La Federación Marroquí (FRMF) anunció la contratación de Jorge Vilda como nuevo técnico de su selección femenina en lugar del recientemente despedido Reynald Pedros. El preparador madrileño, de 42 años, se hará cargo de las Leonas del Atlas durante las próximas cuatro temporadas.
Cinco semanas después de su destitución en la selección española, Vilda toma las riendas del equipo africano, que disputó los octavos en el reciente Mundial. Tras dirigir a España desde 2015, ahora afrontará un nuevo proyecto, con el título conquistado en Australia y Nueva Zelanda como principal aval.
El despido de Vilda fue una de las primeras medidas de renovación anunciadas por Pedro Rocha, presidente en funciones de la RFEF. Tras su cese, concretado el 5 de septiembre, el ente federativo agradeció sus servicios, subrayando que su labor había sido “clave” para el “notable crecimiento del fútbol femenino”.
Presuntas coacciones
No obstante, sólo unas horas después, Vilda mostró su malestar por la decisión de la RFEF. “Tras 17 años y tras todo lo conseguido, después de dejarme la piel como un trabajador más, tengo la conciencia tranquila, porque he dado el 100% cada dia. No entendía mi despido y no lo veía merecido”, aseguró en una entrevista en la Cadena SER.
El pasado martes, Vilda acudió a declarar a la Audiencia Nacional, donde negó ante el juez que hubiese coaccionado al entorno de Jenni Hermoso a raíz del beso forzado de Luis Rubiales durante la entrega de trofeos de la final del Mundial. Durante su primera declaración ante la Fiscalía, la futbolista del Pachuca había denunciado coacciones de Vilda, del que aseguró que “estaba dando vueltas al avión para intentar hablar” con su familia.
Un ventilador enorme rompe el silencio en la capilla de la Resurrección. El representante Jorge Mendes y el ex futbolista Joao Moutinho se sientan en las primeras filas del edificio junto a la familia Silva. Enfrente, dos féretros de color marrón, cerrados, con los restos mortales de Diogo José Teixeira Da Silva, Diogo Jota, y André Silva, su hermano menor, presiden un velatorio por el que pasará todo Gondomar a lo largo de este viernes. Al interior se llega tras atravesar un enorme pasillo de coronas de flores que mandan compañeros del futbolista, agencias de representación, clubes... pero también vecinos de la localidad que se quieren acordar de estos dos hermanos cuyo fallecimiento ha trascendido las murallas de esta pequeña localidad vecina a Oporto.
Si uno recorre los pasos que dieron los hermanos Silva, Diogo y André, ese camino está ligado a una pelota, lo primero, y a una portería, si había, después. Ana Oliveira, vecina de la familia cuando aún vivía en una casita humilde de Sao Cosme, en lo alto de Gondomar, tenía ambas cosas. Su hijo jugaba al fútbol con los hermanos en la calle sin asfaltar en la que se situaba su grupo de viviendas. Luego coincidiría con André en el Gondomar. "Tengo una tristeza muy grande", explica a EL MUNDO desde el balcón de su casa, contigua a la de los Silva, y rompe a llorar sin consuelo.
La muerte de los dos jóvenes ha golpeado duramente este humilde barrio de una localidad limítrofe a Oporto y desde la que se puede oler el mar, aunque no sea completamente costera. Apenas hay movimiento por unas calles mitad de asfalto, mitad de arena. En una de ellas para su pequeño camión repleto de material de obra Angelo Oliveira, otro amigo de la familia. "Eran muy buenos chicos, muy queridos, estaban todo el día jugando al fútbol", cuenta el albañil, y se despide: "La vida, por desgracia, pasa".
Cientos de personas hacen cola para dar su último adiós a Diogo Jota y su hermano André, este viernes en Gondomar.AFP
A apenas 100 metros de su casa, por la parte de atrás, está la escuela básica Aguiar, donde estudiaron hasta secundaria tanto Diogo como André. Un nuevo campo de fútbol, con las redes de las porterías ajadas, recuerda a estos dos niños que "siempre estaban alegres" y que "eran muy sociables" apuntan desde la institución.
