El club rojiblanco pagará esa cantidad al Barcelona y terminará con la cláusula de 40 millones que hacía que Simeone le sacar en el minuto 60 de los partidos.
Griezmann, durante el partido ante el Brujas de este martes.AP
Era una cuestión de tiempo, y probablemente antes de que termine la semana, Atlético y Barcelona van a poner punto final al ‘culebrón’ Griezmann. Los dos clubes han acordado el traspaso del futbolista francés (ahora mismo cedido) a cambio de 20 millones y entre dos y tres más en variables, según confirman fuentes del Atlético.
Se tira a la basura de ese modo la famosa cláusula de 40 millones que era obligatoria para los rojiblancos al final de este curso siempre y cuando Griezmann jugase la mitad de los minutos de los dos años de cesión, y que ha deparado la absurda situación de que el francés sólo pueda entrar en el minuto 60 de los partidos, siendo únicamente dos veces titular cuando parecía obvio que era uno de los jugadores más en forma.
Contando todo lo que jugó como titular el año pasado, más los dos de este curso, Simeone todavía tenía varios partidos (13) para que fuera titular sin tener que pagar los 40 millones, pero en una estrategia pactada con el club, ha optado por dosificar hasta el extremo esas titularidades para facilitar un acuerdo que finalmente ha llegado.
Se cierra así un culebrón que comenzó en el verano de 2018, cuando el jugador optó por quedarse en el Atlético un año más, hasta que en 2019 se marchó a cambio de 130 millones y viendo reducido notablemente su sueldo, como recientemente publicó EL MUNDO. Tras dos temporadas discretísimas en Barcelona, en el verano del 21 regresó al Metropolitano renunciando también a parte del dinero que le garantizaba el Barça. A día de hoy, cobra unos 10 millones netos, a la altura de Oblak o Koke. La idea del Atlético ahora es firmarle una ampliación de contrato (termina el próximo verano) con un retoque importante en su estructura salarial, donde se rebajaría el fijo y se multiplicarían las cantidades por objetivos.
En lo estrictamente deportivo, Griezmann ya tiene la libertad para ser titular en todos los partidos que Simeone, su gran defensor durante todos estos años, incluso enfrentándose a parte de la afición del Atlético, considere oportunos.
Hace un año, con un 3-3, el Getafe cortó la mejor racha como local, 20 triunfos consecjutivos, de la historia del Atlético de Madrid, advertido hoy otra vez por la visita del conjunto azulón, que pone a prueba las 10 victorias seguidas del equipo rojiblanco, la mejor racha actual en Europa, el momento imponente de Julián Álvarez y Antoine Griezmann y el salto que se propone cuando pueda al liderato de LaLiga.
Aquel empate del 19 de diciembre de 2023, con dos goles del Getafe en el tramo final, el decisivo 3-3 de Borja Mayoral en el minuto 93 es el último precedente en el Metropolitano entre los equipos de Diego Simeone y José Bordalás, que puntuó entonces por primera y única vez en su carrera en el campo rojiblanco, donde se reencuentra con un Atlético en plena racha, esta vez dentro y fuera del césped.
Nadie presenta en la actualidad tal secuencia de triunfos en las federaciones que aglutina la UEFA. El Atalanta, que encadenaba nueve, perdió el pasado martes contra el Real Madrid en la jornada de Champions en la que el Atlético venció 3-1 al Slovan Bratislava.
Un binomio para el 65% de los goles
Luce el conjunto rojiblanco como bloque, también en la segunda mejor marca de victorias sucesivas del club en su historia (la mejor, en 2012, también con Simeone, fue de 13), junto a sus individualidades, especialmente de los dos jugadores más diferenciales: Griezmann y Julián Álvarez, con 15 goles entre ambos en esta formidable racha, que empezó el pasado 31 de octubre.
El atacante francés ha anotado, a la vez, siete tantos en los últimos cinco compromisos, con sendos dobletes frente al Sevilla y el Slovan Bratislava; el delantero argentino, integrado ya a la perfección al juego y al esquema de Simeone, ha sumado cinco en los últimos cinco duelos.
Entre los dos, con 23 tantos, han contribuido al 65% de los goles del conjunto rojiblanco en este curso como autores o pasadores decisivos. Pero ni siquiera los 10 triunfos alteran la esencia de este Atlético, que proclama, fiel a la doctrina de su entrenador, el invariable «partido a partido», consciente de que todo depende del próximo marcador, sin mirar más allá, mientras asoma el Barcelona la semana que viene antes de irse de vacaciones navideñas.
Ante la adversidad
No sólo el Getafe lo advierte. También las remontadas que ha necesitado el Atlético en el Metropolitano. Ha debido levantar un marcador adverso en cuatro de sus últimos seis triunfos en casa. Y los goles que ha encajado: al menos recibió un tanto en siete de sus ocho duelos más recientes como local, aunque con una única y extraña derrota: 1-3 con el Lille, al que mereció ganar.
