Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: "decepción", más dudas y un trabajo que no se "tira por la borda"

Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: “decepción”, más dudas y un trabajo que no se “tira por la borda”

Perder una Copa, un torneo propicio a lo inesperado -aunque hubo un tiempo, hace no tanto, de abrumador dominio de Barça y Madrid-, donde se disputan tres finales consecutivas, no se puede considerar un fracaso. Ni un motivo para dinamitar todo lo construido. Pero, después del éxtasis del Kosner Baskonia en el Roig Arena, la sensación en el Real Madrid era de decepción. De que el proyecto Scariolo, que afrontaba su primer gran examen, sigue sin conseguir levantar definitivamente el vuelo. Y de que se escapó una gran oportunidad de reconquistar el trofeo y alzar el título.

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Reposado el trayecto blanco en Valencia, cuesta extraer conclusiones. El equipo no fue un desastre. Ni siquiera hay jugadores claramente señalados. Durante los tres partidos, rindió a un nivel medio-alto casi siempre, con algún momento de gran competitividad, como el jueves ante Unicaja y otros de puro frenesí, como la milagrosa resolución de la batalla en la semifinal contra el Valencia. Pero, también, tuvo un par de agujeros preocupantes. El primero fue el amanecer precisamente contra los locales, un acto inicial impropio, que pudo costar demasiado caro (32-16). Y el segundo, mortal, el desenlace contra el Baskonia, donde el Madrid se desempeñó como si Hezonja fuera a aparecer de nuevo para hacer magia. Sin determinación, con errores de bulto, incapaz de frenar en defensa las heroicidades de Forrest, Luwawu-Cabarrot y Omoruyi, sin acierto y hasta sin contundencia: Diakite, que ni siquiera es un cinco, intimidó a un Tavares siempre incómodo.

"No tengo mucho que reprochar al esfuerzo de los jugadores. Evidentemente, hemos tenido problemas para proteger nuestra pintura. No hay ninguna duda de que hemos concedido demasiadas terminaciones cerca del aro. Hemos fallado en el uno contra uno y en las ayudas", reconoció sin tapujos después Scariolo.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.ACB Photo

Ese fue el análisis en caliente de lo sucedido deportivamente. Una final que los blancos dominaron como parecía lógico ante un rival con una rotación de apenas ocho hombres y que tuvieron en varias ocasiones a tiro de sentenciar (40-30, 72-64...). Pero en la que acabaron enredados y derrotados. Como lo pudieron estar un día antes contra el Valencia Basket: sólo se salvaron por uno de esos milagros que suceden de vez en cuando en el Madrid (perdían de cinco a falta de 18 segundos). En dos partidos, sin prórrogas, encajaron 206 puntos...

Más allá de la Supercopa perdida en pretemporada, el Madrid, que había avanzado con vaivenes todo el curso -contundente en ACB, más dubitativo en la feroz Euroliga-, pierde una bala. Scariolo no ocultó la "decepción", pero quiso poner el valor "la progresión del trabajo", que "no se tira por la borda". Y habló de lo que todo el mundo tiene en mente: ¿será capaz su Madrid de pelear tanto por la Euroliga como de rematar su trabajo en la ACB?

El Madrid no ha sufrido percances físicos de consideración en toda la temporada y su rotación, con 15 piezas, parece estabilizada. Presume de plantilla, de varias opciones por puesto que cualquiera envidiaría, de experiencia (Llull, Campazzo,...), de talento ofensivo diferencial (Hezonja, Maledon, Lyles...), de centímetros (Tavares, Len...), de versatilidad (Deck, Okeke, Feliz...). Es decir, no tiene excusa. Parece más cuestión de mentalidad -"no será fácil volver a levantar la cabeza y competir pero es lo que tenemos que hacer"- y, sobre todo, de que funcione en la cancha.

Para afrontar retos extremos y despejar el runrún de decepción que empieza a circular en alguna parte de la afición. Primero, en una Euroliga donde compiten contra algunos colectivos más potentes objetivamente (Fenerbahçe, Panathinaikos, Olympiacos...). Pese a las 11 derrotas, siguen en buena disposición para conseguir algo que les pondría menos complicado alcanzar la Final Four (el gran objetivo): ser cabezas de serie. La tarea debe comenzar este mismo jueves, cuando recibe al Bayern. El calendario, que no es del todo feroz, tiene una trampa casi al final, con visitas consecutivas a Baskonia, Olympiacos y Fenerbahçe, antes de cerrar la primera fase en casa contra Estrella Roja.

Después llegará el turno de la ACB, donde también tendrán presión, a pesar de que tienen bastante propicio lograr acabar primeros y asegurar el factor cancha en los playoffs. Ahí, tampoco serán sencillos los rivales, tanto el Barça como, sobre todo, un Valencia Basket del que ya avisó su dueño que buscará la revancha en el torneo doméstico.

