La Policía de Tailandia ha advertido sobre una estafa en el país que usa la imagen suplantada del entrenador español Xabi Alonso y manda mensajes a través de las redes sociales para sustraer dinero.
La Oficina de Investigación Central de la policía tailandesa publicó el domingo en su perfil de Facebook un mensaje enviado por el estafador a una de sus víctimas.
“Hola, soy Xabi Alonso. La próxima temporada voy a entrenar al Liverpool, pero me falta un poco de dinero para los billetes de avión. Si quieres apoyarme, envíame 300 bat”, al cambio actual unos 8,5 dólares o unos 7,8 euros, reza el mensaje ficticio escrito en tailandés y enviado por un perfil de Instagram con foto del actual técnico del Bayer Leverkusen.
Las autoridades tailandesas aconsejan evitar mensajes sospechosos y no realizar transferencias de dinero o acceder a enlaces que puedan descargar programas que sustraen de manera ilícita los datos y contraseñas de aplicaciones bancarias.
Xabi Alonso, que ha llevado al Leverkusen al liderato de la Bundesliga, figura entre los candidatos a dirigir al Liverpool, club en el que militó en su etapa de jugador, después de que el alemán Jürgen Klopp haya anunciado que no continuará la próxima temporada.
La temporada del Manchester City no le permite prescindir de jugadores que son la clave de bóveda del equipo de Pep Guardiola. Ya está siendo duro sobrevivir a la ausencia de Rodri como para tener que hacerlo también a la de Haaland... en el Santiago Bernabéu. Les tocó hacerlo, esforzarse en evitar ser sepultado por el maremoto desatado por el Real Madrid que quería enterrar una era y evidenciar que, ni con dinero, encuentra el City la medicina que le cure su envejecimiento.
Ni Guardiola lo oculta. "Hemos sido un equipo cojonudo, pero este año, por muchísimas razones, hemos perdido esa contundencia. Las cosas no son eternas", dijo el técnico antes de recordar los méritos de su equipo en los últimos años y de dejar claro que puede ser el fin de un ciclo, pero no del suyo en el banquillo. "Sí tengo fuerza para quedarme, sí tengo ganas de seguir, sí", confesó en declaraciones a Movistar.
La tarea titánica de la remontada "ante el mejor Real Madrid que me he encontrado en años", dijo el entrenador catalán, se le complicó al City desde antes de saltar al campo cuando se comprobó que el noruego no estaría en el once.
La estadística, en este caso, estaba reñida con el estado de ánimo. Marcaba que el City solo había perdido tres partidos cuando el gigantón no era titular y ninguno en la Champions. Pero era otro City, aquel poderoso que no tenía la mandíbula de cristal. El actual, donde a veces, solo a veces, brillan el noruego, Gvardiol y empieza a dar fogonazos Omar Marmoush, no puede permitirse el lujo de no amenazar con su mejor delantero.
Justificó Guardiola la suplencia de Haaland en que «se sentía mal», sin más detalles, pero es que ni siquiera tocó pelota en el rondo de suplentes del calentamiento. No pareció más que un susto el problema en la rodilla que sufrió en los minutos finales del duelo ante el Newcastle, pero puede andar entre algodones porque si la empresa en el Bernabéu era temible, el domingo en la Premier espera el Liverpool.
Lo cierto es que sin Haaland en el campo, el City no tiró entre los tres palos de Courtois en toda la primera parte y vio cómo Mbappé le hacía jirones para convertirse en jugador que más goles le ha marcado igualando a Messi (7) y superando a Benzema (6). Nunca ha tenido el noruego una noche dorada ante el Real Madrid y le tocó asistir como espectador a la coronación del francés.
Le costó cuatro minutos desnudar a los centrales, y a Ederson, para empinar a proeza. Y, para colmo, al City le llegó otro golpe en forma de lesión de Stone. Dos mensajes de desaliento antes de que se cumplieran diez minutos de un partido que se convertía en imposible. Como toda la temporada, desgraciada, aciaga. Esquivó de milagro la deshonrosa eliminación sobre la bocina de fase de liguilla, pero el cruce contra el Real Madrid aventuraba lo peor.
Erling Haaland, en el banquillo.kiko huescaefe
Si tras el primer gol nada hacía pensar que Guardiola pudiera evitar salir del Bernabéu con su tercera derrota europea, el segundo antes del descanso lo confirmó. Al técnico le tocó hacer un ejercicio de resignación viendo cómo su equipo hasta caía en fuera de juego en jugadas a balón parado. Era un City desconocido al que dos de sus archienemigos europeos, PSG y Real Madrid, lo convirtieron en vulgar endosándole goleadas vergonzosas.
