Un informe pionero define las 10 recomendaciones para reducir las emisiones en el sector de cara a impulsar un cambio en el sector, movilizar a todos los actores involucrados y orientar a las Administraciones Públicas.
Todo en torno a Ayrton Senna se había ensombrecido la víspera de aquel 1 de mayo de 1994. Una tristeza sobrevolaba su expresión melancólica, que siempre se consideró una suerte de marca de fábrica en él. Del asfalto de Imola a su habitación en el hotel de Castel San Pietro. La cena en la Trattoria Romagnola, una foto para la joven pareja que celebraba en el restaurante del hotel Castello mientras él intentaba ahuyentar, de algún modo, aquellas nubes. Un compañero muerto unas horas antes, Roland Ratzenberger, y un amigo vivo de milagro, Rubens Barrichello, tras una violenta salida de pista el viernes.
Dos visitas en dos días al centro médico para intentar digerir el lado más amargo de las carreras. Y bofetadas no sólo para él. La última muerte en un fin de semana se remontaba a Riccardo Paletti, 12 años atrás. Suficiente para pensar que era mejor dejarlo todo. Una hipótesis débil, ya superada. O para escuchar a Sid Watkins, director médico de la F1, que le sugería parar: "Has ganado tres Mundiales, eres el mejor. No necesitas arriesgar más. Vámonos lejos, vayamos a pescar".
Es hermoso y conmovedor imaginar que, por un momento, sólo uno, Ayrton estuvo tentado de seguir aquel consejo, tan insólito, tan precioso. Pero al detenerse no pudo, no quiso. Michael Schumacher había ganado las dos primeras carreras del año, mientras él no sumaba ninguna victoria. Y no sólo eso. Aquel alemán, un animal competitivo similar a él, conducía un monoplaza irregular. Estaba seguro de ello, se había dado cuenta en Japón días antes, a pie de pista investigando el sonido producido por el control de tracción. Un dispositivo prohibido.
"Como una silla eléctrica"
Sí, pero ganar no era fácil. Había perseguido ese Williams durante mucho tiempo, su objetivo era igualar a Alain Prost, su pesadilla, su doble durante cuatro Mundiales. Prost se había retirado. Sin él había menos diversión. Era como perder un cómplice, el mejor compañero de juegos. Además, su Williams le atormentaba. "Era como estar en una silla eléctrica". Incómodo, caprichoso, difícil de manejar.
Lo habían modificado, corregido, hasta reducir la columna de dirección para hacer sitio a las manos en el volante. Correría, sin duda. Escondería la bandera austriaca en el cockpit, para ondearla en homenaje a Ratzenberger durante la vuelta de honor. Respira hondo. Tal vez. Ayrton, qué lucha. Se necesitaba más para encontrar la paz.
Por primera vez estaba en medio de un conflicto familiar. La razón: Adriane, su compañera, su amor. Considerada por su padre y su madre una oportunista, una amenaza a la que alejar. Hasta el punto de tener su teléfono intervenido. Así lo atestiguan las cintas entregadas en Castel San Pietro por Leonardo, el hermano de Ayrton, la noche del 30 de abril. Una afrenta, una provocación. Después de la que de Ayrton, haciéndose una foto con su mujer en la finca familiar, a las afueras de San Paolo.
El Williams FW16, el último de Senna, exhibido en Turín.EFE
Hasta aquí habían llegado. Se alojaba en la casa que había comprado en el Algarve con Adriane, lejos de Angra dos Reis, su rincón de los afectos más queridos. La ira suavizada por la pena, aniquilada por la culpa. A sus padres les tenía cariño, les estaba agradecido. Había mantenido correspondencia, había sido estricto, disciplinado como se requiere de un hijo talentoso y exitoso. Sin embargo...
La Biblia en la mesilla de noche. Dios siempre podía ofrecer consuelo, respuestas, absolución. Una llamada telefónica a Adriane. Una visita a Frank Williams, en la habitación de abajo. El pensamiento de la fundación ahora en marcha. Niños, chicos jóvenes a los que acompañar hacia una primera y verdadera oportunidad. Había sido una obsesión, y se estaba convirtiendo en un consuelo. El contrato con Audi para importar coches a Brasil. Lo había cerrado descubriendo que podía manejarse como gerente, lo que insinuaba alguna vaga hipótesis de futuro.
Tenía que dormir. Observó. Reflexionó. Como nos ocurre a todos cuando las nubes oscurecen nuestro cielo. Un hilo de ternura, aquí, para ganar una noche de tranquilidad. Si fue la última, no importa. Ayrton ciertamente no lo sabía.
El pasado 9 de marzo, Nerea Martí (Albalat dels Sorells, 2002) conquistó en Jeddah el primer podio del año para Campos Racing. Un prometedor arranque para la piloto valenciana, única representante española en la F1 Academy, el campeonato donde 15 mujeres pelean por los requisitos mínimos para conducir, algún día, un Fórmula 1. El camino hacia la cima se antoja muy escarpado, porque la campeona sumará 10 puntos y la Superlicencia requiere 40. Sin embargo, tras muchos años peleando en un mundo de hombres, Martí tampoco va a rendirse ahora. "Nos han dado muchas oportunidades y creo que sólo es cuestión de tiempo que una mujer llegue a la F1".
