Este primer partido tras el segundo parón pedía velocidad. Pedía vértigo. Pero estaba en el banquillo. Cuando salió, Giuliano cambió el marcador y la brisa, que soplaba extraña. En el horizonte está el Arsenal. Tú puedes venir cansado de un vuelo transoceánico, pero el Cholito no entiende de cansancios y bien que lo agradece su padre, Almada, que metió su regalo en la red, y el Atlético. Victoria por la mínima y a la Champions.
En LaLiga fue una jornada de reivindicaciones, de parones de 15 segundos y protestas por duelos extrafronterizos, el Metropolitano ovacionó a los suyos por el plante. Sólo 10 minutos después pasó del aplauso a la bronca. Y razón tenían, porque el VAR es a veces inexplicable. Que desde Las Rozas marcaran obstrucción de Griezmann en el gol de Baena es de cabreo gordo para el personal.
El Atlético no perdió pie y apenas dos minutos después realizó una jornada de 50 pases que terminó en las botas de Griezmann cerca del punto de penalti. El francés disparo bien, pero se encontró a un Herrera estratosférico. Vistos los primeros 15 minutos en el Metropolitano, el Osasuna iba a necesitar esa versión de su portero.
La primera parte comenzó como un monólogo rojiblanco salvo por los chispazos de Víctor Muñoz. El extremo rojillo era una bala difícil de detener. Una de sus diagonales casi termina en gol para sorpresa del personal. Y luego forzó una peligrosa falta en el balcón del área que el centro posterior de Rubén García casi lo cuela Torró entre las piernas de Oblak. A ese empuje se sumó Osasuna, que se pudo sacudir el dominio de los locales durante la parte final de los primeros 45 minutos.
Antes de que los equipos fueran al descanso, hubo un momento de enfermería para ambos conjuntos. A Rosier le metió el isquiotibial de la pierna derecha una pedrada que le obligó a salir del campo cojeando. Menos de un minuto después fue Nico el que abandonó el césped. Seguía conmocionado tras un choque de cabezas con Torró minutos antes. No llevaba buena cara el argentino y visto el precedente rojiblanco con Le Normand, toda precaución es poca en este tipo de acciones.
El segundo tiempo comenzó parecido al primero. Monólogo rojiblanco y asedio al área rojilla. Faltó precisión o sobró Herrera. Lo dicho, indispensable una buena actuación del meta. A Osasuna le costó salir, más por el empuje del Atlético que cambió a defensa de cuatro tras empezar con el 5-3-2 con el que también inició Lisci, que por cansancio de Víctor.
Las ocasiones comenzaron a llegar cada vez más claras. Julián lamentó un pie maravilloso de Sergio Herrera y luego Hancko perdonó en el córner posterior. Sorloth echó un cabezazo alto tres minutos después. El gol se mascaba… y llegó. Fue Giuliano quien, tras una gran jugada individual, brindó el tanto a Almada.
Despertó Osasuna y buscó el empate con más corazón que cabeza. Y en una de esas, casi con el tiempo cumplido apareció Oblak ante Moi para salvar los tres puntos. Parada milagrosa y vista en Londres. Partido a partido.
Pocos jugadores pueden decir esta temporada que llevan más minutos con su selección que con su club en la mitad de duelos. Menos aún que hayan marcado el cuádruple de goles con el equipo nacional que con la entidad con la que entrenan a diario. Quién le iba a decir esto a Brahim Díaz (Málaga, 1999), cuando en marzo de 2024 andaba deshojando la margarita entre España y Marruecos hasta decantarse finalmente por el país de su abuela paterna. El malagueño es el pichichi y la estrella de esta Copa África que se celebra en el país magrebí y cuya selección es una de las favoritas para conseguir el trofeo.
Volviendo a los datos de este curso, el 10 de Marruecos lleva 605 minutos disputados con el combinado nacional en ocho encuentros, sumados los últimos 85 que disputó contra Tanzania. Esta temporada, Brahim apenas ha jugado 484 minutos en 18 encuentros, seis de Champions y 12 de Liga, con el Real Madrid. Mientras que en un sitio es la estrella y el líder del equipo, en el otro apenas resulta un revulsivo puntual. "Está en un buen momento y entiende lo que se espera de él porque es un jugador clave", elogió su técnico en el combinado nacional, Walid Regragui.
