Un viejo conocido de la liga española, Yossi Benayoun, vivió este sábado “el día más difícil” de su vida. El ex futbolista vio como terroristas de Hamas asaltaron la casa de su hermana, en Kibbutz de Be’eri, cerca de la Franja de Gaza, durante el ataque coordinado del grupo armado a Israel.
“Estoy en shock, fue un gran milagro. Viví el día más difícil de mi vida. Ya había aceptado el hecho de que todos estaban muertos. Pero entonces ocurrió un milagro gracias a mi heroico sobrino”, explicó Benayoun al medio israelí ‘Ynet Sport’.
Cuatro terroristas de Hamas atacaron la casa de su hermana, dispararon a su cuñado y le hirieron de bala en la mano. El hombre tuvo que esconderse en el campo para no ser ejecutado.
Para saber más
El ex futbolista de 43 años, que jugó en el Racing de Santander, Maccabi Haifa, West Ham United, Liverpool, Chelsea, Arsenal o Queens Park Rangers, recibió un mensaje de su sobrino Shaked que le hizo pensar lo peor. “Por favor, sálvanos”, le pedía por mensaje justo antes de que se cortaran las comunicaciones.
Benayoun se quedó con la duda del estado de su familia, pero fue entonces cuando Shaked, oficial de la Brigada de Infantería Golan, reaccionó y mató a tres de los cuatro atacantes. El cuarto, lanzó una granada contra la casa pero los familiares del ex del Racing consiguieron escapar.
Hace ya un par de semanas que el Real Madrid apretó el botón de su modo competitivo, lo que siempre le hizo temible. Desde la final perdida de Copa es otro equipo, en resultados (una derrota en 12 partidos) pero sobre todo en actitud. Vio las orejas al lobo y reaccionó. Ante el París Basketball, en un duelo precioso, mostró su mejor versión, coral, agresivo, solidario, fogoso, irreductible. La quinta victoria consecutiva en Europa, el mejor momento del curso, para incluso soñar con una última jornada de carambolas en la que acabar quinto ganando en Belgrado al Partizán. Eliminado ya no va a quedar. [105-104: Narración y estadísticas]
Porque el play-in, objetivo de mínimos, ya está matemáticamente asegurado. Lo que hace tanto no estaba tan claro. Como que Andrés Feliz fuera un base de nivel Euroliga. En el Palacio, entre tanto protagonista de un partido de 209 puntos, el dominicano se mostró a toda Europa. Hezonja anotó 26 puntos, Musa 20, Tavares 15 y nueve rebotes (cinco ofensivos), pero el elemento clave fue él. Nada menos que ante TJ Shorts, ese demonio que a punto estuvo de ponerlo todo (otra vez) patas arriba.
Porque el duelo fue una feria, una verbena en una noche de verano. Llovía fuera y dentro había que frotarse los ojos ante tanto vértigo. El Madrid se vio por momentos desbordado y al poco respondió, prueba de carácter, de que ya no es tan sencillo hacerles temblar. No se descompuso, encontró sus virtudes, Tavares reinó en la pintura en el momento clave y Shorts, que había sido una pesadilla, desapareció, desquiciado ante Campazzo y Feliz, para un triunfo tan trabajado como celebrado.
Que un novato venga con esas ínfulas es una bendición. El París Basketball, con su grupo de jugadores semi desconocidos, con un rookie como Tiago Splitter en el banquillo, ha sido una de las grandes noticias de la presente Euroliga que llegó a liderar. Todo ese baloncesto alegre, ese desenfreno, esa apuesta por el rock and roll, no la iba a dejar de lado ahora que se está jugando el billete para cuartos. Al Palacio, liderado por su pequeño capitán TJ Shorts, acudió a morir o matar con las botas puestas.
Hezonja y TJ Shorts luchan por un balón, en el Palacio.Juanjo MartínEFE
Y el frenesí no se hizo esperar. En un abrir y cerrar de ojos los franceses ya habían asestado seis triples (se fueron con nueve al descanso, llegaron a lucir un 15 de 23). Desde temprano ya un bonito intercambio de golpes, pues el Madrid no se arredró: estaba prevenido.
Chus Mateo metió bien pronto a Hezonja en una batalla que le venía perfecta al croata. También intentó contener al París con esa zona defensiva a la que cada vez recurre más. Pero no funcionó demasiado, porque Ibaka no dominaba el centro (Ward hizo mucho daño), aunque lucía en la ofensiva. Después de un par de broncas y algunos partidos sin ni siquiera ir convocado, el africano, aprovechando la baja de Bruno Fernando, está mostrando su mejor versión, como si hubiera retrocedido unos años su reloj vital. La ovación del Palacio así se lo reconoció.