Nerea atiende a EL MUNDO unos días antes de su viaje a Miami, la segunda cita de un campeonato de siete rondas. En su voz se mezclan una tenacidad de fajadora con algunas notas de descarnado realismo. "A veces, con el talento no es suficiente, porque también hace falta el respaldo económico. Sin dinero no vas a ningún lado. En mi caso, con mis propios medios no podría competir y todos los años tengo que seguir buscándome la vida para encontrar patrocinadores", constata. Este año, el apoyo de Tommy Hilfiger, la marca que ha vestido a Lewis Hamilton o George Russell, supone un fantástico aval.
La mera subsistencia implica todo un desafío en la F1 Academy, una categoría nacida en 2023 sobre las cenizas de las W Series. Bajo los auspicios de Susie Wolff, mujer del team principal de Mercedes, el objetivo prioritario fue recaudar fondos y evitar otro desplome financiero como el que había liquidado el tramo final de las W Series en 2022. Su formato se asemejaría a la F4, con 15 participantes al volante del mismo coche (Tatuus F4-T421), propulsado con un motor de cuatro cilindros y 165 CV. Para gozo del automovilismo español, Marta García se proclamó campeona con los colores de Prema Racing. Martí, como en 2021, su año de debut en las W Series, acabó cuarta en la general, con una victoria (Le Castellet) y una pole (Cheste).
Gimnasio y simulador
"Vamos en la dirección correcta, porque todo el mundo está apoyándonos y ayudándonos. Este año se ha dado otro gran salto de calidad. Nos están dando formación, visibilidad y unas oportunidades que hacen falta para que en un futuro podamos llegar bien preparadas", analiza. Y ese proceso de aprendizaje se traslada a su día a día en un Centro de Alto Rendimiento en Valencia. "Hacemos un poco de todo, tanto física como mentalmente. Trabajamos con cardio en el tren superior e inferior, pero también ejercitamos, de forma específica, los músculos del cuello", detalla. Por supuesto, el esfuerzo se compagina con la preparación en el simulador de Campos Racing.
La fiebre por el motor de Nerea se fijó en la infancia gracias a algunos "documentales sobre Ayrton Senna", su propia obstinación y el entusiasmo de su familia. "No conocíamos nada del mundo, no teníamos contactos, no teníamos nada. Pero de tanto dar por saco abrieron un pequeño equipo sólo para mí", recuerda sobre la influencia de Miguel, su padre, y Carlos, su tío, en sus primeros pasos en el karting. Desde su debut a los 14 años ha competido rodeada de hombres. Y se ha labrado un hueco pese a las dificultades.
"Corrí contra chicos desde el inicio y nunca tuve ningún problema para enfrentarme con ellos. He sido una más en pista. Incluso he ganado carreras. No he tenido ningún tipo de problema. Al contrario. También he sabido ganarme el respeto desde el primer momento. Siempre he competido como si fuera una más con el mismo objetivo que todos, que es ganar", desgrana. A esa naturalidad no agrega ningún matiz reivindicativo, como el de otras compañeras, con Cristina Gutiérrez, flamante campeona del Dakar en la categoría Challenger, al frente.
Martí, el pasado marzo en Jeddah.CAMPOS RACING
"No compito para cambiar el pensamiento de nadie. Cada uno tiene sus ideas. Yo corro por mí, por mis éxitos, por mi futuro y por mis sueños. Si durante ese trayecto consigo que algunas personas cambien de opinión, perfecto, pero cada uno es libre de pensar lo que quiera", sostiene. De hecho, a su último podio en Arabia Saudí tampoco le añade ningún valor simbólico. "Cuando entro en un circuito me concentro en lo mío y me olvido un poco del resto. Pero sí que es verdad que este año había más mujeres. Compartimos un rato con un equipo de baloncesto femenino de allí, así que muy bien por ese lado", subraya.
La insólita penalización a Doriane Pin, por seguir a fondo tras la bandera a cuadros, valió el tercer escalón del podio en Jeddah. Un buen presagio para las 12 carreras de 2024, repartidas en dobles sesiones en Miami, Montmeló, Zandvoort, Singapur, Qatar y Abu Dhabi. ¿Dónde veremos, pues, a la mejor Nerea? "Soy muy constante en la preparación y eso hace que también lo sea en la pista. En los circuitos muy técnicos soy rápida. Mi punto débil quizá sea la primera vuelta, pero he estado trabajando mucho y voy a más". No hay mejor receta que el optimismo para encarar el futuro. Aunque sea con los pies en el suelo. "Tengo que seguir trabajando porque cada año es una aventura. Hay que crear nuevas oportunidades para seguir en este deporte tan difícil y bonito a la vez".
Desde el pasado jueves, disfrutar de un paseo por el Sena o cruzar de un lado a otro del río por alguno de los puentes, a pie o en coche, es un desafío gigantesco. La semana pasada se activó el perímetro de protección antiterrorista en París de cara a los Juegos Olímpicos que arrancan el viernes y la zona donde se va a celebrar la ceremonia de apertura (en el Sena, por primera vez fuera de un estadio) está blindada, vallada e inaccesible.
