“Cristo, en ti pongo mi fe y mi voluntad: pase lo que pase creo en ti y en tu amor eterno”. Éste es el mensaje que publicó en redes sociales David Cordón, Davinchi, futbolista del Getafe, después de conocer que su padre estaba entre los desaparecidos de la tragedia ferroviaria de Córdoba.
David Cordón senior, de 50 años de edad, viajaba en el tren Alvia Madrid-Huelva que chocó en la tarde de ayer en Córdoba con otro Iryo dejando una cifra de 39 fallecidos y más de 150 heridos. Cordón está entre las decenas de desaparecidos de las que no tienen noticias sus familiares y amigos.
Cordón había acudido en la tarde del domingo a presenciar el encuentro liguero que enfrentó al Getafe con el Valencia en El Coliseum y que concluyó con victoria visitante. Según el medio local Huelva24 la pareja de Cordón no viajaba con él en el tren.
El padre de Davinchi fue un destacado jugador de fútbol playa. Como miembro de la selección española consiguió dos campeonatos de Europa en 2011 y 2004, en este último fue elegido mejor jugador, y dos subcampeonatos del Mundo en 2003 y 2004. A día de hoy, Cordón era enfermero en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva.
Su hijo Davinchi no ha acudido al entrenamiento del Getafe previsto esta mañana en la ciudad deportiva azulona. Desde el club piden el “máximo respeto, prudencia y solidaridad” respecto a las informaciones sobre esta tragedia. “Mantenemos la esperanza en nuestros corazones”, escriben en un post de X.
Davinchi había recalado en el Getafe este curso proveniente del Recreativo de Huelva. El jugador empezó como titular en los onces de Bordalás hasta que una rotura de menisco le apartó de los terrenos de juego desde principios de octubre del año pasado.
Cuando Yarek Gasiorowski (Poliñá de Júcar, 2005) tiene un partido siempre se sienta a hablar con Dios, como seguramente hará esta noche antes del duelo frente al Atlético de Madrid. Se acuerda de las personas que no están y reza un poco por todo lo que le ha dado: desde su existencia a su sueño de ser futbolista. "Yo a Dios le debo todo, sin él no podría ni levantarme", cuenta a EL MUNDO en una entrevista conjunta con Mundo Deportivo y As.
Nacido en el seno de una familia muy religiosa, Yarek ha vivido la fe desde muy pequeño. Su madre fue catequista de la parroquia y la que le descubrió como defensa porque el chico comenzó queriendo ser guardameta. "Cuando dio el paso de apuntarme a fútbol, me dijo que de portero no me iba a poner, que sufría mucho, no le gusta verme. Al final me puse de delantero y aquí acabamos... de defensa", cuenta entre risas.
Pero a quien verdaderamente le debe su carrera es al párroco de su pueblo, a Don Enrique, quien muchas veces iba a su casa a comer o a cenar después de misa. Él, tras verle jugar al fútbol, fue quien le recomendó a Ángel Murciano, del departamento de captación del Valencia, que le ficharan para las categorías inferiores. "Es una cosa que tú no te crees, vas ahí, haces las pruebas, no sabes ni vas a entrar, pero como eres un niño no tienes esa presión", explica el futbolista sobre la llegada al "club de su vida", que le recibió con siete años.
Sobre el Valencia sólo tiene agradecimiento porque es el club que le "abrió las puertas de Primera División" y de la selección sub'21, pero lo cierto es que las dos temporadas que tuvo completas apenas llegó a 1.500 minutos por curso, que es justo lo que lleva jugados ahora en el PSV cuando sólo van unos meses de competición. "Nunca agaché los brazos y dije: si tengo que estar tres meses sin jugar, estaré. Pero estuve entrenando por las tardes con un trabajador personal para, si me llega la oportunidad, estar en la mejor forma posible. No llegó entonces, pero me ha llegado ahora", apunta el jugador.
El pasado verano, Yarek hizo las maletas rumbo a Holanda sin saber por supuesto holandés pero tampoco inglés. Se puso con una profesora particular y ya consigue entenderlo "prácticamente todo" aunque le cuesta más hablarlo. Pero su llegada al PSV Eindhoven es una apuesta que el futbolista necesitaba no sólo para su carrera, también para su cabeza. "Aquí en el PSV me han revivido esas ganas de jugar después de estar tres meses sin hacerlo, antes estaba un poco apagado", confiesa.
Yarek, en un duelo con el PSV.Rene NijhuisGetty
Ahora es capitán general en Holanda, titularísimo en el equipo de Peter Bosz con el que van líderes de la Eredivisie y buscan en Champions seguir sorprendiendo como hicieron en la última jornada al Liverpool, al que golearon en Anfield, pero ahora les visita el Atlético. "Ya me ha tocado jugar contra ellos y va a ser un partido duro, pero ya hemos tenido partidos así y los hemos conseguido sacar", apostilla el jugador.
Su cometido será intentar secar a los Julián, Sorloth, Griezmann... "Son jugadores diferentes, pero yo no voy a tener que defender a los tres", cuenta entre risas mientras detalla que su función estará en impedir "el juego de espaldas y los balones al área" del noruego o "la movilidad" de Julián.
