En una entrevista concedida por Iker Casillas al canal de Youtube Idoven, el ex portero recuerda cómo vivió el infarto agudo que sufrió durante un entrenamiento mientras jugaba en el Oporto. “Recuerdo caerme al suelo, estar buscando que me entrase esa vía de oxígeno que no llegaba… Hasta que llega el doctor y te dice que estás sufriendo un infarto“, asegura.
Casillas recuerda que en un primer momento, cuando el médico le dijo que estaba sufriendo un infarto, “no daba crédito”: “Estás haciendo deporte, llevas una vida sana, te sientes bien, fuerte… así que te sorprende que aquel dolor que tenía en el pecho, que era un dolor bastante agudo, yo me retorcía”, sentencia. Además, recuerda la rapidez con la que actuó en ese momento el doctor que le trató, que facilitó que le trasladaran rápidamente de la Ciudad deportiva del Oporto, en la que se encontraba, al hospital.
“Una vez que he podido conocer de cerca todo lo que conllevan los problemas cardiovasculares y lo que hay alrededor de un posible infarto, no tienes tanto miedo, tienes más información y sabes que hay mucha gente que está detrás intentando ayudar para prevenir este tipo de problemas”, reflexiona el ex guardameta.
Por eso, asegura que se siente afortunado porque el infarto que sufrió tuvo un buen desenlace “para lo que podía haber sido”. Así, quiere concienciar a la gente de la importancia de la prevención. “No pasemos de la salud, que es nuestro bien más preciado”, concluye.
Era la pista, que estaba demasiado húmeda, maldita noche de primavera. Era la noche, como aquella canción, y la falta de costumbre de jugar a esas horas. Era la raqueta, o las cuerdas de la raqueta, ni su equipo adivinaba el problema. Era un poco todo y era un poco nada. Carlos Alcaraz sufrió este domingo uno de esos partidos raros en la tercera ronda del Masters 1000 de Roma y, pese a ello, venció por 7-6(2) y 6-2 a Laslo Djere y se clasificó para la ronda siguiente, donde se enfrentará a Karen Kachanov.
Es la condena de su talento. De vez en cuando, el español salta a una pista de tenis, se descubre incómodo y cae en una suerte de desesperanza difícil de entender. No es tanto que pierda, o que haya riesgo de derrota, es que no se divierte y si no se divierte nada tiene sentido. Desaparece esa alegría tan suya y se vuelve gruñón o distraído o todo junto. Pese a ello, lo habitual es que gane, como ocurrió este domingo.
FABIO FRUSTACIEFE
Ante Djere tenía todas las de ganar, de hecho, y sólo tuvo que cumplir. El serbio es el modelo de rival que más le gusta, un notable pegador desde el fondo de la pista; en otras circunstancias hubiera ofrecido espectáculo. Pero esta vez no era la suya y sólo le quedó el triunfo. Acostumbrado a jugar de mediodía, bajo el sol, le costó adaptarse al cambio y tuvo que ponerse a trabajar.
Muchos errores, mucho trabajo
Los cuatro golpes ganadores que acumuló en los primeros puntos fueron un espejismo. Hasta el tie-break del primer set, sumó errores de todos los colores, especialmente con la derecha, aunque también hubo problemas con el revés paralelo e incluso con las dejadas. En el primer set sumó 18 fallos por sólo nueve ‘winners’. Muchas prisas, mucha precipitación. Con 6-5 en el marcador y saque para Djere, si Alcaraz salió ileso fue porque supo serenarse, poner a pelear con largos intercambios y porque en la muerte súbita recuperó la magia, su magia. En los ‘highlights’ aparecerá un ‘passing shot’ suyo cuando ya estaba vencido y sólo podía defenderse. A Djere le temblaron las piernas y, de paso, su potente saque. Ahí se terminó el partido.
