Ledecky consigue la victoria en el 800m libre y se convierte en la deportista más laureada de la historia de los Juegos Olímpicos

Ledecky consigue la victoria en el 800m libre y se convierte en la deportista más laureada de la historia de los Juegos Olímpicos

Actualizado Sábado, 3 agosto 2024 - 22:34

La nadadora estadounidense Katie Ledecky conquistó su noveno oro olímpico al ganar la final de los 800 m libre. Con esta victoria iguala a la gimnasta Larissa Latynina como las mujeres con más títulos en la historia de los Juegos. Ledecky posee un total de 14 preseas olímpicas y, a sus 27 años, tiene la intención de seguir compitiendo al menos hasta Los Ángeles 2028.

"Me encantaría, ya veremos. No es fácil", admitió. "Lo tomaré año a año y ya veremos. Voy a darlo todo mientras pueda". La legendaria nadadora alcanzó a la gimnasta soviética Latynina con su cuarta victoria consecutiva en la prueba de los 800 m libre, con un tiempo de 8:11.04 frente a la figura australiana Ariarne Titmus (8:12.29) y a la estadounidense Paige Madden (8:13.00). Ledecky se vengó así de Titmus, quien la batió con rotundidad en los 400 m libre disputados hace una semana en el pabellón de La Défense.

"Ganar cuatro veces una prueba es lo que más significa para mí", adelantó la triunfadora. "Sentí que me había presionado mucho, pero estoy muy contenta de haberlo conseguido". "Sabía que iba a ser una carrera dura hasta la meta, así que tuve que confiar en mí misma, en mi entrenamiento, en que sé cómo competir en esa prueba. Y sí, me sentí aliviada de haber puesto la mano primera en la pared",

La estadounidense, que tuvo que conformarse con un bronce en la prueba combinada, ratificó después que había viajado a París no sólo para agrandar su extraordinario palmarés, sino para entrar en el olimpo de los más grandes atletas olímpicos. La victoria en el 1.500 libre le dio la oportunidad de abordar este sábado la marca de Latynina, que logró sus nueve preseas doradas entre 1956 y 1964.

SOLO PHELPS POR DELANTE

Por delante de ellas sólo se encuentra, a larga distancia, el gran coloso de las piscinas, Michael Phelps, que arrasó con 23 oros entre 2004 y 2016. El prodigio de Baltimore también enlazó cuatro trítulos olímpicos consecutivos en los 200 mariposa de los Juegos de Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016.

El público de La Défense vibró con la gesta de Ledecky y le brindó una enorme ovación al confirmar el triunfo. Sus aficionados también lanzaron gritos de "USA, USA" para un triunfo que acerca a Estados Unidos a la líder Australia en el medallero de la natación de París.

El equipo océanico, sin embargo, está en buena posición para asestarle la primera derrota al Team USA desde 1988, sumando siete oros, seis platas y dos bronces por un registro de 5-12-7 para los norteamericanos con cinco finales por disputar en París.

El verano de Summer (McIntosh)

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Evgeniya Chikunova tendría que haber estado en la final de los 200 braza. Y quizás la habría ganado. Después de todo es la plusmarquista mundial. Pero, además, es rusa, una razón olímpicamente excluyente en las actuales circunstancias bélico-políticas. Chikunova, de 19 años, nacida, como Putin, en San Petersburgo, no forma parte del magro contingente de compatriotas, 15 en todos los deportes, que han sido autorizados para acudir a París como «atl

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Léon Marchand y los récords aplazados

Léon Marchand y los récords aplazados

Acostumbrados a que la natación nos regale récords del mundo con pasmosa frecuencia, casi sorprendió que, ya en el primer día de competición, no se batiera ninguno. Mejor. Los récords tienen que hacerse esperar y darse a valer. Deben responder a lo excepcional y no a lo rutinario para mantener su prestigio. Ninguna máxima competición carece de interés porque no registre récord alguno. Al contrario. Plantea un desafío y un aliciente futuros cercan

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Ledecky descubre su condición humana ante 'Terminator' Titmus

Ledecky descubre su condición humana ante ‘Terminator’ Titmus

Cuando Katie Ledecky entró por primera vez en La Défense Arena dijo que la piscina construida en una instalación donde habitualmente se juega al rugby le hacía sentirse pequeña, diminuta. Al salir de esa misma piscina, después de la final de 400 libre, no se sintió pequeña. Se sintió humana, de nuevo humana, frente al poder de una nadadora que avanza como un fueraborda. Es Ariarne Titmus, a la que sus compañeras de equipo empezaron a llamar Terminator. La razón es evidente. La australiana supo muy pronto, en el primer centenar de metros, que no iba a necesitar de lo más terrible de su apodo, no esta vez, porque Ledecky tampoco era Ledecky, no la que conocemos, y porque Summer McIntosh tiene todavía demasiado respeto a la jerarquía. Esas tres nadadoras, pasado, presente y futuro de la prueba, lo tenían todo para llevar la final al umbral del récord del mundo, en poder de Titmus. Para eso habría hecho falta una Ledecky inhumana. El primer encuentro con París la descubre más cerca de los mortales, pero con una gran obra todavía por delante.

