El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

Actualizado

La racha de seis victorias del Real Madrid en la Euroliga se truncó el miércoles en París, donde el equipo de Sergio Scariolo pagó muy caros sus continuos errores de concentración, traducidos en 17 pérdidas y 19 rebotes concedidos bajo su canasta. De nada sirvió el acierto de Trey Lyles (21 puntos) y Andrés Feliz (18) porque los blancos cayeron en la primera de las cuatro visitas consecutivas que le aguardan en el torneo. [Narración y estadísticas (98-92)]

Tampoco bastaron las broncas de Scariolo desde el banquillo, porque su defensa rara vez pudo contener el caudal ofensivo local. Nadir Hifi castigó una y otra vez el aro con su zurda (21 puntos), acompañado del siempre prolífico Jared Rhoden (15 puntos en 18 minutos).

Para entender las desatenciones del Madrid con el rebote defensivo baste recordar que sólo en la primera parte, el Paris Basketball hizo 41 lanzamientos a canasta, 12 más que su adversario. El frenético tempo impuesto por el equipo de Francesco Tabellini, atacando con mucho acierto en los siete primeros segundos de su ataque, desquició una y otra vez al vigente campeón de la ACB.

Tapones de Faye

Ocho puntos de Mario Hezonja, más entonado tras el descanso, mantuvieron al Madrid en la pugna. Incluso tras los problemas de Eddy Tavares ante Mouhamed Faye, autor de seis puntos, siete rebotes y cuatro tapones. El ida y vuelta ayudó a resaltar las virtudes del impetuoso Feliz, 68-64 (min.28). Sebastián Herrera, inédito hasta entonces, irrumpió con cinco puntos y el París retomó su ventaja a falta del último cuarto (75-66).

Los de Scariolo aceleraron para intentar la remontada con más piernas que cabeza atrás y con Lyles como principal arma ofensiva (79-73, min.34). Sin embargo, dos triples de Campazzo y Feliz pusieron a los blancos a sólo cuatro (86-82, min.36). Otro triple de Feliz puso al Madrid por delante (89-90), algo que no ocurría desde el primer cuarto, pero los locales resucitaron gracias a un inmediato 2+1 de Hifi, que desató los gritos de "MVP, MVP".

Dos malas penetraciones visitantes dejaron en 94-90 con 31 segundos en el reloj. Hezonja puso a los suyos a dos, pero Rhodeb no falló desde la personal y llevó el delirio a una afición que enlazaba tres derrotas seguidas.

El esperado salto de Garuba: "Cada vez más inteligente"

El esperado salto de Garuba: “Cada vez más inteligente”

En su segunda temporada en el Real Madrid tras su retorno de la NBA es como si Usman Garuba, que pronto cumplirá los 24, hubiera encontrado su lugar. El jugador que siempre prometió, en el molde de quien quizá mejor le conoce, Sergio Scariolo. Toda su energía canalizada. La que le hace único, la que a veces le jugó malas pasadas. "Viene jugando desde hace tiempo de una manera intensa, agresiva, cada vez más inteligente. Y eso es decisivo", le elogiaba hace poco el técnico con el que conquistó el Eurobasket en 2022.

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El gran salto en el rendimiento del de Azuqueca de Henares no se mide sólo en lo estadístico, que también. Los números pocas veces hacen justicia a un tipo de jugador tan físico, entregado a los esfuerzos que el resto rechaza. Influyente en lo que intimida, en los balones que roza o desvía, en los bloqueos que coloca o en las faltas que comete. Curiosamente, fue la mayor amenaza la que le hizo espabilar.

La indefinición de comienzo de temporada en el Real Madrid, con los roles todavía repartiéndose y el cuerpo técnico a la búsqueda de los mecanismos que maximizaran el potencial de una plantilla como nunca, hizo que Garuba se perdiera, se diluyera. Scariolo trató de involucrar a Bruno Fernando (fichado a mitad de la temporada pasada, desde los Raptors) como primer recambio de Edy Tavares, pero el experimento fracasó. El angoleño acabó rumbo al Partizan.