Con el serbio doliéndose de ciertas molestias en el brazo derecho, el segundo set fue completamente distinto. Alcaraz, con la comodidad de su ventaja, optó por minimizar el riesgos, y dejar que su adversario fuera quien tuviera que jugársela. Le funcionó. Sin nuevos sustos, cerró su victoria de la manera más rápida posible. Fue uno de esos partidos raros, no se divirtió, pero ya está en octavos del Masters 1000 de Roma.
Los ingleses inventaron el fútbol (1863) y lo extendieron por el mundo al tiempo que sus ferrocarriles, pero cuando en 1904 se creó la FIFA no quisieron tratos con advenedizos. Cambiaron de idea en 1906 porque en 1908 se iban a celebrar en Londres los Juegos Olímpicos, querían el fútbol en el programa oficial y llamaron a la puerta de la FIFA, que aceptó tan entusiasmada la incorporación de los inventores que nombró como nuevo presidente a un inglés, Daniel Woolfall. En 1920 se salieron porque se rechazó su exigencia de expulsar a los países derrotados en la I Guerra Mundial. Regresaron en 1924, pero se volvieron a salir en 1928 porque no se aceptó letra por letra su definición de amateurismo, tema muy en boga entonces por el conflicto entre el profesionalizado fútbol y el movimiento olímpico, que predicaba la pureza amateur.
Así que faltaron a Uruguay 1930, Italia 1934 y Francia 1938. Como el Mundial, entonces llamado Copa Jules Rimet en homenaje a su impulsor, iba cuajando sin ellos, en 1946 decidieron regresar a la FIFA otra vez, esta la definitiva, para acudir al primer Mundial de la posguerra, Brasil 1950. Ya estaba bien de que posaran como campeonas del mundo selecciones a las que consideraban inferiores.
Para saber más
El recelo en ese sentido se hizo evidente en 1934. Italia ganó ese año el Mundial jugado en terreno propio, y aceptó el desafío de visitar a Inglaterra en Wembley. Había mucho en juego: el campeón del mundo sometía su título al examen de los inventores. Se disputó el 14 de noviembre de 1934 y pasó a la historia como La Batalla de Highbury. A los 10 minutos ya ganaba Inglaterra 3-0, y con un penalti fallado. Un planchazo de Ted Drake rompió el pie de Doble Ancho Monti, el duro oficial de Italia. Ocupaba la posición clave de mediocentro; por pundonor trató de mantenerse sobre el campo y sólo consiguió ser la causa del derrumbe. El entrenador, Vittorio Pozzo, le retiró, recolocó el equipo, y entre que Inglaterra aflojó al verlo todo tan fácil y que Italia, rebrincada por la lesión a Monti, se puso a sacudir, el partido se equilibró. La ferocidad italiana fue a más hasta dar lugar a una carnicería que desbordó al árbitro sueco, Olsson. Hapgood salió con una nariz rota; Bowden, con fractura de clavícula; Barker, con una mano rota; y el pirata Ted Drake, con una amplia herida abierta en una pierna. En la segunda mitad hubo dos goles seguidos de Meazza, que exaltaron la vibrante narración de Carosio, el locutor favorito de Mussolini. Italia perdió 3-2, pero regresó satisfecha, con sus jugadores entrando en el santoral del fútbol transalpino como I Leoni di Highbury.
Entrenador, no seleccionador
Inglaterra quedó tan aturdida que la Football Association decidió en su reunión del día siguiente no jugar nunca más contra equipos no británicos, en la idea de que el fútbol de por ahí fuera no era tal, sino un sucedáneo brutal y peligroso. Por fortuna, se volvería atrás de esa decisión al cabo de un año y siguieron concertando partidos internacionales, que en general ganaban. Todas las selecciones se medían en la preguerra por lo que eran capaces de hacer ante Inglaterra.
En 1946, decía, regresaron a la FIFA, que esta vez sí apartó a las dos grandes agresoras, Alemania y Japón. Italia se salvó por su reputadísimo presidente de la Federcalcio, Ottorino Barassi, que salvó la Copa Jules Rimet escondiéndola de los nazis, y porque en 1943 abandonó el Eje para pasarse a los Aliados, ratificando aquella malicia de Napoleón según la cual «los italianos nunca terminan la guerra en el bando en que la empezaron, salvo que cambien de lado dos veces».
