España se juega el camino al Mundial 2026 en marzo: si gana se medirá a Turquía, Georgia y Bulgaria y si pierde le esperan Polonia, Finlandia, Lituania y Malta
Francia necesita hacerse un favor a sí misma y, de paso, hacerle otro a Portugal. Galos y lusos no se quieren enfrentar tan pronto, así que muchas miradas de la concentración portuguesa estarán hoy en el Signal Iduna Park de Dortmund, donde el cuadro de Deschamps se mide a Polonia, ya eliminada, buscando el liderato del Grupo D.
Las cuentas son claras. Ahora mismo, Países Bajos lidera el grupo con cuatro puntos, los mismos que Francia, tras el empate de la segunda jornada. Los de Koeman, eso sí, son líderes. Las dos selecciones tienen la misma diferencia de goles, pero los neerlandeses han metido un tanto más en el torneo.
En resumen, Francia necesita ganar a Polonia y que Países Bajos no sume los tres puntos contra Austria. Si esto último sucede, los galos tendrían que ganar por un gol más de diferencia que los 'oranje'. En caso de empatar también en esa estadística, habría que ir a las tarjetas amarillas, que ahora mismo también son las mismas: dos.
Sin opciones de octavos
La última cifra que desempataría la situación serían los puntos en la fase de clasificación de la Eurocopa, donde Francia superó a Países Bajos por cuatro puntos, por lo que el primer puesto sería suyo.
Sobre el duelo ante los polacos, parece que Kylian Mbappé podrá disputar sus primeros minutos tras el golpe sufrido en la nariz, siempre jugando con una máscara, y que Deschamps repetirá el equipo de la segunda jornada. Será un encuentro especial para Robert Lewandowski. El delantero del Barcelona no pudo disputar la primera jornada y fue suplente en la segunda, donde su selección cayó ante Austria. Ya sin opciones de pasar a octavos, el capitán de Polonia intentará estrenarse en el torneo y despedirse con un buen sabor de boca.
En el otro encuentro del grupo, Austria, que ya se lo hizo pasar muy mal a Francia, quiere exprimir ante Países Bajos sus opciones de estar en octavos. Un empate le haría sumar cuatro puntos y le daría el pase, aunque el rival no es el mejor para la tarea. Los de Koeman son conscientes de que necesitan ganar para ser primeros de grupo.
Encontrar fútbol y tranquilidad
También llega Inglaterra al final de la fase de grupos con urgencias. No sólo necesita sumar ante Eslovenia para asegurarse la primera plaza del grupo y un cruce más placentero sino disipar la desconfianza que ha generado su juego y calmar las críticas a la propuesta de Gareth Southgate, en la diana de medios, aficionados y hasta de ex jugadores. Necesita la selección ganarse el respeto con el que pisó Alemania hace sólo una semana con la vitola de favorita al triunfo.
En el primer partido ante Serbia apareció Jude Bellingham para encarrilarlo pese al colapso del segundo tiempo. A los Three Lions les faltó fútbol para pisar el área y algunos de sus principales futbolistas, como Phil Foden, acabaron ahogados en el puzle que armó el seleccionador.
Nada extraño si en la medular como escudero de Declan Rice aparece el lateral derecho del Liverpool, Alexander-Arnold, un invento de Southgate que ha generado un aluvión de críticas y que él mismo ha enmendado durante los partidos. Para este duelo podría cambiar y alinear a Conor Gallagher o incluso retrasar a Bellingham.
El seleccionador inglés, Gareth Southgate.A. DENNISAFP
La marejada no acaba ahí. Y es que la convocatoria del técnico pross se considera por medios y hasta por ex jugadores Gary Lineker y Alan Shearer como desequilibrada, con muchos jugadores jóvenes como Adam Wharton (20 años) o Kobbie Mainoo (19 años) y la falta de algunos perfiles más concretos que puedan contribuir a que todo el talento que se acumula en las botas de los jugadores ingleses acabe por aflorar en un terreno juego.
El foco también está en puntales como el capitán Harry Kane, a quién Lineker le ha pedido más exigencia y más contribución al juego de ataque, algo que no ha gustado al goleador del Bayern. «Inglaterra no ha ganado nada desde hace mucho, mucho tiempo. Muchos de esos jugadores también formaron parte de eso y saben lo duro que es. Yo nunca faltaría al respeto a ningún ex jugador. Lo único que les diría es que recuerden lo que es vestir esta camiseta», respondió. Un aviso de que no hay calma sin victoria clara.