Entonces llegó, también desde la NBA, otro gigante. Alex Len, otro competidor de Garuba en la pintura, porque lo que desde hace tiempo quedó claro es que la posición en la que mejor rinde la Pantera es al cinco. El fichaje del ucraniano fue el resorte del canterano. Desde entonces, parece otro. Cambiando partidos desde el banquillo, con su fiereza. El ir a todas. La velocidad para recorrer la cancha. El contrapunto ideal a Tavares. Ha llegado a ser el mejor del Madrid en partidos sin tirar a canasta. Otra de sus cimas fue contra el Barça, en el clásico de Euroliga que resultó revancha blanca. "Usman ha sido más importante hoy en ataque, no tanto en defensa. Cuando hemos decidido acabar con la incertidumbre inicial de quién sería el primer suplente de Edy, con la salida de Bruno Fernando y el fichaje de Len, optamos por él como su recambio. La mayoría de veces nos ha dado la razón y también ha anotado en momentos claves", se sinceró Scariolo.

Garuba, durante un partido reciente.

Garuba, durante un partido reciente.THOMAS COEXAFP

Que en otras ocasiones había puesto la lupa en las irregulares prestaciones de su pívot, que no terminaba de responder en su primera entrada a cancha. "El paso siguiente de mejora es ser capaz en la primera salida de producir esa intensidad, esa energía, ese impacto en el partido que normalmente produce la segunda salida. Es una cuestión mental porque es el mismo jugador", explicó.

A Usman no se le exige acierto y menos desde el perímetro. Pero tampoco se corta a lanzar si le flotan en exceso. En lo que va de temporada, apenas lo intentó seis veces desde el triple, pero acertó en cuatro. Sus porcentajes de dos, acumulando ACB y Euroliga, rozan el 70%. En cuatro de los cinco últimos partidos en competición doméstica ha superado la decena en valoración. En Lugo, este sábado sin Tavares, volvió a brillar. Y dejó una jugada que le define: tapón al base en primera línea y mate para culminar la contra.

Es la madurez de un proyecto de jugador que asombró en categorías inferiores, soñó con la NBA (105 partidos en tres temporadas), que es clave para la selección española con la que ya acumula dos Juegos Olímpicos, un Mundial y un oro continental y que es el músculo del Madrid de Scariolo. Un chico siempre de frente, que el pasado verano se tomó un justificado break con España. No fue sólo cuestión de descanso físico. Usman quería estar presente en el nacimiento de su hija Alana.

Y es el paso adelante del jugador que, salvando al capitán Llull, mejor conecta con las tribunas del Palacio. El reclamo de la Pantera, de sus rebotes ante tipos que le superan en centímetros, de sus tapones, de sus cabalgadas, es ya uno de los grandes atractivos en Goya.

La amenaza Vezenkov: tres botes, tres nacionalidades y una cuenta pendiente con el Real Madrid

La amenaza Vezenkov: tres botes, tres nacionalidades y una cuenta pendiente con el Real Madrid

El lunes, cuando Kendrick Nunn fue elegido MVP de la temporada en Euroliga, hubo un cierto aire de sorpresa: todos los pronósticos apuntaban a que Sasha Vezenkov lograría, dos años después, su segundo galardón. Ni siquiera eso empaña el dominio absoluto del ala-pívot del Olympiacos, de vuelta a Europa tras su aventura, fallida como tantas otras, en la NBA. Contra él, que incluso rechazó un buen puñado de millones para regresar, busca antídoto a partir de este miércoles el Real Madrid en la eliminatoria de cuartos de final.

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Sasha no ha cumplido 30 años pero ya es como si hubiera vivido varias carreras. Apenas un recuerdo lejano y casi olvidado es ya su paso por el Barça cuando todavía era una promesa, de 2015 a 2018. Con su zurda mortal, su versatilidad y su inteligencia baloncestística, se hizo todopoderoso en el Olympiacos hasta convertirse en el sucesor natural de Printezis. Si en 2023 ya resultó imparable, esta temporada ha confirmado su pujanza, tocando el cielo estadístico en enero ante el Bayern. Ese día asombró con 45 puntos, un impecable 10 de 10 en tiros de dos, ocho de 10 en triples, más siete rebotes para un histórico 52 de valoración. Y para todo eso sólo necesitó botar tres veces el balón en todo el partido.

Vezenkov lleva las canastas en los genes y en su pasaporte los rastros de sus orígenes. Nació en Nicosia (Chipre), donde su padre daba sus últimos coletazos como jugador. Sasho fue toda una leyenda del baloncesto búlgaro -amigo de Hristo Stoichkov-, ganando títulos a finales de los 80 con el Balkan Botevgrad del que ahora es presidente. También disputó tres Eurobasket como capitán de la selección que su hijo eligió después, porque Alexander tiene tres nacionalidades: es chipriota, búlgaro y griego. Y conexiones con los tres países. Su hermana, Mihaella, también ex jugadora, es la actual seleccionadora del equipo de la isla mediterránea que este verano acogerá la primera fase del Europeo. "Sasha creció en Chipre y aprendió a jugar al baloncesto allí", reivindicó hace unas semanas Andreas Mouzourides, presidente de la Federación chipriota, con la pretensión de que la estrella se uniera a su selección este verano.