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

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Como un sueño del que no despertar, una gesta que recordará el baloncesto y nunca olvidará Baskonia, la Copa de Paolo Galbiati, la Copa contra todo pronóstico. El equipo vitoriano, en una oda a la resistencia, desplumó al Real Madrid en la final como al Barça en semifinales: aguantando golpes como el mejor de los fajadores. El carácter Baskonia está tan de vuelta que ni resquicio al milagro le dejó al equipo de Scariolo, arruinado por la genialidad de pistoleros como Trent Forrest o Luwawu-Cabarrot. [89-100: Narración y estadísticas]

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La séptima del Baskonia, 17 años después. Un título insospechado, porque hubo momentos en el comienzo de temporada en los que ni sencillo parecía estar de vuelta al torneo. Un mazazo para el Madrid, que se relamía tras la gesta en semifinales. Jugó con fuego una vez y se quemó a la segunda, incapaz de despegarse en todo el partido de un rival con menos piezas, con menos centímetros pero con el corazón más grande.

La 30ª Copa del Real Madrid tendrá que esperar, el despegue que no llega de la era Scariolo. Asomarse al precipicio y no caer ante el Valencia no fue para los blancos la lección necesaria. Y eso que fue el suyo un inicio eléctrico, justo lo contrario que 24 horas antes: un 13-2 en menos de tres minutos que mandó al rincón a los de Galbiati. Aunque de ese traspié se iban a levantar como un resorte. Y eso, no sucumbir, iba a ser la clave de todo lo demás.

Como si se sacudiera el polvo de los hombros, con Cabarrot a los mandos, el Baskonia remontó (parcial de 4-17). En ese tramo, el primer sustituido de Scariolo fue Hezonja, que se fue cabreado, sin saludar al técnico, en esa jugosa relación de amor-odio que mantienen. No iba a ser su noche.

La segunda unidad blanca iba a protagonizar el siguiente mazazo. Andrés Feliz, brillo silencioso, y Alex Len en la pintura (mucho mejor esta vez el ucraniano, que ni jugó en semifinales, que Garuba). Fue un parcial de 14-0 (40-30), ante un rival que buscaba soluciones y que logró mantenerse con vida al descanso pese a sus problemas defensivos y al desafío que le suponía Edy Tavares. Al Baskonia, que lleva toda la temporada buscando un pívot desde que se le marchara Samanic, se le lesionó hace unos días el único puro que tienen, Khalifa Diop.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.Kai FörsterlingEFE

La Copa en Valencia para ellos ha sido una prueba de superación, pero también un fin de semana en las nubes de antaño. No es que hubieran pasado 17 años desde la última final (el título de 2009 en el Palacio, contra Unicaja), es que incluso se había descabalgado varias veces de un torneo que está en su ADN. En el de su afición, sin la que nada se entiende. En la final no se iban a conformar, puro coraje de una entidad revitalizada.

A la vuelta de vestuarios siguió la resistencia vitoriana, haciendo gala de carácter pero también de talento. Cabarrot era una pesadilla y a cada golpe blanco se rebelaba el Baskonia. Uno tras otro. Con la energía de Garuba, pareció el enésimo demarraje (72-64), pero ahí la respuesta, los triples de Omoruyi, el temporero (tiene contrato de unos meses por la lesión de Sedekerskis) como héroe, para estar con mucha vida ya avanzado el acto final (79-81), como 24 horas antes contra el Barça. La fe del que no tiene nada que perder.

Los nervios blancos aparecieron en la recta de meta y eso que Cabarrot se marchó con cinco faltas. La primera canasta de Howard, las acciones increíbles de Forrest (¡rozó el triple doble!), los errores de Feliz y, sobre todo, los inolvidables tapones de Mamadi Diakite. Un campeón indestructible. Heroico.

El primer gran examen del Real Madrid de Scariolo: "Se acerca lo que siempre me ha gustado"

El primer gran examen del Real Madrid de Scariolo: “Se acerca lo que siempre me ha gustado”

Pasaron 12 años de la última vez de Sergio Scariolo en la Copa, de una derrota en cuartos con el Baskonia en 2014 (contra el Valencia), del torneo «pintoresco» que luce doble en su (enorme) vitrina particular. En 1999 lo levantó precisamente con el equipo vitoriano y seis años después, en 2005, con el Unicaja que ahora le desafía en su retorno. «Se acerca lo que siempre me ha gustado. Con la selección, los cuartos... El momento de la verdad. Donde tienes que tener preparado al equipo mental, física y tácticamente. Que la temperatura no baje o suba demasiado. Lo que estoy acostumbrado a hacer toda la vida, pero, por supuesto, en un marco que tiene atmósfera», admitía ayer en Valdebebas antes de partir hacia el Roig Arena, escenario del que será el primer gran examen a su Real Madrid.

