Los problemas vividos en Singapur y los previsibles en Suzuka evidencian el conflicto entre Liberty Media y la FIA, un ejemplo más del delicado equilibrio entre espectáculo y seguridad.
Carlos Sainz, con el SF-75, durante los libres del viernes en Suzuka.EFE
El 6 de noviembre de 1994, Damon Hill completó bajo el diluvio de Suzuka una de las mayores heroicidades en la historia de la F1, que él mismo describe en su autobiografía –Watching the wheels (Macmillan, 2016)- como “un fenómeno paranormal”, ya que
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GP de Bélgica
MIGUEL A. HERGUEDAS
Enviado especial
@herguedas
Spa
Actualizado Domingo,
30
julio
2023
-
01:06Ver 9 comentariosEl líder de Aston Martin admite su...
Más de 150.000 aficionados suspiraban en Silverstone por una pole de Lando Norris o Lewis Hamilton. El joven aspirante al título llegaba con la inercia ganadora del pasado domingo en Austria y el heptacampeón había encontrado al fin una dosis de velocidad y confianza al volante del Ferrari. Sin embargo, nadie pudo detener este sábado a Max Verstappen, autor de su tercera pole en el GP de Gran Bretaña (1:24.892), la cuarta del Mundial 2025, con 103 milésimas sobre Oscar Piastri, líder del campeonato, y 118 ante Norris. Con todos pendientes de McLaren y Ferrari, Mad Max dio la campanada al volante del Red Bull. Y nada más quitarse el casco, con una pícara sonrisilla, dijo que todo se debía al viento favorable. Para partirse de risa.
Tras el primer intento de la Q3, Piastri comandaba la tabla, con 13 centésimas sobre Hamilton y 17 sobre Norris. Cuando la pole debía diludidarse entre ellos surgió Verstappen, que venía de ceder 272 milésimas y casi medio segundo en la Q2. Sólo seis después de su abandono en el Red Bull Ring, que parecía descartarle para un quinto título, Verstappen deleitó a la F1 su otra muestra de su incomensurable talento. Nadie sabe extraer tanto del coche, ni optimiza mejor los recursos en el momento definitivo.
Cada semana, el año de Verstappen guarda más semejanzas con el Mundial 2012 de Fernando Alonso. No terminan ahí los parecidos, dado que el asturiano volvió a colocar a Aston Martin entre los mejores. Esta vez marcó el noveno tiempo (1:25.621), aunque saldrá séptimo en la parrilla por las sanciones a Andrea Kimi Antonelli y Oliver Bearman. Poco se pudo objetar a la qualy de Alonso, salvo esa vuelta postrera, donde aún podía haberse dado el gusto de superar a los dos rookies.
Dura sanción a Bearman
El objetivo de Alonso pasaba por alcanzar la Q3 con tres juegos de blandos. Su intento inicial (1:25.707) sólo palideció ante los cuatro favoritos. Con los McLaren y Verstappen en 85 milésimas y Russell a cuatro décimas de la cabeza, el ovetense sólo cedía siete centésimas frente a George Russell. Y no perdió la oportunidad de denunciar una obstaculización de Antonelli.
Ferrari, en problemas hasta entonces, sacó la cabeza durante el segundo intento de la Q2, colocando a Hamilton y Charles Leclerc en cabeza. Nunca se puede dar por muerto al heptacampeón en un circuito donde atesora siete poles. El monegasco, por su parte, parecía herido en el orgullo después de que le anotaran un incidente bajo banderas amarillas. A la meteórica mejora de los coches rojos hubo que añadir las sorpresas de Bearman y Pierre Gasly.
Nadie contaba con el novato de Haas, penalizado en la FP3 con 10 posiciones en la parrilla tras un choque en el pit lane bajo bandera roja. Tampoco entraba en los pronósticos esa vuelta postrera del líder de Alpine. De modo que Williams quedó de nuevo como el principal damnificado. El FW47 rendía muy bien en el primer sector, aunque ni Carlos Sainz ni Alex Albon lograron reconducir el rumbo. Al menos, el madrileño podrá partir décimo, beneficiado por la penalización a Bearman. La lucha por los puntos ante Yuki Tsunoda o Isack Hadjar se antoja atroz para los pilotos de James Vowles.
Otro revés para Colapinto
A seis minutos para el final de la Q1, Franco Colapinto protagonizó otro de esos errores que pueden precipitar su adiós prematuro en Alpine. Un trompo a la entrada de la recta de meta cuando rodaba penúltimo. Por entonces, Alonso marcaba un crono (1:26.108) únicamente inferior a Piastri y Verstappen. Las condiciones del asfalto, bajo una llovizna casi imperceptible, se antojaban ideales para el asturiano. No para Lance Stroll, eliminado por cuarta vez consecutiva en la primera criba.
Sainz salvó la papeleta, con récord incluido del primer sector, mientras Gasly dejaba fuera a Liam Lawson. Un paso atrás para el neozelandés, que desde el viernes venía mostrando una considerable velocidad con su Racing Bulls. Con 19 pilotos empaquetados en menos de siete décimas, nada pudo darse por seguro. La eliminación de ambos Sauber, el equipo que más venía mejorando desde Montmeló, bien pudo dar fe de ello.
