El Real Madrid se estrenará en la Copa del Rey ante el CD Talavera mientras que el FC Barcelona tendrá que viajar al Pedro Escartín para enfrentarse al CD Guadalajara, dos equipos de Primera RFEF. Se trata de dos enfrentamientos que inéditos en el fútbol español.
El Atlético se medirá al Atlético Baleares, una eliminatoria que tampoco se ha dado nunca en la Copa del Rey y que cayó como un premio para este equipo de Segunda RFEF. Al Ourense, el otro equipo de la cuarta categoría que estaba en el sorteo tras dejar en el camino a dos Primeras, Oviedo y Girona, se enfrentará al Athletic.
El resto de eliminatorias serán: Real Murcia-Betis; Eldense-Real Sociedad; Burgos-Getafe; Cultural Leonesa-Levante; Eibar-Elche; Deportivo-Mallorca; Racing-Villarreal; Sporting-Valencia; Huesca-Osasuna; Granada-Rayo; Albacete-Celta y Alavés-Sevilla.
Esta ronda de 1/16 de la Copa del Rey se disputará entre el próximo martes 16 y el jueves 18 de diciembre, a partido único, en el campo del equipo de inferior de categoría y sin VAR. La eliminatoria entre el Granada y el Rayo, que en esos días jugará ronda de la Conference League, se jugará el 6 de enero.
«Nunca pensé que llegaría al fútbol francés». Sincero y directo. Así se presentó Luis Enrique en París en julio de 2023. Si alguien torció el gesto al escucharlo, hoy pensará por qué el PSG no le llamó antes. El asturiano ha conquistado París y ha hecho creer al club, a sus aficionados y a sus propios jugadores que, ahora sí, pueden ganar la primera Champions esta noche en Múnich ante el Inter.
«Desde el primer día la intención era hacer historia y estamos en condición de lograrlo», explicaba hace unos días el técnico, que sí sabe lo que es ganarla porque lo hizo con el Barça de Messi, Suárez y Neymar en 2015 ante la Juventus. Sin embargo, este proyecto es diferente a aquel en Barcelona y al que han impulsado durante una década los dueños del PSG, Qatar Sport Investiment (QSI), con Nasser Al-Khelaifi a la cabeza. Hoy, han aprendido que no se trata de acumular estrellas, sino de construir un equipo.
«Hemos tenido que ir gestionando perfiles de jugadores, que construir. Tenemos futbolistas de mucha calidad, de alto nivel, pero con mentalidad de equipo», confiesa el entrenador, que no duda en lanzar órdagos propios de su arrolladora personalidad, que puede generar tanta afinidad como rechazo: «Estamos preparados para todo».
Casi dos años después de encerrarse durante los primeros meses en la Poissy y sin saber ni una palabra de francés, el PSG refleja lo que buscaba Luis Enrique. «Tenía un plan clarísimo», cuentan quienes le rodean. Ha amoldado un entorno con muchas posibilidades económicas a su idea. Ha conseguido desde lo más sencillo, una grúa elevadora desde donde controlar los entrenamientos desde las alturas sin necesidad de andamio, al fichaje de futbolistas que, sin ser ya megaestrellas, apuntan a ello. Pero al ex seleccionador nacional no le vale sólo ganar, quiere sembrar. «Que se sientan atraídos por cómo jugamos no sólo los aficionados del PSG, sino cualquiera», advierte.
Sin el peso de Mbappé
En ese reconstrucción, el aparejador que se ha convertido en pieza clave es el director deportivo con el que llegó de la mano: Luis Campos. Cogieron las riendas no sólo para llevar al equipo a ganar dos ligas y la Copa de Francia, sino para reestructurar un vestuario que andaba descompensado. El peso de Mbappé lastraba, como reconoció sin tapujos en un documental el propio Luis Enrique: «El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería, implica que hay situaciones del juego que no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción», aseguraba sin medir sus palabras.
