La celebración del título liguero del FC Barcelona por las calles de la Ciudad Condal reunió a más de 750.000 personas, según la Guardia Urbana. Una multitud, jóvenes y niños en su inmensa mayoría, que inundó el centro de la capital catalana, se encaramó a los balcones y hasta se subió a las marquesinas de las paradas de autobús para festejar con sus ídolos, que se hartaron de firmar objetos de todo tipo, cantar y bailar en una nueva muestra de la conexión del equipo, construido sobre una base de jóvenes canteranos, con la hinchada azulgrana.
La tarde arrancó con la foto de familia de la plantilla, el cuerpo técnico y la junta alrededor de los trofeos, con Flick flanqueado por el presidente electo, Joan Laporta, y el interino, Rafael Yuste, quien destacó a ‘TV3’ la “implicación” del técnico en un “momento difícil” por la reciente muerte de su padre. “Hoy quería estar con sus jugadores”, remarcó.
Sin embargo, una de las imágenes más comentadas de la Rúa fue la protagonizada por Lamine Yamal, cuando apareció en lo alto del autobús descapotable ondeando una bandera palestina. La escena no tardó en hacerse viral en redes sociales, generando todo tipo de reacciones entre aficionados.
Uno de los primeros en responder a través de redes sociales fue Gabriel Rufián. El diputado de ERC, reconocido seguidor del Espanyol, alabó el gesto del futbolista internacional. “Guste más o guste menos. Celebrémoslo. Bien por él“, expresó Rufián en su publicación
No es muy habitual que los futbolistas, sobre todo tan jóvenes, se posicionen políticamente en temas tan sensibles como el conflicto entre Israel y Palestina. Por ello, su gestó cobró gran relevancia y tuvo un eco muy rápido en las redes sociales.
No fue la única bandera que lució durante la celebración del FC Barcelona. Lewandowski, por ejemplo, ondeó la estelada desde la parte superior del autobús.
El ex portero del Steaua de Bucarest Helmuth Duckadam, conocido como el "Héroe de Sevilla" tras detener cuatro penaltis en la final de la Copa de Europa de 1986 contra el Barcelona, falleció el lunes a los 65 años.
Aquel 7 de mayo de 1986, el Steaua empató 0-0 con el Barça en la prórroga, la primera final de la Copa de Europa que acabó sin goles, y pese a fallar sus dos primeros penaltis ganó la tanda por 2-0 gracias a la heroicidad de Duckadam, que detuvo los cuatro lanzamientos del club azulgrana.
"Fue un partido de lógica. Después de parar el primer penalti a Alexanko, me puse en la posición del lanzador, pensando: 'Si el portero hubiera parado un penalti a la derecha, ¿qué haría yo ahora?", declaró años después a la UEFA. "Lo normal es que el portero se cambiara a la izquierda, así que yo me fui a la derecha. Y eso se vio mejor en el tercer penalti, cuando estaba seguro al 100% de que Pichi Alonso apuntaría también a la derecha".
Schuster, en el taxi
En el segundo turno, el joven Ángel Pedraza tampoco pudo derribar el muro rumano, ni Marcos Alonso en el cuarto intento, al lado izquierdo del guardameta. Pese a desperdiciar sus dos primeros intentos, obra de Mihail Majearu y Laszlo Böloni, al equipo dirigido por Emerich Jenei le bastó con transformar los dos siguientes, gracias a la templanza de Marius Lacatus y Gabi Balint.
De los 120 minutos de final, una de las más aburridas de la historia, sólo quedó memoria de Miodrag Belodidici, un joven central de 21 años que cinco temporadas después también alzaría la Orejona con el Estrella Roja. Tras el estallido de la Guerra de los Balcanes, el defensa llegó a la Liga, donde dejó constancia de su calidad en Valencia, Valladolid y Villarreal.
El Barça, por su parte, tardó en recuperarse de aquella debacle, que se llevaría por delante a Bernd Schuster, gran estrella del equipo. La gota que agotó la paciencia del centrocampista alemán fue la decisión de Terry Venables de sacarle de la final en el minuto 85, cediendo su sitio a Josep Moratalla. Tras un fugaz paso por el vestuario, el ex futbolista del Colonia salió del estadio a toda prisa a bordo de un taxi y se enteró de la derrota en el hotel del equipo.
