“Sé que tendré que adaptar muchas cosas en mi estilo de pilotaje y no será fácil, pero estoy convencido de que todo el equipo Gresini me ayudará mucho”, asegura el piloto
Marc Márquez, el pasado mayo en Le Mans (Francia).JEAN-FRANCOIS MONIERAFP
El catalán Marc Márquez ha sido confirmado como nuevo piloto de la Escudería Gresini, que ha emitido un comunicado en Mandalika, donde este fin de semana se disputa el Gran Premio de Indonesia de MotoGP.
“La Familia Gresini se complace en anunciar la llegada de Marc Márquez para la temporada 2024. El español, múltiple Campeón del Mundo, anunció su desvinculación de Honda y a partir del próximo año será el nuevo piloto del Team Gresini MotoGP junto a su hermano Alex“, comienza el comunicado, que asegura tener “un equipo de ensueño, formado por los hermanos Márquez, con Marc reapareciendo por completo en un equipo satélite que ya ha demostrado su capacidad para dejar huella desde su regreso a la categoría reina”.
En esa misma nota, Marc Márquez dice estar “ilusionado con este nuevo reto, pues no ha sido una decisión fácil porque será un gran cambio en todos los aspectos, pero a veces en la vida tienes que salir de tu zona de confort y retarte a ti mismo para seguir creciendo”.
“En cuanto al cambio de moto, sé que tendré que adaptar muchas cosas en mi estilo de pilotaje y no será fácil, pero estoy convencido de que todo el equipo Gresini me ayudará mucho y estoy impaciente por conocer al equipo y empezar a trabajar con ellos y quiero dar las gracias a Nadia, Carlo y Michele por la confianza y el respeto que me han demostrado”, afirma Marc Márquez.
La propietaria del equipo, la viuda de Fausto Gresini, Nadia Padovani, ha señalado que para “Gresini Racing este es un momento histórico, pues el hecho de que Marc Márquez haya elegido correr con nosotros la próxima temporada es absolutamente fantástico y estoy encantada de poder hacerlo oficial”.
“En menos de una temporada nos hemos encariñado con su hermano, y del mismo modo daremos la bienvenida a Marc, convencidos de que tiene todo el potencial para ser competitivo desde el primer momento sobre la Desmosedici GP23“, agregó Padovani, quien deseó lo mejor a su actual piloto, el italiano Fabio Di Giannantonio “por su profesionalidad”.
«¿Lo coges tú mismo?», le preguntaba John Newcombe, ganador de cinco Grand Slam, y Jannik Sinner sostenía el trofeo del Open de Australia, lo mostraba a los aficionados para que echaran un vistazo, lo levantaba muy levemente y ya está. A otra cosa. Cuando acabó la ceremonia, tuvo que ir alguien de la organización a pedirle que repitiera la celebración y que la exagerara un poco porque los fotógrafos se habían quedado a medias. Nunca hubo un campeón tan discreto.
«Los partidos pueden durar entre tres y cinco horas: ese es el tiempo del día en el que sé que tengo que estar concentrado. Fuera de la pista, en cambio, pasan cosas que nadie conoce», explicaba Sinner, siempre tan enigmático. En la pista y fuera de ella, sus golpes, sus movimientos y sus gestos son indescifrables e invitan a pensar qué se esconde detrás. ¿Qué piensa? Ganador de tres Grand Slam a los 23 años, Sinner ha abierto una era de dominio del tenis sin mostrar al mundo sus secretos.
Su carácter
Y posiblemente ese hermetismo sea uno de sus puntos fuertes. «No puedes leer lo que le pasa por la cabeza y eso te destroza los nervios», analizaba en la previa John McEnroe en conversación con EL MUNDO y en la final de ayer en Melbourne sus palabras se convirtieron en imágenes. Desde el primer set, Alexander Zverev mostraba su frustración ante un rival tan inaccesible y Sinner, en cambio, nada. Incluso en el tie-break del segundo set, el momento más tenso del partido, el número uno mantuvo la misma cara. Al final, 6-3, 7-6(4) y 6-3.
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En realidad, Zverev, de padre ruso, parecía menos alemán que Sinner, criado en los Alpes en la frontera entre Italia y Austria. Ni una comunicación con su equipo, ni un renuncio ni tan siquiera un grito de celebración. Si hubo algún «¡Come on!» fue de Zverev. Más allá de los temblores en cuartos de final o de los calambres en semifinales, Sinner fue un muro durante todo el torneo.
