El primer ídolo de masas del barcelonismo fue Pepe Samitier, apodado el ‘Mago’, un goleador colosal y un personaje fascinante de la Barcelona de los años 20, desde Gaudí y las represiones culturales de la dictadura de Primo de Rivera a la Exposición
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Nadie baila en el Madrid. Ni Vinicius ni Álvaro Arbeloa, cuya era empieza con una hecatombe, resuelta incluso con tintes ridículos en una última jugada de despropósitos en su área, pese a la calidad en el golpeo de Jeftét. Las caídas en la Copa frente a modestos como el Albacete habían llegado a ser arrastradas hasta el cadalso por entrenadores como Manuel Pellegrini. Para Arbeloa es un lastre que no estaba en el guion. Parecía escrito para Xabi Alonso, su antecesor, pero lo sufre quien llega a ese banquillo con el mandato de divertirse. En el calvario, que es donde se encuentra este Madrid, no hay diversión posible, sólo vergüenza. Mejor una oración.[Narración y estadísticas, 3-2]
El orden y la cantera no dieron a Arbeloa, como una estatua de cera todo el partido, impertérrito, la primera victoria, lo único que garantizaba seguir adelante en la Copa. Buscaba un estímulo y se encuentra en un solo partido en una crisis mayor a la heredada, porque perder con el Barça en la final de la Supercopa es incomparable a ser eliminado de la Copa por el Albacete, que lucha en la zona cercana al descenso de Segunda.
El Bernabéu espera
Esta eliminación pone en cuarentena incluso las conclusiones que pudieran sacarse de la primera alineación de Arbeloa, pero dos hechos resultaban relevantes: un mediocentro de la cantera, Jorge Cestero, y cada futbolista en su sitio natural, con Valverde de regreso al centro del campo. La única excepción fueron los minutos de Camavinga, en la banda izquierda, donde ya jugó con Ancelotti.
La Liga dirá más cosas, el sábado frente al Levante en el Bernabéu, donde está inesperada caída puede provocar una bronca de la grada, que ya señaló a los futbolistas por encima de Xabi Alonso como culpables de la crisis. El grito del socio escapa al control del propio Florentino Pérez. A nada temen tanto los presidentes como a los plebiscitos de los estadios, y más cuando saben que la responsabilidad mira hacia arriba.
Arbeloa, en la banda del carlos Belmonte.Jose BretonAP
Cestero por Tchouaméni
De Cestero había llegado a decir Arbeloa que era uno de los mejores de España en su puesto. Tanto que lo escogió en lugar de Tchouaméni. Arriesgado. Para los chicos de la cantera este trago también pesa. El propio Cestero, David Jiménez, Palacios o Manuel Ángel, que salieron en los últimos minutos en busca de un gol desesperado. El de Gonzalo, de la misma estirpe, no fue suficiente para sobrevivir.
El balón parado iguala en la misma medida que el movimiento distancia, porque la calidad en el fútbol es la capacidad de desarrollar la técnica a la máxima velocidad posible. Pero el balón parado también es la forma más rápida de acercarse al gol cuando otros caminos, los caminos de la calidad, no lo consiguen. Eso le ocurre al Madrid. Ambas cosas explican lo que ocurrió en el primer tiempo, con un equipo blanco dominante y ortodoxo, pero sin profundidad y ocasiones, y un Albacete acuartelado a la espera de su oportunidad.
La encontraron los locales en su primer saque de esquina, rematado con autoridad por Javi Villar, toda la que no tuvo la defensa madridista. La acción retrató a Mastantuono, pero no debe ser el argentino a quien pedir cuentas en esas situaciones. Tampoco a Arbeloa, por ahora. La defensa del balón parado necesita trabajo y tiempo, algo que todavía no ha tenido el entrenador, pero tras lo sucedido en el Carlos Belmonte es difícil que se le conceda. Arbeloa empieza en un lugar peor al que dejó su antecesor y amigo Xabi. Mal asunto.
Los madridistas se lamnentan ante la alegría de los manchegos.Jose BretonAP
Vinicius, voluntad sin acierto
La réplica del Madrid, en un momento psicológico de un partido más psicológico que futbolístico, dadas las circunstancias, se produjo gracias al remate de Huijsen, repelido de forma acrobática por Lizoain, y el oportunismo de Mastantuono. Fue como un desagravio al defecto de su acción defensiva unos minutos antes. Al descanso, pues, se retiraba el Madrid sin daños, pero sin nada más relevante más allá del orden, con un Vinicius voluntarioso pero ofuscado.
Por el orden empezó Xabi y de orden entiende Arbeloa, cuyas cualidades tácticas le permitieron como jugador cohabitar con los mejores, en el Madrid o en la selección. También entiende Alberto González, que reaccionó con tres cambios rápidos a la salida más alta y con ritmo del Madrid en la segunda mitad.