Con los Brates brillando en anotación, el Madrid se rehízo antes del descanso, una primera parte de fuegos artificiales que Jantunen igualó sobre la bocina. Antes había ya puesto su sello TJ Shorts, curiosamente dejando a cero a quien idolatra. Campazzo guardaba su momento para más adelante.
TJ Shorts, durante el partido contra el Madrid.THOMAS COEXAFP
El pequeño base californiano estaba ya encendido (aunque acabó desquiciado y eliminado por faltas, firmó 24 puntos y 10 asistencias). Volvió de vestuarios imparable, anotando y asistiendo, poniendo en órbita a un París que machacaba desde el perímetro a un Madrid que empezaba a dar signos de flaqueza. Porque cada error era un castigo, sin respiro. El quinto triple de carrerilla encendió las alarmas con la máxima (65-75).
No había mucho margen para la reacción. Era ya o ya y ahí apareció Andrés Feliz, un tipo al que en la previa su entrenador había calificado como "imprescindible". Sin rastro de las dudas (lógicas) con las que arrancó su etapa en el Madrid, el dominicano contrastó con la noche gris de Campazzo y se alió con Musa y Hezonja para espabilar a su equipo.
El comienzo del acto final fue un 10-0. Al poco Campazzo anotó su primera canasta y los triples al París ya no le entraban con tanta facilidad, pero faltaba mucha tela por cortar. Porque Hifi (23 puntos), otro jugadorazo a apuntar en todas las libretas de los grandes de Europa, no estaba dispuesto a tirar la toalla. Un triple de Campazzo y dos acciones geniales de Feliz, en ataque y defensa, dispararon a un Madrid que puso su máxima a falta de tres minutos (96-86). Aunque iba a tener que ganar dos veces, porque el París, irredento, contestó con un 2-10 que llevó el duelo, maravilloso, hasta la disputa del último segundo.
El jueves, en Belgrado, ante un Partizán que perdió en Kaunas y ya no tiene opciones, se decidirá todo para los blancos tras una temporada de vaivenes. Si gana en Belgrado, asegura el playoff salvo que el Efes gane sus dos partidos (este viernes en la cancha del Estrella Roja) y el Barça a la Virtus. Porque el triple empate no les beneficia.
Un aficionado que presenciaba la final de la Liga de Naciones entre España y Portugal murió en Múnich al caer desde la tribuna que se encontraba sobre un sector de la tribuna de prensa, lo que llevó a que los periodistas tuvieran que tomar un camino distinto al habitual para dirigirse a la zona mixta.
El seleccionador español, Luis de la Fuente, al comienzo de su conferencia de prensa tras la derrota ante Portugal, expresó sus condolencias a la familia del aficionado.
"Queremos expresar nuestras condolencias con la familia del aficionado que nos han dicho que ha fallecido. En estos momentos nos damos cuenta de lo que verdad es importante", dijo.
El departamento de prensa de la Federación Portuguesa también ha expresado sus condolencias y posteriormente lo hizo también el seleccionador portugués Roberto Martínez.
El accidente se produjo durante el segundo tiempo de la prórroga. El accidente se produjo cerca de donde estaban las mesas de comentaristas del canal RTL y de la plataforma DZN que transmitían el partido en directo para Alemania.
Un portavoz de la policía de Baviera dijo que actualmente se están interrogando testigos y se están examinado videos de que momento no hay indicios de que pueda tratarse de un crimen.
Sobre la víctima dijo que sólo podía informar que vivía en la ciudad de Garmisch-Pattenkirch y que no se había podido precisar todavía su nacionalidad.
En tierra de catarsis buscó el Madrid el verdadero significado de esta palabra griega: purificación. La encontró a medias, porque la victoria frente al corajudo Olympiacos de Mendilibar cambia la tendencia, pero no cambian las sensaciones, con dos caras distintas, la de la sociedad de la catarsis, Mbappé y Vinicius, y la de la calamidad en defensa, pese a las bajas, con preocupantes desconexiones del equipo que pusieron en riesgo el triunfo. [Narración y estadísticas (3-4)]
Xabi Alonso tiene el mejor y el peor trabajo del mundo. Ya lo sabía, dice, pero ahora lo sabe de otro modo. La condena no la intuyen del mismo modo el reo y su abogado. Líder de la Liga y en el Top 8 de la Champions, reforzada su posición por este triunfo, el técnico no la temía, no por ahora, pero necesitaba cambiar la tendencia en Atenas, después de tres partidos sin ganar, too much en el Madrid.