Su juego
Su tenis también se lo permitió. La velocidad de su derecha le otorga mucha seguridad y en el resto de juego tampoco se observa un punto débil. Su revés, especialmente el cruzado, es difícil de responder. Sin ser quien saca más rápido, es letal al servicio: ayer no concedió bolas de break y sólo perdió nueve puntos con los primeros. Y si antes sufría en la red con la volea, ahora ya no lo hace. Si acaso le falta un punto de creatividad, como se observa en otras superficies, especialmente en tierra batida, pero en pista rápida no le hace falta.
«Te lo mereces, Jannik. Eres demasiado bueno. Es así de simple. Nadie se merece más este trofeo. Creo que estoy haciendo un buen trabajo, pero no soy lo suficientemente bueno», reconocía Zverev después de la final como habían hecho los adversarios anteriores, especialmente un Álex De Miñaur hundido en cuartos.
Su equipo
Ante el australiano, de hecho, sí se vio la necesidad que Sinner tiene de estar en contacto con su equipo, apoyado cuando hay dudas. Cuando el calor casi le noquea, la ayuda de los suyos le salvó. El italiano lleva con Simone Vagnozzi desde los 14 años, pero la llegada hace dos temporadas de Darren Cahill fue clave. Ex técnico de Andre Agassi, Lleyton Hewitt y Simona Halep, le ha dado confianza y ha aportado variedad en su juego.
Vincent ThianAP
«Ha madurado muy rápido. Los tenistas viven una vida fantástica, pero necesitan una mente muy trabajada para aguantar la presión», alababa Cahill hace unos días a quien además ha tenido suerte con los cambios. Después de su positivo en un control antidopaje, Sinner despidió a su preparador físico y su fisioterapeuta, Umberto Ferrara y Giacomo Naldi, y los recién llegados a sus puestos, Marco Panichi y Ulises Badio, que anteriormente habían trabajado con Novak Djokovic, han encajado.
El sistema
En su futuro, de hecho, sólo queda la duda sobre ese positivo A mediados del próximo mes de abril, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) resolverá la apelación en la cual la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) reclama entre uno y dos años de sanción. La ATP aceptó los argumentos Sinner -su antiguo fisio, Naldi, había utilizado una pomada prohibida- y lo exculpó, pero la AMA no fue tan crédula. «No estoy pensando en eso ahora, intento disfrutar del momento», revelaba ayer Sinner.
Un castigo rompería su racha y su dominio actual del circuito, pero su caso revela igualmente su poder en el tenis. Como primer número uno italiano ahora mismo lo tiene todo a su favor. Si años atrás el poder era anglosajón, ahora es transalpino con Andrea Gaudenzi como presidente de la ATP y Massimo Calvelli como director ejecutivo.
Cuando uno se sube al octógono, las palabras se borran, los desplantes se olvidan y la fanfarronería se entierra tras el primer golpe y los 18.000 aullidos del Etihad Arena de Abu Dhabi. La noche 308 de UFC tenía dos estrellas en el firmamento, pero una bajó a golpes a la otra. No pudo ser en los primeros 10 segundos, como había retado Ilia Topuria, qué más da. Ese guantazo dorado, el que distingue los combates por el título, llegó en el tercero. Se cortaron las alas del ángel.
Atizó a Max Holloway con un directo de derecha brutal, tras amagar con la mano izquierda. Abría la guardia el hawaiano buscando aire, pero ya no podría con la siguiente combinación. Esta vez fue diferente, amago con la derecha y crochet de izquierda. A la lona. Remate y el árbitro se vio obligado a parar la pelea por el cinturón del peso pluma.
Y eso que el primer asalto sirvió a Topuria para entender que El Bendecido no iba a ser un rival fácil de llevar a la lona. Lo hizo dos veces, una de un derechazo, que inclinó el octógono hacia su esquina y otra lanzándose hacia su cintura. La mandíbula de Holloway, de granito decían, aguantaba las embestidas del campeón en los dos primeros rounds.
El campeón entraba con un doble jab y buscaba luego una combinación para terminar con una poderosa derecha, pero el hawaiano mantenía la distancia a base de patadas y aguantando los golpes con buenas contras. Tiraba más el hawaiano, pero la iniciativa la llevaba el español. Esto no era un combate, era una guerra de pequeñas batallas en las que la victoria de Holloway se veía que estaba en mantener lejos a Topuria.