Ya con Agus Medina sobre el césped, el Albacete fue más ambicioso. Otro de los cambios, Jeftét, encontró el gol tras los malos despejes de Carvajal y Gonzalo, más un Lunin sorprendido. Gonzalo puso el ADN de Sergio Ramos en esta pequeña Lisboa de la Mancha con el empate, pero el Madrid de hoy está muy lejos de la metáfora de Sergio Ramos. [Narración y estadísticas, 3-2]
El Raulismo aparece en la campaña. El Raulismo frente al Florentinismo. De Enrique Riquelme sabe pocas cosas el socio, porque ni un maratón mediático de dos semanas da para tanto. De quien lo sabe todo, en cambio, es de Raúl González, un futbolista que era la representación en carne y hueso de las características que definen, o quizás definían, al Madrid: ambición, victoria y discreción. Raúl cohabitó con Florentino Pérez, pero jamás conectó. La falta de sintonía era recíproca, escenificada en dos salidas casi de incógnito, como jugador y recientemente como entrenador del Castilla, donde estuvo seis años a la espera de una puerta que nunca se abrió. Para FP, Raúl no era ZZ. Para Riquelme es un joker.
Si el aspirante gana las elecciones, el próximo domingo, Raúl será el director deportivo del Madrid, no el entrenador. Cuando se despidió de los socios, al dejar el banquillo del filial, dijo que quería proseguir fuera del club su carrera como técnico para, posiblemente, regresar en el futuro. La realidad es que no lo hizo, pese a tener algunos ofrecimientos. Entre ellos, el del Schalke, donde jugó tras marcharse del Bernabéu, que estaba en la segunda división alemana. Ese salto de riesgo le ha impedido un contraste necesario para el mercado de los grandes banquillos, no sólo en el club de su vida. En el día después, fue conservador.
Ahora, a sus 48 años, lo da al comprometerse con Riquelme, que acaba de aparecer en el panorama madridista. El hecho escenifica por primera vez el distanciamiento que siempre tuvo con Florentino. El movimiento tiene algo de venganza, de causa pendiente.
El Castilla, la baza que no funcionó
Los seis años al frente del Castilla, récord para un entrenador del filial, únicamente se justificaban por tratarse de la puerta trasera del primer equipo. Florentino se la abrió a Zinedine Zidane o a Santiago Solari, pero nunca pensó en hacerlo con Raúl. El deterioro final del equipo en los últimos días de Carlo Ancelotti y la elección de Xabi Alonso precipitaron su decisión de abandonar el cargo, después de haber ganado una Youth League, la Champions de los jóvenes, pero no haber conseguido el ascenso a Segunda en dos promociones. La caída ante el Eldense fue la mayor decepción.
Riquelme acierta cuando dice que Raúl tiene el club en la cabeza. La dirección deportiva no es, pues, una función para la que no se encuentre capacitado. Defensor de la cantera, su llegada supondría una reactivación de una parte del club que parece desconectada del primer equipo, pese a las incorporaciones realizadas en esta última etapa por Álvaro Arbeloa, especialmente Thiago Pitarch. Antes, Xabi Alonso dio protagonismo a Gonzalo, un jugador construido por Raúl en el Castilla, al que ayudó a modificar su juego para pasar de la banda al área.
Al trabajo de Raúl no le acompañó el objetivo del ascenso, como tampoco a otros anteriores como Zidane, pero los jugadores que estuvieron a su cargo y tuvieron que dejar el club blanco hablaban bien del que había sido su entrenador.
Raúl González en un partido con el Real Madrid Castilla en ValdebebasALBERTO NEVADO
La cantera del Madrid tiene los medios, con una ciudad deportiva, en Valdebebas, sin comparación en España y prácticamente en Europa, pero no tiene la mirada necesaria desde la cúpula del club. En la actualidad la dirige Manu Fernández, hijo de un histórico gerente del club. Con Raúl es seguro que esa mirada sería diferente. Pero una dirección deportiva implica más cosas, como el conocimiento del mercado internacional y la capacidad de estructurar un equipo de trabajo.
A la espera de los fichajes que pueda anunciar Riquelme en los siguientes días de campaña, el de Raúl es importante por el vínculo emocional con los socios que no se ha roto a pesar de su salida, y porque apunta a un vació en la gestión de Florentino, con direcciones deportivas de escasa trascendencia, prácticamente testimoniales.
«Los 740 partidos, las 16 temporadas en el Madrid o los más de 300 goles» a los que se ha referido Riquelme para glosar su fichaje, no son lo que más importa a los socios. Es cómo hizo todo eso. Es el Raulismo frente al Florentinismo.