La salida del delantero al Real Madrid ha permitido la transición de un grupo en el que ha integrado el fichaje de jugadores convertidos en esenciales en su once y que han arrastrado a los demás a la fe de Lucho. «Nos dijo que sin Kylian meteríamos más goles y creo que no se ha equivocado», reconocía Zaïre-Emery. Han sido 138 en todas las competiciones frente a los 120 de la pasada campaña, cuando Mbappé marcó 44. La estrella goleadora ha sido Dembélé, con 33 goles, despertado en el arranque de 2025, justo cuando lo hizo todo el grupo, porque el inicio de campaña no fue fácil.
El asturiano observa a sus jugadores en el Allianz.L. BRUNOAP
El equipo se bloqueó en efectividad y marcó uno de los peores datos de Europa, lejos de lo que se esperaba una plantilla como la del PSG. Derrotas en Champions que dolieron como ante el Atlético y el Liverpool, y un trabajo que consistió en «recuperar la confianza generando hábitos de juego».
A eso se sumó el factor generosidad de un grupo que se destapó como solidario. Luis Enrique había buscado en el mercado el talento en jugadores de menos de 25 años con tanta calidad como hambre. El portugués Joao Neves, la perla francesa Douré o el ecuatoriano William Pacho, por el que se arqueó la ceja en las gradas cuando se pagaron 40 millones por su llegada. Sin protagonismos excesivos, ensamblaron, y a ellos se sumó en enero la guinda: el georgiano Kvaratskhelia. En total una inversión de 220 millones pero con mucho crecimiento. «He visto esta temporada todo lo que quería mejorar. Me he maravillado», confesaba Luis Enrique hace unos días, con la mirada ya puesta en la final de esta noche.
La bandera de Xana
Quizá por eso a mitad de enero el asturiano se atrevió a verbalizar un sueño que va incluso un poco más allá de hacer historia en el fútbol francés. «Recuerdo una foto que tengo increíble con mi hija en la final de la Champions en Berlín, después de ganar, clavando una bandera del FC Barcelona al campo. Tengo el deseo de poder hacer lo mismo con el PSG. No estará mi hija, no estará físicamente, pero estará espiritualmente, y eso para mí es muy importante», contó el entrenador sobre Xana, de donde nace parte de su fuerza.
Contará con la ayuda de estos jugadores jóvenes a los que Luis Enrique ha inoculado o estimulado el gen ganador. Estarán sobre el césped cuando arranque el partido en el Allianz Arena y muchos lo harán por primera vez en sus carreras. En una final de Champions sólo tienen experiencia Lucas Hernández y Marquinhos. Los dos en la misma: en Lisboa en 2020. El francés la ganó con el Bayern y el brasileño, único superviviente que sigue en el PSG, la perdió abriendo una herida que no cicatrizado. Han sido semifinales en las que se ha tropezado una temporada tras otra pese a la inversión de más 2.000 millones en fichajes. La Champions es la desea y si Luis Enrique la consigue, conquistará París.
«Tienes que perder para luego ganar/ Y aun sin ver, creer». Son estos versos y la voz de la fadista Mariza lo que ha inspirado a Roberto Martínez (Balaguer, 1973) para meterse a todo Portugal en el bolsillo. En apenas un año y medio, el primer entrenador de habla no portuguesa que dirige a la selección lusa se ha ganado al país y a los jugadores. De Cristiano Ronaldo al jovencísimo Joao Neves, a quienes ha traído a Alemania como única selección invicta en la clasificación, con diez victorias, 39 goles a favor y sólo dos en contra. «Hay que soñar muy alto. Vamos a crear recuerdos», se impone como reto el español.