Una vez reafiliada a la FIFA, Inglaterra ganó plaza en el Mundial de Brasil 1950 como campeona en 1949 del British Home Championship, que desde 1884 hasta 1984 enfrentó anualmente a las cuatro selecciones británicas. Para esta nueva época se designó por primera vez un entrenador «a tiempo completo», tarea que recayó en un singular y brillante personaje, Walter Winterbottom, maestro de formación, ex jugador del Manchester United, luego titulado y más adelante profesor de Entrenamiento Físico en la Universidad de Carnegie. Durante la guerra fue instructor físico en la RAF. Tenía un aire docto y profesoral, sin pedanterías. Era entrenador, pero no seleccionador. Eso correspondía a un comité técnico; él sólo se encargaba de la preparación física y las instrucciones tácticas. Eso era común en todas partes en la época, en selecciones y en clubes, donde la directiva decidía el equipo y el entrenador los preparaba y dirigía. Winterbottom luchó durante su larga permanencia en el cargo (de 1946 a 1962) por unir las dos funciones en su persona, pero eso no llegaría hasta su sucesor, Alf Ramsey.
Un momento del partido entre Inglaterra y Estados Unidos.US SOCCER
Inglaterra tenía el que se llamó su Equipo de Oro, con un ataque que aún repiten muchos de memoria en Inglaterra: Matthews, Mortensen, Lawton, Mannion y Finney. Cosecharon estupendos resultados en amistosos, entre ellos un 0-4 en Turín sobre Italia, así que fueron al Mundial confiados. Tanto que Matthews, que a sus 35 años seguía siendo una estrella, fue enviado junto a otros jugadores a una gira-embajada por Canadá, con la idea de que se incorporara al Mundial sobre la marcha. También faltó en el grupo el traidor Neil Franklin, que se había fugado del Stoke City para fichar por el Unión de Santa Fe en la liga pirata de Colombia, la misma del Millonarios de Di Stéfano. Franklin era el jefe de la defensa.
El viaje de los Three Lions fue arduo, 36 horas con escalas en París, Lisboa, Dakar y Recife hasta llegar a Río de Janeiro. Se hospedaron en el hotel Luxor, frente a la playa, donde se les miraba y trataba con fervor cuasi religioso, como si estuvieran nimbados por un aura mágica. Pero como la cocina brasileña y la inglesa son irreconciliables, no se sintieron bien. El sorteo les colocó en el Grupo 2, con Chile, Estados Unidos y España, víctimas propiciatorias según el juicio general.
Debutaron ante Chile el 25 de junio, en Maracaná, estrenado la víspera con el inaugural Brasil-México. Aunque llovió mucho, asistieron 80.000 personas. Ganó Inglaterra 2-0, pero fue un triunfo discreto, sin brillo, que dejó a los asistentes sin nada especial que contar al regreso a casa.
un haitiano colado de matute
Cuatro días después afrontaron a Estados Unidos en el estadio Independencia de Belo Horizonte. Ya había regresado Matthews tras un viaje de 28 horas, pero como se había ganado, se le dejó descansar por decisión de Arthur Drewry, voz del comité seleccionador en la gira. Roto ya el embrujo de lo desconocido tras el soso partido ante Chile, sólo acudieron 10.000 espectadores. El equipo estadounidense, que la primera jornada perdió con España 3-1, no tenía el menor tirón, ni siquiera en su país. Sólo les acompañó un periodista, Dent McSkimming, a costa de sus vacaciones en el St. Louis Post-Dispatch y pagándose el viaje.