Fue un títere en manos de los blancos toda la eliminatoria, aunque por momentos se sostuvieran en el Etihad. Pero el Bernabéu son palabras mayores. No pudo arrebatarle el control del balón a los blancos y tampoco asfixió para recuperarlo como solía hacer. A eso se suma que cuando lo tuvo, lo manejó al trantrán, muy lejos de las zonas de peligro y sin conseguir que llegara a las botas de Savinho, Foden o Marmoush. Los tres fueron fantasmas hasta el añadido, cuando el egipcio estrelló una falta que escupió el poste pero rebañó Nico para marcar un gol estéril.
Imposible focalizar de dónde nacía la mediocridad de los mancunianos. Falló la defensa, Nico González y Gündogan fueron incapaces de incomodar a Tchouaméni y Ceballos, y el Madrid tocaba arrebato con suma comodidad para encerrar a rival deseando que el colegiado rumano Kovacs acabara con el sufrimiento.
Para no rendirse hace falta creer ponerse detrás de la bandera de quien no se sienta nunca derrotado. Para el Valencia, uno de esos estandartes es Umar Sadiq. Con un increíble taconazo rescató un punto en El Sadar en el minuto 87 cuando Osasuna ya trataba de amarrar la victoria. Fue lo mismo que hizo en Villarreal para dar oxígeno al equipo mientras trepa para salir del abismo. [Narración y estadísticas: 3-3]
No es casualidad que el Valencia sea el único equipo de LaLiga que no ha logrado ganar sin el abrigo de su parroquia. Lejos de la coraza de Mestalla, se vuelve débil, quebradizo por más que, a ráfagas, de signos de que puede lograrlo. Siempre ocurre algo que le deja en el camino al menos dos puntos. En Pamplona fueron demasiadas cosas.
Llegó a El Sadar preparado para la brega bajo la premisa de Corberán de jugar con tres centrales y con Rioja esforzado en las vigilancias a Bryan Zaragoza. De ese duelo entre pillos saltaron chispas, pero el Valencia parecía más centrado que Osasuna. Un disparo de Enzo Barrenechea y alguna última mala decisión de Sadiq en el área inquietaban a los rojillos, que se vieron con un gol en contra en el primer cuarto de hora y por las líneas del VAR. Rioja buscó a Diego López a la espalda de Catena, la corrió el asturiano sin mirar la bandera del asistente, recortó a Sergio Herrera y marcó. Por si acaso. Hizo bien, porque la revisión determinó que había partido en posición correcta y el gol subió al marcador.
Pudo Sadiq hacer el segundo cuando Gayà le puso un balón al punto del penalti, pero en lugar de buscar el disparo intentó asistir a Diego López. El nigeriano acabada de impedir que el Valencia tuviera un minuto de tranquilidad, porque Osasuna empezó a despertar. Bryan consiguió burlar a su sombra sevillana y obligó a Mamardashvili a rechazar su disparo cruzado. El extremo había cogido carril y desde la banda buscó a Budimir en el corazón del peligro. Solo pudo el croata rebañarla desde el suelo para que Aimar Oroz la enganchara ante la pasividad de la nutrida defensa valencianista.
El partido iba de golpe en golpe y no estaba todo dicho. Si apareció Oroz, con tres kilos menos por una gastroenteritis, también lo hizo Javi Guerra para cabalgar hasta la línea de fondo y poner un centro que, ahora sí, Sadiq mandó al fondo de la portería. Se había repuesto el Valencia y, una vez más, no supo manejar su ventaja por Osasuna mostraba más empaque. De hecho, en apenas seis minutos al filo del descanso le dio la vuelta al marcador.
Aimar Oroz festeja su segundo gol ante el Valencia.EFE
Primero con una genialidad de nuevo de Aimar Oroz, que sabía que no aguantaría todo el duelo y se exprimió. Se escapó Areso por banda derecha para poner un centro que cazó de volea picada en la frontal sin que Mamardashvili, algo adelantado, pudiera atajarla. El talentoso centrocampista actuó por instinto, pero hubiera tenido tiempo para pensar porque para el Valencia fue invisible en esa jugada. Nadie le importunó.
Si el empate fue un mazazo para el equipo de Corberán, el penalti de Mosquera a Rubén García con el tiempo cumplido, tan indiscutible como innecesaria la jugada, lo fue más. Esta vez Budimir engañó el guardameta georgiano para convertirse en el máximo goleador de la historia de Osasuna en Primera División con 58 goles. El 59, cuando encaraba de nuevo la portería valencianista solo, lo envió a la grada.
