Savia nueva para revitalizar a la escuadra decana, que este jueves, en el Palacio de Ciudad de las Artes Valencia, presentó nuevo curso. El Movistar, en su proceso de modernización, se refuerza con cinco fichajes de largo recorrido: el belga Cian Uijtdebroeks (22 años), el checo Pavel Novak (21) y los españoles Raúl García Pierna (24), Roger Adrià (27) y Juanpe López (28).
En este repóquer destaca la presencia de Uijtdebroeks, preparado para afrontar las generales de las grandes rondas. Notable escalador y contrarrelojista, ha sido gregario de Jonas Vingegaard en el Visma. Ganó el Tour del Porvenir de 2022, finalizó octavo y fue el segundo mejor joven en la Vuelta a España de 2023. Abandonó el Giro de Italia de 2024 por enfermedad cuando era top-5. Esta temporada se impuso en el Tour de l'Ain. El polivalente belga ha firmado con la formación de Eusebio Unzué hasta 2029.
«Ahora, me encuentro en un punto de mi carrera en el que mi desarrollo como corredor de clasificaciones generales en las grandes vueltas se ha vuelto esencial. La ayuda del Movistar será fundamental», dice el ciclista afincado en Andorra. Junto a Enric Mas, Nairo Quintana y Juanpe López se repartirá el liderazgo en Vuelta, Giro y Tour. Iván Romero será el gran reclamo para las cronos.
Raúl García Pierna, formado en la academia de Alberto Contador, llega al Movistar tras curtirse en el Arkéa. Escala bien y sabe elegir escapadas. Fue campeón de España de contrarreloj en 2022 y en su palmarés figuran dos participaciones en Tour y Vuelta. Ha rubricado contrato hasta 2028.
El catalán Roger Adrià sobresalió en el Kern Pharma y fue contratrado por el Red Bull-Bora para ayudar a Primoz Roglic. Le gustan las clásicas y en esta campaña se anotó el Gran Premio de Valonia y una etapa en la Vuelta a Burgos. Se integrará en la estructura del Movistar hasta 2028.
Juanpe Lopez aportará experiencia y ambición. Acaparó protagonismo en el Giro de 2022, portando la maglia rosa durante 10 días. En 2025 ganó etapa y general en el Tour de los Alpes. Su contrato acaba en 2027.
Pavel Novak es una apuesta de futuro, este año ha sido tercero n el Giro NextGen. Se ha comprometido por dos años con el Movistar.
En el equipo femenino, liderado en las últimas campañas por la británica Cat Fergurson y donde apunta alto la navarra Paula Ostiz (la júnior campeona del mundo de Europa), destaca la incorporación de la italiana Francesca Barale.
Alberto Contador recuerda el 2008, un flechazo con una carrera insospechada, el Giro que iba a conquistar en dos ocasiones. «Fui de rebote. Y me acogieron tan bien, recibí tanto cariño de los aficionados. Es especial, es la carrera que aún mantiene ese romanticismo que quizá en el Tour y la Vuelta ya no se encuentra tanto». Al madrileño se le quedaron grabadas en la memoria «las ciudades vestidas de rosa, el agua rosa de las fuentes». El mismo color que entusiasmó a un niño lombardo al que sus padres llevaban a ver etapas en Verona, a disfrutar de sus ídolos y que, años después, también lo iba a conquistar.
«Tengo una conexión para siempre con esta carrera. Independientemente de mis victorias, recuerdo mi primera maglia rosa, en Zoldo Alto, en 2005», rememora en EL MUNDO Ivan Basso, enamorado de las Grandes Partenzas desde el extranjero. «Los dos que gané fuero así, uno desde Holanda y el otro de Bélgica», hace memoria, con guiño al comienzo del 2026, que será en Bulgaria. Este lunes, en el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone, se presentó el recorrido de una edición que volverá a ascender cumbres únicas, que atravesará los Apeninos y los Dolomitas, en esa «orografía única para los escaladores», como admite Contador. Y que buscará un sucesor a Simon Yates. Todo apunta a su compañero Jonas Vingegaard, anhelo propio y de los organizadores. Pues «los grandes campeones, todos, quieren el Giro en su palmarés. Siempre fue así. Merckx ganó el Giro, Hinault ganó el Giro, Indurain ganó el Giro... Estoy convencido de que Vingegaard lo tiene en su cabeza, que su objetivo es vestirse de rosa al 100%. Está capacitado», agrega Basso, ahora director del Polti Visit Malta, uno de los animadores de cada Corsa Rosa.