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Con los blancos también, memoria lejana, sabe el italiano lo que es perder una final. En Málaga 2001 un extraterrestre vestido de azulgrana se les apareció en la final. «Sólo recuerdo a Pau ganando el partido casi solo. Su segunda parte fue el Pau que luego todo el mundo ha aprendido a conocer. Eran sus primeros partidos trascendentes. Fue sobresaliente», rememoraba de ese episodio inolvidable del baloncesto nacional. Leyendas de la Copa, torneo único, pasional, propicio para las gestas y últimamente también a las sorpresas. Pero también mortal si se vuelve con el fracaso.

Hasta ahora en el Madrid de Scariolo hubo luces y sombras, una final perdida (Supercopa), un liderato sólido (ACB) y un vaivén constante (Euroliga, donde ahora es cuarto). 36 victorias, 14 derrotas (11 de ellas en Europa). Un balance digno, no excelente. «Los datos demuestran que hemos trabajado bien en la temporada. Y cada vez mejor. Pero no tienen influencia en el partido de cuartos. La historia de la Copa es la de los cambios de ranking, de las sorpresas. Los ocho equipos que participan, es difícil que cualquier resultado sea sorpresa total», analizaba ayer Scariolo sin querer mirar más allá: sólo le preocupa el Unicaja, el campeón actual, con el que se las ve esta noche en cuartos (21.00 h., DAZN). Aunque hayan cambiado tanto, los malagueños «vienen como campeón y no a verlas venir. Grandísimo respeto».

El equipo de Ibon Navarro al que el Madrid remontó este mismo domingo en el Carpena, con el que llegó a perder de 18 puntos en la primera parte. Un aperitivo complicado aunque repleto de dudas (tocados Alberto Díaz, Tyson Pérez, Tillie...) para un lado del cuadro que es un campo de minas. En semifinales, si la lógica se cumple, aguardará el Valencia de Pedro Martínez, anfitrión y poderoso, tan favorito esta vez como el que más.

Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.

Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.acB pHOTO

El Real Madrid ha atravesado momentos dispares en lo que va de curso. La derrota contra el Barça en el Palacio, en ACB, la primera después de nueve clásicos, escoció aquel 4 de enero. Los azulgrana abusaron de un Madrid sin solidez defensiva, habituado en ese tramo a encajar más de 90 puntos por norma. Los blancos espabilaron desde entonces, una resurrección de principio de año, seis victorias seguidas en Euroliga incluyendo la revancha ante los de Xavi Pascual (otro que regresa a la Copa después de unos años), un claro paso adelante en esfuerzo y solidez. Que se vio interrumpido últimamente. Europa marca la pauta, porque en Liga Endesa la contundencia es para elogiar. París, Atenas y Dubai fueron una vuelta a las andadas.

La Copa, pues, para el Madrid, es búsqueda de reconquista y de un dominio perdido: de las últimas cinco sólo ha levantado una, la de 2024 en Málaga. La hora de tipos con el foco encima, como Mario Hezonja, quizá en el mejor momento de su carrera y al que Scariolo parece empeñado en elevar aún más («Es el jugador, con diferencia, que el que más duro he sido, pero porque creo que su techo no ha llegado todavía», decía hace unas semanas). «El equipo está hecho de personas. Hay algunos acostumbrados a este tipo de citas y otros que no lo están. Y son muchos», valoraba ayer el italiano, que mantiene a toda su plantilla sana (recuperado ya Maledon) y tendrá que jugar con los descartes, uno seguro entre los tres extracomunitarios (todo apunta a Chuma Okeke antes que la experiencia de Gaby Deck o el talento desequilibrante de Trey Lyles). Aunque si de experiencia se trata, nadie como Sergio Llull. El capitán blanco volverá a ser el jugador con mejor palmarés de entre todos los participantes de la Copa, pues ya ganó siete, como en su día Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y Rudy. Todos a tres del récord que comparten, con 10, Epi y Clifford Luyk.

El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

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La racha de seis victorias del Real Madrid en la Euroliga se truncó el miércoles en París, donde el equipo de Sergio Scariolo pagó muy caros sus continuos errores de concentración, traducidos en 17 pérdidas y 19 rebotes concedidos bajo su canasta. De nada sirvió el acierto de Trey Lyles (21 puntos) y Andrés Feliz (18) porque los blancos cayeron en la primera de las cuatro visitas consecutivas que le aguardan en el torneo. [Narración y estadísticas (98-92)]

Tampoco bastaron las broncas de Scariolo desde el banquillo, porque su defensa rara vez pudo contener el caudal ofensivo local. Nadir Hifi castigó una y otra vez el aro con su zurda (21 puntos), acompañado del siempre prolífico Jared Rhoden (15 puntos en 18 minutos).

Para entender las desatenciones del Madrid con el rebote defensivo baste recordar que sólo en la primera parte, el Paris Basketball hizo 41 lanzamientos a canasta, 12 más que su adversario. El frenético tempo impuesto por el equipo de Francesco Tabellini, atacando con mucho acierto en los siete primeros segundos de su ataque, desquició una y otra vez al vigente campeón de la ACB.