Aún no se ha cumplido un año desde su regreso a la F1, pero Flavio Briatore ya ha logrado sobradamente su objetivo. No se trata de un gesto ante sus rivales con el que redimirse de su sanción de por vida, ni de un logro deportivo en Alpine, que tras cinco carreras sigue instalado en la instrascendencia. A los 75 años, Briatore se ha erigido otra vez como una de las figuras más carismáticas del Gran Circo gracias a sus manejos con Franco Colapinto, piloto reserva de Alpine, cuyo nombre sobrevuela cada fin de semana como un fantasma.
El pasado junio, Briatore fue nombrado asesor ejecutivo de Alpine, aunque desde entonces nadie duda de que su autoridad va más allá del cargo. El primero en saberlo es Oliver Oakes, team principal de la escudería francesa, con quien mantiene un pulso por el control absoluto de lo que sucede sobre el asfalto. El pasado verano, Briatore le nombró, con sólo 36 años, como jefe del equipo, el segundo más joven en la historia de la F1. Ahora el británico debe lidiar con quien le ha colocado en el cargo. Un desafío inmenso para alguien que siempre ha huido de la grandilocuencia.
En voz baja, Oakes trata de acallar a quienes le consideran una simple marioneta. No resulta sencillo reconducir la situación de Alpine, penúltimo del Mundial tras puntuar sólo en una de las cinco primeras carreras. Briatore, mientras tanto, actúa por su cuenta y riesgo. Al poco de iniciar su mandato ya propuso a Luca de Meo, CEO del grupo Renault, una medida que caería como una bomba. El adiós definitivo a los motores Renault y a la fábrica de Viry-Chatillon suponía un alivio económico para el equipo, pero también multiplicaba los rumores sobre una hipotética venta. Y en mitad de ese clima de confusión, los comisionistas suelen moverse como pez en el agua.
"Cambiando todo por completo"
"Prometí a De Meo formar un equipo ganador en tres años", confesó Briatore el pasado diciembre, sólo cuatro semanas después del doble podio de Pierre Gasly y Esteban Ocon en Interlagos. "Estamos cambiando todo por completo", añadió con su incendiaria retórica. Sin embargo, poco o nada se sabe de sus movimientos estratégicos, salvo que a partir de 2026, el motor y las cajas de cambio de Alpine serán suministrados por Mercedes. De momento, el objetivo prioritario de Briatore se centra en Colapinto, a quien ha acogido en su seno como en su momento hizo con Michael Schumacher o Fernando Alonso.
Durante la segunda mitad del Mundial 2024, el argentino acaparó la atención en Williams. No sólo por su fantástico papel en Bakú y Austin, donde cazó cinco puntos, sino por sus groseros errores en Singapur y Las Vegas. Colapinto suponía un objetivo demasiado goloso para Briatore. En primer lugar, por su indiscutible talento y por toda la fiebre que arrastraba consigo. Con Sergio Pérez fuera de la parrilla, Colapinto tomaría el relevo en el mercado iberoamericano.
Además, el entorno del piloto, representado por la española María Catarineu y su esposo Jamie Campbell-Walter, ambos al frente de Bullet Sports Management, resultaba fácilmente sugestionable. También Aníbal, el padre, que tantas dificultades económicas debió hacer frente desde el debut de Franco en la F4 española. Tas intentar seducir a Carlos Sainz, que finalmente optaría por Williams, Briatore se lanzó a degüello a por Colapinto. El inconveniente, claro, es que Alpine ya tenía ocupados sus asientos.
Doohan, al volante del A525, el sábado en Miami.AP
En Abu Dhabi, Jack Doohan ya había tomado el relevo de Ocon. Muchos en el paddock seguían mirando al australiano como el hijo del tetracampeón de 500 cc (1994-98), así que Briatore empezó a jugar sus bazas. De pronto surgieron los rumores de que Doohan sólo aguantaría cinco carreras del Mundial 2025. Ese plazo se ha cumplido este fin de semana en Miami, donde Doohan fue víctima el viernes de un lamentable error. "Ha sido un chiste", lamentó tras ser liberado a destiempo y no poder completar siquiera su vuelta en la SQ1.
El mediocre rendimiento de Doohan, que sólo dejó algún destello en el GP de Australia, añade gasolina al debate. En las horas previas a su aterrizaje en Florida, otras filtraciones más o menos interesadas apuntaron a que sólo seguía formando pareja con Gasly gracias al apoyo de un patrocinador, que había puesto sobre la mesa 10 millones de euros. Mientras, Horacio Marín, presidente del gigante petrolero argentino YPF, deslizaba ante un micrófono accidentalmente abierto que Colapinto se subirá al A525 dentro de un par de semanas en Imola.
Todos estos enredos deben entenderse como minucias para Briatore, el tiburón de los negocios que hizo lo imposible para arrebatar a Schumacher al equipo Jordan, que fue castigado de por vida por el Crashgate, el mayor escándalo de la historia de la F1. y que no dudó en airear los escarceos amorosos de Jenson Button para colocar en su puesto a Alonso. Más de dos décadas después, el asturiano sigue confiando en él como su agente.