La edición de 2025 no sólo fue única por su resolución, por una etapa que recordarán los tiempos, cuando Simon Yates, contra todo pronóstico, hizo saltar por los aires en Le Finestre el duelo latino entre Isaac del Toro y Richard Carapaz. También marcó tendencia por su impacto económico y social, cada vez más pujante. Los estudios posteriores lo demuestran.
El lunes, en el International Bike Economy Forum, organizado un rato antes por RCS Sports & Events en colaboración con ICE (Agencia para la promoción en el exterior y la internacionalización de las empresas italianas) se pusieron de manifiesto las cifras, cuantificadas por Banca Ifis, sobre el retorno económico que genera la Corsa Rosa en la región. «Datos extraordinarios», en palabras de Urbano Cairo. «Cuando era niño, para mí era algo imperdible, recuerdo a Gimondi y más tarde a Pantani. Después, cuando empezamos a organizar el Giro lo seguía viendo como un gran evento deportivo, una gran pasión, con grandes corredores como Nibali (presente en el Forum). Hoy veo estos números y es algo más, un evento que da una gran contribución a nuestro país», admitió el presidente de RCS. «Los datos están en constante crecimiento. La contribución del Giro a las exportaciones es evidente y confirma que ha alcanzado una nueva dimensión. Ya no es solo un gran evento deportivo, sino una herramienta concreta para el desarrollo territorial y el apoyo a las empresas italianas. Hablamos de un sistema que genera más de 2.500 millones de euros, con indicadores que siguen en aumento. El Giro es positivo para Italia, para las empresas y para las comunidades locales. Si tantos países invierten cantidades significativas, es porque han comprendido el verdadero valor de este proyecto en términos económicos, turísticos y de reputación internacional», declaró.
Giro de Italia 2026
El Giro es pasión, es tradición y es impacto económico. Vincenzo Nibali, otro mito italiano, vuelve a su infancia, a «Bugno y Chiappucci». «Me fascinaron. El Giro tenía un lugar especial en mi corazón. Después, como ciclista, me cambió la vida», cuenta quien lo conquistó en 2013 y 2016 y quien en 2019 protagonizó una épica batalla con Primoz Roglic y el vencedor Carapaz. Batallas que se traducen en números.
El análisis de Banca Ifis destaca que el valor generado por los espectadores en directo del Giro 2025, que asciende a 2.100 millones de euros, incluyendo tanto el impacto inmediato (el gasto generado por los espectadores a lo largo de las etapas del evento y por la estructura organizativa del mismo) como el impacto indirecto (el gasto de quienes, tras asistir al evento en los territorios del Giro, regresan para disfrutar de otras experiencias turísticas). Este impacto es significativo y está creciendo en comparación con la primera medición realizada en 2023.
El Giro es también un poderoso embajador del 'Made in Italy'. Según datos, más de 1,5 millones de aficionados extranjeros que siguieron la carrera activamente aumentaron su propensión a comprar regularmente productos italianos (la alimentación y las bebidas fueron las más populares), lo que genera un valor de más de 2.500 millones de euros anuales.
Los datos recopilados también ponen en valor el sello que el Giro deja con sus salidas en el extranjero. Bulgaria tomará el relevo de Albania: el 92% de los espectadores en directo valoraron positivamente esta decisión y el 74% reconoció la salida en Albania como un importante valor de promoción turística y el 38% lo considera un fortalecimiento de los lazos culturales entre los dos países, lo que se conoce como poder blando.
También hace unas semanas, durante el Festival dello Sport de Trento bajo el título 'Giro de Italia: Entre el impacto económico y el bienestar social', Banca Ifis avanzó este estudio en el que, según sus modelos de medición, consideró que la edición pasada generó un impacto de 79 millones de euros.
El Giro de Italia 2025 tuvo una de las resoluciones más inverosímiles y emocionantes de la historia del ciclismo. Mientras Isaac del Toro y Richard Carapaz se controlaban, Simon Yates (Bury, Inglaterra, 1992), fuera de todas las quinielas, les sorprendió con una hazaña en las rutas sin asfaltar del Colle delle Finestre para ganar la segunda grande de su carrera tras la Vuelta a España de 2018. Todavía asombrado de lo conseguido, el británico del Visma atiende a ELMUNDO en el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone de Roma, minutos antes de desvelarse el recorrido de la 109 edición, en la que todavía no sabe si volverá para defender su maglia rosa.
¿Qué supuso para su carrera la victoria en el pasado Giro?