La mirada está en volver a ganar un título que los lusos ya levantaron en 2016 antes del adiós de una «generación superlativa». El técnico español se perdía por los pasillos de la Casa dos Atletas de Federación Portuguesa los primeros meses, pero su plan estaba claro: se lanzó a conocer la estructura futbolística de un país de sólo 10 millones de habitantes, pero productor de tanto talento que tiene a 71 futbolistas en equipos Champions.
En su primera lista apuntó 200 jugadores, que después recortó a 90 y luego a 52 que monitorizó para hacer más fácil la criba de 20 y tres porteros que necesitaba para esta Eurocopa. El idioma del fútbol lo dominaba después de una larga experiencia en la Premier y con Bélgica. Pero sentía que necesitaba más. «Me gusta empaparme de la cultura y la forma de vida del país», confiesa siempre. Por eso se trasladó con su familia a Lisboa y comenzó clases de portugués, una lengua que se esforzó en dominar. La primera sonrisa de complacencia se la sacó a su afición entonando La Portuguesa, el himno nacional, en su primer partido en el banquillo.
Después ha sido capaz hasta de participar en la gala de los Premios de la Música Portuguesa, precisamente junto a Mariza, y de ser actor principal en el vídeo promocional de selección para la Euro. Roberto Martínez es una estrella que, además, ha conseguido la mejor versión de un equipo resquebrajado tras el Mundial.
«Trabajo, respecto y honestidad» es lo que pide y lo que se ha ganado de unos futbolistas a los que empezó por curar. «Cuando un entrenador no controla las emociones, no puede controlar el juego ni dar soluciones tácticas», advierte el catalán.
Su Portugal tiene un repertorio que explota las capacidades no sólo de Cristiano Ronaldo, reconvertido a sus 39 años en delantero y domesticado en trato, sino de toda la pléyade de estrellas que concentra y a las que convenció con charlas uno a uno por todo el mundo. «Portugal tiene la misma exigencia que un club grande y le va bien tener jugadores tan exigidos, por ejemplo, en la Premier», admite el seleccionador pensando especialmente en dos de sus líderes, Bruno Fernández y Bernardo Silva. Pero quiere más.
Cristiano Ronaldo y Pepe, durante un entrenamiento.M. A. LOPESEFE
A ellos encomienda el juego, en el que tendrá papel Joao Neves a sus 19 años e incluso Joao Félix, de quien espera su mejor versión. «Ellos nos van a abrir espacios y las estructuras defensivas que casi todos los rivales proponen en el fútbol moderno», reflexiona.
Cristiano, sin privilegios
A Cristiano y a Pepe, los dos 'cuarentones, les da el mando en el vestuario. «Tienen una experiencia y una forma de trabajar contagiosa». A Ronaldo incluso lo ha amansado e integrado en grupo, restándole poder para vivir al margen y rodeado de su corte, pero dándole los galones que le motivan. Incluso le ha inventado un papel distinto en el once titular que ya tramó con él en Riad su primera visita hace meses. «Llegamos al último tercio del campo con facilidad y tener tres puntas de lanza es nuestra idea. Cristiano es un jugador que queremos en el área por su potencia, su disparo e incluso su juego aéreo», advierte.
El arma que pretende explotar en esta Eurocopa, donde se encontrará con la República Checa, Georgia y Turquía, es una desconcertante flexibilidad táctica. Nadie sabe cómo jugará Portugal. «Queremos provocar la duda en los rivales», confiesa. «Puede hacerlo porque los jugadores han sido muy receptivos a esa conversación táctica. Han visto que les da un plus a su competitividad. Además, él es capaz de ver claras las soluciones que aparecen durante un partido», comenta el entorno del técnico.
En la clasificación ha tenido pocos partidos complicados y sabe que ahora es el momento «de crecer». El único entrenador español junto a De la Fuente no quiere pensar más allá. Aunque en su contrato marque que las semifinales son el objetivo, no parece posible que Portugal le abra la puerta a quien que se ha anudado su bandera al cuello.
