El futbolista gallego Denis Suárez presentó ayer la Fundación que lleva su nombre. Un proyecto presentado en el Palacio de la Oliva de Vigo y que nace con la idea de ayudar al desarrollo integral de los jóvenes, a su educación en valores y al respaldo del fútbol base en Galicia. El jugador, nacido en Salceda de Caselas, en la provincia de Pontevedra, declaró que el objetivo “es poner a la Fundación a disposición de la sociedad gallega”.
El evento sirvió, además, para confirmar la reconciliación entre el exjugador del Celta y el conjunto vigués después de varios años de polémicas. Durante los meses finales de su etapa en Vigo, antes de salir al Espanyol y luego al Villarreal, el centrocampista estuvo apartado por orden del presidenteCarlos Mouriño a raíz de un fichaje de un canterano celeste por parte del Real Madrid. El adolescente tenía la misma agencia que Denis y el directivo gallego le acusó de ser parte del movimiento.
En enero de 2023 se fue al Espanyol y el pasado verano fichó por el Villarreal. Y ahora, sin Carlos Mouriño al frente del Celta y con su hija Marián como presidenta, futbolista y club han hecho las paces a través de sus Fundaciones, que firmarán un convenio de colaboración. “Ha cambiado toda la estructura del club y yo siempre he tenido buena relación con Marián y su marido. Y bueno, no tuvo ningún sentido todo lo que pasó en su momento y ahora se trata de estar bien, ir juntos y no tener más conflictos innecesarios ni más problemas”, reconoce el futbolista en una charla con EL MUNDO.
“Desde que entró Marián, el Celta ha cambiado mucho y creo que se están dando pasos en el buen camino. Ojalá que el Celta se consolide todavía más y pelee por cotas mayoras con toda la gente de la casa”, añade.
Cuestionado sobre si las cosas podrían haber sido diferentes en Vigo, a donde llegó como estrella en 2019, tras pagar el Celta casi 15 millones de euros al Barça, admite que lo ha pensado. “Lo he pensado a veces, pero yo tengo la conciencia tranquila. No hice nada malo para perjudicar al club, siempre había deseado jugar en el Celta, estar muchos años allí y si no hubiera pasado nada, acabar retirándome allí”, explica.
Ahora pertenece al Villarreal, donde está “súper a gusto” a pesar de una lesión que le tendrá apartado hasta el final de la temporada. “Me tratan de manera increíble. Para mí venir aquí, aún estando lesionado, me hace feliz”.
En Salceda, además de la Fundación, Denis tiene una Escuela de Fútbol que aglutina 13 categorías distintas con más de 200 chicos y chicas que compiten en las ligas locales y regionales. “Una actividad que se alinea con los objetivos de la Fundación Celta y sus clubes convenidos”, dicen los protagonistas en un comunicado.
Mikel Arteta ha cambiado la realidad del Arsenal. El conjunto gunner no gana la Premier League desde 2004, pero con el técnico donostiarra en el banquillo ha conseguido volver a pelear por ella: segundo en 2023 y 2024 y segundo este año, a 11 puntos de un Liverpool casi inalcanzable. El Emirates disfruta también de la Champions y busca este curso superar la barrera de los cuartos de final por primera vez desde 2009. Enfrente está el Real Madrid, pero en el norte de Londres se confía más que nunca en el liderazgo de Arteta, en sus «juegos mentales», a cada cual más loco que el anterior, en su influencia de la NFL, en lo aprendido con Pep Guardiola y en cómo ha convertido a su equipo en el mejor a balón parado en Europa.
A los 15 años, Arteta dejó el Antiguoko de San Sebastián, donde jugaba con Xabi Alonso, para fichar por el Barcelona. Llegó al filial, coincidiendo con Puyol, Xavi o Iniesta, pero su carrera cogió un camino diferente al de los héroes de Sudáfrica: PSG, Rangers, Everton y Arsenal. Siempre en el filo de las convocatorias de la selección y siempre en suelo británico. Era el raro de su generación y la puerta a la gloria se le cerró constantemente. En los banquillos la tarea no era más fácil: aceptó el reto del Arsenal y si antes tenía a Xavi, Iniesta, Alonso o Fábregas por delante, ahora el destino le ponía al City de Guardiola y al Liverpool de Klopp como dominadores de la Premier.