El entrenador destaca la inteligencia del malagueño en el último tercio del campo, donde se deciden los partidos. Y él lo demuestra con goles y asistencias. Brahim ha marcado cuatro tantos en la Copa África, uno por partido, el primer futbolista que alcanza ese hito con la camiseta roja y verde en la historia de este torneo. Precisamente un tanto suyo fue el que le dio la clasificación a los Leones del Atlas ante Tanzania en octavos de final. Aunque el primer control y el regate del delantero son maravillosos, Masalanga, el portero tanzano, falla estrepitosamente en el primer palo tras el disparo del delantero. "Estoy feliz de poder marcar goles con Marruecos y quiero agradecer a mi familia su apoyo permanente", declaró tras el duelo.
Sin embargo, uno lleva con el Real Madrid y fue en la manita que el Madrid endosó al débil Kairat Almaty en Champions. El malagueño, que llegó al equipo blanco del Manchester City, no pasa por su época de mayor protagonismo en las filas blancas. De hecho, habría que volver a aquel marzo de 2024 en el que eligió Marruecos pese a estar en la prelista de Luis De la Fuente para entender la decisión de un jugador que la rompió en Milán y que sus minutos en el equipo blanco han ido disminuyendo año a año desde su llegada en enero de 2019.
"Había que mejorar en calidad y en el banquillo. Tras el Mundial, ya empecé a trabajar en ese tema", cuenta Regragui el inicio del fichaje de Brahim para Marruecos. Ese trabajo incluyó "muchos" viajes para convencer a una "pieza clave" en el ataque marroquí según alaba la prensa local. Hasta que el delantero malagueño, en un momento en que tuvo abiertas las puertas de ambas selecciones y pese a que había jugado en todas las categorías inferiores de España, se decidió por Marruecos. "Reconozco que tuve miedo. Es la decisión más difícil para un jugador. El pueblo marroquí le estará siempre agradecido", apuntó Regragui en una entrevista previa.
El jugador celebra un tanto con Marruecos.PAUL ELLISAFP
El 10 debutó oficialmente el 22 de marzo de 2024 en un partido amistoso frente a Angola y disputó 87 minutos. Cuatro días después, frente a Mauritania, completó el encuentro, pero su despegue llegó en los encuentros de clasificación del Mundial, en junio de 2024, en los que sumó sus primeras asistencias ante Zambia y Congo. Y ya en los encuentros de clasificación de la Copa África comenzó su andadura goleadora con siete tantos en cuatro partidos. Hoy su cifra se eleva a 12 y dos pases de gol.
Agradecimiento y cariño
"Son dos países que amo, España y Marruecos. He crecido en España, Málaga es mi ciudad, y tengo raíces marroquíes por mi familia. Lo he decidido así. Me han brindado una oportunidad, tienen las mismas ganas que yo, me han dado cariño y amor". Así agradeció Brahim la pelea que realizó el país de su abuela para incorporarle a sus filas y quiso devolver el cariño a uno de sus compañeros, el lesionado Ounahi, levantando su camiseta con el gol que clasificaba a Marruecos para los cuartos de final que les enfrentarán este viernes a Camerún. Con la ausencia del 8, la responsabilidad recaerá en las espaldas de un futbolista que ha adoptado otro rol con su selección, la de líder y la de nunca bajar los brazos. Aunque esto último también lo demuestra a diario en su club.
Cuando Dino Casimiro escuchaba historias de monstruos de la naturaleza que engullían a los pescadores de Nazaré (Portugal), Garrett McNamara se juró que jamás surfearía olas grandes después de ser vapuleado por una cuando tenía 15 años, en Sunset Beach (Hawái). "El surf puede ser muy humillante cuando un monstruo te golpea y te asusta", cuenta el americano a EL MUNDO en un evento de Thule, su patrocinador, en Nazaré. Unos años después, Casimiro, con la misma edad que McNamara sufrió ese susto, empezó a visitar el faro de la pequeña localidad pesquera portuguesa para vislumbrar ese mar que supone "una relación de amor y odio" para sus habitantes. "Era el sustento de todo el pueblo, pero muchos morían", recuerda a este periódico.
Un día, en su adolescencia, el portugués volvió a casa empapado tras mantenerse durante horas en el Fuerte de San Miguel, edificio donde se encuentra el faro de Nazaré, mientras el océano mostraba toda su fuerza. Al volver a casa y decir dónde había estado, su familia le dijo que "Praia do Norte era el diablo", pero él sólo pensaba en cómo compartir ese conocimiento con el resto del mundo. "No lo puedo explicar, pero siempre tuve pasión por las olas grandes".
