Carlos Corberán es un entrenador que ha sorprendido a la familia Lim, tanto que viaja a Singapur para reunirse con el presidente del Valencia, Kiat Lim, y comenzar a planificar la próxima temporada. Desde Gattuso, que fue recibido por Peter Lim, ningún entrenador sido llamado por los propietarios. Nunca lo fue Rubén Baraja pero este es el segundo contacto de Corberán, que ya fue saludado por Kiat Lim cuando asumió la presidencia.
El entrenador estará acompañado por el director ejecutivo, Javier Solís, y se prevé que a las reuniones pueda unirse de manera telemática el director deportivo, Miguel Ángel Corona, que se ha quedado fuera de los últimos viajes de los ejecutivos del club.
La intención es comenzar a preparar la próxima temporada y que el entrenador conozca de primera mano los recursos con los que el club cuenta para planificar la confección de la plantilla. Corberán confesó la pasada semana que no conocía aún las directrices bajo las que el Valencia se podría mover en el mercado, algo que conocerá en Singapur.
De momento, el club no ha podido hacer ningún movimiento. Hay jugadores por los que empiezan a llegar ofertas, como es el caso de Christian Mosquera, que acaba contrato la próxima temporada y no renovará; otros que no han aceptado la primera propuesta para alargar su contrato, como Foulquier, y operaciones para hacer incorporaciones a coste cero que están hilvanadas pero no cerradas, como es el caso de Neyou, Raba o Javi Muñoz. Será en este cónclave en Singapur cuando Corberán pueda empezar a tener idea del contexto en el que se va a mover.
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INMA LIDÓN
@inma_lidon
Actualizado Lunes,
14
agosto
2023
-
00:10Ver 19 comentariosEmpata ante el Coliseum en un...
Hay equipos que no necesitan jugar bien para ganar, ni siquiera para pelear por títulos. El talento siempre aparece cuando más lo necesitan y los impulsa, los salva. Eso fue lo que le ocurrió a España en el Gamla Ullevi de Gotemburgo. En un partido gris, con Suecia incapaz de encontrar la forma de dañarle, superó su falta de chispa con la aparición de Alexia Putellas para certificar que España sigue saltando de final en final. Desde agosto de 2023, y con la única excepción de la final de los Juegos de París, la selección disputa todas las finales de las competiciones que disputa. Ganó el Mundial, venció en la primera edición de la Nations League femenina, se le escapó la Eurocopa en los penaltis y a finales de noviembre defenderá título en una final que, por primera vez, se jugará a doble partido.
No fue un partido con el sello que suele imprimirle España. El juego fue espeso y las ocasiones pocas y no muy claras, como si el 4-0 de La Rosaleda se interpretara como una renta suficiente que evitaba tener que forzar en el frío estadio de Gotemburgo. Sonia Bermúdez mandó al césped a las mejores jugadoras, intentando evitar que se manejara el marcador, lo que pasa es que Suecia le invitó a hacerlo.
Su seleccionador, Thomas Gustavsson, consciente de que ante la mejor selección del mundo necesitaba poco menos que un milagro para remontar, se tomó el partido como un test para sus jóvenes talentos, las que tendrán que llevar a Suecia al Mundial de Brasil de 2026. En esa tarea están las nórdicas tras verse lejos de la pelea por los títulos, en reconstruirse para volver con más fuerza. Ese ímpetu complicó que España arrollara como lo hizo en La Rosaleda.
Dominaba el juego lo suficiente para no verse sorprendida, pero con imprecisiones y sin la fluidez que acostumbra. Rondaba el área, aunque sin ocasiones claras hasta que, en el minuto 11, apareció Mariona con un remate forzado que se perdió por encima del larguero, y en el 18, otra vez a balón parado, Mapi León colgó una falta que Irene Paredes cabeceó buscando portería. Ni eso aceleró un duelo, que volvió a languidecer hasta que Schröder, rondando el minuto 40, se plantó ante Cata Coll para calentarla.
Buscó Bermúdez tras el descanso la amenaza en el área de Martín-Prieto y la frescura de Jana Fernández en la banda, incluso del debut de la jovencísima Clara Serrajordi al mando de la sala de máquinas, pero no sirvió de mucho. Tampoco a las suecas la mayor amenaza que supuso ver en el campo a Rolfö y, sobre todo, a Blackstenius, que mostró colmillo nada más saltar.
Sin embargo, se escapó por la orilla derecha de Clàudia Pina para rasear un balón al punto de penalti donde aparecía Alexia. Gol, tercero en esta ventana, que daba la segunda victoria de España en Gotemburgo en toda su historia. Un tiro de Jana que salió rozando el palo pudo ser el segundo, pero la corta ventaja en el partido la salvó Cata Coll con una doble parada a tiro de Angeldahl que no pudo atrapar y al rechazo que cazó Holmberg. Una noche gris que acaba con victoria, redondeando una eliminatoria con 5-0 y en una final.