Cuatro partidos lleva Sonia Bermúdez al frente de España, un título y las primeras sensaciones de hacia dónde intentará hacer crecer a un equipo campeón del Mundo, subcampeón de Europa y dos veces ganador de la Nations League. El reto puede no ser fácil, pero la seleccionadora, nada amiga de dar pistas a sus rivales, ya empieza a dejar algunas referencias.
Su debut ha sido ante rivales complicados como Suecia y Alemania, y a los dos ha conseguido golear. Las suecas se llevaron cuatro goles en Málaga y uno más en Gotemburgo, mientras que las germanas plantaron cara en la ida de la final, pero no aguantaron en el Metropolitano y salieron con tres goles. Este balance, además de hacer a España cumplir con el ilusionante objetivo de volver a ser campeona, se cierra con algo que la entrenadora buscaba: hacer una España más sólida en defensa, que no solo dependa de un ataque letal.
"Estoy encantada de haber dejado la portería a cero. El equipo ha sabido sufrir y ha sacado su mejor versión en fase defensiva. Es de alabar el trabajo que hemos hecho ante dos grandes selecciones", aseguraba anoche, con la medalla de campeona al cuello.
Y es que la seleccionadora tiene muy claro hacia dónde puede hacer crecer a sus jugadoras: "Si logramos ser fuertes a nivel defensivo, luego tenemos mucho talento para hacer goles. Queríamos potenciar eso desde que llegamos", desveló. A la vista de los datos, lo han conseguido, porque España acaba esta fase final con ocho goles a favor y con la portería imbatida.
Con la vista puesta ya en la clasificación para el Mundial de Brasil 2027, Los automatismos defensivos se pueden trabajar, pero el talento ha de ser innato, y España lo tiene. Está en las botas de Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Mariona o Esther, pero ya tiene relevo generacional en jugadoras que han eclosionado en el último año. Es el caso de las dos goleadoras de la final: Clàudia Pina y Vicky López.
Pina debutó con España en 2018, con 17 años, pero no fue hasta finales de 2024 cuando se asentó. Comenzó a crecer en el Barça y en la selección de manera paralela hasta convertirse en una goleadora imprescindible. De hecho, en esta Nations, con 24 años, ha vivido un idilio con el gol y solo en la fase final ha marcado cuatro, la mitad del total.
Sobre la catalana construirá futuro Sonia Bermúdez, como también sobre Vicky López, que con 19 años deslumbró en la Eurocopa y se llevó el Trofeo Kopa. Su debut con España a los 17 la convirtió en la jugadora más joven en jugar con España. Ocurrió porque Montse Tomé la hizo saltar al campo en la final de la Nations League en Sevilla contra Francia y se proclamó campeona. Desde entonces, no ha salido de las convocatorias salvo por lesión.
Tanto en la Eurocopa como en la final ante Alemania, cargó con el peso de jugar como titular por la baja de Aitana, y consiguió que nadie echara de menos a la triple Balón de Oro. "Tiene una personalidad extraordinaria", reconocía la seleccionadora.
Pina y Vicky son dos futbolistas asentadas, pero hay más en los planes de Sonia Bermúdez. Alguno pasa por el protagonismo de Laia Aleixandri, que ha vuelto al centro del campo de manera "soberbia", según su entrenadora, en este torneo. La baja de Patri Guijarro le ha abierto las puertas de una posición que conoce de sobra y en la que tendrá que asentarse porque viene mordiendo los tobillos el futuro: Clara Serrajordi. A sus 18 años recién cumplidos, apenas jugó unos minutos ante Suecia, pero la seleccionadora quiere tenerla cerca porque sus cualidades son inmejorables.
Lo mismo ocurre con Eunate Astralaga, la guardameta de 20 años del Eibar. Con Cata Coll afianzadísima en la portería, y Adriana Nanclares como relevo, Astralaga asoma con pausa, pero la absoluta es el lugar donde va a vivir porque se le augura un futuro brillante.