Los Silva dejaron esas humildes casas bajas cuando Jota comenzó a triunfar en el fútbol, pero la abuela materna permanece en ese rincón de Gondomar al que ya no pueden volver dos de sus hijos predilectos. Una enorme cruz preside otro campo de fútbol que da entrada a la rua Minhoteira, la antigua calle de los Silva, como si fuera un homenaje improvisado a lo que ocurriría un 3 de julio de 2025 en el kilómetro 63,300 de la autovía A-52 que une Pontevedra y Benavente.
Aunque, si hay un lugar en el que brille con luz propia el recuerdo de los futbolistas es en las instalaciones del Gondomar Sporting Clube, el equipo del pueblo y en el que varias imágenes gigantes de Diogo Jota presiden tanto el estadio de Sao Miguel, donde dieron las primeras patadas al balón ambos chicos, como en las oficinas, donde se ha instalado un altar improvisado en el que hay numerosas velas, mensajes, flores y muchas camisetas de la institución.
Fernando Ferreira, ex entrenador de Diogo Jota, en el altar del Gondomar SCLNV
Fernando Ferreira, ex dirigente y ex director de las Escuelas del Gondomar SC, ha querido venir a presentar sus respetos a los jóvenes fallecidos. El hombre, de unos 70 años, se queda inmóvil ante el altar mientras contiene el llanto. "No tengo palabras porque por mucho que quiera, no me salen", explica a este periódico, y recuerda cómo el abuelo de los chicos, el señor Alberto, no se perdía ningún partido de los hermanos.
Dicen que André era el que tenía potencial para llegar más alto, pero Jota siempre aseguró que lo conseguiría. Lo cumplió, como muestra el respeto y el cariño de una afición y un club como el Liverpool, que ha planteado retirar el dorsal del portugués, el número 20, en su primer equipo. "Los rivales siempre tenían mucho respeto por Jota porque era muy humilde" destaca. "No merecían este final... nadie lo merece", concluye con la voz entrecortada.
Son momentos difíciles en esta población de casi 170.000 habitantes. Este viernes, Luís Filipe Araújo, presidente de la Câmara Municipal de Gondomar, había decretado día de luto y suspensión de las actividades. Las banderas de los edificios municipales ondeaban a media asta. "Estamos muy dolidos, hablamos de dos chicos muy jóvenes que siempre, especialmente Diogo por su popularidad, estaban disponibles para cualquier acción solidaria que se les requiriera", comentaba a EL MUNDO.
El primer edil aún no se puede creer que la última charla que tuvo con Jota fue para ofrecerle una condecoración de la ciudad por haber ganado la segunda Nations League con Portugal. No quiere pensar en futuros honores para los fallecidos que está seguro llegarán, pero insiste en que el dolor que viven en estos momentos no les permite pensar en esas coas.
El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa (derecha) visitando la capilla ardiente.MIGUEL RIOPAAFP
Araújo y parte del consistorio fueron los responsables de recibir al presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, en el velatorio de los futbolistas en la capilla de la Resurreción poco antes de las tres de la tarde. Por allí también pasaron el primer ministro, Luís Montenegro y el entrenador y hoy mandatario del Oporto, André Villas-Boas, entre otros. A las cuatro de la tarde se abrió al público para que quien quisiera pudiera rendir un último adiós a los futbolistas.
El Real Madrid se encontró con su destino liguero en el primer partido de la temporada en el Bernabéu. Ante él apareció un equipo encerrado atrás, como el Mallorca en Son Moix y como muchos a lo largo de esta temporada, y volvió a sufrir para generar juego, lento de piernas y de cabeza. De pretemporada, vaya. Desesperante para un estadio que por momento le pitó. Lo salvó todo un misil de Valverde desde 25 metros y una arrancada de Brahim en el tramo final para el 2-0. Mbappé, Vinicius y Rodrygo estuvieron intrascendentes y Endrick ilusionó a Chamartín con su primer tanto, el 3-0 definitivo.