Quizás por lo aprendido en su carrera como jugador y en las puertas que se le cerraron en su momento, lo que define ahora al Arteta entrenador es la «exigencia». «Es muy exigente en todo lo que hace, con el cuerpo técnico, con el club y consigo mismo. Es la persona que más horas trabaja en la ciudad deportiva, su pasión es constante y te la transmite», admite a EL MUNDO el español Miguel Molina, uno de sus asistentes en el cuerpo técnico del Arsenal, donde ha mezclado al núcleo local con varios españoles que actúan como su mano derecha en el club: el propio Molina, Carlos Cuesta, otro de sus asistentes principales, e Iñaki Caña, entrenador de porteros. Los dos primeros, con pasado en las categorías inferiores del Atlético.
El no a Pochettino
En 2016, justo después de retirarse, esa exigencia le llevó a tomar una decisión clave en su carrera como entrenador. Había colgado las botas como uno de los capitanes del Arsenal, así que el club londinense le ofreció un puesto como uno de los jefes de la cantera, pero lo rechazó. También dijo «no» a Mauricio Pochettino, su «hermano mayor» en sus dos años de cesión en el PSG a comienzos de los 2000. El argentino le quería como parte de su staff en el Tottenham, enemigo íntimo del Arsenal, pero Arteta lo rechazó, convencido del tipo de máster que quería.
El entrenador español se convirtió en asistente de Guardiola en el Manchester City. Máxima exigencia y un curso acelerado en la elite para su gran objetivo: ser uno de los mejores entrenadores del mundo. Estuvo varios años a la sombra del catalán y en cuanto surgió la oportunidad del Arsenal no lo dudó. Los gunners despidieron a Unai Emery en diciembre de 2019 y Arteta lo tenía todo claro. Casi diez años después de esa decisión entre Pochettino, el Arsenal y Guardiola, Arteta está ante su sexta temporada como técnico de un club donde ha conseguido tres títulos (una FA Cup y dos Community Shield), pero lo más importante: compite de tú a tú con City y Liverpool.
De Guardiola mascó la obsesión por la perfección y la innovación táctica, pero lo que ha convertido a Arteta en un entrenador diferente son los «juegos mentales». «Es muy creativo, muy innovador, y te hace estar alerta, mejorando y creciendo constantemente. Entiende muy bien el proceso de los entrenamientos, el análisis de datos... Está capacitado a todos los niveles. Y con el trato con el jugador es muy empático y cercano, sabe gestionar muy bien el vestuario y la relación con los jugadores», asegura Molina.
Arteta y Saka, el sábado, durante el partido ante el Everton.EFE
Esa parte creativa en la gestión del vestuario tiene que ver con poner a sus futbolistas ante el Pictionary (un juego de mesa en el que hay adivinar una palabra haciendo un dibujo), con contratar carteristas para robar a sus jugadores en plena cena «para que estuvieran atentos a los detalles», con realizar presentaciones utilizando colores o dibujos concretos para que los jugadores aprendieran bien la lección (un carril liberado en la defensa rival era un Fórmula 1), con dibujar frases en las paredes de la ciudad deportiva, con pedir a sus jugadores que expriman la mayor cantidad de jugo de limón que puedan en un bote común, con contratar a un freestyler profesional para que hiciera de camarero y les humillara cuando intentaran dar toques al balón durante una cena...
«Todo eso pasa muy a menudo. Cada reunión de Mikel con el vestuario es especial. Está en un nivel similar a Pep y veremos si algún día le pasa. Te das cuenta de la cantidad de cosas que hace más allá de los focos. Siempre nos repite que tenemos que hacer todo a tope. El fútbol, la fiesta e incluso en la habitación con nuestras mujeres», explicaba en su momento Oleksandr Zinchenko, jugador del Arsenal y ex del City. La prensa inglesa los denomina «juegos mentales».
La parte psicológica es clave para Arteta, que no deja de usar símbolos para tratar de mantener a su vestuario alerta. Uno de sus momentos más famosos es un discurso a la plantilla comparándoles con la luz, bombilla en mano y mencionando a Thomas Edison, para que fueran capaces de «compartir la energía y conectar». Incluso contrató a un artista para que creara la canción North London Forever, que el donostiarra quiere que se convierta en el nuevo himno del club.
El mejor equipo a balón parado
La obsesión de Arteta es ganar un gran título y no deja nada al azar para conseguirlo, tratando de extrapolar las virtudes de otros deportes al fútbol. Por ejemplo, de la NFL ha sacado la idea de tener diferentes entrenadores tácticos para diferentes situaciones, como la presión alta o la transición defensiva, pero sin duda algo diferencial y que tiene mucho que ver con el rugby y el fútbol americano y la revolución que ha logrado a través del balón parado.