Osasuna había dado la vuelta al marcador en un partido en el que enmendó sus errores mejor que el Valencia, revolucionado en la segunda parte. Tuvo que salir del campo Oroz por lesión y los ataques se espaciaron a pesar de que a Bryan Zaragoza se le escapó el cuarto ajustado a la escuadra valencianista. Corberán miro al banquillo y lanzó el órdago junto a Sadiq con Rafa Mir. La tuvo el murciano de cabeza, como también Rioja con un zurdazo cruzado que se perdió rozando el poste. Apretaban a un Osasuna que empezó a protegerse para aguantar su ventaja secuestrando el balón. Mientras, el Valencia sacó del campo a Gayà después de una entrada y a Javi Guerra, dos decisiones sorprendentes.
Cuando nada parecía suficiente para evitar que los rojillos sumaran por que nada ocurría... hasta que apareció Sadiq para hacer magia. Con un taconazo convirtió a un centro de Canós en el gol del empate porque Catena, en el añadido, erró el testarazo que hubiera vuelto a romper la igualada.
La vida sigue, mal que bien, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, donde el campo número dos parece el escenario de una película de terror (están cambiando el césped), las salas aledañas al gimnasio se llenan de periodistas porque es el día (ayer) de atención a los medios y el sol aprieta tanto que Mikel Merino baja de la residencia en chanclas y con los pantalones puestos como si fuera un bañador turbo.
«Es que el sábado, con la tontería, nos jugamos el Mundial», recuerda un empleado de la Federación, resumiendo en esa frase el nuevo mantra que rodea a la selección: hay que pasar página del caso Lamine. Eso, lógicamente, es mucho más fácil de decir que de hacer, y basta repasar cómo fue la jornada de ayer para comprenderlo. Por la mañana, habló Joan Laporta, el presidente del Barcelona: «El jugador tiene que estar a disposición del Barça, y eso no perjudica a la selección española». Luego, a mediodía, y puestos a hablar, habló José Manuel Rodríguez-Uribes, la máxima autoridad del Gobierno en asuntos deportivos, que en este caso tampoco es decir mucho pues ni al Gobierno ni al propio Uribes les interesa demasiado el deporte. El presidente del CSD acudió a lugares comunes: «Hay que pensar en los intereses de todas las partes, que son compatibles», dijo. Pues eso.
El caso es que todo el mundo habla de Lamine Yamal aunque no esté. Y en el cuerpo técnico lo entienden, cómo no hacerlo, pero desde ayer mismo se han puesto manos a la obra para poner el foco en el césped, en lo que ocurrirá a partir de las 18.00 horas del próximo sábado en Tiflis, la capital de Georgia. Una victoria allí clasifica a Espara para el Mundial, acaso no matemáticamente, pero sí virtualmente (en la última jornada tendría que caer goleada, por muchísima diferencia, con Turquía en Sevilla). No hace ni un mes que se produjo la victoria contra los georgianos en el Martínez Valero de Elche (2-0), pero en su estadio será otra cosa.
Y además España acude a la cita no solamente sin Lamine Yamal, sino sin una lista bastante grande de titulares, o al menos presuntos titulares. Faltan Carvajal, Le Normand, Pedri y Nico Williams. Contando al extremo del Barça que llegó el lunes por la noche y se marchó el martes por la mañana, son cinco futbolistas que, en condiciones normales, estarían en el once. Bien es verdad que el desempeño de tipos como Zubimendi, Oyarzabal o Álex Baena han hecho que, de momento, no se eche de menos a los que no están, pero no es menos cierto que un tropiezo en Georgia podría, probablemente de forma innecesaria, el cartel de urgente al último partido contra los turcos.
Luis de la Fuente hizo la ronda de las radios en la noche del martes para intentar zanjar con ello todo lo relacionado con Lamine, pero no lo consiguió. Ayer no se hablaba de otra cosa, incluso en la presentación de un nuevo patrocinio en el que estuvieron Unai Simón y Cucurella. Hoy el equipo entrenará por la mañana y viajará por la tarde para llegar a Tiflis a cenar. Mañana, será el turno del seleccionador en rueda de prensa, donde él sabe que tendrá que volver a hablar de Lamine. Intentará poner el foco en el césped, pero en la propia Federación no tienen muy claro cómo hacerlo. La dureza misma del comunicado del martes invita a pensar que las heridas no están cerradas.