El Bayern pone la grandeza sobre la mesa del petróleo y ejecuta otro fracaso del PSG

El Bayern pone la grandeza sobre la mesa del petróleo y ejecuta otro fracaso del PSG

Bayern – PSG (2-0)

Actualizado

Los alemanes, colosos europeos, superan en todo a un PSG sin corazón ni fútbol, donde Mbappé y Messi no existieron. Quinta eliminación en octavos en siete años para los galos.

Mbappé, ante la celebración del Bayern.FRANCK FIFEAFP

En este PSG de piel bordada con el oro del petróleo, nada es tan anhelado como la Copa de Europa, punto final de la conquista árabe del fútbol continental iniciada hace una década. Ramos, Messi, Verratti, Achraf, Marquinhos, Donnarumma, Neymar, Mbappé… Nada es suficiente porque ninguno es suficiente, como se volvió a demostrar esta noche en Múnich, donde el Bayern, coloso, confirmó la quinta eliminación de los galos en octavos en los últimos siete años.

El Bayern fue el mismo Bayern que le ganó la final de 2020, inteligente y sólido. Un Bayern más global que alemán. Algo flojo en defensa, estelar en el centro del campo propiedad de Goretzka y Kimmich, con Musiala como verso suelto y dos bandas, Davies y Coman, acelerando para los remates de Müller y Choupo-Moting, ejecutor. Sí fue suficiente.

Enfrente, el PSG sin Neymar, lesionado. Un PSG con tres centrales para que volaran Achraf y Mendes, con tres medios como Vitinha, Verratti y Fabian, con el ’10’, Messi, y con un Mbappé al espacio, una isla, esperando mucho y proponiendo poco.

En el inicio, el balón eligió los pies del centro del campo francés, que ganó la posesión por la necesidad de un gol que empatara el de Coman en la ida. El Bayern de Nagelsmann prefería esperar, atento, eléctrico con la pelota cuando la tenía Musiala. El dominio del PSG sólo se hizo oportunidad cuando el cuero pasó por Messi o Mbappé. La lógica, claro. Pudo adelantarse en un balón de Fabían al espacio de Mendes, que la dejó atrás para Messi como tantas veces hiciera Jordi Alba. El argentino, preso de los años, tardó demasiado y Davies llegó a tiempo para evitar el 0-1.

Era el minuto 24 y la ocasión rompió el respeto del inicio. El Bayern, consciente de que quizás debía marcar un gol para sobrevivir, se estiró ante la amenaza francesa. Musiala, fino, regateador y veloz, probó a Donnarumma, y unos minutos más tarde De Ligt se cambió la capa con Davies y apareció en la línea de gol para evitar el tanto de Vitinha, que había aprovechado un error de Sommer y se había quedado sólo ante las redes alemanas. Fue su gran opción.

FRANCK FIFEAFP

Messi y Mbappé, inexistentes

El descanso pausó el partido, pero en el regreso se mantuvo la verticalidad. Y ahí el Bayern olió la debilidad del PSG, lastrado por la lesión de Marquinhos. En el 51, Musiala dibujó un centro preciso a la cabeza de Choupo-Moting, que rozó el balón a gol, aunque fue anulado por el intento de remate de Müller, en fuera de juego. La posibilidad del 1-0 hizo grande al Bayern, con todo lo que eso significa en la Copa de Europa. No necesitó mucho más, sólo aguardar el error de un PSG con más miedo que fútbol, en el que sus estrellas se fueron difuminando con los minutos. En el 60, Verratti se confió en una salida de balón en área propia y Goretzka le robó la cartera y la Champions, entregando el balón a Choupo-Moting para que éste batiera a Donnarumma.

Fuera de Europa, a dos goles de la salvación, el PSG se encomendó a la grandeza de Ramos, que estuvo a punto de empatar de cabeza en el 63, y al talento de Mbappé, que se intentó echar el equipo a sus espaldas durante unos minutos, también insuficientes, enjaulado entre los bávaros. Messi, bajo la marca excelente de Goretzka y Kimmich, desapareció cuando el partido más le pedía. Es su segundo fracaso seguido en París, donde no encuentra la gloria que sí le llegó en Qatar.

Suena a tópico, pero el 1-0 hizo daño al PSG, incapaz de acercarse siquiera a un conato de remontada. Más allá de otro cabezazo de Ramos, quién si no, en algo que explica la última década del Madrid y del propio PSG, no tuvieron la grandeza ni de intentarlo. Un equipo que lleva sin encontrarse en Francia durante semanas pero que en su país salva sus sensaciones con resultados, engañándose antes de saltar a Europa. El 2-0 de Gnabry, rozando la prolongación, acreditó su ejecución. Será el fin de Galtier, cuestionado desde el principio, y veremos hacia dónde se dirige el terremoto.

Hace doce meses, el fracaso en octavos parecía el fin de la etapa de Mbappé. Sus miradas hacia el cielo del Bernabéu antes de aquel partido surrealista invitaban a pensar en un futuro de blanco, pero la presión social y el dinero de Qatar le convencieron. Veremos ahora. Lo mismo sucede con Messi.

kpd