del Deporte.
''Algunos, para afrontar con alivio el partido de este martes apuestan por el ofrecimiento de un tributo u homenaje al doctor, pero yo no soy partidario de eso, porque es algo que se te puede escapar del control. Yo me centraría más en qué le hubiera gustado a él, que se apoyen en los valores que transmiten Flick y su staff técnico. No salir de la dinámica habitual de trabajo'', revela Peris.
Juan Miguel Bernat, psicólogo especialista en coaching deportivo y que durante siete años trabajó en el Departamento de Alto Rendimiento del Levante, subraya que hay que realizar una evaluación psicológica de cada jugador para saber quién está mejor preparado anímicamente. ''Hay que preguntar al futbolista si está listo para el partido. Si fuera necesario se puede utilizar este acontecimiento como una forma de quitar presión al partido, demostrar que la vida es algo más que nuestra profesión, saber que lo más valioso que tenemos, que es la salud, se nos puede ir. Hay que enlazar la emoción con la importancia de la vida'', dice el autor de los libros Jugador número 30 y Mentalidad de gladiador (Brief Ediciones).
Banderas a media asta, el lunes, en el Lluis Companys.AFP
''El partido puede servir de tributo, ofrecerlo a esa persona que tanto hemos querido, disfrutar por ella, brindarle un buen resultado, allá dónde esté. Eso lo han hecho muchos, como Isaiah Thomas, que en 2017 disputó un gran partido en la NBA sólo un día después del fallecimiento de su hermana en un accidente de tráfico'', incide ex psicólogo del Levante.
José Carrascosa, al frente del proyecto Saber Competir, con experiencia en varios equipos de Primera y que ha tratado individualmente a numerosos deportistas y técnicos, apunta a la importancia de una relación cercana: "El médico del primer equipo es el médico de familia para los futbolistas, no únicamente para ellos, también para sus familias, al que llaman a cualquier hora ante un problema. Alguien, pues, muy próximo, y de mucha confianza, sobre todo en procesos de recuperación, como el que ha atravesado Gavi''.
"Hay que hablar de ello"
"El impacto es tremendo y genera un volcán de emociones, como tristeza, miedo, desconcierto, que es necesario ventilar. Hay que hablar de ello, dar explicaciones, no sólo a los jugadores, sino a todo el personal del primer equipo. Primero en grupo y si alguno lo requiere, individualmente", afirma Carrascosa, para quien es indispensable la figura del psicólogo en el fútbol. El Barcelona no lo tiene.
"Por la edad de los jugadores, y más en el caso de los jóvenes del Barcelona, Lamine, Gavi o Cubarsí, es posible que para muchos se trate de la primera muerte próxima, algo que deja una huella en todas las personas, y que se produce mientras convivían. Ante eso, no basta lo de ahora toca jugar. Hay que hablar", concluye el psicólogo.
Enrique Cantón, profesor titular de la Universidad de Valencia, sostiene que la cita de la Champions de este martes puede ayudar a superar el shock: ''Es un impulso especial en el duelo, un homenaje al doctor. Seguro que en el club han trabajado en la intervención psicológica de los jugadores''.
Este coordinador de la División Psicología de la Actividad Física y del Deporte del Colegio Oficial de Psicología apunta la importancia de la individualidad a la hora de expresar las emociones. «Muchos insisten en la necesidad de comunicar, pero yo creo que no hay que forzar las situaciones, cada uno tiene su tiempo. No todos los jugadores tenían la misma relación cercana con el doctor».
Un volcán de emociones en el duelo de Champions del Barça.