Michel en uno de los últimos duelos del Girona.CRISTINA QUICLERAFP
La sucesión acumulativa de partidos importantes para un equipo suele inspirar a la prensa analogías montañosas. Se habla de un “Tourmalet” o, más dramáticamente, un “Everest”. Se enfatizan de ese modo los sudores que aguardan a ese equipo para, en pe
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Le hubiera encantado abrazar a Oriol Cardona. La foto no tendría precio. Paquito Fernández Ochoa cumpliría el próximo miércoles 76 años. Han tenido que transcurrir 54 para que otro español sea campeón olímpico en unos Juegos de Invierno. Mucho tiempo, demasiado, y, además, contar con la cooperación de una modalidad nueva en el programa. Si no, imposible. Oriol Cardona ya es otro de nuestros insignes pioneros. Y lo es por partida doble: por terminar primero en una disciplina novedosa entre nosotros y porque esta disciplina es, como él, debutante en unos Juegos. Oriol también se ha convertido en un pionero internacional.
Ha partido de cero. O de un mundo desconocido para el gran público. Con toda probabilidad, para el público, a secas. Antes de Paquito, la gente no era ajena, o no completamente, a la presencia del esquí en el panorama deportivo nacional. Los interesados sabían de su existencia. También los indiferentes, porque no eran del todo ignorantes ante el hecho de que el esquí ocupaba un espacio en las informaciones periodísticas.
Paquito tuvo en España algunos precursores que abrieron un camino que nuestro campeón en 1972 completó para superarlos y hacer historia. Antes de Paquito y con Paquito, que se estrenó olímpicamente en Grenoble68 antes de ganar en Sapporo72, todos estos nombres representaron a España en los Juegos de Invierno, desde los celebrados en Saint Moritz en 1948: José y Luis Arias, Thomas Moravitz, José Vila, Juan Armiñán, Juan Poll, Ramón Blanco, Francisco Viladomat, Luis Moliné, Jaime Talens, Manuel García Morán, Luis Sánchez, Luis Viu, Juan Garriga, Javier Masana, Jorge Rodríguez, Francisco Prat, Aurelio García, Luciano del Cacho, Antonio Campaña y Carlos Adsera.
Oriol Cardona, durante la final de este jueves.AFP
Oriol no ha tenido a nadie en quién mirarse en tales alturas, aunque en Cataluña existe una cierta tradición en este deporte. A diferencia de Paquito, era favorito desde su condición de campeón del mundo. Paquito fue una sorpresa. La sorpresa, en el caso de Oriol, habría sido que no hubiese ganado. Si existen milagros en el deporte español, éste es uno de ellos. Y no porque Oriol sea fruto de una inopinada y favorable concatenación de circunstancias gozosamente imprevistas, sino por todo lo contrario: porque no ha necesitado de «ayudas divinas», de factores inexplicables o ilógicos para alcanzar la cima. Su oro no es el producto de la alquimia, el de la manipulación de elementos dispares. Es el de la naturaleza. No hay química falsificadora en los quilates. Hay física pura, sin procesos mixtificadores de probetas y alambiques.
Su medalla, de máximo valor, debe ser unida, junto a la también suprema de Paquito, a la plateada de Queralt Castellet en halfpipe, en Pekín2022. Y a las broncíneas de Blanca Fernández Ochoa, en la misma prueba que su hermano, en eslalon, en Albertville1992, Javier Fernández en patinaje artístico y Regino Hernández en snowboard, ambas en Pyeongchang2018. Y ahora, Ana Alonso en, también, esquí de montaña.
Después de Paquito, el esquí alpino español no se quedó huérfano de nombres en, aparte de los Juegos, la Copa del Mundo. Todos femeninos. Blanca ganó cuatro pruebas (tres eslalons y un gigante). María José Rienda, seis gigantes. Y Carolina Ruiz, un descenso. Fueron buenos tiempos.
No sabemos qué ocurrirá entre nosotros a partir de ahora con el esquí de montaña y, por afinidad, con otras modalidades invernales. Es de desear que toda esta popularidad promocional nacida del oro produzca un interés entre los jóvenes que desemboque en un aumento de practicantes. Ojalá este oro sea sólido y no se derrita, como la nieve, al llegar el verano.
Después de los Juegos Olímpicos y antes de las finales de la Copa del Mundo, en la zona de Lillehammer (Noruega), los próximos 21, 22, 24 y 25, Mikaela Shiffrin obtuvo, en el eslalon de Are (Suecia), su 109º triunfo en la Copa del Mundo. La estación de Are le es muy propicia. En ella ha obtenido ocho victorias (siete en eslalon) y dos oros mundiales.
Dos días después de cumplir 31 años, la estadounidense nacida en Vail (Colorado), en las Montañas Rocosas, certificó de nuevo su condición de reina histórica del esquí mundial. Antes de la prueba, ya era matemáticamente, por novena vez, la ganadora del Globo de Cristal de la disciplina. Luego de su victoria, aumenta, por otra parte, su ventaja sobre la alemana Emma Aicher en la general absoluta de la Copa del Mundo.