El tiempo pasó y, mientras Casimiro seguía con ese mensaje en su cerebro, McNamara había no sólo perdido el miedo a las olas grandes, sino que las había convertido en su profesión y en su obsesión. "Apenas tenía 16 años cuando mi amigo Gustavo Labarthe me cogió del cuello y me obligó a volver a Sunset, me explicó cómo se hacía y después de eso ya me enamoré de ese tipo de olas", apunta el deportista.
No obstante, surcar las olas, para Garret, siempre ha sido mucho más que una profesión. "Cuando llegamos a Hawaii, mi madre no tenía dinero. Vivíamos en un apartamento pequeño, sin muebles. Pero conseguí una tabla y fui a surfear con un amigo. Cuando lo hicimos fue como: 'Dios mío, nada importa'. Aunque no tengas comida en la nevera, dinero, juguetes... realmente estábamos disfrutando de la vida y del océano", revela. El surf era su pasión, pero las olas gigantes su obsesión.
Así, tras comenzar su carrera participando en pruebas del circuito mundial, McNamara comenzó a virar su vida hacia esos monstruos que asustan a la mayoría de surfistas. Jaws, Mavericks,Waimea... todos los spots habituales en los que el océano mostraba su fuerza eran el día a día de Garrett. "Todo era más grande, más grande... hasta que no había más grande, hasta que no podíamos encontrar algo suficientemente grande", rememora el deportista.
Retrato del surfista en la presentación de un producto de Thule.Thule
Entonces, a principios del siglo XXI, Casimiro y varios socios comienzan a montar competiciones de bodyboard en Praia do Norte porque "las tablas de surf se rompían contra el fondo". Hasta que un día, tras subir al faro, disparó una foto a algo que se movía en el horizonte. Cuando vio la imagen en casa, descubrió que aquello era una ola perfecta, pero que se necesitarían jetskis para surfearla. "Busqué a surfistas que hacían tow in (una técnica de remolcado) en aquella época y el único que tenía web de contacto era Garrett", explica el portugués. Así que, en 2005, le mandó un mail para preguntarle si esa ola era practicable.
"Me interesó, parecía Jaws sin gente en el agua, pero me preocupaba lo que tuviera en frente", respondió McNamara. Y el descubrimiento se quedó en su bandeja de entrada durante más de un lustro hasta que su mujer, Nicole, lo recuperó tras recibir otro mensaje. "Le invitamos a venir en 2011 y Nazaré cambió para siempre", responde Casimiro, hoy técnico del Área Deportiva del Ayuntamiento de la localidad.
"Cuando llegué vi las olas más grandes que había visto en mi vida, era el Santo Grial", comienza McNamara que califica este spot como "Jaws, Waimea y Puerto Escondido puestos con esteroides". "Me sentí en casa y dije: 'ya no tengo que moverme más, sólo intentar conseguir domar el mejor swell posible'", apunta un deportista que, precisamente, presentó una funda de viaje para tablas de surf de Thule en este lugar donde reside la mitad del año. Lo consiguió ese mismo mes. Han pasado 14 años desde que batiera el récord Guinness tras coger una ola de 78 pies (24 metros) en ese mágico cañón de 5.000 metros de profundidad que forma esos monstruos de sueño o pesadilla.
McNamara en una ola de 100 pies.Mundo
El pequeño pueblo de Nazaré se convirtió en una meca del surf para los deportistas obsesionados con las olas grandes tanto en el agua "donde se ha vuelto masivo y peligroso" como en la tierra donde los alquileres en esta población han subido casi un 10% anual. "Si no se regula, terminará habiendo 100 motos de agua en el pico en los próximos 10 años, será como Waterworld", ríe McNamara.
De momento, el principal negocio de las olas grandes en Nazaré lo tiene la empresa de Lino Bugalho, otro de los pioneros del lugar. A través de ella puedes alquilar jetskis por un precio aproximado de 500 euros la hora y spotters (vigilantes desde la superficie) por unos 300. El servicio completo para el inconsciente que quiera seguir los pasos de Garrett McNamara, un deportista que tiene ciertos riesgos cerebrovasculares tras sufrir más de 100 contusiones en la cabeza, es de algo más de 1.000 euros la hora. "Cuando te caes es como hacerlo en cemento y luego entras en el ciclo del centrifugado de una lavadora con Tyson dándote puñetazos", explica el norteamericano lo que él llama el "viaje submarino".
Las herramientas
McNamara usa cascos especiales y personalizados, un traje de 5 milímetros de color llamativo y bolsas de aire para facilitar la flotabilidad y unas tablas cortas, 6.0, pero con gran peso y quillas redondeadas para ganar estabilidad. "Cuando te has preparado, lo has hecho todo, solo tienes que rendirte y disfrutar", explica el deportista ante unas olas que obligan a tomar decisiones de "vida o muerte" en décimas de segundo.