Esta media catarsis tapa una fuga de agua pero no detiene la lluvia. Deja certezas y dudas que el entrenador no puede obviar. Que el gol es cosa de Mbappé lo tiene claro. Que la determinación es cosa de Vinicius es conveniente que lo asuma, porque habrá más catarsis, y no precisamente a la griega, sino más difíciles. Las dudas nacen de la pérdida de control, con dos remontes de Olympiacos y dos remates en una isla desierta que exigen trabajo, más allá de las ausencias, y ese sí es trabajo de entrenador.
La boya del centro del campo
La determinación de Vinicius fue colosal desde el salto al campo, aunque un salto inicial en el que no tuvo el acompañamiento de los suyos, erráticos, incómodos por la presión alta del rival. Es una seña de identidad de Mendilibar, de pierna dura y duelos a fuego. Le dio resultado en el arranque y en el desenlace, aunque en el ecuador dejó un páramo atrás cuando sus jugadores erraban y no llegaban a tiempo en el repliegue, lo que en ocasiones obligaba a Tzolakis, su portero, a adelantarse al centro del campo. En ese contexto, Vini era como un guepardo en el Serengueti.
Xabi Alonso recuperó a una pieza clave para lo que desea en el Madrid. Se trata de Tchouaméni, la boya de su centro del campo. Las bajas en defensa, a las que unió la de Courtois, podían llevar al Madrid al centro de la defensa, como había ocurrido en el pasado con Ancelotti, pero el técnico tolosarra prefirió mantener a su mediocentro y mover a Carreras hacia el centro y colocar a Mendy como titular. Las maniobras implicaban riesgos, acrecentados por las debilidades defensivas de Trent en la derecha. De momento, sabemos de su buen pie como asistente. Hace falta más para hacerse con la banda derecha del Bernabéu. Mucho más.
En las dudas iniciales que generaban las mutaciones y los antecedentes, supo pescar Olympiacos, simple pero eficaz. Primero con lanzamientos largos de su portero para buscar la presión arriba y tener opciones sin necesidad de elaborar, dado que su calidad es muy inferior a la del Madrid. Al final, con centros que no encontraron oposición en una defensa de blandiblue.
Vinicius pugna por un balón con Retsos.AFP
El gol local nació de esa presión, pero, en cambio, maduró en una acción combinativa de gran precisión, coronada con el disparo de Chinquinho, seco, sin dar tiempo a los reflejos de Lunin. Ese tanto en un día difícil no destempló al ucraniano, firme frente a otro disparo del mismo jugador en un momento crítico.
A la belleza de la jugada le había acompañado la candidez de los defensores del Madrid, poco intensos, contemplativos. Ese Madrid era el Madrid de los últimos partidos y de los peores presagios. Vinicius, sin embargo, había decidido ser el Vinicius que se espera, no el que se reprocha. Ya lo hizo en el disparate de Elche cuando saltó al terreno de juego desde el banco, pero sin tiempo ni compañía. En Atenas las tenía.
'Hat-trick' exprés
El brasileño corrió, se desmarcó y pasó, todos menos marcar en un día en el que lo marcó todo Mbappé. No le pesó, al contrario. Para empezar, aprovechó una recuperación, con todo Olympiacos volcado, para lanzar en el espacio a Mbappé, como gusta al francés. Al primer disparo, gol. Hasta cuatro veces, tantas como goles marcó el Madrid, respondió con la misma frialdad y eficacia. No hay otro goleador igual en el mano a mano. En siete minutos había marcado tres goles, un hat-trick exprés, el más rápido de su carrera. En el segundo tiempo añadió el cuarto tanto, asistido también por Vini.
La catarsis parecía completa, y eso creyó también Xabi Alonso, que llevó a Tchouaméni a la defensa, retiró a Asencio e introdujo a Bellingham, suplente por unas presuntas molestias. El equipo, que ya había vuelto a las dudas para permitir a Taremi apretar una vez el marcador, se cayó del todo. El Kaabi volvió a marcar de cabeza para hacer peligrar el esfuerzo de la sociedad de la catarsis.