Creo que, sin duda, es el momento cumbre de mi carrera. No me imagino logrando algo más que esto. Creo que tengo que ser realista, ya sabes, si quisiera aspirar al Tour de Francia, no sería posible ganar allí con superestrellas tan grandes. Así que sí, ganar el Giro es algo con lo que... soñaba. Sí, no creo que sea algo superable.
Fue algo así como una revancha para usted, tras perderlo en 2018 con Chris Froome, también en Le Finestre.
Vine por primera vez en ese 2018, estuve muy cerca y fallé en el paso final. Los años después estuve lejos. Pero algo en mi mente me llevaba a volver a intentarlo.
La ascensión a Le Finestre ya quedará para siempre asociada a su nombre.
Creo que sí. Pudiste ver que tenía todas las emociones desatadas cuando crucé la línea de meta. Normalmente no soy una persona muy emocional, pero lograrlo y hacer eso fue, sí, increíble.
¿Siente que nadie contaba con Simon Yates antes de empezar esa etapa, que sólo se hablaba del duelo entre Del Toro y Carapaz?
Por supuesto. Pero yo también tenía un plan ese día y el equipo tenía el planteamiento de intentar algo. Y también dije: «Nadie me está vigilando, así que quizá si, hay un momento de duda, puedo aprovecharlo». Y así fue.
¿Ha podido ver la etapa repetida en televisión? ¿Cómo explica lo del Del Toro y Carapaz?
Claro. Nunca se sabe qué pasa por la mente del ciclista en ese momento, pero creo que cuando vi a Carapaz, ya ganador de un Giro antes, se notaba que estaba dispuesto a arriesgarlo todo. Y luego, Isaac, un corredor obviamente joven, pero que también buscaba ganar. Esa batalla táctica por detrás fue lo que pude aprovechar. Increíble.
¿Cuál son sus objetivos para el próximo año? ¿Volverá al Giro?
Todavía no lo sé. Tuvimos reuniones la semana pasada con el equipo y todavía estamos discutiendo los detalles, no solo para mí, sino también para las compañeros, Jonas (Vingegaard) y los demás. Lo sabremos pronto.
¿Por qué diría que el Giro es especial, diferente?
Lo es. Es una carrera mucho más agradable para mí. Me refiero al ambiente. Es un poco más relajado, un poco más, digamos, apasionado. A veces siento que el Tour de Francia puede ser más como un negocio. En el Giro, ya sabes, mantiene la pasión de la afición y... Creo que todos los corredores lo sentimos.
¿Cómo fue su infancia y cómo recuerda su formación en el velódromo?
Tengo muy buenos recuerdos. A veces pienso en volver e intentar correr en la pista, pero ahora creo que quizá van demasiado rápido para mí. Ahora están muy especializados allí, y sería difícil.
¿Cómo era la relación con su hermano gemelo Adam? ¿Competían mucho?
No. Teníamos peleas fraternales, pero siempre nos hemos llevado muy bien, y hoy en día seguimos hablando casi a diario. Así que somos muy cercanos.
¿Y quién era su ídolo cuando era un niño?
En realidad, nunca tuvo ningún ídolo de verdad durante mi infancia.
Para quien no le conozca más allá de la bicicleta, ¿cómo es Simon Yates?
Soy una persona muy tranquila. Siendo sincero, fuera del ciclismo, es difícil hacer mucho más si eres profesional. Es difícil encontrar tiempo, pero fuera de temporada me gusta viajar por el mundo. Me encanta ver cosas diferentes y explorar lugares que nunca había visto, así que siempre lo espero con ilusión a final de año.
¿Qué es el Giro sin su 'tappone'? Nada pude igualar la orografía italiana, la que escribió la leyenda de sus héroes, la dureza de los Dolomitas, el frío, la lluvia y hasta la nieve en las cumbres de mayo. Mientras Tadej Pogacar protesta para que la ronda italiana y la española intercambien sus fechas, para que los ciclistas pasen menos penurias climatológicas, la Corsa Rosa desoye los 'consejos' de desnaturalización. En el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricono de Roma se desveló el recorrido de su 109 edición, del viernes 8 de mayo al domingo 31, un desafío a los mejores ciclistas del mundo.