En su carrera, Vezenkov -cuya novia es la internacional griega de waterpolo Nikoleta Eleftheriadou, también jugadora del Olympiacos- ha ganado casi todo, pero tiene dos espinas clavadas. Una, la de su paso sin gloria por los Sacramento Kings. Allí, el curso pasado, apenas disputó 42 partidos (5,4 puntos y 2,3 rebotes en 12 minutos de media), a pesar de que los californianos le habían firmado por tres temporadas y 20 millones de dólares. "Aprendí muchas cosas, pero no funcionó. Recuerdo a todos los buenos jugadores con los que me tuve que enfrentar, Lebron, Curry, era un sueño... Y todo lo que rodea la NBA, los viajes, los partidos, los pabellones, todo es increíble allí", reconocía en una reciente entrevista en Mundo Deportivo. Tras ser traspasado a los Raptors, acordó un despido por el que renunció a casi siete millones. Todo para volver al Olympiacos y corregir lo que dos años atrás no pudo por la canasta de Llull en Kaunas en el último segundo de la final.

Maldición

Vezenkov, que firmó por cinco temporadas con los del Pireo (por más de tres millones de euros cada una, uno de los contratos más altos de Europa), ha elevado aún más sus prestaciones en su retorno. Firma 20,2 puntos por partido (con casi un 39% de acierto desde el triple) y 24,5 de valoración. Un tormento para Chus Mateo, que cuenta con varias opciones para intentar detenerle, desde Eli Ndiaye (ya fue titular en la final de Kaunas) a Gaby Deck, Usman Garuba o el propio Mario Hezonja.

No será, claro, la única amenaza del mejor equipo de la temporada regular, un rival que juega "casi, casi de memoria" y al que el Madrid se enfrenta sin factor cancha. Al búlgaro le acompaña otro de vuelta de la NBA, Evan Fournier. Los gigantes Milutinov y Fall, el explosivo McKissic, el sobrio Walkup (es duda), el ex madridista Williams-Goss... Pero también una maldición. Nunca, desde que en la temporada 2016-2017 se instauró este formato en la Euroliga, algún campeón de la liga regular consiguió alzar el torneo en la Final Four.

Y también con la rivalidad contra el Madrid, ya uno de los clásicos de los últimos años. Contra los blancos perdieron el año pasado en semifinales en Berlín y en 2023 la final de Kaunas con el triple inolvidable de Llull. "No sé si estarán muy contentos con el enfrentamiento, porque el Madrid siempre les pone problemas", pronunciaba ayer Mateo.Un poco más allá, en los playoffs de 2009 triunfaron los del Pireo (ya estaba Llull por allí), como en la final de 2013 de Londres, la primera de Laso.

El complicado despertar de Garuba y sus "carencias" en un hueco que no tiene en el Madrid

El complicado despertar de Garuba y sus “carencias” en un hueco que no tiene en el Madrid

Hace tiempo el baloncesto se demostró a sí mismo que nada es lo que parece, que no hace falta ser un gigante para dominar la pintura o que los que miran por encima al resto puede también ser la mayor amenaza desde el triple. En ese juego de espejos se mueve Usman Garuba, en el difícil camino de encontrar su sitio de vuelta a Europa. Sigue midiendo poco más de dos metros, pero es en el puesto de cinco donde mejor rinde. De largo. Su hueco en este Madrid que, a falta de tres jornadas (el viernes visita Belgrado para enfrentarse al Estrella Roja), sigue buscando billete para los playoffs de la Euroliga, es un hueco abarrotado. Un problema para Chus Mateo.

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Cuando Usman partió rumbo a la NBA en 2021, con apenas 19 años, su intención era no regresar. Una apuesta total por conquistar aquel baloncesto. Por eso no dudó en abonar, a plazos, los tres millones de su cláusula de salida. Se empeñó cada verano, incluso jugando con la selección sin contrato, por cumplir el sueño, pero en agosto pasado acabó desistiendo después de una temporada en el olvido de los Warriors y sin ofertas de enjundia. Volvía a casa, una opción, aparentemente, de éxito seguro.