Tapones de Faye

Ocho puntos de Mario Hezonja, más entonado tras el descanso, mantuvieron al Madrid en la pugna. Incluso tras los problemas de Eddy Tavares ante Mouhamed Faye, autor de seis puntos, siete rebotes y cuatro tapones. El ida y vuelta ayudó a resaltar las virtudes del impetuoso Feliz, 68-64 (min.28). Sebastián Herrera, inédito hasta entonces, irrumpió con cinco puntos y el París retomó su ventaja a falta del último cuarto (75-66).

Los de Scariolo aceleraron para intentar la remontada con más piernas que cabeza atrás y con Lyles como principal arma ofensiva (79-73, min.34). Sin embargo, dos triples de Campazzo y Feliz pusieron a los blancos a sólo cuatro (86-82, min.36). Otro triple de Feliz puso al Madrid por delante (89-90), algo que no ocurría desde el primer cuarto, pero los locales resucitaron gracias a un inmediato 2+1 de Hifi, que desató los gritos de "MVP, MVP".

Dos malas penetraciones visitantes dejaron en 94-90 con 31 segundos en el reloj. Hezonja puso a los suyos a dos, pero Rhodeb no falló desde la personal y llevó el delirio a una afición que enlazaba tres derrotas seguidas.

Garuba y Trey Lyles espabilan a tiempo a un apático Real Madrid

Garuba y Trey Lyles espabilan a tiempo a un apático Real Madrid

La derrota contra el Barça en el Palacio dejó resaca, dolor de cabeza y dudas. Espesura general en Francia y una llamada a la energía sin respuesta. No fue drama porque, otra vez (y van ya unas cuantas esta temporada), el Real Madrid despertó a tiempo, ya avanzado el acto final, cuando Usman Garuba tocó a rebato desde la defensa y Trey Lyles desplegó su repertorio mortal. Ahí se quedaron la rebelión del ASVEL Villeurbanne y el susto blanco, bordeando la que hubiera sido la octava derrota a domicilio en Euroliga. El triunfo, un respiro, aunque no sea para presumir. [69-80: Narración y estadística]

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Porque fue media hora de mal juego, de demasiados errores, de llegar tarde a casi todo y de ir a remolque de un rival inferior. La mejora en defensa (por primera vez en muchos partidos el rival se quedó en menos de 70), el cerrojazo en el acto final (8-20 de parcial), taparon lo anterior, incluida la noche gris de Hezonja.

La memoria de la derrota en el clásico, tan reciente, tan dolorosa, no fue acicate. Al menos de inicio, se volvió a comprobar a un Real Madrid apático, desganado, como si la energía les hubiera abandonado. Otro partido en poco más de 48 horas, así es el calendario, así lo quieren los propios clubes. Descansaron Llull, Deck y Almansa (y Procida no participó) y aunque el amanecer trató de ser otra cosa, al menos en defensa, pronto se comprobó de nuevo a un mal Madrid.

Un equipo fallón y blando, que encajó, sin venir mucho a cuento y sin Tavares en pista, un parcial de 25-10 y se vio a remolque una noche más. Hería el rebote y desequilibraban las individualidades, el eléctrico Glynn Watson, el talentoso y veterano Thomas Heurtel, tenía que ser él. Uno de los colistas de la Euroliga -una competición que abandonará rumbo a la Champions League de la FIBA- que acaba de perder a su gran líder, De Colo (fichado por Fenerbahçe).

Maledon

Ante tal oposición, el ASVEL, con su propietario Tony Parker en el palco, se vino arriba. Mientras Hezonja continuaba errando triples, los galos despegaban con contras rematadas por pases por la espalda de Heurtel o triples liberados tras estupendas combinaciones. La remontada se hacía esperar, incluso cuando Usman Garuba pisó por primera vez el LDLC Arena, casi al final del tercer cuarto.

Fue un poco después, sin brillantez, con los puntos al fin de Maledon -homenajeado en la previa en el que fue su equipo- y el esfuerzo del pívot canterano (63-65). La chispa adecuada. De la que se aprovechó después Lyles, talento desatado y un Madrid, como un sprinter, lanzado hacia una victoria que un rato antes no vio nada clara. 12 puntos del pívot y fundido a negro del ASVEL. El jueves, sin público en el Palacio ante el Maccabi, siguiente round.

La sangría defensiva que rompe al Madrid y "preocupa" a Scariolo: falta de energía, poco trabajo táctico y el "esfuerzo" individual

La sangría defensiva que rompe al Madrid y “preocupa” a Scariolo: falta de energía, poco trabajo táctico y el “esfuerzo” individual

Desde abril de 2024 el Real Madrid no perdía un clásico, nueve victorias de carrerilla que se quebraron un extraño domingo por la mañana, Palacio repleto y un Barcelona tan poderoso como no se recordaba. Desde marzo de 2024 ningún rival ganaba en Liga Endesa en semejante escenario (entonces, el Manresa), 37 seguidas iban. Las rachas, sí, están para romperse y más en este baloncesto moderno de calendarios insufribles. Pero el triunfo azulgrana, tan merecido que ni un pero hubo, dolió más en el vestuario blanco por el cómo. No hay perdón cuando se encajan 105 puntos, especialmente cuando eso, lo de que el rival se ponga las botas, es tendencia.