Porque al Giro no le hace falta tirar de sus clásicos para ser temido. En sus titulares no se encuentra esta vez el Mortirolo, ni el Gavia o el Stelvio, ni siquiera en Bondone, el Zoncolan, la Mormolada, las Tres Cimas de Lavaredo o el Pordoi. Tampoco La Finestre, donde Simon Yates saltó la banca latina de Isaac del Toro y Richard Carapaz en la última edición. Nombres que son sinónimo de sufrimiento, de gestas. Aun si ellos, sigue siendo temible la ronda italiana. Aparecen otras montañas, que piden paso. Por ejemplo el ya conocidoi Blockhaus, en los Apeninos, donde pusieron su nombre en el pasado Merckxs, el Tarangu Fuente, Nairo Quintano o el último, en 2022, Jai Hindley. O el inédito Piani di Pezzè, corto y duro (cinco kilómetros al 9,8%), el colofón a una de esas etapas monstruosas made in Giro. Al día siguiente, la Corsa Rosa conmemora el desastroso terremoto de Friuli (6 de mayo de 1976) recorriendo su cráter antes de ascender dos veces al Piancavallo, lo que determinará la clasificación final.
Porque en esa cumbre dolomítica, a dos días del final en Roma, se descubrirá un 'tappone', marca de la casa. Más de 5.000 metros de desnivel acumulado, cinco cimas antes de la definitiva. La Cima Coppi del Giro será el Passo Giau de 2.233 metros. La carrera cruzará la frontera con Suiza con una etapa íntegramente en territorio helvético, de Bellinzona a Carì. Milán albergará un final de etapa por 90.ª vez. Con su salida desde Gemona del Friuli (1976-2026), el Giro conmemorará el desastroso terremoto de hace 50 años.
Ahí se conocerá sucesor de Yates, todo incógnitas aún de quién tomará la partida en Bulgaria (Jonas Vingegaard parece el principal reclamo). Porque el Giro, por tercera vez en los últimos cinco años (Hungría en 2022 y Albania el año pasado), por decimosexta vez en su historia, parte de más allá de las fronteras italianas. Serán tres jornadas búlgaras para, tras una jornada de traslado, adentrarse en Italia por Calabria. La primera etapa, con salida y llegada en el Mar Negro, de Nesebar a Burgas, otorgará la primera Maglia Rosa. Después, desde Burgas para llegar a Veliko Tarnovo tras 220 kilómetros, incluyendo un ascenso de 3,5 km con una pendiente del 7,5 % al final. La última etapa en Bulgaria concluirá en la capital, Sofía, donde se espera de nuevo a los velocistas.
Ya en Italia, de Sur a Norte con final en Roma. Serán 3.459 kilómetros con 50.000 metros de desnivel positivo, una contrarreloj individual de 40,2 km, ocho etapas llanas, siete de media montaña y cinco de alta montaña, con siete finales en alto.
Giro Women
También fue presentado La Corsa Rosa femenina,, que comenzará en Cesenatico el 30 de mayo y finalizará en Saluzzo el 7 de junio, tras nueve etapas, 1.153,7 km y un desnivel positivo de 12.500 metros. Habrá dos finales en alto: Nevegal y Sestriere, al final de una etapa verdaderamente espectacular que incluirá, por primera vez en la historia de la carrera, la ascensión al Colle delle Finestre.
Si la edición 2025 del Giro de Italia comenzó en Tirana, la capital de Albania, la de 2026 tendrá el punto de partida en Bulgaria. Así lo confirmó este viernes Urbano Cairo, presidente de RCS MediaGroup, durante el Festival Deportivo de Trento, en el foro empresarial: "Giro de Italia: entre el impacto económico y el bienestar social".
El acto, celebrado en el Palazzo della Regione, confirmó a la Corsa Rosa como motor de exportaciones, un acontecimiento con un impacto económico crucial y una prueba cada vez más internacional. "Lo mejor del Giro es su impacto económico, muy significativo en Italia, con cifras en crecimiento. En 2023, supuso 620 millones de euros, cifra que ha ascendido a 700 millones. Pero el impacto registrado en los 18 meses siguientes, para quienes ven el Giro en todo el mundo y luego vienen a Italia, suma otros 1.400 millones de euros. Son cifras significativas. A esto hay que sumar la Grande Partenza desde el extranjero, que genera valor", dijo Cairo, que habló sobre la salida en Bulgaria: "Estas iniciativas tienen un impacto positivo, son apreciadas por los países que visitamos, pero también por los italianos que conocen un nuevo territorio. Estamos impulsando las exportaciones italianas, y este es un objetivo para nuestro país. El Giro es un embajador del deporte en todo el mundo, y traerlo a un país extranjero abre un sinfín de oportunidades".