Sólo las personas que han solicitado un permiso puede pasar con un código QR. «Está la zona roja, la zona gris... Es un lío, ya no sabes por dónde puedes moverte, y encima la mitad de las paradas de metro están cerradas. Esta semana esto va a ser un caos», protesta Marie, que trabaja en una tienda cerca de la Asamblea Nacional y ha tenido que modificar su itinerario habitual para poder llegar a su destino cada día.
París es estos días una ciudad blindada, hiper vigilada por tierra y aire, con militares y policías en cada esquina. Se han instalado unas 44.000 rejas en la zona del Sena, normalmente llena de turistas pero hoy tan poco transitada que recuerda al confinamiento durante la pandemia: no hay apenas tráfico ni ruido. Un silencio inusual. Han empezado las restricciones en la red de metro, de manera que hay que estar recalculando trayectos.
Los tiempos se dilatan más de lo normal y cruzar de un lado del río al otro, si no es en el suburbano, es complicado. Muchos parisinos se han ido de la ciudad. Los que viven en las zonas acotadas y los comerciantes han tenido que pedir la autorización, a través del citado QR, para moverse.
Varios policías en la orilla del Sena.AP
A cinco días del comienzo de los Juegos Olímpicos en París, hay un fervor contenido por el evento y, sobre todo, mucha inquietud por la seguridad. Los preparativos y las molestias generadas por el protocolo antiterrorista añaden irritación a una población que ha ido perdiendo entusiasmo. El 60% de los franceses se alegra de que París acoja los Juegos, según un sondeo realizado por Odoxa esta semana. En septiembre era casi un 80% de apoyo, pero va cayendo a medida que se acerca la fecha.
En la zona del Sena, los comerciantes se quejan del impacto de las restricciones en sus negocios. Los hoteles pensaban forrarse, pero en los últimos meses habían elevado tanto los precios que han acabado disuadiendo al turista y a última hora han visto que no tienen el lleno como pensaban. «No hay casi turistas, la actividad ha bajado mucho desde que se activaron las restricciones. Esto parece el confinamiento», insiste Laurent, en una tienda de regalos de la zona.
Si esta semana muchos parisinos han aprovechado para irse, otros son conscientes de que es una vez en la vida. «Siempre hay inconvenientes con este tipo de eventos, pero son sólo unos días y la experiencia merece la pena. ¿Cuándo vas a vivir una cosa así en tu ciudad? Solo una vez», explica Khaled, camarero de un bar cerca de la Asamblea Nacional, zona afectada por las restricciones.
Las obras han acabado y ahora empiezan a desmontarse los andamios, se han creado zonas verdes en muchas calles, ahora peatonales, y en los puentes del Sena se han instalado tribunas para ver la ceremonia, que transcurrirá a lo largo de seis kilómetros del río. Todas las calles están llenas de banderines olímpicos y en los parques se han acotado zonas para celebrar. Se ha reclutado a un total de 45.000 voluntarios para estas semanas. Lo que más preocupa es la seguridad: el 68% de los franceses está inquieto por los problemas que pueda haber en los transportes o en las zonas más turísticas, por el peligro de un ataque. Hace tres semanas que se han triplicado las patrullas en el metro. En las fanzone se esperan unas 50.000 personas. El 65% tiene miedo de acudir. Francia está en nivel máximo de alerta terrorista y el día de la ceremonia habrá 45.000 miembros de las fuerzas del orden desplegados. Además, hay unos 18.000 soldados movilizados, 10.000 en la región de París. Nunca la capital ha estado tan protegida. El día de la ceremonia habrá una burbuja aérea.
Gasol, junto al presidente del CIO, Thomas Bach, en la Villa Olímpica.AFP
«Estamos preparados, y lo estamos durante todo el periodo olímpico, gracias a las fuerzas de seguridad», ha dicho el presidente, Emmanuel Macron, que visitó ayer la villa olímpica, construida en Saint Denis, uno de los barrios populares de la periferia parisina. Macron ha destacado que la seguridad «es la prioridad» y para ello se ha desplegado un dispositivo como nunca antes. Han llegado refuerzos extranjeros, entre ellos centenares de policías y guardias civiles españoles.
Sólo el 40% de franceses quiere que la ceremonia de apertura se mantenga. Había un plan B, en Trocadero, mucho más reducida y sin la espectacularidad que supondrá ver desfilar los barcos por el Sena. También un plan C, en el Estadio de Francia, en caso de amenaza extrema. París, además, acoge estos juegos en medio de una tormenta política, tras la decisión de Macron de adelantar las elecciones legislativas, que han dejado un Parlamento dividido en tres bloques y ninguno con mayoría suficiente como para formar Gobierno. El que había está en funciones, precisamente para poder gestionar los juegos.
El París de antes y después será muy distinto. Además del nuevo barrio de Saint Denis, donde hoy está la villa olímpica, la posibilidad de bañarse en el Sena cambiará la ciudad para siempre.