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El hobby de Roberto Bautista son los caballos. Monta desde que era un niño, llegó a tener seis ejemplares en su casa y ahora cuenta en Castellón con su propia yeguada, con la que compite en concursos de pura raza española. Ama los caballos como pocos, pero hace justo un año esa pasión casi le cuesta la retirada. «Fue un accidente con mala suerte. Estaba montando y en una caída se me quedó el pie debajo y me fracturé el peroné», recuerda quien ha tenido que penar, por culpa de ese infortunio, por previas y torneos menores a lo largo de 2024.
De estar en el Top 10 del mundo a caer hasta el puesto 122 y ahora, por fin, volver entre los mejores para presentarse en esta Copa Davis como el escudero de Carlos Alcaraz. Decidirá el capitán, David Ferrer, pero en principio Bautista. de 36 años, jugará los segundos partidos de individuales reservando a Rafa Nadal para el dobles. No en vano, fue él quien otorgó dos victorias cruciales durante la fase de grupos.
¿Y ha vuelto a montar?
Le he cogido distancia, pero no por el accidente. En Andorra, donde vivo, monto los caballos de una amiga, pero voy menos a Castellón de lo que me gustaría. Lo sigo haciendo, aunque con cuidado. Es difícil recuperarse de una mala caída. Igualmente sigo siendo mi hobby y el proyecto de la yeguada me apasiona. Llevo ocho años, va despacio, pero es muy interesante.
A su edad, lo de caer del Top 100 y volver a jugar las previas...
Ha sido complicado, sí, sí. Llevaba 10 años en puestos de privilegio y normalmente cuando llegaba a los torneos ya ni había jugadores de la previa. Este año he dicho: 'Madre mía, qué diferencia'. He tenido que jugar muchos más partidos, me ha costado más sumar partidos... Pero estoy orgulloso. Ha sido un año en el que he mostrado mucho carácter, mucha disciplina, y he podido volver a disfrutar del tenis. El título en Amberes [un ATP 250, el pasado octubre] será siempre uno de los más especiales de mi carrera. Para mí, lesionarme de gravedad y poder regresar ha sido un premio a haberme cuidado siempre.
Fernando Galindo
Para premio, la Copa Davis. La pregunta del millón: ¿Jugará usted los individuales o jugará Rafa Nadal?
No he hablado con el capitán. Se pueden dar muchas situaciones, hay que ver cómo llega Carlos [Alcaraz], cómo se encuentra Rafa... Conociéndole imagino que hará lo posible por jugar, querrá competir al máximo. A mí la Copa Davis me motiva en especial. Es una competición que me ha dado mucho, que ha subido mi nivel, que me ha hecho jugar mejor. Si tengo la oportunidad de jugar, lo voy a disfrutar muchísimo.
Son de la misma generación, han compartido muchas veces equipo... ¿Cómo es su relación con Nadal?
Para mí siempre ha sido un ejemplo, me ha servido de inspiración. Él se metió en el circuito mucho antes que yo y empezó muy pronto a ganar todo lo que ha ganado. Al principio no teníamos mucho trato, pero cuando empezamos a coincidir en la Davis pasamos años muy buenos. Ahora nos llevamos muy bien, hemos estado los últimos días entrenando juntos en su academia de Mallorca. Espero que tenga la mejor despedida posible.
Fue muchos años el segundo español por detrás de Nadal y ahora ha aparecido Alcaraz. ¿Le molesta no estar bajo los focos?
No, nunca me ha molestado. Si me he fijado en otros tenistas, siempre ha sido en su juego. A nivel mediático nunca he mirado de puertas afuera, no me ha preocupado mucho la atención que recibía. Siempre he intentado ganar mis cosas, hacer mi camino, tener mi propia carrera.
Hablaba de los años buenos con Nadal. Es imposible olvidar la victoria de España en la Copa Davis de 2019. Sus lágrimas por la victoria tras el fallecimiento de su padre.
Para mí también fue un momento muy especial, uno de los mejores momentos de mi carrera. No lo pienso mucho en mi día a día, pero es inevitable acordarse cuando vengo a jugar la Davis. Siempre me viene a la cabeza. Viví muchas emociones, pero guardo muchos recuerdos de aquel día, de toda la semana.
Fernando Galindo
España jugará este martes contra Países Bajos. Si gana, semifinales el viernes y el domingo, la final. Toda la Copa Davis en una semana y en un mismo sitio, Málaga. ¿Le gusta el nuevo formato?
Me gusta, sí, pero jugamos siempre en España. Como siempre ha sido así, en Madrid o en Málaga, he disfrutado mucho con este nuevo formato. Pero entiendo lo que dicen otros jugadores. Soy consciente de que si estas Finales se jugarán en otro país tendría una opinión diferente.
Se retira Nadal, usted tiene 36 años, hay seis españoles en el Top 100. ¿Le preocupa el futuro de nuestro tenis?