Pero la suerte no está echada. Shiffrin tiene 1.286 puntos, 140 más que Aicher. Sin embargo, la joven alemana (22 años) practica todas las modalidades y quedan 400 máximos puntos en juego: los 100 que se atribuyen al vencedor en cada disciplina.
La primera manga ya había coronado provisionalmente a Shiffrin, con Aicher segunda a 51 centésimas y la austriaca Katharina Truppe tercera, a 57. Diferencias notables en un deporte que se rige cronométricamente por pestañeos. Pero no tranquilizadoras: el esquí, y quizás especialmente el eslalon, también está sembrado de trampas en cada metro del recorrido.
Shiffrin no cayó en ninguna en la segunda manga. Cuando tomó la salida, Aicher había realizado el mejor tiempo conjunto. Y la suiza Wendy Holdener, cuarta en la primera manga, el siguiente. Tenía presión Mikaela. La soportó admirablemente. Segura, elegante, esquió en la mejor de sus líneas. Y no de un modo conservador: hizo el segundo mejor tiempo de la manga. El podio lo completaron Aicher, a 94 centésimas, y Holdener, a un segundo.
Shiffrin ha ganado esta temporada, incluido el olímpico, todos los eslalons menos uno. Sólo cedió ante Camille Rast en Kranjska Gora.
En vísperas de los Juegos Olímpicos, el más suculento y exquisito menú que pueda ofrecer el atletismo, el Campeonato de Europa se adelanta con un apetitoso aperitivo. Desde el viernes 7 hasta el miércoles 12, Roma lo servirá con generosidad. La naturaleza local de la competición queda compensada por la existencia en este viejo, rico y pequeño rincón del planeta de numerosos atletas de máximo nivel.
Campeones olímpicos y mundiales, plusmarquistas y otras estrellas de distinto y notable brillo, realzan un acontecimiento muy atractivo: Armand Duplantis, Karsten Warholm, Marcell Jacobs, Gianmarco Tamberi, Jakob Ingebrigtsen, Miltiadis Tentoglou, Pedro Pablo Pichardo, Mykolas Alekna, Kevin Mayer, Femke Bol, Yaroslava Mahuchikh, Keely Hodgkinson, Malaika Mihambo, Dina Asher-Smith...
España no se ha parado en barras a la hora de confeccionar un pacífico pero animoso ejército expedicionario. El escenario europeo nos es, lógicamente, más propicio. Se ajusta más a nuestras medidas, se adapta más a nuestros medios y se abre más a nuestras ambiciones. Un equipo de 86 nombres (46 hombres y 40 mujeres), el segundo más numeroso de la historia, intentará superar las 10 medallas (4-3-3) logradas en la edición de Múnich 2022, la inmediata referencia, que nos proporcionaron el tercer lugar del medallero, tras Alemania y Gran Bretaña. Y, puestos a especular sin freno, el récord de las 15 de 2002, también en Múnich.
RENOVACIÓN EN LA MARCHA
No faltarán, sin embargo, opciones reales. En la incurable añoranza de María Vicente, hay que pensar sobre todo en el triple salto, con Ana Peleteiro y Jordan Díaz (ex cubano, debutante con España). También con Dani Arce (3.000 obstáculos) y Laura García Caro (20 km. marcha). La marcha, a pesar de las ausencias de María Pérez, Álvaro Martín y Miguel Ángel López, se muestra abierta a otras sólidas esperanzas (Paul McGrath, DiegoGarcía Carrera, Cristina Montesinos, Raquel González).
En el mediofondo, a falta de Mariano 'La Moto' García, oro en los 800 en 2022, y del sancionado Mohamed Katir, no hay que perder nunca de vista a Adrian Ben (800) y a la pareja de los 1.500, Adel Mechaal y Mario García Romo. Y mucho menos, en el fondo, a Thierry Ndikumwenayo (5.000 y 10.000). Jakob Ingebrigtsen, que doblará en 1.500 y 5.000 (como Mechaal), cierra toda puerta al oro.
VUELVE ORLANDO ORTEGA
En los 110 metros vallas están Quique Llopis y Asier Martínez (campeón en 2022) encomendándose a su calidad y a la buena suerte, siempre importante en una prueba extremadamente técnica en la que cada obstáculo es una llamada al triunfo y una invitación al desastre. Orlando Ortega regresa tras un gólgota de lesiones, pero aún se halla lejos de cualquier elevada aspiración.
Las mujeres podrían "pescar" en el lanzamiento de jabalina (Yulenmis Aguilar, tambien ex cubana y también debutante con nosotros) y en el salto de longitud (Fátima Diame). Quizás pensar en los relevos 4x400 masculino y 4x100 femenino sea demasiado optimista. Pero ahí queda la insinuación. Las finales se abren este mismo viernes con los prometedores 20 km. marcha femeninos. Y los 5.000 con una ilusionante Marta García.