Las lágrimas de Aitana Bonmatí sobre el césped del José Alvalade de Lisboa tenían muchas interpretaciones. Eran de tristeza, porque la final de la Champions se les había escapado. También de rabia, porque habían caído en la trampa de las inglesas. Incluso de impotencia por no haber encontrado la salida a tiempo. El Barça cayó derrotado por un gol de Blackstenius en el minuto 74 en un duelo incómodo y espeso que impidió que emergiera todo su potencial. Quedaron a merced de un Arsenal que llevaba 19 años sin rozar la gloria europea y que, humildemente, supo interpretar su guion a la perfección.
El Barça buscaba su cuarta Champions, la tercera consecutiva y el posible póquer de títulos en una temporada y no logró que brillaran ni sus balones de oro ni las estrellas secundarias que también son el alma de este equipo arrollador en España que ha liderado Pere Romeu. Se lo advirtió Mariona Caldentey: no iba a Lisboa a vivir la experiencia de una final, iba a competirla.
Supo muy bien el Arsenal cómo desquiciar a un equipo acostumbrado, quizá en exceso, a someter a rivales. Presión altísima, mucho orden y contundencia en los duelos en la medular hasta la asfixia. Si el motor del Barça se gripa, su potencia merma y a Patri Guijarro, Aitana y Alexia les costó aparecer en el partido mientras las inglesas crecían. Sin prisa, de manera sólida para no cometer errores.
Inquietó Aitana en los primeros minutos y Ewa Pajor, la goleadora polaca, buscó el error de la guardameta Van Domselaar del que a punto estuvo de aprovecharse. Conectaba poco el Barça pero era capaz de soltar chispazos. Ahora bien, el Arsenal no tembló y empezó a encontrar el camino al área de Cata Coll, casi siempre franco por el carril derecho. Fue la capitana Little quien puso un centro al segundo palo para un testarazo de Foord que no pudo conectar cómoda. Quisieron responder las blaugrana, poco precisas o frenadas por una eficaz contundencia, como la que mostró Williamson para salvar el tiro de Aitana tras un recorte en el corazón del área. Otro fue Van Domselaar, que de puños también repelió un centro de Claudia Pina.
El Barça quería despertar, pero las gunners se empleaban a conciencia para maniatarlas sin renunciar a contras que a punto estuvieron de ser productivas. Un centro tenso de Frida Maanum, otra vez burlando a Rolfö, lo desvió Irene Paredes al fondo de la red, la fortuna es que la revisión de VAR cazó el fuera de juego de la noruega, que aún hizo volar a Cata Coll para sacar una mano salvadora a otro derechazo. No encontraban la manera de sacudirse a un equipo pegajoso que las atrapaba en ataque y las descomponía en defensa.
Aitana Bonmatí se abraza con Joan Laporta.EFE
Fue Aitana quien, a la media hora de partido, dio un paso adelante. Se lanzó, encontró pasillo hasta el área y, aunque su disparo fue a las manos de la guardameta, hizo a todo el equipo despertar y encerrar al rival en su campo. Emergió Alexia y su conexión con Pina en la banda izquierda y Ewa Pajor, a quien Williamson entendió que tenía que vigilar. A las londinenses el peligro empezaba a llegarles en oleada.
Sin acierto
Esa sensación se incrementó en la segunda parte. Las blaugrana volvieron del vestuario encorajinadas y dispuestas a imponer su fútbol, ese que hace que Alexia y Aitana se encuentren en el área para servirle a Claudia Pina un disparo que estrelló en el larguero. Todo, al doble de velocidad para incomodar a las inglesas, obligadas a convertirse en un muro y de sus rechazos pudo aprovecharse Ona Batlle con sus derechazos desde la frontal. El Barça estaba empezando a disfrutar y eso se reflejó en la obligación de Van Domselaar de salvar cada pelota de Aitana buscando los tres palos.
Movió entonces el banquillo Renée Slegers para volver al plan inicial. El Arsenal, con poco protagonismo de Mariona y de su goleadora Alessia Russo, se refugió en las contras que nacían de los errores del conjunto catalán. El pie de Cata Coll evitó que la delantera inglesa adelantara al Arsenal tras lanzarse a la carrera y que ni Mapi León, que acabó lesionada, pudo frenar e Irene Paredes solo alcanzó a dificultarle el mano a mano.
Nada pudo hacer la cancerbera balear cuando en el minuto 74 Mead, cómoda en la media luna, filtró un balón a la sueca Blackstenius para marcar el primer gol de la final. Había sobrevivido el Arsenal al estéril dominio culé y había asestado un golpe que pesó como una losa imposible de alzar.