La caída a plomo de Garbiñe Muguruza

La caída a plomo de Garbiñe Muguruza

Open de Australia

Actualizado

Con la derrota en primera ronda ante Mertens, la hispanovenezolana prosigue su hundimiento y se irá más allá del puesto 80

Muguruza, en su partido ante Merterns.WILLIAM WESTAFP

Hace tan sólo tres años, Garbiñe Muguruza alcanzaba en Melbourne su cuarta final de un torneo del Grand Slam. Campeona en Roland Garros 2016 y en Wimbledon 2017 y finalista en Londres en 2015, la hispanovenezolana no pudo culminar el éxito al perder frente a Sofia Kenin. Estuvo ahí, no obstante, en la lucha directa por un grande. Hace tan sólo 14 meses, Garbiñe Muguruza ganaba las WTA Finals, el torneo que reúne a las ocho mejores jugadoras del año, derrotando en la final a Anett Kontaveit. Terminaba el curso como número tres del mundo. Este martes, Garbiñe Muguruza perdió en primera ronda del Abierto de Australia ante Elise Mertens, en su tercera derrota de entrada en los últimos cuatro grandes. La consecuencia jerárquica puede ser su caída por debajo del puesto 80.

Si bien la volatilidad es una constante desde hace tiempo en el circuito femenino, el caso de la ex número 1 del mundo, lugar que ocupó de manera fugaz en septiembre de 2017, tiene difícil parangón. A los 29 años, y sin ganar un partido desde el pasado septiembre, podría empezar a pensarse que su carrera está ya amortizada, que será difícil contar con ella al menos en los grandes escenarios, aquellos en los que crecía como pocas, en los que fue capaz de superar en dos ocasiones a Serena Williams, ambas en Roland Garros, y en otra a su hermana Venus, para coronarse en Wimbledon, aquellos donde su tenis se expresaba de manera rotunda.

La tenista fuerte, armada de pies a cabeza, con todos los argumentos homologables para codearse con las mejores, es hoy el paradigma de la vulnerabilidad. Ante Mertens volvió a perder después de hacerse con el primer parcial. “Ahora me toca trabajar humildemente y pasar desapercibida para escalar otra vez”, comentó.

Belinda Bencic y Bianca Andreescu, en sendos torneos este año en Adelaida, Qinwen Zheng, la temporada pasada, en San Diego, donde se retiró por un problema estomacal, y Lidumila Samsonova, en cuartos de final de Tokio, pusieron en evidencia a Muguruza antes de este Abierto de Australia. Logró su última victoria en octavos de la capital japonesa, ante Despina Papamichail, una jugadora procedente de la previa.

Ocasiones perdidas

Si no hace falta ir demasiado lejos para encontrar a una Garbiñe ganadora y competitiva, tampoco es preciso retroceder mucho para verla en situaciones que tal vez hubieran modificado sustancialmente su estatus. En octavos de final del Abierto de Australia de 2021 dispuso de dos puntos de partido ante Naomi Osaka, que se acabaría llevando el título. En tercera ronda del último Abierto de Estados Unidos, el destino le haría un nuevo guiño ante Petra Kvitova, con otras dos balas definitivas, ambas al resto frente a una consumada sacadora, que no pudo rentabilizar.

Conchita Martínez, que ocupa su banquillo de manera continuada desde inicios de 2020, logró dar un punto de equilibrio a su juego. Al lado de Conchita, cuando la oscense sustituyó coyunturalmente a Sam Sumyk, ausente por paternidad, ganó Wimbledon. Después vendrían buenos resultados, dentro de su irregularidad. Garbiñe era pólvora más contenida, bien administrada. Pero sus instintos más desatados sobre la cancha aún le juegan malas pasadas. Ante Mertens, a quien había derrotado en sus dos enfrentamientos previos, sumó 48 errores no forzados, por 40 de la belga, y lo que es peor, se quedó en 20 ganadores, frente a 29 de su rival.

Ganadora de 10 títulos, siempre observada con la atención que su potencial merece, la caraqueña ha de encarar una situación nueva. Eliminada en la segunda ronda en Melbourne en 2022, tenía la posibilidad de enmendar su ránking a poco que hubiera avanzado en el cuadro. Ahora, en el año en el que ingresará en la treintena, le tocará remar desde abajo, con el espíritu de la muchacha que parecía llamada a comerse el mundo.

kpd