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El triunfo del Steaua supuso la primera vez que un equipo de Europa del Este ganaba el máximo torneo continental. "Cuando volvimos a casa al día siguiente, más de 15.000 personas nos esperaban en el aeropuerto de Otopeni", declaró Duckadam, que más tarde se convertiría en presidente del club.
El camino de los campeones se había iniciado en dieciseisavos ante el Vejle danés (1-1, 4-1), para más tarde superar al Honvéd húngaro (0-1, 4-1), el FC Lahti finlandés (0-0, 1-0) y el Anderlecht belga (0-1, 3-0), una de las grandes potencias continentales del momento.
Hagi, nueve meses después
Aquel grupo liderado por Victor Piturca (cinco goles en el torneo) encadenaría cinco títulos de liga y cuatro copas de Rumanía, incluido un récord de 104 jornadas ligueras sin conocer la derrota. En febrero de 1987, Duckadam vio desde el banquillo cómo sus compañeros, dirigidos ya por Anghel Iordanescu, derrotaban al Dinamo de Kiev en la Supercopa de Europa (1-0). El héroe de aquella final fue Gheorghe Hagi, autor de un libre directo que tropezaría en la barrera para despistar por completo a Viktor Chanov.
Asimismo, el Steaua llegaría a las semifinales de la Copa de Europa de 1988, donde cayó ante el Benfica (0-0, 0-2) y la final de 1989, donde fue arrasado en el Camp Nou por el Milan de Arrigo Sacchi (4-0).
"Al salir del aeropuerto, decenas de miles de personas nos aplaudieron hasta que llegamos al estadio. Era un ambiente fantástico, algo que sólo se vive una vez en la vida. O nunca". Duckadam, que disputó dos partidos con Rumanía en su carrera, fue nombrado mejor futbolista rumano del año.
Xabi Alonso protagonizó en Valdebebas la primera rueda de prensa del año en el Real Madrid después de un parón navideño que "nos ha venido bien para resetear después de lo intenso que fue diciembre". En pleno mercado de invierno y después de la cesión de Endrick al Olympique de Lyon, el técnico vasco no cerró la puerta a nuevas incorporaciones. "Nuestra obligación siempre es estar atentos a poder mejorar o a necesidades puntuales", valoró, aunque reconoció que "yo trabajo con la plantilla que tenemos y mi deber es exprimir, ser eficaz y que colectivamente encajen las piezas".
El foco de la comparecencia fue la lesión de Mbappé, extraña por los momentos y las sensaciones. El francés, que entrenó con el grupo el 29 y 30, no participó de las sesiones del 31, 2 y tampoco este sábado día 3. Sufre un esguince en la rodilla y nadie en el club sabe a ciencia cierta cuándo volverá.
"Veremos para cuánto tiene. Vamos a ir apurando los plazos porque es mucho de sensaciones, ¿cuándo es lo antes posible? ¿Esa es la pregunta? No lo sé", dijo. "¿Para la Supercopa?, le volvieron a preguntar. "Esperemos. En la siguiente rueda de prensa prepartido te lo diré más claro", insistió.
Y recordó que las decisiones "las asumo yo", sobre la participación del delantero francés en los partidos ante Alavés, Talavera y Sevilla después de haberse perdido el duelo contra el City por molestias. "La gestión con jugadores que siempre están dispuestos a ayudar es fácil. Y luego son decisiones que es mi trabajo y las asumo yo".
Sobre el once, Alonso está a la espera de ver cómo amanece mañana Huijsen de las molestias que le han impedido entrenar este sábado, pero es probable que el técnico no arriesgue antes de la Supercopa. En ataque, dos opciones para suplir a Mbappé: Gonzalo o Rodrygo. "Rodry puede jugar en cualquiera de los tres carriles y Gonzalo lo hizo bien en el Mundial. Echaremos de menos a Kylian, seguro, y no sólo por sus goles".
Y destacó el regreso de Carvajal, que realizó el entrenamiento completo este sábado. "Es competitivo, pero luego su personalidad, su peso en el equipo, su influencia es mayúscula, nos hubiera gustado tenerlo estos dos meses más cerca, nos hubiese aportado".
Por último, admitió que "entiende" la decisión de la cesión de Endrick porque el delantero "necesita jugar". "Entiendo que haya tomado esa decisión, que tenga experiencia en una liga competitiva y en un club donde tendrá minutos. Entiendo a Bobby y al club y le seguiremos de cerca, con ganas de que progrese y que mejore".