Pero deshacer el camino no siempre es tan sencillo. Garuba no volvió a la casilla de salida. Tres años después ya no era ese jugador potentísimo y veloz capaz de recorrer botando la cancha tras atrapar un rebote defensivo. El tipo ágil al que Pablo Laso usaba de punta de lanza en su zona defensiva o incluso para agobiar al base rival. En la NBA, el de Azuqueca trabajó su lanzamiento exterior (sin mucho éxito aún) pero a la vez se hizo un pívot, fortísimo, con muchísimos más kilos para dominar la pintura e impactar con los rivales. Garuba ya no era Antetokounmpo, ahora era Draymond Green.

Comprender esa transformación ha llevado un tiempo. Tampoco ayudó la lesión por estrés en la pierna izquierda que sufrió a su vuelta de unos Juegos en los que rindió por debajo de lo esperado, lejísimos de la versión que ofreció apenas unas semanas atrás en el Preolímpico de Valencia. Como aparente sustituto de Yabusele, ha tenido que compartir cancha con alguno de los cincos. Parecía un estorbo. El cinco, el mejor relevo de Tavares, es él.

Garuba, en un partido reciente.

Garuba, en un partido reciente.ACB Photo

Así lo demostró el domingo en el Martín Carpena, el estallido. Ya venía apuntando mejores maneras después de pasar casi desapercibido por la Copa de Gran Canaria. Cuando Bruno Fernando sufrió un golpe en el muslo, fue su momento. Ante el Unicaja firmó 18 puntos, su tope en ACB, también en valoración (25), pues aportó ocho rebotes, dos robos... Y todo el ímpetu que le caracteriza. Defensivamente es incomparable.

Contra sus desconexiones

La confirmación llegó el martes ante el Armani. "Estoy casi al 100%", se congratulaba en vestuarios, después de una poderosísima primera mitad, clave en el amanecer blanco, defendiendo como nadie a Mirotic. "Cuando da la versión de Málaga o de esta primera parte, me parece un jugador que todo el mundo querría tener en sus filas. Ha dejado a Mirotic en dos puntos; ha sido capaz de defender francamente bien y ha atacado diligentemente cuando le ha tocado", le alabó Mateo, que le había incluido en los jugadores que están "luchando por encontrar su mejor versión".

Sin embargo, su despertar es un paradoja. El hueco para que su rendimiento se dispare está ocupado y su entrenador deberá hacer malabares de aquí a final de temporada. Por ser el relevo de Tavares pujan Serge Ibaka -cada vez más irregular y fuera de tono- y el fichaje de invierno Bruno Fernando.

Contra ellos deberá pelear Garuba y contra sí mismo. Contra sus desconexiones. Un tipo tan pasional al que tantas veces le juega malas pasadas su ímpetu. Encauzarlo es su reto. Ante Mirotic, un jugador tan difícil de parar, acabó perdiendo los nervios para casi arruinarlo todo. En el tercer cuarto, tras cometer una falta sobre el hispano-montenegrino, con el que comparte formación en la cantera blanca, le propinó un empujón. La antideportiva era su falta número cuatro y ya no iba a volver hasta los últimos segundos, en la jugada en la que el propio Mirotic anotó un triple para salvar el basket-average de los italianos. "Todos sabemos que tiene carencias en otros aspectos, pero nos da más de lo que nos quita con su corazón, con su voluntad", puntualizó su propio entrenador.

El Real Madrid apabulla al Mónaco y da otro paso para su rehabilitación

El Real Madrid apabulla al Mónaco y da otro paso para su rehabilitación

Actualizado Jueves, 19 diciembre 2024 - 23:25

El Real Madrid, ofreciendo su mejor versión del curso, no dio opción al Mónaco y cerró con sobresaliente una doble jornada semanal de la Euroliga, que había arrancado con otra convincente victoria en París. El equipo de Chus Mateo recuperó el baloncesto que le había hecho ganar adeptos por todo el contintente, con transiciones rápidas, con defensas pegajosas bajo el aro y con la creatividad de Facundo Campazzo. [Narración y estadísticas (94-72)]

El base argentino comandó las operaciones en los dos primeros cuartos, con un repertorio de fabulosas asistencias, incluida una entre las piernas y sin mirar para Hugo González y otra que acabó en mate de Eli John Ndiaye tras darle continuidad Usman Garuba. El pívot, tras dejar atrás los problemas físicos, fue la otra gran noticia del Madrid. Un claro contraste con la situación de Xavier Rathan-Mayes, vestido de chándal por tercera vez consecutiva y que apunta a estar más fuera que dentro.