El Matador trabajó a mitad de combate el pateo abajo para cerrarle huidas al hawaiano y acortarle el físico en los últimos asaltos, momento más peligroso del norteamericano. Pero no hizo falta llegar hasta allí. Ya había avisado Topuria que lo conseguiría, y lo cumplió en el tercero. "Me sorprendió la fuerza de sus golpes", admitió el hawaiano.
Agradeció el hispanogeorgiano a Dios desde la lona del Etihad Arena y después se bajó a celebrar no sólo con su equipo, también con las numerosas celebrities que acudieron a la cita. Sorprendió el beso en la cabeza que el luchador dio al Rey Emérito, presente en la primera fila.
"Lo primero que quiero decir es gracias a Dios, todo le pertenece. No sé qué decir, para ser honesto. Derroté a una leyenda, a Max Holloway. Seguí su carrera, me inspiré, fue un referente para una generación. Quiero ser una pequeña porción de lo que fue Holloway", fueron las palabras del luchador después de que el árbitro de la contienda alzara su brazo al cielo de Abu Dhabi.
Posteriormente, confirmó El Matador que habrá revancha con Volkanovski, el hombre al que derrotó para obtener el cinturón de campeón que hoy cuelga a su cintura. "Él defendió su cinturón muchas veces. Se lo merece, es una leyenda", explicó.
Retorno infructuoso
El 'maño' Chris Barnett, por su parte, no pudo volver a la UFC con victoria y sucumbió rápido ante la pujanza del gigante Kennedy Nzechukwu en la categoría de semipesado. El nigeriano se aprovechó de su envergadura para conectar más golpes y de manera más efectiva hasta que terminó con un rodillazo en el primer asalto con el sueño de Barnett.
Aunque el ko de la noche lo protagonizó el daguestaní Shara Magomedov. El ruso conectó una doble combinación de puños con reverso para noquear al armenio Armen Petrosyan que levantó al público de sus asientos. Fue uno de los kos del año en la UFC y el aperitivo perfecto para el maincard. Porque todo el mundo sabía que la noche 308 de esta liga de MMA era de Ilia Topuria.
España llegó a París pensando en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Los últimos referentes de la selección, Pau Quemada, Quico Cortés, David Alegre o Roc Oliva, se retiraron después de los Juegos de Tokio 2020 y dirigida por un seleccionador nuevo, Max Caldas, se presentó en el bonito estadio de Colombes con un grupo de chavales. El capitán, Marc Miralles, tiene 26 años; el portero, Luis Calzado, 23; y el goleador, Marc Reyné, 25. Muchos debutaron como internacionales en este ciclo olímpico y, por eso, el proyecto miraba hacia allá, cuatro años más allá. Pero el domingo en cuartos de final, ante Bélgica, la campeona de todo, la máxima favorita, ¡sorpresa!
Sin ningún tipo de presión y con todo el descaro del mundo, España venció y se construyó dos andamios para escalar a la medalla. El primero, este martes, las semifinales ante Países Bajos, acabó en una derrota clara, 4-0. El segundo vendrá el próximo jueves, en la lucha por el bronce, ante el perdedor del duelo ante Alemania e India.
"¡Tenemos que estar concentrados!", gritaba a su banquillo Caldas, técnico argentino de España, cuando a mediado del tercer cuarto la derrota ya era un hecho. "Oooooooe, oooooooe, ooooooooe", vacilaban los aficionados neerlandeses, amplísima mayoría en las gradas, mientras los suyos mareaban la bola. Al contrario de lo que ocurrió ante Bélgica, contra Países Bajos las piernas temblaron, los brazos se encogieron, el corazón pudo a la cabeza. Ante la cercanía de la medalla, una selección tan joven y tan inexperta multiplicó sus errores y apenas disfrutó de opciones de gol. También ayudó la táctica de Países Bajos. Desde el primer minuto de juego, los oranjes entregaron la bola a España y se agruparon atrás para salir en desbandada.
En el centro del campo no había presión, sólo espera. La selección necesitaba creatividad, inventarse algo, pero no era el día. De hecho la opción más clara fue una bola alta que recibió Reyné a los cinco minutos, luego sólo hubo penaltis corners -hasta cuatro- sin acierto. Países Bajos estaba cómoda en ese esquema porque sabía de su virtudes. En cada aproximación, un gol. Un equipo letal. Marcaron un gol por cuarto, uno cada uno, Jip Janssen, Thierry Brinkman, Thijs Van Dam y Duco Telgenkamp y el partido se acabó.