El Atlético de Madrid tiene una cara B, se podría decir que esa es la que ha lucido durante toda la temporada cuando sale del fortín del Metropolitano. Y no cambió que, esta vez, el partido se jugara a unas decenas de kilómetros, en el exilio del Rayo en Leganés. Los dos zarpazos al filo del descanso de Fran Pérez y Óscar Valentín y el tercero de Mendy en la segunda parte fueron suficientes para bajar a los rojiblancos de la nube. Para que todos en el estadio se preguntaran cómo se podía descomponer un equipo apisonadora hace menos de 72 horas.[Narración y estadística:3-0]
Arrastra el Atlético un debe en la Liga, donde con solo tres victorias (Betis, Getafe y Girona), todas al final de la primera vuelta, no alcanza para pelear por la cabeza de la tabla, si es que ese no es un objetivo enterrado. Las miradas quizá estén en otros lugares. Hacia allá apareció señalar Simeone con un once remendado para este partido de entreguerras: la aplastante victoria sobre el Barça sin sufrir ni una escaramuza y la que le espera en Brujas por la supervivencia el miércoles en Champions.
En Butarque, pareció que el Atlético solo se transforma con los sorbos de la Copa, esos que sirven Griezmann y el recién descorchado Lookman, ambos suplentes. Era el momento de que tomara galones Álex Baena, crecieran Cardoso y, sobre todo, Rodrigo Mendoza, de que Sorloth se sumara como amenaza. Ni asomaron ellos ni la verticalidad de su cara A, la incontestable. El Rayo, con una presión alta, complicó todos los movimientos y al Atlético le quedaron ocasiones contadas, como el tiro de Nico González al larguero a centro de Nahuel Molina, un disparo de Baena rozando de nuevo los palos y una asistencia del almeriense que no pudo llegar a empujar el gigante noruego.
Estaban espesos los hombres de Simeone y el Rayo empezó a encontrar sus grietas por los costados. Lo hizo el Pacha Espino, obligando a Oblak a salvar su disparo, y tuvo que hacerlo también cuando Ilias Akhomach hilvanó, ayudado por Ratiu e Isi, un ataque primoroso. La respuesta la armó por su cuenta Nico González, en una contra buscando la portería de Batalla. Pero el varapalo no tardaría en llegar. Ruggeri, que estaba vigilado y recriminado por Simeone, se quebró ante el baile de Ratiu con un carrusel de bicicletas que lo hundió en el área sin poder evitar que el centro tenso del rumano lo cazara en el punto de penalti Fran Pérez. Le tocaba al Atlético subir su intensidad, y su fútbol, pero al descanso se fue con una desventaja mayor.
Óscar Valentín aprovechó las dudas de Lenglet para robar el balón y dejar un disparo a Isi que salvó Oblak con la punta de los dedos sin poder evitar que apareciera el propio Óscar Valentín para rebañar a gol. Al descanso, Simeone estaba obligado a resetear y darle un giro nuevo a su once con el arsenal que guardaba en el banquillo.
No fue de inicio, como si el argentino quisiera darle la oportunidad de espabilar a los titulares, sin embargo no podía esperar demasiado. En apenas siete minutos, agotó los cambios para apuntalar la defensa, castigando a los desacertados Ruggeri y Le Normand y, sobre todo, remodelar el centro del campo con los quilates de Julián Álvarez, Llorente y el colmillo de Lookman. De nada poco sirvió, porque llegó el tercero del Rayo en un córner en corto que Álvaro, desde el lateral del área, puso al remate de cabeza de Mendy ante la pasividad de todo el once rojiblanco. Aunque Giménez, en un escorzo, obligara a Batalla a salvar su remate, la victoria estaba absolutamente decantada y los olés se coreaban en una grada semivacía de Butarque, entremezclados con los cánticos contra Presa. El Rayo, sin ganar tres jornadas, había hecho jirones a Atlético 13 años después y salía del descenso.
El Maratón Valencia de 2026 lo han dominado dos corredores de Kenia. John Korir se ha impuesto con autoridad con un tiempo oficioso de 2:02:24 mientras que su compatriota Joyceline Jepkosgei ha establecido la mejor marca mundial del año con 2:14:00.
Korir, que suma a este triunfo la victoria en el maratón de Boston y en Chicago el pasado año, rompió la carrera en el kilómetro 25, cuando subió el ritmo aprovechando que las liebres desaparecían y fue descolgando a sus compañeros en el grupo de carrera. Ninguno le aguantó ni siquiera para asegurarse el podio y solo tuvo que administrar los últimos 20 kilómetros para alzarse con la victoria.
Korir, al cruzar la línea de meta del Maratón Valencia.efe
Junto a él completaron el podio el alemán Amanal Petros, que batió el récord nacional de Alemania con 2:04:03 y el noruego Awet Kibrab, que marcó al cruzar la meta 2:05:23. El primer español en cruzar la meta fue Ibrahim Kachir (2:07:20).
Si la carrera masculina fue emocionante, la femenina fue una pelea continua hasta el kilómetro 39, cuando la etíope Peres Jepchirchir se descolgó y dejó sola a Jepkosgei y a su liebre en la cabeza. Desde ese momento, mantuvo un ritmo que la llevó a cruzar la meta en 2:14:00, récord de la prueba al mejorar el tiempo que tenía su compatriota Amane Beriso desde 2022. Además, su crono fue la mejor marca mundial del año, al superar en 14 segundos el tiempo de Hawi Faysa logrado en el maratón de Chicago.