Pero ellos no tienen la intención de esperar ni dar la iniciativa a los de Simeone. Cuenta Yarek que le sorprendió que en Holanda todos los equipos salen a proponer, al contrario que en España en donde hay más variedad desde clubes que buscan transiciones rápidas. "Somos un equipo que siempre tiende a proponer y lo encuentro muy bien" apunta el central que revela que "todo el mundo juega muy bien con el balón".
Del calor al frío
Será el juego, los minutos o el momento que le ha llegado, pero Yarek ha encontrado la felicidad en Eindhoven. "Es una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida. Estoy muy a gusto aquí, muy contento y disfrutando muchísimo", cuenta el joven de 20 años pese a que cambió los 19 grados de temperatura media de Valencia por los 10 de Eindhoven. El club holandés le trajo por 10 millones de euros y su valor de mercado según Transfermarkt se eleva ya a los 16.
Yarek lo ha logrado. Está viviendo el sueño que tuvo de niño por las calles de Poliñá de Júcar, con la ayuda de Dios y menos mal porque nunca tuvo plan B. "Es una cosa que por mucho que pienses nunca vas a saber, pero sí que siempre tuve ese pensamiento no ya de ser futbolista, sino de tener que serlo porque si no, la verdad, es que nunca sabría lo que voy a hacer", confiesa el jugador.
Hay partidos que duelen, que se sufren, que se lloran y que no se olvidan. El domingo Oporto y Atlético jugaron uno de ellos. Fue un amistoso de pretemporada, no una final que termina con lágrimas en el césped del ganador, de alegría, y del perdedor, de tristeza. Ganaron los lusos. Fue el homenaje a los hermanos Silva, dos jóvenes que perdieron la vida antes de tiempo en un accidente que conmocionó al mundo del fútbol. Diogo Jota jugó en ambos equipos y ambos quisieron recordarle en Do Dragao con un minuto de silencio que atronó en la ciudad portuguesa.
A su lado, el aplauso posterior impactó menos en el sentir del público luso. En el que se notó la emoción por la muerte de dos compatriotas suyos muy queridos. Dos hermanos que se criaron a apenas unos kilómetros del estadio de los dragones. En el 20, el número de dorsal de Jota, una nueva ovación que pareció detener el juego. André Vilasboas, máximo mandatario blanquiazul, visiblemente emocionado durante todas las muestras de cariño. Simeone, serio, miraba al cielo mientras aplaudía las imágenes que proyectaron los videomarcadores de acciones de Jota con la camiseta del Oporto.
Dos leyendas también de ambos equipos fueron las encargadas del saque de honor de esta marcada cita. Paolo Futre y un Radamel Falcao, con una figura con la que encajaría con cualquiera de las dos zamarras, saltaron al césped en un pasillo formado por los jugadores mezclados de las dos plantillas. Corrió el balón y comenzó la pretemporada del Atlético de Madrid de los ocho fichajes.
Primer partido de los rojiblancos tras el fracaso en el Mundial de clubes. Como el que, por otra parte, también sufrió el Oporto así que se puede hablar de duelo de redención de ambos. Los de Simeone quisieron olvidar la cita con una presión asfixiante de inicio que se fue diluyendo con el paso de los minutos y con las, cada vez más peligrosas, salidas del Oporto con el balón controlado.
Tienen los portugueses dos peloteros en medio complicados de detectar. Uno de ellos es Gabri Veiga, el emigrado a Arabia que dejó el oro para intentar volver a tocar la gloria. Es el gallego un jugador diferente y uno lamenta que haya querido privar al fútbol europeo de su talento durante dos temporadas. Su juego entre líneas, pases y regates fueron diferenciales y siempre generaron peligro. El otro es el jovencísimo Froholdt, una danés con tranco elegante que resultó imparable en carrera.
Del cielo del homenaje a los hermanos Silva pareció bajar el ángel Jan Oblak. La temporada pasada, coronada con un nuevo zamora para liderar solo el olimpo con seis entorchados, fue la de la recuperación del esloveno como guardameta diferencial. El Atlético se debió a sus manos en la primera mitad con apariciones inspiradísimas a Borja Sainz tras una jugada individual y un mano a mano de Pepe tras cesión del centrocampista danés del Oporto.
Sin embargo, cuando estaban a punto de expirar los primeros 45 minutos, Froholdt encontró una grieta en la defensa rojiblanca. Lo hizo con una sencilla pared en el borde del área y con una incursión velocísima y bien definida al segundo palo. Ni el ángel Oblak pudo detener al diablo nórdico. Tocaría remar en la segunda parte y, sobre todo, mejorar puesto que en la primera no aparecieron ni los viejos ni los nuevos. Poco de Baena y sólo se salvó un disparo de Julián Álvarez que Costa y el larguero evitaron que se convirtiera en gol por milímetros.
Segunda parte para olvidar
Los portugueses casi duplican su ventaja al inicio de la segunda parte, pero Pepe, de nuevo, marró su oportunidad y Samu haría lo propio en la jugada posterior. Tras el susto, el Atlético se puso el mono de trabajo para dominar el juego con un once renovado desde la portería. El partido afeó o por cansancio o por falta de automatismos y sólo lucieron destellos como el de Mora que se fue por poco.
Poco más en un duelo en el que no pasará a la historia por el fútbol sino por las lágrimas de homenaje a los hermanos Silva. Do Dragao despidió a Diogo Jota y a su hermano André con unavictoria si es que eso fuera importante un día como el domingo.