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En Euroliga, donde más se disparan los titubeos de este Real Madrid de Sergio Scariolo que no termina de despegar, a los blancos les anotan casi 87 puntos por noche. Es la cifra es la más alta desde que la competición se empezó a disputar (2016) en formato de todos contra todos. Especialmente grave en un equipo del italiano, siempre con tanto celo en la zaga. Con un especialista táctico del que presumir, Luis Guil. En ACB, donde el liderato peligra (si el Valencia gana en su partido aplazado ante el Zaragoza...), son más de 82 por duelo. Cifras que no se pueden esconder. Y que alarman, dentro y fuera.

Tras la derrota, la undécima en los 35 partidos oficiales que van de temporada, el propio Scariolo reflexionó sobre el hecho. Sobre la incapacidad, por ejemplo, de frenar ayer en el uno contra uno a Kevin Punter (en la primera mitad) y a Nico Laprovittola en el momento de la verdad (17 puntos del argentino en la segunda mitad). Sobre la pérdida del rebote (23 a 37, completamente clave) ante un Barça inferior físicamente y lastrado, además, por las lesiones (sin Jan Vesely, Will Clyburn...). «No puedo decir que no me preocupe. Hay que reconocer que juegas siempre con rivales de altísima calidad y talento. Pero no hay duda que es un punto en el que tenemos que mejorar», reconoció el ex seleccionador en sala de prensa. Quien, a continuación, expuso algún atenuante. «La defensa, cuando tienes tan poco tiempo para prepararla tácticamente, es energía, esfuerzo, continuidad. A veces, con tan poco tiempo de recuperación, puede no producirse. Antiguamente, había una norma que debía haber al menos 48 horas entre un partido y otro. Esto vale para todos, para el Barça y para nosotros. Pero no ayuda a los jugadores», razonó una queja, la del calendario (no descansa, esta semana otra doble de Euroliga, con visita al Asvel y el Maccabi en el Palacio) que no es nueva. Un argumento en el que ahondó el capitán Sergio Llull: «No han sido 48 horas porque jugamos el viernes a las nueve. No sé si le parecerá normal al que hace el calendario, a mí no me lo parece. Ni para un equipo ni para otro, porque ellos (el Barça) también jugaron el viernes. No es una excusa por esta derrota, es un llamamiento al sentido común».

Willy Hernangómez celebra una de las canastas clave del Barça en el Palacio.

Willy Hernangómez celebra una de las canastas clave del Barça en el Palacio.ACB Photo

En los últimos cuatro partidos de Euroliga, el Madrid ha encajado 89 (Milán), 90 (París), 100 (Mónaco) y 93 (58 al descanso, Dubai). Una tendencia. Siete de sus ocho derrotas en Europa llegaron en duelos en los que el rival hizo 87 o más puntos. Como las dos de ACB, idéntico resultado ante Baskonia y Barça (105-100). El clásico de ayer y sus 205 puntos anotados en conjunto, fue el segundo más ofensivo de la historia en Liga Endesa. El top, 212, fue en febrero de 1996 (102-110, también para el Barça). 205 se habían sumado también, tras una prórroga, en abril de 2022 (108-97, para los azulgrana).

De las heridas blancas a la euforia de un Barça que está protagonizando una asombrosa y exprés resurrección desde que fuera despedido Joan Peñarroya. La del domingo, con Xavi Pascual, era el noveno triunfo seguido en ACB. «Uno es entrenador para momentos como este. Suelo sentirme muy cómodo, porque los disfruto muchísimo», se congratuló el de Gavà.

Campazzo y Feliz consolidan el liderato del Real Madrid en Murcia

Campazzo y Feliz consolidan el liderato del Real Madrid en Murcia

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Facundo Campazzo (15 puntos) y Andrés Feliz (13 puntos) marcaron las diferencias en Murcia, donde el Real Madrid noqueó al UCAM para certificar su undécima victoria consecutiva en la ACB, con la que acaba 2025 como líder de la Liga Endesa y con la que certifica su clasificación para la Copa del Rey en Valencia. Los blancos dominaron toda la noche al equipo de Sito Alonso, que sigue segundo en la tabla, con sólo tres derrotas. [Narración y estadísticas (80-91)]

El triunfo multiplica la confianza del grupo de Sergio Scariolo de cara al clásico ante el Barcelona del próximo domingo (12:30 horas). Entre otras razones porque sólo ha perdido dos de sus 42 partidos en la competición doméstica, ante el Unicaja en las pasadas semifinales (86-84) y frente al Baskonia en la segunda jornada de esta temporada (105-100). Además, mantiene abierta su tacada de 37 triunfos en el Movistar Arena.

