Un Grand Slam nunca ofrece un camino despejado, y menos a un debutante, pero Rafa Jódar puede estar satisfecho tras el sorteo de Roland Garros celebrado este jueves. En el segundo torneo grande de su vida, alcanzar la segunda semana no solo es posible, sino que soñar con ir más allá tampoco parece descabellado. Lejos del favoritísimo Jannik Sinner, al que solo encontraría en una hipotética final, el cuadro de Jódar refleja la suerte de los elegidos.
El debut ante el estadounidense Aleksandar Kovacevic, que está brillando en el actual ATP 500 de Hamburgo, podría entrañar alguna dificultad, pero los rivales que aparecen a continuación no asustan. En caso de victoria, en segunda ronda podría medirse al canadiense Gabriel Diallo, un especialista en el saque que apenas suma una victoria en toda esta gira de tierra batida, y después, en tercera ronda, llegará el momento de dar su mejor versión. Como cabeza de serie número 27, Jódar debía enfrentarse en ese punto a uno de los ocho mejores del mundo, y el azar lo situó ante Taylor Fritz, jugador que arrastra una lesión de rodilla y lleva dos meses sin competir.
En otras circunstancias y sobre otra superficie, Fritz -finalista del US Open 2024- sería un rival temible, pero no ahora. En octavos de final, Jódar podría toparse con Jiri Leheka o con su compatriota Alejandro Davidovich. Y ya en la fase decisiva, el sueño del título pasaría por vencer a Alexander Zverev o Arthur Fils en cuartos, a Novak Djokovic, Casper Ruud o João Fonseca en semifinales, y a Sinner -o quien lo elimine- en la final.
El resto de los españoles corrieron peor suerte, especialmente los coetáneos del propio Jódar. Martín Landaluce, que arrancará ante un rival procedente de la fase clasificatoria, se mediría a Sinner en tercera ronda, y Dani Mérida deberá comenzar ante Ben Shelton. Jaume Munar debutará frente a Hubert Hurkacz; Roberto Bautista, ante Brandon Nakashima; Davidovich, ante Dumhur, y Pablo Carreño se enfrentará desde el inicio a Leheka.
Mundial de Fukuoka
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
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Carlos Alcaraz ha adquirido una virtud que hasta ahora no tenía. Serán los cinco Grand Slam. Será la remontada de todas las remontadas ante Jannik Sinner. Serán las 22 victorias consecutivas. Hasta el momento, frente al abismo de la derrota, le quemaban los nervios, la prisa, la rabia o el desconcierto; es todavía joven, es muy transparente. A veces incluso se enfadaba consigo mismo o con su equipo. Pero ya no. En este Wimbledon asombra con su tranquilidad cuando las cosas no van bien, que son más veces de las esperadas.
Este domingo, en octavos de final, ante Andrey Rublev, perdió el primer set ¿y qué hizo? Su rival se marchó al vestuario para atemperarse y él se quedó en el fondo de la pista dando toquecitos con el pie a una pelota. Pim, pim, pim... La bola se le escapaba y volvía buscarla para seguir con el malabarismo. Con esa calma sólo quedaba que remontara. Al final, venció por 6-7(5), 6-3, 6-4 y 6-4 en dos horas y 43 minutos de juego y se clasificó para cuartos de final, donde se medirá al inglés Cameron Norrie, adversario más complicado de lo que parece.
Las virtudes de Rublev
Dirá el cuadro lo que diga, pero no está siendo un torneo fácil para Alcaraz. Un semiretirado como Fabio Fognini, un amateur como Oliver Tarvet, un cañonero como Jan-Lennard Struffy este domingo, Rublev. Todos con sus peligros, muchas trampas. El ruso ofreció la mejor versión de lo que es: no inventa, pero no falla. Desde el fondo de la pista, con su fuerza en el saque y la derecha, ejecuta y aguanta. No hace nada distinto y la mayoría de veces no le hace falta. De hecho su punto débil no suele ser su tenis, es su cabeza: todavía no ha ganado ni un partido a rivales del Top 5 del ranking ATP y eso que ya van 12 intentos. Si el marcador se le complica, normalmente se desespera. Este domingo eso sólo ocurrió cuando ya se habían superado las dos horas de juego, a mitad del cuarto set.
Alastair GrantAP
Antes, Rublev obligó a Alcaraz a esperar, a esperar y a esperar. Ya vendrían momentos brillantes como los dos preciosos golpes pasantes que le valieron el break definitivo en el tercer set. Después de una semana delicada con el saque, el número dos del mundo recuperó la confianza y a partir de ahí fue creciendo. Más allá de los 22 ‘aces’, que ya son, su porcentaje de puntos ganados con el primer servicio (82%) fue un resorte.
Las molestias en el hombro
También es que Alcaraz carga ya con cierto cansancio. En los tres encuentros anteriores, se intuía; este domingo fue evidente. En su sesión de calentamiento de la mañana, en las bonitas pistas del Aorangi Park, se quejó a los suyos del hombro y durante su partido ante Rublev tuvo que estirar la articulación tras algún golpeo potente. En su entorno aseguran que no hay problema, pero el cuerpo ya protesta, claro que protesta. Desde su renuncia al Masters 1000 de Madrid ha encadenado sin descanso Roma, Roland Garros, Queen’s y Wimbledon en un mes y medio. Que haya molestias es lógico, también que escaseen las ideas.
La hierba impide la fluidez de la tierra batida, el juego es más monótono, no hay espacio para el espectáculo, pero en Londres se le ve menos fresco que en París. En la Philippe Chatrier, entrada la última semana, Alcaraz volaba, con aquella exhibición ante Tommy Paul. Aquí sigue siendo favorito al título, muy favorito, pero en el camino hay menos brillantez. Puede observarse ante la red, donde usualmente el español no falla.
La tensión del público
"Siempre digo que lo más importante es creer en mí mismo. He estado un set abajo, pero sabía que podía jugar mejor, que tenía que seguir, que debía ser fuerte mentalmente. El tenis es así, un punto lo cambia todo. Andrey es uno de los tenistas más potentes del circuito y me ha llevado al límite, pero estoy muy orgulloso de cómo me he movido en la pista. Creo que he jugado de una manera muy inteligente", comentó Alcaraz al acabar el partido, cuando agradeció al público de la pista central del All England Club su ayuda: "Cada partido en este sitio es un regalo".
KIRILL KUDRYAVTSEVAFP
Hubo más de una ovación para él, aunque también hubo mucha tensión a su alrededor. En el primer set sufrió un resbalón y centenares de aficionados se pusieron las manos en la cabeza. Ante la posibilidad de la derrota, otros tantos contuvieron la respiración. Pese al avance de Norrie, que ofrece esperanza a los locales, la mayoría de los presentes esperan que una nueva final entre Sinner y Alcaraz dé lustre a un torneo que hasta el momento no está siendo brillante, lleno de sorpresas y angustias.
Natación sincronizada
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Barcelona
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