De todo ello fue espectador un Mónaco tibio, alumbrado por el brillo parpadeante de Mike James, pero opacado en el rebote. El equipo de Vassilis Spanoulis se pasó sin anotar los cinco primeros minutos del segundo cuarto y no logró arreglar nada con un parcial posterior de 11-3 (53-35, m.20).

Tiempo para las rotaciones

El Real Madrid más disfrutón del curso lo fue también en defensa, dejando a un rival de postín en 47 puntos a la media hora y arreglando con solidez atrás los minutos su menor anotación en el tercer cuarto. Un breve lapso que no le impidió acabar haciendo 24 en ese tramo y encarar el decisivo con 30 de ventaja (77-47, m.30).

Lo que se vio hasta el cierre fueron unas rotaciones que ya habían empezado antes, con Andrés Feliz acumulando los minutos que no necesita Campazzo y Hugo González echando gasolina al tanque de la experiencia en la máxima competición continental. Además pudo seguir creciendo tras su lesión Dzanan Musa, autor de 22 puntos y 26 dígitos de valoración en 23 minutos.

A la espera de lo que suceda el domingo en Valencia ante otro líder, este el de la ACB, los blancos caminan con paso firme en una semana que puede ser de resurrección, con dos exhibiciones ante su público contra el Río Breogán y el Mónaco y un triunfo a domicilio en París.

El Real Madrid confirma la vuelta de Garuba para las próximas tres temporadas

El Real Madrid confirma la vuelta de Garuba para las próximas tres temporadas

Actualizado Martes, 20 agosto 2024 - 11:23

El Real Madrid ha anunciado esta mañana que ha llegado a un acuerdo con el ala-pívot internacional español Usman Garuba por el que queda vinculado al club blanco para las tres próximas campañas, hasta el 30 de junio de 2027.

Garuba, nacido en Madrid el 9 de marzo de 2002, retorna a la disciplina madridista para encarar su segunda etapa después de las tres temporadas que ha estado en la NBA, dos en los Houston Rockets y la última en los Golden State Warriors.

El jugador criado en Azuqueca de Henares (Guadalajara) se incorporó a la cantera del Real madrid en 2013, con la que ganó numerosos títulos, incluidas dos Minicopas y la Copa europea junior de 2019, debutó precisamente ese año con el primer equipo, con el que ganó en tres temporadas una Liga, una Copa del Rey y dos Supercopas. En el aspecto individual fue elegido mejor joven del torneo liguero y de la Euroliga 2020/21.

Fue seleccionado en julio de 2021 en la posición 23 de la primera ronda del 'draft' de la NBA por los Houston Rockets, que oficializaron en agosto su fichaje tras llegar a un acuerdo con el Real Madrid para el pago de su cláusula.

Debutó en octubre contra Minnesota Timberwolves, pero entre lesiones y cuestiones tácticas apenas tuvo protagonismo, y en septiembre de 2023 firmó por los Golden State Warriors y su filial en la G League (Liga de desarrollo), los Santa Cruz Warriors.

Con la selección española absoluta debutó el 3 de julio de 2021 en un partido contra Irán. Ha sido internacional en 42 ocasiones y ha ganado el oro en el Europeo de 2022. Formó parte del equipo nacional que participó en los Juegos de Tokio 2020 y París 2024.

La energía liberada de Garuba, entre la NBA y el Real Madrid: “No tengo que demostrar nada a nadie”

Actualizado Viernes, 5 julio 2024 - 01:26

En el colegio Santiago Apóstol de Valencia, en pleno corazón del Cabanyal, los niños, la mayoría de etnia gitana -el centro acoge a estudiantes de familias sin recursos-, miran con ojos como platos al gigante que tienen enfrente. Pero más asombrado está el propio Usman Garuba ante las preguntas, cada cual más ingeniosa.

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"Garuba, ¿eres millonario?". "¿Cuánto de viejo eres?". "¿Qué número de pie usas?". "¿Cuántos goles has metido?". Usman escapa del interrogatorio, promovido por el Campus Social Basketball Kellogg's, con media sonrisa y todo el ingenio del que dispone a esas horas de la mañana. Un pequeño oasis de desconexión en mitad de una semana de tensión total, un Preolímpico tramposo en el que España, tras derrotar a Líbano y Angola, se juega en dos partidos a vida o muerte estar en los próximos Juegos de París.