UCAM Murcia presentó batalla hasta la última posesión, pero no logró contener a los visitantes en los instantes cruciales. De poco sirvió el acierto exterior de Michael Forrest, porque el equipo local no pudo brindar un triunfo a Sadiel Rojas, cuya camiseta fue retirada poco antes del pitido inicial.

Obligado a un sobresfuerzo

Tras un arranque muy igualado, los blancos se hicieron fuertes bajo los aros con Gabriel Deck y Alex Len, estableciendo unas distancias que parecían descarrilar a su adversario (32-41). El UCAM se veía obligado a un sobresfuerzo y precisaba más acierto. Un triple de Campazzo y tres tiros libres también con su firma -forzó falta cuando intentó otro- volvieron a dejar llevar la ventaja por encima de la decena (44-55).

En todo caso, la lucha se mantuvo viva, con problemas incluidos de faltas: Walter Tavares y Len ya tenían cuatro, como Devontae Cacok en los locales. Alonso dispuso una defensa en zona, pero lo primero que hizo su rival fue romperla con dos triples de Feliz (58-73).

Tavares, ante Hicks, el miércoles en Murcia.

Tavares, ante Hicks, el miércoles en Murcia.EFE

Forrest asumió la responsabilidad ofensiva ante la mediocre actuación de Dylan Ennis, David DeJulius, Sander Raieste y Toni Nakic. También Will Falk y Jonah Radebaugh aparecieron y replicaron sumando de tres en tres (64-73).

Feliz y Trey Lyles fueron factores determinantes en el último cuarto y también el rebote ofensivo, pero el UCAM no había dicho su última palabra. Ennis y DeJulius, con sendos triples, dejaron el 74-80 con tres minutos y medio aún por jugarse. Esa misma diferencia se repitió con el 76-82 y con el 78-84 pero Alberto Albade, con una penetración y un triple, lo sentenció.

Scariolo, del adiós a una era con la selección a un Real Madrid en busca del despegue

Scariolo, del adiós a una era con la selección a un Real Madrid en busca del despegue

La escena, comenzado agosto, no era cualquier detalle. En un rincón de las gradas del pabellón Triángulo de Oro, en el madrileño barrio de Chamberí, lugar habitual durante años de las preparaciones de España antes de los grandes torneos, un grupo de técnicos no perdía detalle. Sergio Scariolo impartía su enésima master class con la selección sobre la pista y los que iban a ser sus ayudantes en el Real Madrid tomaban nota. Empapándose de sus métodos antes incluso de comenzar 'oficialmente'.

Los que conocen y rodean al técnico italiano siempre comienzan su descripción con la misma palabra: "Exigencia". Hasta casi lo obsesivo. No iba a faltar en el siguiente paso en su carrera, valiente, difícil, arriesgado. De la leyenda con la selección al banquillo del Real Madrid, el que abandonó 23 años atrás. De ocho medallas en 15 años, de la implantación de un método envidiado en todo el mundo, a los desafíos mayúsculos de un club en el que apenas hay margen para la derrota. La nueva era en la casa blanca después del extenso periodo Laso-Mateo es también un reto personal para Scariolo, buscar el éxito total a nivel de clubes, esa Euroliga que redondearía un palmarés único.

En eso está Scariolo, a sus 64 años, desde los 22 en los banquillos cuando se inició en las categorías inferiores del club de su Brescia natal de la mano de su mentor, Ricardo Sales. No ha perdido ni un ápice de energía ni de inquietud. La que necesita para lidiar con ese oleaje inicial de un equipo que todavía no levanta el vuelo. Hay dudas en el comienzo. El calendario azota y en Europa lucen más derrotas de las deseadas. Nada que ver todavía la defensa con lo que pretende. Ni la intensidad y concentración. "Nos sigue faltando algo. La mitad de los jugadores son nuevos, el entrenador es nuevo, la competición es muy exigente... Seguimos todavía teniendo jugadores que están empezando a entender cómo jugar en el equipo", dijo la semana pasada tras la derrota en Mónaco, la octava en Europa.

Firme en la ACB, Scariolo maneja con celo de todo lo que rodea al Madrid, tan diferente al elogio bien merecido de sus últimos años con la selección, el ocaso de una era. También con algún run-run en las tribunas del Palacio. El domingo tendrá una buena prueba con la visita liguera de un Barça al alza con Xavi Pascual. Y en unas semanas llega la Copa en el Roig Arena, el primer Rubicón.