Uno de sus grandes fichajes es Nicolas Jover, el gurú del balón parado gunner. El asistente francés trabajaba para Guardiola, pero Arteta coincidió con él unos meses en el Etihad y se lo llevó a Londres. Con 10 goles este curso, es el equipo que más tantos anota a balón parado en las cinco grandes ligas europeas.
Es su gran fuerte y aunque no puede contar con Gabriel, uno de sus centrales titulares junto a Saliba, el poderío aéreo del Arsenal es de lo que más preocupa a Carlo Ancelotti. El Madrid, débil en ese aspecto, ha encajado cinco goles a balón parado este curso, el segundo peor dato de la Liga tras el Leganés. El Emirates le espera esta misma noche.
Todo comenzó en el Rose Bowl de Pasadena, monumento histórico nacional en Estados Unidos. Allí donde Baggio mandó a las nubes las esperanzas italianas en el Mundial del 94 nació el nuevo Real Madrid de Carlo Ancelotti, el tercero de su vida. Porque aunque el italiano se ha sentado en el banquillo del Bernabéu en dos épocas diferentes, son tres los tipos de equipos que ha entrenado. El primero, el de la BBC, entre 2013 y 2015, con la Champions de Lisboa como guinda; el segundo, el del 4-3-3 con Vinicius, Benzema y Valverde (y Rodrygo), héroes de la 14ª en París; y el tercero, este Madrid de Jude Bellingham, convertido en campeón de Liga con un sistema creado a la medida del inglés, Pichichi madridista a partir de un rombo que ha potenciado sus virtudes.
En el Rose Bowl debutó Bellingham como futbolista blanco. Fue un amistoso contra el Milán que el Madrid remontó, cómo no, con un tanto de Vinicius en los últimos minutos. El inglés estrenó ahí su nuevo puesto: punta del rombo del centro del campo, papel de histórico '10' por detrás de los dos delanteros.
Los resultados no fueron del todo perfectos en Estados Unidos, pero el cuerpo técnico de Carlo Ancelotti estaba convencido de la idea, especialmente Davide, segundo e hijo de Carlo, y Francesco Mauri, 'capos' del staff tras el entrenador y grandes culpables del buen ambiente entre el cuerpo técnico y el vestuario: «Davide, Francesco, Mino... El cuerpo técnico es muy joven y me aporta mucho entusiasmo, lo que yo no siempre soy capaz de tener porque empiezo a ser un poco mayor, aunque no mucho», bromeó este sábado ante la prensa.
Pruebas en pretemporada
En la pretemporada, Bellingham fue titular en los cuatro encuentros disputados en Estados Unidos y acumuló 270 minutos, sólo superado por Vinicius (280). Los técnicos valoraron otras opciones tras la salida de Benzema y la llegada del inglés, como colocar a Rodrygo de falso nueve, mantener a Valverde en la derecha y situar a Bellingham en el tridente del centro delc ampo, pero a base de analizar las acciones del jugador en el Borussia Dortmund observaron que era un excelente llegador. Los resultados de las primeras semanas de Liga hablan por sí solos.
Bellingham marcó 5 goles en las primeras 4 jornadas y 13 en las primeras 17, empujando al Madrid a un liderato que ya no soltaría, ni siquiera con las lesiones graves de Courtois, Militao o Alaba ni con los problemas físicos que tuvieron Tchouaméni, Camavinga o Vinicius.
El fondo de armario
Otra de las claves la merece un fondo de armario que respondió cuando Ancelotti necesitó de sus servicios. Brahim (6 goles y 4 asistencias), Joselu (9 y 2) o Lucas (2 y 4) han servido a la causa más allá de la columna vertebral, manteniendo un vestuario que sigue sorprendiendo a aquellos que lo viven día a día: «El mejor en el que he estado», repite Ancelotti. Curiosamente, ante el Cádiz, Brahim sumó un gol y una asistencia y Joselu anotó el tercero.
En esa comunión también tiene mucho que ver Bellingham. «Que aterrizara con humildad y profesionalidad ayudó», cuentan desde Valdebebas, donde sitúan como clave las primeras semanas en Estados Unidos. Ahí se fraguó la amistad entre Camavinga, Tchouaméni, Bellingham, Vinicius, Rodrygo y Valverde, núcleo duro de los jóvenes, que han compartido cenas y viajes durante estos meses. Han olvidado el coste de sus fichajes y los focos mediáticos y han buscado la amistad y el fútbol. Eso, unido a la buena predisposición de veteranos como Kroos, Modric, Rüdiger, Carvajal y Lucas a actuar como maestros en algunos momentos, han terminado de construir un vestuario «sin egos», admiten desde el club. «Son un ejemplo».