Aunque parezca mentira, no es Nazaré el lugar en el que este hombre se ha visto más indefenso sino en el océano Ártico donde ha surfeado olas provenientes de desprendimientos de glaciares. "Si cae en vertical, bien, si lo hace hacia tí, estás muerto", explica un surfista que "está dejando que el miedo vuelva a entrar en su mente", pero que nunca dejará que eso le impida realizar aquello que tanto ama. "Mientras no me duela, seguiré surfeando, incluso con 80 años", concluye.
Son las 6 de la mañana y en la radiodespertador suena la canción I Got You Babe de Sonny and Cher. Billy Crystal o el meteorólogo Phil Connors es consciente de que su día va a ser el mismo de ayer. Sin saber por qué, está atrapado en un bucle temporal y no tiene ni idea de cómo salir de él. ¿Les suena? Es el Día de la Marmota.
Esa es la sensación que debe de tener hoy Manuel Pellegrini. El técnico del Betis no sabemos con qué canción ni a qué hora se habrá levantado, pero puede que la sensación de que la tarde del domingo se le vuelva a atragantar, como en las 11 veces anteriores, no se le quite de la cabeza. ¿Cómo podría?
El chileno es el técnico que ha devuelto al Betis a su mejor nivel. Pese a las recientes decepciones en Europa League y Conference League, el conjunto bético viene de ganar al todopoderoso Athletic de Bilbao, el azote de los colchoneros en la semifinal de la Copa del Rey, y transita cómodamente en la sexta plaza de la LaLiga.
Sin embargo, Diego Simeone convierte sus enfrentamientos en una odiosa rutina para el chileno desde que ambos se enfrentaron por primera vez en la temporada 2011/12, uno como entrenador del Atlético, donde sigue 12 años después, y otro como técnico del Málaga. Son 11 enfrentamientos entre ambos con siete victorias y cuatro empates para el argentino. O lo que es lo mismo, cero alegrías para Pellegrini
Si nos referimos a la etapa bética del entrenador chileno, que comenzó en la temporada 2020/21, el balance es de cinco victorias para el Cholo y dos empates. Su enfrentamiento en el Villamarín esta temporada terminó, precisamente, con igualdad en el marcador, 0-0. Por lo que las perspectivas para Pellegrini y el Betis en su encuentro en el Metropolitano no son nada halagüeñas.
Simeone en rueda de prensa en el Cerro del Espino.Rodrigo JimenezEFE
Desde la llegada de Simeone al banquillo rojiblanco, el Atlético de Madrid sólo ha perdido uno de los 24 enfrentamientos que han tenido entre ambos conjuntos. Su balance es de 17 victorias, seis empates y una derrota. Este borrón fue obra de Quique Setién en 2019. El equipo verdiblanco ganó por la mínima en el Villamarín con la transformación de un penalti por parte de Canales. Aún no ha conseguido hacerlo en el Metropolitano desde su inauguración.
Hay que añadir al encuentro del domingo a las 16:15 en el Metropolitano la fortaleza del Atlético de Madrid en su feudo esta temporada. Una intensidad que no muestra, precisamente, en los encuentros fuera de casa.
Drama como visitante
Los rojiblancos, borrados de la Copa del Rey en San Mamés por el Athletic, han perdido seis partidos, empatado tres y obtenido apenas cuatro victorias lejos del Metropolitano. El Atlético iría noveno con 15 puntos en su casillero si solo contaran los partidos de visitante. "Lo único que puedo explicar es que el entrenador prepara mal los partidos de visitante. No tengo otra lectura. Son muchos los partidos, los puntos perdidos y la responsabilidad siempre es mía", expresó Simeone tras el empate de su equipo ante el Almería en el Power Horse Stadium.
Sin embargo, la situación en casa es totalmente diferente. Los rojiblancos son el equipo con más victorias en su feudo, 12, y sólo han cedido un empate en lo que va de temporada, aquel 3-3 ante el Getafe de Bordalás. Con estos guarismos, el equipo lideraría la calcificación de LaLiga EA Sports con dos puntos de ventaja sobre el Real Madrid.
Así, pese a la reciente decepción copera del Atlético, Pellegrini intuye lo que le espera en el Metropolitano y ante Simeone. Probará el chileno a cambiar sus rutinas a ver si así sale del bucle temporal en el que se ha atascado con el argentino. Quién sabe, quizás la Marmota este año decida que el invierno para Pellegrini ha terminado por fin.