Pero llegó la bomba: Estados Unidos ganó 0-1, resultado tan increíble que más de un periódico interpretó que había un error en el cable de Reuters y lo transformó en 10-1. Salieron jugando a Inglaterra de tú a tú, marcaron en el 38', se encerraron, y el juego repetitivo y sin fantasía de los ingleses fracasó ante su defensa. El meta Borghi estuvo enorme. Jugaba en el St. Louis Simpkins-Ford Club, base de la selección, y había viajado al Mundial tras una bronca con su madre porque desatendía el negocio familiar, una funeraria. Pero ese día, cuando llegaron las noticias, pudo sentirse orgullosa de él. Hasta un penalti paró.
El gol lo marcó Joe Gaetjens, un haitiano colado de matute, porque no tenía la nacionalidad estadounidense. De familia adinerada, fue a la Universidad de Columbia a estudiar Económicas y para sus gastos trabajó de lavaplatos en el restaurante Rudy's, cuyo propietario, un empresario gallego, también tenía un club de fútbol llamado Brookhattan. Gaetjens se enroló en el equipo a 25 dólares por partido y llegó a la final de la US Open Cup, donde perdió ante el St. Louis de Borghi. Llamó la atención y fue seleccionado.
Williams y Gaetjens, durante el partido disputado en Belo Horizonte.FIFA
Marcó el gol al rematar un rechace corto del meta Williams. Aquello le dio nombradía internacional y fichó por el Racing de París, donde fracasó. Regresó a Haití convertido en una celebridad, siguió jugando al fútbol, montó una lavandería, formó una familia... Pero terminó trágicamente. Estaba emparentado con Louis Déjoie, rival político del temible François Duvalier, que en 1964 se proclamó presidente vitalicio y decidió ajustar cuentas. Avisados por un policía amigo, dos hermanos de Gaetjens salieron del país, pero él no lo hizo. No se había metido en política como ellos y era un héroe nacional, así que pensó que no irían por él. Pero el mismo día que sus hermanos dejaron el país, los Tonton Macoute (apodo de la siniestra policía de Duvalier) le internaron en la prisión de Fort Dimanche y no se supo más de él.
Tras el batacazo, Inglaterra tenía que enfrentarse a España, que a su vez había ganado también a Chile, de manera que llevaba dos victorias. Los ingleses quedarían eliminados perdiendo o empatando. Y si nos ganaban, habría que jugar un desempate. Del ánimo con que afrontaron el partido dan fe las declaraciones de la víspera de Wright, capitán en sustitución de Franklin: «Daremos nuestra verdadera medida en los dos partidos con España», dijo, dando el primero por ganado de antemano.
Por su parte, nuestro entrenador nacional, Benito Díaz, replegó prudentemente a la selección desde la primera línea de playa en Copacabana, donde estaban hospedados, hasta un hotel en Corcovado, para evitar tentaciones de la carne que empezaban a hacerse patentes. La cita fue en Maracaná el 2 de julio, ante 75.000 espectadores, a las 15:00 hora local, las 19:00 en España, que siguió con fervor el partido por Radio Nacional, en la voz de Matías Prats. Ganamos, entre júbilo nacional, 1-0, con gol de Zarra. Esta vez sí se alineó Matthews, los ingleses jugaron por fin bien, pero España hizo un partido tan redondo que Antonio Valencia, de Marca, el cronista más acreditado de aquel tiempo, resumió: «Ha sido el momento de la vida futbolística española, en el que lució el oro viejo del buen fútbol como ninguno».
Con tres victorias en tres partidos, España pasaba a la liguilla final junto a Brasil, Suecia y Uruguay. Con una victoria y dos derrotas, Inglaterra se volvía precipitadamente a casa. Para colmo, Estados Unidos perdió su partido ante Chile por 5-2, terminando de dejar mal a Inglaterra. El Daily Herald publicó una esquela con este texto: «Nuestro afectuoso recuerdo al fútbol inglés, que falleció en Río de Janeiro el 2 de julio de 1950. Un numeroso círculo de amigos lamenta su dolorosa pérdida. R.I.P. Nota: El cadáver será incinerado y sus cenizas trasladadas a España». «Los viejos maestros deben volver a la escuela», declaró humildemente Winterbottom, admitiendo que el aislamiento había cosificado su fútbol. Inglaterra se abrió al mundo y recogió el fruto en 1966.