El adiós de Scariolo a la selección resultó deportivamente amargo. Aunque no sin honor. El Eurobasket el pasado verano fue un doloroso baño de realidad para la España acostumbrada a los podios y las medallas. Un torneo en el que sólo pudo ganar a Chipre y Bosnia y en el que fue eliminada a las primeras de cambio tras dos derrotas crueles contra Italia y Grecia. El seleccionador intentó sacar el máximo rendimiento de un colectivo sin experiencia y con pocos referentes más allá de Santi Aldama. Además del cambio generacional (ya sin Rudy, Llull, Ricky...), tampoco le ayudaron las ausencias, desde la última del nacionalizado Lorenzo Brown (que, además, dejó sin capacidad de reacción a la Federación), a otras como Usman Garuba, Alberto Abalde, Hugo González o Alberto Díaz. Se inventó dos bases de 19 años (Sergio de Larrea y Mario Saint-Supèry) que, finalmente, fueron lo mejor que le sucedió al equipo en la remota Limasol.

Scariolo, junto a Willy Hernangómez, en su última rueda de prensa con la selección, en Limasol.

Scariolo, junto a Willy Hernangómez, en su última rueda de prensa con la selección, en Limasol.ALBERTO NEVADO / feb

Tras rozar la gesta ante Antetokounmpo y salir por la puerta de atrás del Europeo (la peor clasificación histórica de España en una gran cita), Scariolo no se recreó en nostalgias. Recibió el aplauso de todos en su última rueda de prensa, en su última cena con la selección. Y se puso manos a la obra con el Madrid, en el que había dejado de avanzadilla de pretemporada a su mano derecha tantos años, Luis Guil. Porque el proyecto blanco es todo ambición. En la cancha y en los despachos. Una revolución de arriba a abajo en la que el italiano es la pieza maestra.

La llegada de Sergio Rodríguez a la dirección deportiva, acompañado de Martynas Pocius, es toda una declaración de intenciones con vistas al futuro desembarco de la NBA. En el área deportiva, Scariolo se ha rodeado de un amplio staff en el que no sólo aparece el experto en defensa Guil. Se mantiene del anterior cuerpo técnico Lolo Calin. El apartado ofensivo lo comanda Stefan Ivanovic, hijo de Dusko. Desde la Virtus de Bolonia (ahí trabajó junto a Scariolo hace tres temporadas) llegó Matteo Cassineiro y desde el Joventut, donde fue durante años responsable de la cantera (y entrenador del junior), David Gimeno, que será el enlace entre el equipo senior y el U22 y el encargado de la mejora individual de los jugadores. También se incorporó Piti Hurtado como responsable del área estadística y audiovisual...

Nada al azar. Como en una plantilla tan extensa y potente como no se recordaba. Llegaron hasta seis refuerzos (Chuma Okeke, Izan Almansa, Trey Lyles, David Kramer, Gabriele Procida y Theo Maledon) a los que se unió, comenzada la temporada, otro NBA, Alex Len (en sustitución de Bruno Fernando). En estos meses, Scariolo sigue tratando de imponer su método y lidiando a la vez con un calendario inasumible. No fue capaz de alzar la tempranera Supercopa en Málaga (derrotado por el Valencia en la final), en la ACB es líder con sólo una derrota y en Europa siguen las luces y las sombras.

El Madrid aprieta en defensa para ganar a domicilio al líder Hapoel

El Madrid aprieta en defensa para ganar a domicilio al líder Hapoel

Actualizado Martes, 25 noviembre 2025 - 21:40

El Real Madrid logró un meritorio triunfo en la pista del Hapoel de Tel Aviv, apoyado en una gran defensa que dejó al líder de la Euroliga en 74 puntos cuando promediaba 92.1 por noche. Tras su gris actuación ante el Zalgiris, Mario Hezonja (19 puntos, seis rebotes, tres robos) resurgió con una notable actuación en el primer cuarto y el tramo decisivo n que corregir acciones como un inexplicable triple postrero que pudo arrojar por la borda todo el trabajo previo.[Narración y estadísticas (74-75)]

La visita a Bulgaria, con el cansancio extra de haber tenido que aterrizar de madrugada en el día del partido, se antojaba como un punto de inflexión, la opción de espantar los malos augurios acumulados desde el arranque del curso.

Concentrados para frenar un sistema con tres hombres bajos en pista, tendencia de moda en la elite, el Madrid manejó ligeras ventajas durante el primer tiempo, limadas por el acierto israelí desde el perímetro (36-39, m.20). Hezonja había cerrado el primer cuarto con 11 puntos.

Aparición de Micic

Triples hubo también, ocho, durante los primeros siete minutos y medio de la segunda parte. El duelo exterior acabó en batalla nula al firmar cuatro por bando, pero en el montante global, con un Real Madrid diluido en la pintura por momentos, terminaron ganando los locales.

Sin embargo un parcial de 0-8, con bandeja de Andrés Feliz sobre la bocina de la media hora, sirvieron para que el susto de los de Dimitris Itoudis no se convirtiera en amenaza seria (58-60, m.30).

Parecía la oportunidad idónea para escaparse, pero les echó el lazo el talentoso Vasilije Micic, demostrando por qué cobra el sueldo más alto de la Euroliga. Bajo su dirección, encestando y asistiendo, se levantó el Hapoel (69-69, m.37).

