Suéltate el pelo, Jonathan, suéltate el pelo. Toda una vida siendo eso que el pelotón ciclista llama un gregario de lujo: un ayudante, un currante, un compañero fundamental en los Tours de Francia de Geraint Thomas o Egan Bernal. Y ahora, por fin, puede correr a su aire. Retirado del ciclismo profesional, sí, pero a su aire.
En la Titan Desert de Marruecos -que acaba hoy tras más de 580 kilómetros de desierto- Jonathan Castroviejo ha tenido la oportunidad de pedalear sin estar pendiente de nadie. ¿Dónde está el líder? Tranquilo, Jonathan, aquí no hay líder. Ni ataques de rivales, ni abanicos, ni pinchazos que salvar. Él, la bici y el tiempo, como en sus primeros años, cuando llegó a ser cuarto en la contrarreloj de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y tercero en el Mundial de contrarreloj ese mismo año.
«La verdad es que para mí esto no es una competición, es una experiencia. Quiero que sea lo más divertido posible y no ir con esa mentalidad que he tenido toda la vida, la de rendir cuentas», cuenta a EL MUNDO el ciclista de 37 años que abandonó la élite el pasado octubre. Pese a su buen hacer, Castroviejo llegaba a la Titan con el entrenamiento justo. Como admite, sin las exigencias del profesionalismo, durante la preparación sólo salía con la bici «dos o tres veces a la semana» y hace «algo de gimnasio y running».
Es más, todavía sigue usando la bicicleta de carretera; la de montaña que exigía la Titan ni la ha tocado. «Me han engañado un poco. Me dijeron que todo eran caminos fáciles y que no iba a notar nada. Luego me he enterado de que a [Miguel] Induráin le dijeron lo mismo. Y he visto que es más complicado de lo que parece», reconoce. En cualquier caso, después de 18 años en el pelotón peleando con los mejores, parece difícil que sufra ahora.
La exigencia de la élite
- ¿Echa de menos el pelotón profesional?
- Nada. Hay momentos en los que recuerdo las competiciones, los viajes, las experiencias vividas, pero no echo nada de menos esa presión permanente. En el ciclismo, incluso cuando estás descansando, estás pensando en la próxima carrera. El no pasarte de peso, el cansancio acumulado, mantener la motivación… Ser ciclista es mucho más que salir a entrenar, y eso tiene un desgaste.
Castroviejo tiene el perfil perfecto para ser director deportivo en cualquier equipo. Fue un gregario experimentado e inteligente, y pasó por varios -Orbea, Euskaltel, Movistar y Sky/INEOS-. Pero de momento no tiene ninguna intención de volver al lío. «Todo el mundo me preguntaba si ya me habían hecho ofertas, que me encajaba perfectamente. Pero no me apetecía entrar en un equipo. Ahora quiero ver mundo, ver cosas diferentes, no quiero seguir en la misma dinámica competitiva», cuenta el ex ciclista que, por ahora, se dedica a recuperar con sus tres hijos todo el tiempo perdido.
«De hecho, veo poco ciclismo. Los highlights de algunas carreras y poco más. Las carreras este año están siendo muy divertidas, pero necesito un poco de espacio. Si te digo la verdad, creo que el ciclismo actual me hubiera ido muy bien. En mi época se corría la última hora, pero ahora van al máximo durante toda la competición. Es como una contrarreloj continua. Ese tipo de carreras, tan rápidas, tan intensas, sin pausas, me encantaban, y en mi época no había tantas como ahora», analiza Castroviejo.
El favoritismo de Pogacar
- ¿Qué cree que pasará en el próximo Tour de Francia?
- Ni he visto el recorrido. Pero la superioridad de Pogacar es innegable y sigue siendo el gran favorito. En los últimos años ha estado muy por encima de todos. Lo único que puede pasar es que cometa algún fallo o sufra alguna caída, esas cosas. Pero no me imagino a Vingegaard o a Evenepoel ganándole en una vuelta de tres semanas. Ahora se habla mucho de Paul Seixas y saldrán más nombres, pero Pogacar es muy superior.
Estos días el hombre que pasó casi dos décadas mirando hacia atrás para proteger a otro debe aprender a mirar el paisaje. Más de 580 kilómetros de desierto marroquí p, sin radio en el oído, sin órdenes del director, sin líder al que cubrir. Solo arena, pedales y una nueva libertad. Para alguien que siempre corrió por los demás, no es poca cosa. Suéltate el pelo, Jonathan, suéltate el pelo.