El asturiano que ha terminado con un lustro de sequía española en el Giro de Italia comparte apellido con su maestro. Pelayo Sánchez (Tellego, 2000), ganador de la etapa del sterrato de la Corsa Rosa, se formó en la MMR Academy que dirige Samuel Sánchez en Oviedo desde 2015. El campeón olímpico de Pekín 2008 moldeó a un corredor con gran talento pero bajo de confianza.
«Pelayo es un llorón, siempre está quejándose. Es muy dubitativo. No te puedes imaginar el montón de mensajes que me ha enviado desde que comenzó el Giro, diciéndome que no estaba bien. Yo le decía que estuviera tranquilo, que se reservara para la etapa del sterrato, que se metiera en una fuga y que tirase para adelante. Me alegro de que me hiera caso», recalca Samuel instantes después del que su ex pupilo derrotara a Julian Alaphilippe y terminara con una nefasta racha de triunfos en la prueba italiana. El anterior ganador fue Pello Bilbao, en 2019.
Pelayo Sánchez permaneció en la MMR Academy cuatro años, desde cadete a júnior. Debutó como profesional en 2021 con el Burgos-BH. «Es un quejica, pero también es un killer del área, sabe ganar y lee muy bien las carreras. Tiene instinto y se crece ante la adversidad, como demostró con su pelea con Alaphilippe [el francés le abroncó por demarrar en un repecho] y Plapp. Es rápido y sube bien, es una caza etapas, muy parecido a Ion Izagirre, pero tiene que aprender a no ser tan negativo», añade Samuel Sánchez.
Sus amigos recuerdan que una vez, cuando era juvenil, se negó a correr una contrarreloj en la Vuelta a Valladolid porque estaba desanimado. Se presentó a la etapa en ropa de calle y su director, el ex ciclista Benjamín Noval y técnico de MMR Academy, le obligó a cambiarse de ropa y a montar en la bicicleta. Tomó la salida y ganó. Y es que a pesar de sus 60 kilos también es un aceptable contrarrelojista.
El nuevo talento del equipo Movistar está estudiando Fisioterapia y vive con su padres y hermana en Tellego, un pequeño pueblo a sólo 13 kilómetros de Oviedo. Todas las semanas, cuando no está con el Movistar, sale a entrenarse con Samu Sánchez por las carreteras asturianas. Pelayo siempre apuntó notables condiciones, pero sus problemas con la alergia le frenaron la progresión. Todo mejoró cuando hace un par de años se operó de sinusitis. En su debut en la Vuelta a España, en 2021, con sólo 21 años, destacó en las etapas de montaña asturianas y gallegas, y especialmente en la dura jornada del Gamoniteiru.
En 2023 se estrenó como ganador de etapa en la última jornada de la Vuelta a Asturias, con final en la calle Uría de Oviedo. En la última Vuelta a España acaparó titulares tras quedar tercero en Guadarrama, sólo superado por Poels y Evenepoel. Esta temporada también sumó el Trofeo Pollença-Port d'Andratx.
Para este chaval de 24 años, el sprint de ayer será imborrable y nunca olvidará el consejo de su maestro: «Desde el inicio del Giro intenté ahorrar energía porque sabía que no estaba en forma para estar delante con los primeros días. Así que me reservé para esta etapa con la intención de meterme en una escapada, pero nunca me imaginé ganar la etapa».
«Ha sido una locura, un sueño. Esto es increíble. No tengo palabras. Durante todo el día traté de estar tranquilo y eliminar a algunos corredores. Al final me quedé con Plapp y Alaphilippe, intenté dejarlos atrás, pero me fue imposible», dice el nuevo dominador del sterrato en esas carreteras de tierra que tanto se parecen a las de su pueblo.