Antes igual España tenía 12 o 14 jugadores en el Top 100 del ranking y ahora hay menos, el listón ha bajado, pero es una cuestión generacional. Tenemos a Carlos, que es el número tres del mundo, que ha ganado dos Grand Slam seguidos, no podemos hablar mal del futuro. Además hay gente joven apretando. Está Martín Landaluce a punto de meterse entre los mejores, Rafa Jódar, Andrés Santamarta, que nos ayuda estos días como sparring... Y estoy seguro que saldrán caras nuevas.
¿Se plantea un objetivo final o un lugar para la retirada?
La verdad es que no. El tenis es un deporte especial porque siempre te plantea nuevos retos, siempre hay algo en lo que superarse. A estas alturas yo siempre me pregunto: ¿Por qué no? Si gano un torneo pienso que por qué no puedo ganar otro. O por qué no puedo aguantar otro año en la élite. No me cuesta levantarme para entrenar, siempre mantengo la motivación, así que no sé decidir cuándo y cómo lo dejaré.
Pocos lo sabrán, pero Jannik Sinner también es youtuber. El actual número uno del mundo defiende que fuera de la pista es más gracioso de lo que parece, incluso que es un bromista, y por eso hace un año se abrió un canal. El propósito era mostrar a un Sinner alegre y para ello en el último Open de Australia llegó a hacer un vlog -un diario en vídeo- del día de la final. Pero no funcionó. Sin una raqueta en la mano también se le veía serio, indescifrable, reservado. Desde entonces no ha vuelto a hacer más vídeos. Pero igualmente el canal, JannikSin, queda ahí con sus 80.000 suscriptores como muestra de las ganas del italiano de mejorar en todo. Quiere ser más abierto con los aficionados como quiere ser más letal con sus rivales. Quiere ser mejor.
Este domingo, en la final de Roland Garros (15.00 horas, Eurosport y Max), Carlos Alcaraz tendrá la misión de parar a Sinner en el último paso de su evolución: su adaptación a la tierra batida. El español es el campeón que era hace un año, con mejor saque y más experiencia, pero el italiano es otro. Su físico ha cambiado, su tenis ha cambiado y sobre todo su mente ha cambiado.
«Antes estaba más nervioso, más preocupado, incluso estresado por ciertos detalles de su tenis que necesitaba mejorar. Salía a la pista con esos pensamientos. Ahora es más maduro, más seguro de sí mismo y consciente. Ha crecido mucho. Hemos dedicado muchas horas a trabajar sus debilidades para que no le afecten en los momentos difíciles. Ahora ya no tiene preocupaciones», cuenta Simone Vagnozzi en un encuentro en París con medios, mayoritariamente italianos. El año pasado, en aquellas semifinales perdidas ante Alcaraz en cinco sets, Sinner justo venía de celebrar su primer Grand Slam en Australia y todavía no confiaba en sus opciones sobre arcilla. Además entonces cargaba con la mochila de su positivo por clostebol. Ahora la amenaza para Alcaraz es más grande.
Su entrenamiento cerebral
«Jannik tiene la voluntad de hacerse preguntas para alcanzar sus objetivos. Trabajamos mucho la autoconciencia, el autoconocimiento profundo. Si lo que hacemos da sus frutos, el mérito será en gran medida suyo», explicaba a Eurosport Riccardo Ceccarelli, el curioso doctor que ayuda a Sinner después de toda una vida en la Fórmula 1 junto a pilotos como Ayrton Senna, Fernando Alonso o Max Verstappen. Los secretos de su método psicológico están en un maletín que transporta con una cinta medidor de consumo cerebral y un pulsómetro para mostrar a sus deportistas cómo reacciona su cuerpo a situaciones de ira, tristeza, cansancio o tranquilidad.
DIMITAR DILKOFFAFP
Conocerse a uno mismo para mejorarse a uno mismo. Los tres meses de sanción entre febrero y mayo sirvieron especialmente a Sinner para rearmarse antes de Roland Garros. No pudo estar en los Masters 1000 de Montecarlo y Madrid, pero sabía qué hacer para progresar en tierra batida. Tal y cómo explicó Marco Panichi, su actual preparador físico, durante las primeras semanas de entregó al entrenamiento de fuerza para evitar la extenuación del año pasado ante el propio Alcaraz y en las siguientes se centró en añadir variantes a su juego. Sinner podía entrar al Montecarlo Country Club porque es un recinto que no está afiliado a la Federación Internacional de Tenis y encontró un sparring de lujo entre sus mensajes de Whatsapp. Cuando se conoció el veto, un amigo, el italiano Roberto Marcora, retirado a sus 35 años después de llegar a ser el 150 del mundo, le escribió para preguntarle de broma si necesitaba ayuda y al día siguiente ya habían llegado a un acuerdo. El plan era claro: trabajar la defensa.
