Luis de la Fuente está en su papel de defender noches como la de ayer en el campo del Espanyol. Hay que ver jugadores, claro que sí, y más cuando quedan dos meses para un Mundial. Hay que ver quién está en disposición de ir si uno de los fijos falla, baja la forma, se lesiona o no le dan el visado, que con Trump, cualquier cosa. Tiene todo el derecho el seleccionador a poner a los aspirantes juntos, sólo faltaba, pero claro, si eso deviene en un tostón como el perpetrado contra Egipto durante la primera parte, pues el sabor de boca es el que es. [Narración y estadísticas].
La sensación es que esta selección, la número uno del mundo, la gran favorita, pide a gritos que comience el Mundial. Luego terminará como termine, pero este equipo está para jugar por la Copa del Mundo, no para pelearse en amistosos de poca monta. España terminó empatando para desilusión del personal, que acudió al partido más para gritar que Barcelona también es España que para disfrutar realmente del fútbol. Bien está si no fuera porque la exaltación, cualquiera, mal entendida, provoca momentos sonrojantes como los cánticos contra los musulmanes.
Porque, conviene subrayarlo, el ambiente estuvo en la grada, cuya mal compresión, conviene subrayarlo también, de la exaltación nacionalista española provocó algún momento inadmisible. Gente que no entiende nada la hay en todos los sitios, también entre quienes defienden a España en Cataluña. Pero, al margen de todo eso, el único ruido salió de los asientos, nunca del campo, donde los 10 cambios respecto al otro día, a excepción de Lamine Yamal, formaron una macedonia difícil de digerir.
Los laterales lo intentaron, y los centrocampistas lo intentaron, y los delanteros lo intentaron, pero ninguno lo consiguió. A quien más se vio fue a los centrales, pues Egipto, un equipo que estará en el Mundial, decidió apretarse bien y dejar que fueran Mosquera y Huijsen los que subieran el balón. El resultado, un atasco.
COSA EXTRAÑA
Porque España no era España. Era una cosa rarísima. Por no haber no hubo siquiera ocasiones de gol. Algún barullo, algún remate sin interés ninguno y para usted de contar. De hecho, la mejor ocasión fue para Egipto, que por medio de Marmoush envió un tiro al palo. El delantero del City es un jugadorazo, y se nota en cada movimiento. Cuando la pelota aparecía por sus pies, España tenía cosas reales que temer. Del resto, pocas noticias. Y así, entre el desinterés y la desidia, se llegó al descanso.
Tan soso estaba todo que hasta Luis de la Fuente quiso cambiarlo. Puso patas arriba el centro del campo y entraron los titulares. Rodri, Pedri y Fermín. También Víctor Muñoz dejó sentado a Lamine para que el Barça no se enfadara más de la cuenta. Y la cosa empezó a fluir, no era difícil esperarlo. Cuando Pedri está en el campo pasan muchas cosas. Y, últimamente, cuando le acompaña Fermín, pasan muchas más.
El jugador andaluz del Barça es un tormento para el rival, que no sabe detectarle, en parte porque no para de moverse. Fueron 45 minutos corriendo de acá para allá, ahora por un lado, ahora por el otro, ahora por arriba, ahora por abajo, ahora vengo a recibir, ahora tiro un desmarque… Cansa sólo escribirlo y sin embargo él podría hacer todo eso fumando.
Fermín, el polvorilla, y el resto, pues, animaron la noche. Llegaron las ocasiones en el primer cuarto de hora, en el que Egipto no pudo pasar el centro del campo. Un equipo más dinámico, más reconocible, merodeaba el gol sin complejos. En esas andaba el partido cuando De la Fuente resolvió la gran incógnita de esta concentración y puso a jugar a Joan García. El portero del Barça provocó una verbena en el estadio, donde la mitad le pitaba y la otra mitad le aplaudía. Entre eso y que Fermín se lió a empujones con un rival por una falta tonta, los decibelios se dispararon y el ruido se apoderó de la sesión, ya disparatada.
Cuando el balón quiso volver a reclamar protagonismo ya era demasiado tarde. La zapatiesta que habían generado Fermín y compañía se disolvió en un nuevo síntoma de que esta España no está para amistosos. Esta España está para el Mundial. Y no es un desprecio, por si alguien no lo había pillado. Es, al revés, un elogio.
Significa que los titulares de este equipo, en el momento en el que están, en las circunstancias actuales, están para ponerse a pelear por ser campeones del mundo. Ni más ni menos. El amistoso de ayer contra Egipto lo olvidará el personal hoy mismo, pues no merece más. El Mundial está ahí mismo. Y es hora de ir a por él.