Durante la octava edición del Festival, organizado por La Gazzetta dello Sport y Trentino Marketing, junto con la Provincia Autónoma de Trento, el Ayuntamiento, la Universidad y la Oficina de Turismo de la ciudad y bajo el patrocinio del CONI y el Comité Paralímpico Italiano, se prestó especial atención al valor global del Giro 2025 en el Bike Business Forum, organizado por RCS Sports & Events en colaboración con ICE (Agencia Italiana de Comercio).
El evento estuvo moderado por Pier Bergonzi, director de Sportweek y periodista de La Gazzetta dello Sport y brindó la oportunidad de presentar los resultados de nuevos estudios sobre el impacto social y la contribución a la promoción internacional de Italia, basados en la última edición de la Corsa Rosa, junto con investigaciones sobre movilidad sostenible.
Urbano Cairo, durante el acto.
Antonio Tajani, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, se unió por videoconferencia. Entre los ponentes se encontraban Urbano Cairo, Matteo Zoppas, presidente de la Agencia ICE, Paolo Bellino, director general y director general de RCS Sports & Events, Silvia Marrara, consejera de la Embajada del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, Maurizio Rossini, director general de Trentino Marketing, el excampeón mundial Maurizio Fondriest y, en representación del equipo Q36.5 Pro Cycling Team, Giacomo Nizzolo.
Carmelo Carbotti, Director de Marketing Estratégico e Investigación de Banca Ifis, presentó los resultados de dos estudios realizados durante el Giro de Italia 2025, ofreciendo un amplio panorama del impacto social, económico y nacional relacionado con el evento y sus valores. El profesor Paolo Malighetti ilustró las conclusiones de un estudio sobre el sector de las bicicletas eléctricas, promovido y llevado a cabo por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional (MAECI) en colaboración con MOST y la Universidad de Bérgamo, donde ejerce como Coordinador Científico.
En la división Ifis Sport, creada por el presidente Ernesto Fürstenberg Fassio, Banca Ifis examinó los efectos de asistir al Giro como espectador en el bienestar físico y la participación deportiva, destacando también el papel del evento en la difusión de prácticas sostenibles, tanto ambientales como sociales.
79 millones
Según el estudio, la edición de 2025 generó un impacto social valorado, según el Modelo de Medición de Banca Ifis, en 79 millones de euros, una cifra significativa gracias a la amplia audiencia involucrada y al impacto transformador que genera el Giro. De hecho, el 71 % de los espectadores en directo afirmó que asistir al Giro tuvo un efecto positivo en su bienestar personal (aproximadamente 1,6 millones de personas). Además, el 23 % de los no deportistas declaró que comenzaría a hacer ejercicio después de la experiencia, mientras que el 57 % de los deportistas habituales afirmó que aumentaría su frecuencia de entrenamiento.
El segundo estudio se centró en los datos económicos relacionados con la Grande Partenza desde Albania. La investigación destacó cómo el evento contribuyó tanto a la promoción internacional del país anfitrión como al fortalecimiento de la imagen de Italia en el extranjero, especialmente en relación con los valores de diseño, innovación y calidad de producción asociados globalmente al Made in Italy.
Entre los hallazgos más significativos: el 92 % de los espectadores en directo valoró positivamente la decisión de iniciar la Corsa Rosa 2025 fuera de las fronteras italianas. Esta decisión también amplió la audiencia: el 36 % de los asistentes experimentó el Giro por primera vez, lo que confirma la capacidad del evento para atraer nuevos aficionados. Además, el 74 % de los espectadores reconoció la salida albanesa como un importante motor de promoción turística, mientras que el 38 % la consideró un medio para fortalecer los lazos culturales entre Italia y Albania. Uno de cada cuatro espectadores también consideró que el evento ayudó a mejorar la imagen de Italia como un país abierto y colaborativo.
El estudio titulado "Bicicleta eléctrica: El motor de la movilidad sostenible Made in Italy" ofreció una visión general de la excelencia industrial italiana en el sector de la bicicleta eléctrica, destacando el potencial de crecimiento internacional de una cadena de suministro cada vez más crucial para la movilidad sostenible.
RCS Sports & Events lleva mucho tiempo contribuyendo a impulsar este sector mediante la organización de Giro-E, la exclusiva experiencia de bicicleta eléctrica que se celebra en los mismos días y carreteras que el Giro, reconocida oficialmente como evento de cicloturismo por la Federación Italiana de Ciclismo.