Ancelotti sorprendió en la alineación apostando por Arda Güler antes que por Modric. Fue más valiente que conservador. La lógica invitaba a apostar por el croata ante un rival que se iba a encerrar atrás, pero el italiano le dio minutos al turco, brillante en la Eurocopa, para alegrar con el anuncio al Bernabéu en el primer partido de la temporada en Chamartín.
El conjunto blanco salió con su tridente de lujo y Güler enganchando con Valverde y Tchouaméni. Si esto fuera un videojuego, la combinación sería perfecta. Pero en la vida real, en agosto, con sólo un par de semanas de pretemporada, el Madrid lo pasó mal.
Decía el técnico la temporada pasada que "el empate es la antesala de la crisis", y las tablas de Mallorca inyectaron cierto runrún en el entorno del club. Que si a la plantilla le iba a costar generar juego sin Kroos, que si los tres de arriba no fluían juntos... Y además, se lesionó Bellingham.
El coliseo blanco se esperaba una goleada para redimir pecados en el estreno de Mbappé en el Bernabéu y se encontró con una primera parte de siesta, espesa, plana... En fin, mala. Muy mala. Tan mala que después de ganar una Liga, una Champions y una Supercopa de Europa, los primeros 45 minutos del curso en la Castellana terminaron con pitos. Así de exigente y contundente es el público en Concha Espina.
Pezzolano encerró a su Valladolid en dos líneas de cinco defensas y cuatro medios. Más intenso y más físico que el Madrid, el equipo pucelano apenas sufrió en el primer tiempo. Sólo Mbappé, constante en los desmarques a la espalda de los centrales, encontró una oportunidad de volea a pase de Rüdiger. Hein acertó a volar para detener el disparo y no hubo más intentos madridistas hasta la segunda parte. Y era el minuto ocho.
A Tchouaméni se le están viendo ciertas costuras en la creación, lento con y sin balón, lejos del nivel físico de Valverde. Fede, más interior que eje posicional, no es el timón, pero ayuda en las transiciones y aporta más que el galo. El Madrid también sufría sin Kroos en estos partidos, pero se veían más soluciones.
Delante, Güler y Rodrygo se movieron sin balón, pero no estuvieron acertados con él. Las piernas parecían pesar más de lo habitual. Y Vinicius, que suele actuar como desatascador en este tipo de duelos, estuvo desaparecido, sin entrar en juego con balón e impreciso cuando lo tuvo en los pies.
El duelo parecía destinado a resolverse con una pincelada. Una acción que desestabilizara el muro del Valladolid o alentara la moral de un Madrid lejos de su máxima expresión física y mental. Y llegó.
Goles en la segunda parte
Tras el descanso, el Madrid encontró su suerte en un disparo de falta de Valverde. Lo que no apareció por fútbol lo hizo por pura potencia del uruguayo, que se atrevió a chutar desde 25 metros y acertó a superar a Hein, sorprendido tras rozar el balón en un defensa.
El tanto no cambió la sintonía del partido, pero sí lo hizo el físico. El Valladolid llegaba cada vez más a menos cortes y el Madrid pudo golear, aunque no estuvo acertado ante la meta de Hein, salvador de su equipo. Güler le probó en varias ocasiones y Mbappé tuvo el gol tras un buen pase de Vinicius, pero demostró que todavía no está fino.
Brahim, en el minuto 87, aprovechó un buen pase largo de Militao para ganarle la carrera a los defensas y superar por alto a Hein. Y Endrick, en el último segundo del duelo, se estrenó como goleador con una buena definición con la derecha y fue la gran alegría de la tarde en la Castellana.
Apareció en la sala de prensa sobre las tres menos veinte de la tarde, con un traje impoluto y una maqueta del Santiago Bernabéu en la mano. ¿Un detalle del Madrid? No. "Es un regalo que me hicieron mis padres cuando tenía ocho años", contestó Kylian Mbappé. En una sola frase, en un sorprendente y perfecto español, el galo resumía lo que significaba para él fichar por el conjunto blanco. Unos minutos antes, había sido presentado con por Florentino Pérez ante los 85.000 espectadores que llenaban Chamartín.