Están sobre aviso el Atlético y Simeone, que dispone de todos sus efectivos por segundo encuentro consecutivo, con un apercibido, Clement Lenglet, y con el riesgo para los jugadores con más minutos con la acumulación de tantos partidos. Hoy será el séptimo en 22 días. La duda es si el técnico incluirá rotaciones o dará más recorrido aún a su once tipo, con la vuelta de Conor Gallagher por Samuel Lino.
Venía el Atlético con una inercia bestial. De piernas, de energía y de resultados. Y con esa inercia era complicado pararlo. Ni lo intentó el Eintracht, por ser justos. La defensa alemana parecía suiza, más estilo Gruyere y, como tal, encontraron los rojiblancos los agujeros hasta permitirse una minisiesta al inicio del segundo tiempo. Giuliano despertó al equipo que terminó con cinco, pero pudieron ser muchos más. [Narración y estadísticas (5-1)]
No había terminado de entrar el público del Metropolitano cuando desde los atascos de las rotondas de la Avenida de Arcentales ya tronó el primer tanto. Fue Raspadori quien apareció por detrás de Julián para embocar casi en área pequeña el primero del partido tras un buen centro de Giuliano.
No daba tiempo ni a las presentaciones. El fútbol no paraba. Mal día para las defensas puesto que el Atlético venía enrachado del derbi y los alemanes encadenaban dos duelos consecutivos con 17 goles en total. Uno se saldó con victoria y otro con derrota pero, como dice su técnico, Dino Toppmöller: "Prefiero ganar 5-4 que 1-0". Sin importar los riesgos que corre. Y lo cierto es que los alemanes jugaban sin red. Venían como líderes de la Champions al Metropolitano tras golear al Galatasaray y concedían múltiples ocasiones a la espalda de sus defensas. Raspadori, Giuliano y Griezmann encontraron verdaderas autopistas por carriles centrales, falto efectividad para haber convertido al menos una de esas.
A un toque y muchos espacios
No obstante, el equipo seguía a lo suyo. Con la confianza por las nubes tras las dos victorias consecutivas, el balón se movía rápido y a un toque y eso generaba espacios tanto en jugadas en transición como en estático. Especialmente bella fue una que mandó Julián por encima del marco de Santos, quizás le sobró un toque al argentino. La pegó de primeras en otra buena combinación, pero su fusilamiento fue al muñeco. Raro ese doble fallo en un jugador que ha metido cinco goles en los dos últimos encuentros.
En cada error de cara a puerta es inevitable que la vista se vaya al banquillo del Atlético, pero allí no estaba Simeone agarrándose la cabeza sino Nelson Vivas, su segundo. El argentino debía pagar con un partido su extemporánea reacción a las provocaciones de un aficionado en Liverpool. El equipo, no obstante, seguía con las palabras de su técnico dentro: "Nadie se acuerda del ayer, vale el ahora". Pero seguro que, desde el palco que veía el encuentro, estaría también lamentándose de los fallos de su equipo. Es un topicazo el de que quien perdona, lo paga.
No obstante, la tranquilidad la alcanzó pasada la media hora y tras un córner. Pese a la altura alemana, un saque de esquina de Griezmann se paseó por todo el área del Eintracht hasta que Le Normand, otro que está en racha, metió la pelota en la cazuela.
El remate de Griezmann que valió el 3-1 ante el Eintracht.AFP
Estaba la parroquia esperando al turco Can Uzun, pero el bisoño jugador del Eintracht se perdió en la maraña que tenían entre líneas los rojiblancos, cerrando los pasillos interiores y concediendo las alas para forzar ataques por fuera. Venía con seis goles y cuatro asistencias en siete partidos, números de fichaje caro el próximo mercado estival.
Y cuando moría la primera parte, solo en banda izquierda, con un balón que inicialmente no representaba ningún peligro, Julián decidió tirarse al área rival, romper la cintura del ortopédico Collins y ceder el 200 a Griezmann. Es una locura meter dos centenares de goles en un club y más, ser el primero y el único en su historia. Eso es el francés.
Sin freno
La segunda mitad se notó que el Atlético salió a contemporizar y a estos alemanes ir tres abajo les da igual porque no van a cambiar su estilo de juego. Empujaron y empujaron hasta que a los 10 minutos, en un balón largo, Knauf cedió a Burkardt, que no perdonó. Era noche de baile y en las piernas de los rojiblancos estaba el no convertirse en una de terror. Pudo paliarlo Griezmann pronto, pero el taconazo con el que le dejó sólo Giuliano no pudo aprovecharlo porque el balón le pegó en la mano al francés. VAR y gol anulado.
El falso tanto despertó al Atlético y lo conectó de nuevo al partido. Tanto que el argentino encontró el gol tras un córner. Giuliano, con la picardía de su padre, atacó el centro de Julián al primer palo y diez minutos después sería el otro argentino el que hiciera por fin su gol tan buscado. Fue de penalti con una panenka con suspense.
El quinto silenció por fin a la tropa alemana que, por momentos, sonaba más fuerte que el público rojiblanco. La fiesta estaba en otro sitio y ellos, casi 4.000, no estaban invitados. El Atlético concluye esta racha de partidos con muchos más puntos de los que, quizás, esperaba. El equipo ha roto, que toquen las trompetas.