No quería sustos Hansi Flick y saltó al Sardinero con las rotaciones justas para un duelo que le enfrentaba al líder de Segunda, pero se agarró a quienes no le fallan: Ferran, Joan Garcia y a ellos se sumó Lamine Yamal. El Barça, crecido tras la victoria en la Supercopa, vio tropezar al Real Madrid y apretó los puños. Un rival menos en el camino siempre que cumplieran con su deber en Santander. Le costó sudarlo. El Tiburón apareció para, en un latigazo en el minuto 66 que fue su único disparo, encarrilar una clasificación, que sostuvo Joan Garcia para birlarle la prórroga al Racing en último suspiro y remató Lamine Yamal en el añadido. Objetivo cumplido, pero no fácil.
El Racing fue digno competidor. El primer aldabonazo que les ancló las botas al césped lo dio Arana presionando y robando a Gerard Martín una pelota y armando un disparo que acabó salvando Joan Garcia rozándolo para enviarlo por encima del larguero. El Racing tocaba zafarrancho con la doble intención de evitar que los azulgranas se acomodaran el partido y golpearles. Apenas pudieron sostener esa intención porque, aunque el Barça no era tan vertical como le gusta, encontraba espacios para intimidar.
Fue Koundé hasta línea de fondo para poner un centro raso a Dani Olmo, y a punto estuvo de cazar con el empeine una pelota cruzada de Rashford al área pequeña. No se asustó el Racing, que intentó estirarse hacia campo culé, cómodo conteniendo al rival, que a la media hora le puso de nuevo a prueba con un disparo de rosca de Marc Bernal, a quien Flick le dio la titularidad para que vaya cogiendo ritmo y los minutos que no tiene en Liga. Amagaban los azulgranas sin conseguir avanzarse en el marcador, en el que iban pasando los minutos con un empate que no les servía. Lo intentó deshacer al filo de descanso Rashford con un tiro que se envenenó al tocar en Castro pero que, sin verlo, atrapó Ezkieta.
El Barça tenía a Lamine Yamal y a Ferran a los que Flick les pidió que encontraran la forma de ser protagonistas en la segunda mitad. Lamine se lo tomó al pie de la letra. Primero con un disparo y después encontrando el desmarque de Rashford en la otra orilla del campo para que el inglés armara un golpeo que se perdió por el lateral de la portería. No marcaban, pero ya se habían instalado a vivir en campo racinguista.
Como les faltaba un empujón, llamaron a Fermín para sustituir a Marc Bernal. El panorama no cambió: el Barça dominaba sin mordiente y el Racing se defendía esperando a poder armar una transición eléctrica que cogiera desordenado a su enemigo. Se acordó entonces Lamine de las instrucciones de Flick, burló a media defensa en un palmo y buscó a Ferran con una pelota que solo tenía que embocar. El gol lo evitó, esta vez, Ezkeita, pero no un córner que Lamine se la jugó a olímpico y la estrelló en el larguero.
Ya no hubo más fogueo del Barça. Desde la orilla derecha a la altura del círculo central filtró Fermín una asistencia a Ferran que, ganando la carrera al defensa y burlando al portero, convirtió en la ventaja culé un minuto antes de que su entrenador lo enviara al banquillo. Porque Flick ya no especuló: al campo Raphinha, Pedri y Lewandowski.
El plan estuvo a punto de hacerlo estallar Lozano, cuando se escapó a la espalda de toda la defensa para batir a Joan Garcia… aunque en fuera de juego. Eso fue suficiente para volver a recordarle al Barça que quedaban casi 20 minutos de partido y el marcador era corto. Parte de la culpa era de Ezkieta que, como si fuera la manilla de un pinball, salvó el remate de Fermín y el rechazo que cazó Lewandowski. Para entonces, el Racing también tenía toda su artillería sobre el césped, aunque fueron víctimas de la mecanización del Barça en los fueras de juego -dos goles anulados- y de la magia de un portero extraordinario.