"Empecé a estudiar español en el colegio, no era el mejor, pero sabía que tenía este sueño de jugar en el Madrid y si hablas el idioma es mejor. Cuando llegas a un sitio, es más fácil adaptarte", explicó sobre su extraordinario nivel. "Tenía como entrenadores a técnicos que hablaban español, como Luis Enrique o Pochettino. Me ayudaron mucho y no tengo miedo a hablar, a cometer errores. Quiero mejorar lo más rápido posible".
Su día fue "todo lo que había soñado, incluso más". "He dormido una hora, o una hora y media, por la noche, de los nervios", admitió. "Soy muy nervioso y me he levantado con presión, con presión de disfrutar cada segundo. Quiero que la gente vea lo que significa esto para mí. Significa mucho", reflexionó, con un discurso bien argumentado, sin errores, sin nervios aparentes. Toda una lección en semejante escenario.
Reconoció que el "1, 2, 3, Hala Madrid" de su discurso en el césped había sido un "guiño" a Cristiano Ronaldo, "mi gran ídolo", y que le da igual llevar "el número 9, el 22 o el 49" porque "no me veo la espalda". Entre reflexión y reflexión, Mbappé sonrió y bromeó. Hizo suyo el foco mediático.
En la primera fila de la sala de prensa estaban sus padres Wilfried y Fayza, que le han educado desde pequeño en la importancia de los idiomas y la necesidad de afrontar escenarios como el de su primer día en el Bernabéu. A su lado, gente de la máxima confianza del delantero, como la abogada Delphine Verheyden y dos personas que trabajan en su agencia de comunicación. Todo estaba estudiado al máximo detalle, cada tema de conversación, cada reflexión... Mbappé no es sólo un jugador de fútbol, es mucho más, y lo sabe.
"Yo también fui un niño como muchos de los que había hoy en el estadio. Estuve en el Bernabéu con 12 años. Si yo he podido, ellos también", aseguró ante los medios, en un discurso importante, porque el futbolista invitó a su presentación a más de una decena de niños de su Fundación. El mensaje estaba claro: esto era el sueño del niño.
La importancia del vestuario
Ante el micrófono, mensajes para la afición, para los medios y para sus compañeros. "No estoy en el grupo de WhatsApp, pero espero estar pronto", bromeó. "Llego con humildad y ambición, lo primero es adaptarme bien al equipo y a los compañeros", fue su primera respuesta sobre el vestuario. Tiene claro que la plantilla del Madrid ha conseguido durante los últimos años un ambiente idílico y él sólo quiere sumar, por eso, cuando le preguntaron por el número 10 de Modric, negó que lo quisiera. "¿Quién ha dicho que he pedido el 10? Respeto máximo para Luka, un genio del fútbol. A mí el número no me importa".
Cuestionado sobre los varios "no" que respondió al Madrid durante los últimos años, contestó con una reflexión que también llevaba en el bolsillo: "Es mi sueño desde niño. El Madrid era mi única opción al salir de París y los sueños no se pagan. El pasado es pasado. Quiero pensar en el presente". Respuesta inteligente.
Otro problema podría haber sido su posición, parecida a la de Vinicius. De nuevo, respuesta hábil. "Puedo jugar en las tres posiciones. En Francia, en PSG y en el Mónaco he jugado en las tres... Lo más importante es estar bien físicamente. La posición es un detalle, yo quiero estar en el campo, pero no es un debate".
Las referencias al vestuario fueron continuas: "Los franceses siempre me decían 'ven a Madrid, es el mejor club del mundo'. También Vini, que me mandaba mensajes y me decía 'ven que vamos a jugar juntos arriba'. Todos me hablaban del club". "No voy a tener problemas para jugar con ninguno porque son grandes jugadores", añadió.
Sobre la mesa, dos temas importantes a corto plazo: su nariz y la gira de Estados Unidos. "Mañana hablo con los médicos del club y vamos a hacer las cosas juntos. Voy a trabajar para estar en la Supercopa de Europa, porque es un título y sería único, y sobre la gira estoy en manos del club. Lo que decidan estará bien. Si quieren que vaya, voy, si no, no voy".