Omnipresente Hezonja

Era un momento para los hombres importantes y, esta vez sí, Hezonja pidió paso. Primero punteó un rebote armando un contraataque exitoso; luego robó de manera impoluta para culminar en solitario con un mate; y, finalmente, capturó un rebote defensivo ante la presencia de dos contrarios.

El buen trabajo en aro propio obligó a agotar la posesión del Hapoel en su primer intento, por lo que todo seguía igual con 32 segundos por jugarse. Asumió el ataque Theo Maledon en un uno contra uno con Micic y erró, pero el rebote cayó de nuevo en manos de Hezonja.

Era la jugada que le hubiera consagrado como héroe de la noche, pero cerca estuvo de convertirse en villano al lanzar un triple que no tocaba, forzado y desde muy lejos, cuando solo había que aguantar la pelota. No entró y tuvo una opción más de ganar el anfitrión. El error de Micic otorgó el triunfo a los jugadores de Sergio Scariolo, que terminaron a medio camino entre la alegría y las reclamaciones a Hezonja.

Trey Lyles desata la pañolada en el Palau

Trey Lyles desata la pañolada en el Palau

Volvía Sergio Scariolo a un clásico 23 años después. A ese escenario tan único, pese a lo repetitivo de cada temporada. Su Real Madrid en el Palau Blaugrana con dos desafíos, mantener y ampliar la racha heredada de ocho victorias consecutivas y ganar, al fin, a domicilio en Euroliga (en ACB ya lo logró el domingo en Zaragoza). Dos objetivos cumplidos en una estupenda noche en Barcelona, un festival ofensivo, talento blanco desatado, frente a un Barcelona que apenas pudo opositar más que orgullo. Un naufragio que acabó en pañolada y gritos contra el palco. [92-101: Narración y estadísticas]

Desde el mismo amanecer se intuyó a un Madrid al fin liberado, en la que iba a ser su noche más plena de lo que va de curso. Nada más oportuno, tantas veces, que enfrentarte al mayor de los desafíos para sacar lo mejor de uno mismo. Las cinco primeras canastas blancas en el Palau -que en la previa homenajeó a Alex Abrines, retirado con 31 años- tuvieron diferente autor. Un ritmo ofensivo demoledor, con Campazzo (acertó sus tres primeros triples) y un ya imparable Trey Lyles, que hirió con la calma de los elegidos. Anota canastas con una facilidad insultante, el muestrario de un jugador superior llegado después de 10 temporadas titular en la NBA. Un fichaje de los que cambian proyectos.

El Barça aguantaba como podía, sostenido por sus veteranos, Vesely, Shengelia (que pudo jugar a pesar del esguince sufrido el domingo) y Will Clyburn. Pero cuando apareció Hezonja, la distancia se disparó por primera vez. El Madrid -en el que debutó Alex Len- acertó ocho de sus 10 primeros triples, incluido uno desde más allá del medio de campo de Chuma Okeke (también recuperado para la ocasión) que cerró un primer episodio de 34 puntos blancos.

Lo nunca visto en el Palau, demasiado hasta para el amor propio del Barça. Que se vio 17 abajo (27-44), superado totalmente en el rebote, aunque no tiró la toalla.

Deck atrapa un rebote ante Shengelia, en el Palau.

Deck atrapa un rebote ante Shengelia, en el Palau.Enric FontcubertaEFE

El paso por vestuarios no apagó la clase de Lyles, que volvió con más puntos de su infinito repertorio, hasta dispararse a los 27 ya por entonces (acabó con 29, cuatro de seis en triples, 32 de valoración, su tope personal incluida la NBA). El Barça lo intentaba de todas formas, pero se le acumulaban los problemas: Satoransky, su único base pleno (Laprovittola regresó después de sus problemas físicos y Juani Marcos no fue ni convocado) salió del partido tras una técnica que suponía su quinta falta. Aún en el tercer cuarto.

Era un querer y no poder, una frustración constante y en aumento. Scariolo movía su lujoso fondo de armario y todos se unían a la fiesta. Hezonja, como actor secundario, es demasiado. Al final de ese tercer acto minaban las fuerzas mentales azulgrana acciones de un enorme mérito ofensivo de Andrés Feliz, el propio Hezonja, Maledon... El acierto era una tortura para el Barça, al que ni Willy Hernangómez, que apareció ya en la segunda mitad, logró revivir.

Es el sino de este Barça de cinturón apretado en los despachos. Altibajos que no auguran cosas demasiados buenas a largo plazo, para desesperación de un Joan Peñarroya que sólo sabe perder clásicos: 0 de seis desde que aterrizó en el banquillo del Palau. A comienzos del acto final, 18 abajo, todo parecía acabado. Es más, cuando se produjo el último amago de remontada local, comandado por Kevin Punter -un 10-2 a falta de cinco minutos-, volvió a la cancha Lyles. Y ni los ánimos del Palau posibilitaron un final emocionante. Un golpe de autoridad blanca en el primer clásico del curso, una noche para el recuerdo del canadiense.