«Lo hemos hecho tan bien que no hay muchos 'peros'. Bueno, hemos marcado solo 100 goles, no jugamos muy bien... Entonces, repito: háblame del mar, marinero», vaciló Ancelotti en sala de prensa.
En pleno proceso de reconstrucción de la plantilla, con salidas tan importantes como las de Marcelo, Casemiro o Benzema, el italiano ha conseguido seguir ganando mientras potencia la evolución de los jóvenes fichajes del club. «A mí me piden ganar partidos, no dar minutos a los jóvenes», recuerda él. Pero hace ambas gracias a su gran labor táctica y de gestión: «Ha salido bien porque los jóvenes progresan y los veteranos mantienen el nivel».
Si uno acude a las plataformas de análisis estadístico del fútbol europeo y observa las temporadas de Kylian Mbappé en la elite, no encontrará peor momento del francés que el actual. Porque los números no lo son todo, pero ayudan a explicar las sensaciones que está dejando el delantero. Y su partido en Anfield Road se suma a una temporada irregular, lejos del nivel mostrado en Francia y deseado en Chamartín. "La mejor medicina es la paciencia", le recomendaba Carlo Ancelotti en sala de prensa. A unos metros, sus compañeros cerraban filas a su alrededor, apoyando al atacante tras su error en el penalti y pidiendo tiempo a los críticos.
"Le tenemos que esperar", aseguró Dani Ceballos. "Los primeros años siempre son difíciles", admitió Luka Modric. Y el primer año, los primeros meses, de Mbappé con la camiseta blanca están siendo extraordinariamente complicados.
El futbolista con el que el Santiago Bernabéu, sus directivos, su vestuario y su afición, lleva soñando seis años ha aterrizado en un equipo campeón de Europa, después de un verano en el que apenas ha realizado pretemporada y a una plantilla condicionada en su juego por el adiós de Toni Kroos y las lesiones. Todo eso se suma a un Mbappé tímido en sus elecciones sobre el césped y torpe, por momentos, con el balón.
El resultado, según la web de estadística avanzada WhoScored, que analiza parámetros más allá de los goles y las asistencias, es la peor nota media de su carrera en Champions: 7,11. El lector pensará que es alta, pero es que el delantero ha superado con creces el 7,5 durante toda su vida continental.
Lleva un gol en cinco partidos, cuando en las últimas cuatro ediciones terminó con ocho, siete, seis y ocho. Y su actuación en Anfield ha sembrado las dudas que acercaban a su alrededor. Tuvo un 75% de acierto en el pase, el peor de todos los futbolistas de campo del Madrid, y perdió la posesión del balón, ya sea por un mal pase, un mal control o un mal regate, en 15 ocasiones. Es decir, los datos confirman las sensaciones.
Hasta ahora, la peor nota media de Mbappé en Champions había sido 7,16 en su debut con el Mónaco, allá por 2016, y en Liga, a pesar de sus siete goles en 12 jornadas, tampoco alcanza los registros estadísticos de su carrera. Promedia 7,42 de nota, de nuevo según WhoScored, el peor dato de su vida liguera desde su primer año completo con el Mónaco (7,22).
El mes de noviembre, lejos de aliviar la presión sobre él, parece haberla aumentado. Ha marcado un gol en los últimos seis partidos y sigue sin encontrar la forma a pesar de no haber acudido a la concentración de Francia en el parón de selecciones. "Pasa por una situación complicada", dijo Deschamps en ese momento. Una frase que repitió Ancelotti en los pasillos de Anfield.
"Hay momentos en los que a los delanteros les cuesta marcar y están decepcionados. Y hay una medicina, que es ser paciente. Es un momento difícil para él, pero todo el mundo tiene que apoyarle y pronto saldrá de ahí", reflexionó el italiano, que mencionó la "falta de confianza" como uno de los motivos. "Puede ser. A veces cuando no te salen las cosas tienes que jugar sencillo, y a veces te complicas un poco más...Está trabajando bien y tiene que ser paciente".
Mbappé, que terminó el duelo con molestias, abandonó Anfield junto a Camavinga y Mendy, sus mejores amigos dentro de un vestuario que quiso tener varios detalles con él en sus declaraciones a los medios. "No tiene que perder confianza, tiene que trabajar día a día, tiene nuestra confianza", dijo Modric. "Sé que va a dar grandes momentos a este club, es muy bueno", le elogió Bellingham. "Es un jugador de clase mundial y lo demostrará", admitió Lucas Vázquez.