El entrenamiento de Alcaraz
Sinner, especialista en superficies duras, está acostumbrado a jugar dentro de la pista, siempre al ataque, con golpes muy directos y en tierra batida esa táctica no siempre funciona. Hay que dar un paso atrás y resistir. En semifinales, ante Novak Djokovic, el actual número uno del mundo demostró que ya sabe cómo hacerlo y completó un camino perfecto a la final: no ha concedido ningún set y, es más, sólo ha permitido tres breaks.
Será el inicio oficial de la nueva era en el tenis: el primer enfrentamiento de Sinner y Alcaraz en la final de un Grand Slam. La final del Masters 1000 de Roma queda ya como recuerdo feliz para el español, más aún el balance a su favor entre todos los enfrentamientos previos -siete contra cuatro-. Sólo importa lo que ocurra este domingo. Este sábado, en la menuda pista 2, Alcaraz realizaba su último entrenamiento y se preparaba para lo que vendrá: durante una hora estuvo probando de encadenar muchos golpes rápidos y alguno lento, alguno distinto, alguno imaginativo, especialmente dejadas. Deberá correr, aguantar y exprimir al máximo su creatividad. El artista se vuelve a enfrentar a la máquina, ahora perfeccionada.
En su casa ya brillan los trofeos de los cuatro Grand Slam ganados, pero Carlos Alcaraz todavía tiene lecciones que aprender. Sus 21 años son 21 años para todo. La precocidad, tan celebrada cuando ganó su primer US Open o encadenó dos títulos en Wimbledon, también justifica derrotas como esta. Este martes en los cuartos de final del Open de Australia ante Novak Djokovic aprendió que el camino de las leyendas va más allá del juego, de la técnica, incluso va más allá de la razón.
Durante la mayor parte del partido, el español fue mejor, indudablemente más rápido, más agresivo y a ratos hasta más preciso, pero Djokovic fue Djokovic. Pesaron los 20 'grandes' de diferencia entre uno y otro y también los 16 años. Con una 'masterclass' de cómo disputar los momentos decisivos, Djokovic venció por 4-6, 6-4, 6-3 y 6-4 y se clasificó para las semifinales en Melbourne, donde el viernes se medirá a Alexander Zverev. Como le ocurrió el año pasado, Alcaraz se despidió demasiado pronto del primer Grand Slam del año y con esa decepción alimentará el resto de su temporada.
ADRIAN DENNISAFP
Antes, con la ayuda de su equipo, deberá asimilar lo ocurrido. Su crecimiento pasa por endurecerse del todo, por ganar en lo psicológico, por culminar su madurez. Desde su aparición en el circuito ATP ya ha avanzado mucho; queda el final. Porque frente a sus coetáneos quizá no necesita más, pero cada vez que se encuentre a Djokovic le puede ocurrir lo mismo. Este martes, en la Rod Laver, quiso imponer su juventud, su velocidad, su fuerza y fue insuficiente; el tenis también son otras cosas.
El tiempo muerto de Djokovic
Si incluso apareció en la pista más afeitado que de costumbre, subrayando la diferencia de edad entre ambos. En esos primeros juegos, durante la primera hora, Alcaraz fue superior a Djokovic: su derecha gobernaba por potencia y delicadeza, hubo varias preciosas dejadas para los 'highlights'. Ya se intuían algunos problemas del español con su segundo saque, pero el resto de sus golpes eran decisivos. Con 4-4 en ese parcial inicial, consiguió el primer 'break' sobre Djokovic y entonces éste forzó el parón.
Como tantísimas otras veces en su carrera, reclamó un tiempo muerto médico para curarse unas molestias en el aductor izquierdo y llegó incluso a marcharse al vestuario. Una pausa de 10 minutos que, en principio, no afectó a Alcaraz, que se llevó el primer set por 6-4 y que estuvo entero en el segundo, pero que cambió el partido. Djokovic empezó a jugar de otra manera, lento, raro, distinto, directo y el español no supo adaptarse. Quizá confío en exceso en su ventaja; quizá simplemente se sintió incómodo. En ese segundo periodo, de regreso al 4-4, fue Djokovic quien consiguió la ruptura decisiva y el 6-4 y en el tercer set el desequilibrio mental ya era evidente.
MARTIN KEEPAFP
Alcaraz nunca llegó a girarle la cara al encuentro, pero ya lo hizo por detrás. Con sus armas de siempre, como el mejor resto de la historia, Djokovic le presionó y le llevó a la desesperación. En ese tercer parcial, de hecho, el español sumó más errores no forzados (11) que golpes ganadores (nueve). No hubo manera. Hasta el final Alcaraz mantuvo la esperanza y utilizó sus piernas para aguantar más allá de las tres horas y media -hubo incluso un espectacular rally de 36 golpes-, pero Djokovic ya dominaba. Fue una lección psicológica que el español deberá aprender si quiere seguir el camino de las leyendas.