Para el de Azuqueca de Henares sería su segunda cita olímpica con sólo 22 años. La selección, como para tantos otros, es el patio de su recreo. Aquí, Usman es diferencial. El tipo del que la NBA no se termina de enamorar pese a sus empeños, es el pilar defensivo de Sergio Scariolo. Y en las dos primeras citas del torneo, a pesar de los pocos minutos a causa de las faltas, no hubo nadie más eficiente que él. Ni el todopoderoso Santi Aldama. Ni Lorenzo Brown. Los mejores parciales de España llegan con Garuba en la pista.

Garuba, con los niños del Campus Social Basketball Kellogg's

Garuba, con los niños del Campus Social Basketball Kellogg'sEM

En poco más de 15 minutos, un más/menos de 16,5. 10 puntos, cinco rebotes y dos tapones de media. Producción acelerada. Porque, desvela su entorno, pocas veces lució con semejante plenitud. "Estoy mejor que nunca", asegura él. No jugó demasiado durante el curso -21 partidos en la G-League con los Santa Cruz Warriors (12,5 puntos, 10,1 rebotes) y seis encuentros testimoniales con Golden State-, pero la franquicia de San Francisco se empeñó en mejorarle. Hasta el mismísimo día anterior al viaje para iniciar la concentración con España el ex del Real Madrid estuvo entrenando con el equipo de técnicos que encabeza Steve Kerr. "He jugado pocos partidos, pero muchos minutos en la G-League. Y he podido trabajar mucho en mí. En todo, el equipo me ha trabajado físicamente, técnicamente, en detalles en la cancha, sesiones de vídeo, tiro... Ha sido importante poder entrenar y se lo agradezco a los Warriors por ayudarme a estar en este momento de forma", explica en conversación con EL MUNDO.

"No tengo que demostrar nada a nadie. Soy un grandísimo jugador, soy consciente de ello. Tengo muchísimas ganas de meter a mi país en los Juegos Olímpicos y de hacerlo bien. Ese es el objetivo", argumenta Usman cuando se le cuestiona sobre la sensaciones que transmite en la cancha, como un león enjaulado que ahora encuentra la sabana para atrapar a sus presas. Porque Garuba, a estas alturas del verano, está sin equipo, con el porvenir entre oficinas.

"Tres horas de siesta"

No es algo nuevo para él. Ya le ocurrió el año pasado durante el Mundial. Acabó firmando un contrato 'two-way' con Golden State, pero entonces tenía el colchón de los más de dos millones y medio que dólares que recibió por su salida de los Rockets. Ahora eso no le valdría, porque sigue en deuda económica con el Real Madrid, con el que acordó pagar su cláusula de salida a plazos. Aguarda a las confecciones de las plantillas NBA y baraja las posibles ofertas. No tardará en resolverse aquello, quizá días. Y siempre le queda la opción de regresar a casa, al Madrid que le recibiría con los brazos abiertos y con el que no habría problema en ponerse de acuerdo. La opción lógica.

Esas inquietudes contractuales no van a frenar el ardor en la pista de Garuba, quien, confiesa sus rutinas, duerme «una siesta de hasta tres horas» antes de cada partido, quien bromea en los pasillos del hotel de la selecciones en Valencia con su ex compañero Eric Gordon («mi veterano en Houston») sobre esa posible final del domingo contra la temible Bahamas. Usman tiene una espinita olímpica clavada que quiere resolver. «Los pasados Juegos fueron raros, sin afición y con el tema covid... No quiero decir que fueran una decepción, porque no es fácil competir ahí. Pero creo que podríamos haber dado más, un siguiente paso. Pero esto es baloncesto. Este año, si llegamos, esperemos que sí, queremos competir. No queremos ir y ya después de haber trabajado todo este tiempo», afirma.

Aunque tantos quieran evitar ya comparaciones con el pasado, la ambición de Usman le hace sentir que ganar el Preolímpico no sería un éxito. "Sabiendo todo lo que hemos ganado los años anteriores... Estamos acostumbrados a ganar Mundiales, Europeos... Ese sigue siendo nuestro objetivo. Es verdad que sería un impulso, porque ganar siempre viene bien", cuenta sobre un vestuario dolorido tras el borrón en el pasado Mundial y del que él, aún con 22 años, es ya todo un peso pesado.