La estadounidense podía temer la derrota. Estaba en sus cálculos. De hecho, ya la sufrió en Tokio o en Fukuoka frente a la misma nadadora, líder del equipo australiano que devoró la piscina nipona y ha empezado del mismo modo en París, donde también se hizo con el relevo 4x100 libre en la primera jornada. Ledecky nadó en Tokio en 3:57.36, más rápido de lo que lo hizo en París la vencedora (3.57.49). Aunque lo hubiera repetido, no le habría servido de nada, porque Titmus lo habría mejorado. Su superioridad fue incontestable de principio a fin. La norteamericana, en cambio, bajó a la barrera de los cuatro minutos (4.00.86), algo que no había hecho en grandes competiciones prácticamente desde que rompió ese muro y arrebató el récord a Federica Pellegrini. Era el cambio de era.

Esperando el fondo

Esta apertura por debajo del rendimiento esperado, no únicamente por el bronce, puede abrir interrogantes acerca del desafío que se ha planteado la estadounidense. A sus 27 años, pretende nadar también los 800, 1.500 y el relevo 4x200. Conforme aumenta la distancia, lo hace su dominio, al tratarse básicamente de una fondista. La Ledecky del pasado, desde su aparición con 15 años en lo más alto del podio de Londres 2012, no tiene oposición en las pruebas más largas. Veremos en París, donde mantiene su objetivo de convertirse en la deportista con más títulos olímpicos, no sólo la nadadora. En Mundiales, ya suma 16, uno más que Michael Phelps.

El bronce de los 400 libre es su medalla olímpica número 11, de las que siete son de oro. Si es capaz de añadir los del 800, 1.500 y 4x200, alcanzaría los 10 y superaría los nueve de la gimnasta ex soviética Larissa Latynina. El deseo de la nadadora de Washington DC, aunque actualmente se entrena en Florida, es llegar a los Juegos de los Ángeles 2028, en los que tendrá 31 años. Hasta entonces continuará con Anthony Nesty, su entrenador y primer nadador de raza negra en lograr un oro en la piscina olímpica, en Seul'88. No es una edad habitual en la natación, y más para especialistas tan precoces, pero Ledecky ha sabido profesionalizar su actividad, crear su personaje y hacer fortuna. Ha desarrollado una carrera a la medida, biografía incluida, a partir de una personalidad muy fuerte, alejada de la debilidad que ha afectado fuera del agua a otros campeones, como Phelps o Caeleb Dressel. Si alguien está en condiciones de reponerse de una derrota como la sufrida en París es precisamente Ledecky, y no únicamente por la fe que profesa.

A la imponente piscina de La Defénse salió como salen las estrellas, con pasos cortos, con tiempo para que la aclamaran. Es discreta y mantiene sus rutinas, pero no desprecia sus momentos de diva. Se lo ha ganado. Titmus o McIntosh lo hicieron como las demás. La norteamericana se dirigió a la australiana para decirle que se había equivocado de calle y de cubo donde dejar sus cosas antes de lanzarse al agua. Tuvo que recogerlos. Antes de subir a los poyetes, nadie quería mirarla. Titmus, pese a saberse superior, le dio la espalda. Ese respeto es el que se gana con el tiempo. Por ello, la australiana no quiso tenerla por delante en la piscina. Se lanzó a acabar con las dudas desde el primer 50.

Titmus, ante Ledecky, tras su victoria en los 400 libre.

Titmus, ante Ledecky, tras su victoria en los 400 libre.AFP

Titmus tenía 20 años cuando ganó a Ledecky en Tokio. Después volvió a hacerlo en más de una ocasión. En el Mundial de Fukuoka, el año pasado, lo hizo, además, con un nuevo récord del mundo (3.55.38), tesoro que se han alternado las tres nadadoras que subieron al podio de París, incluida la joven McIntosh, que cumplirá 18 años el próximo 18 de agosto, días después de que se cierren los Juegos. El duelo del futuro es el que tendrá con Titmus, por lo que Ledecky hará bien en orientar su carrera hacia el fondo, y más con la frontera de Los Ángeles.

La longevidad es más permisiva con la distancia que con la velocidad. Ledecky, pese a ello, había logrado ser la más rápida en 200 libre en los 'trials' de su país, pero sabía que eso no la convertía en una candidata al oro en la prueba, que seguramente volverá a devorar Titmus. Se encontrarán de nuevo en el relevo de 4x200. Un duelo trepidante y nada fácil para Ledecky y sus compañeras, que en la primera jornada ya vieron como las australianas dominaban el 4x100 libre y las relegaban al segundo peldaño del podio.

Un tren que nunca debes dejar pasar

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Es un privilegio estar en París en el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos, por muy incómoda y caótica que se haya vuelto la ciudad, casi en estado de sitio ante la magnitud del acontecimiento. Volver a unos Juegos, ahora como observadora, junto al equipo de Adidas, me trae a la memoria aquellos en los que competí. Siempre preferí quedarme en la Villa Olímpica. A menos que seas Lebron James y estés incómodo por las dimensiones de la cam

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