Sus padres tenían que vender gallinas para verle correr por las vegas del Amazonas. El ecuatoriano Jhonatan Narváez (El Playón de San Francisco, 1997) creció en una granja en la que cuidada y ordeñaba vacas. La austeridad, el sacrificio y el valor del trabajo moldearon a un chaval que comenzó a montar en bicicleta con menos de tres años. En su primera carrera, en la provincia de Sucumbíos, terminó último. «Llovía muy duro, llegué empapado a la meta, pero llegué», recuerda un corredor acostumbrado a sortear dificultades y que ahora atraviesa por un momento estelar como escudero de Tadej Pogacar en este Tour de Francia.
En la primera semana de la Grande Boucle, el ecuatoriano ha sido el primero de los gregarios del esloveno en neutralizar las acometidas de rivales e imponer el ritmo adecuado en esos finales en rampa en los que se siente tan cómodo. A pesar de realizar esa labor de desgaste, ocupa la 28ª plaza de la general, a 7.55 minutos del líder, Mathieu van der Poel.
Narváez rompe la norma del tradicional ciclismo sudamericano, especializado en la alta montaña. Él se desenvuelve con acierto en las clásicas y en rondas de una semana. «Es el más belga de los latinos», dicen sus compañeros. Es un cazador de etapas que el año pasado se consagró en el Giro de Italia y cautivó a Pogacar por su osadía. El ecuatoriano se impuso al esloveno en la primera jornada de la Corsa rosa en un espléndido sprint entre ambos y el germano Maximilian Schachmann. Esa victoria impidió que Pogacar fuera líder desde el principio al fin de la carrera. «Ese tío es bueno», susurró entonces el nuevo Caníbal. Al final de aquella temporada, Narváez abandonó el Ineos de Tom Pidcock y Carlos Rodríguez para integrarse en el UAE.
La clásicas y los adoquines
A Narváez ya le conocía Joxean Fernández Matxin desde su ciclo como Scouting Talent del Quick Step de Patrick Lefevere. En 2018, el ecuatoriano se incorporó a la escuadra belga, destacando por su rápida adaptación a las clásicas de los adoquines.
Narváez es un tipo duro que se educó en un ambiente familiar en el que el deporte ocupaba un lugar destacado. A su padre y hermano siempre les apasionó el ciclismo. «Jhonatan nunca dejó de asistir a ninguna carrera por falta de dinero. Cuando había una competencia, juntábamos los realitos, vendiendo la gallina, vendiendo el cuy para ganar los 50 dólares que valía alquilar un carrito para la ida y vuelta», dijo su padre, Manuel, en Radio Sucumbíos en una entrevista realizada en 2020.
Narváez, durante el último Tour Down Under.TEAM UAE
Jhonatan, como no podía ser de otra forma, jamás olvidará los sacrificios realizados por su familia para que él, con 19 años, pudiera marcharse de su casa, a la orilla del Amazonas, y fichar por el Klein Constantia, filial del Quick Step, donde coincidió con Iván García Cortina y Enric Mas. Ahí arrancó su notable trayectoria, en la que figuran, entre otros logros, una etapa en el Giro de Italia, tres campeonatos nacionales de ruta, la Vuelta a Austria, la Semana Coppi-Bartali y un oro en la prueba de ruta de los Juegos Panamericanos.
En el actual curso se ha anotado la general y una etapa del Tour Down Under. Es rápido en sprints reducidos y con final en cuesta. Fue elegido por la Federación de Eucador para representar a su país en los Juegos Olímpicos de París, lo que generó una gran controversia porque su elección provocó que Richard Carapaz (el gran ídolo de su país) no acudiera a la cita olímpica. Una controversia que sirvió para curtir al nuevo y valioso soldado de Pogacar.
Simon nació 26 segundos después que su gemelo Adam, el mismo que el viernes comandaba el ya rendido grupo de perseguidores camino de Sestriere, toda la estructura del UAE hecha añicos por un ciclista con el que nadie contaba y que ayer en Roma festejaba enfundando en rosa el triunfo de una vida. Es el éxito de quien siempre prefirió «pasar desapercibido», la segunda grande del 'menor' de los Yates -el Yates bueno se suele bromear, pues le supera en victorias- tras la Vuelta a España de 2018, entonces por delante de otro talento emergente, Enric Mas.
En esta época de prodigios precoces, Simon ha triunfado con varias de las cualidades que marcan su carrera. La regularidad, la resistencia y, finalmente, el ataque. No flaqueó en ninguna de las etapas de montaña de las dos primeras semanas, lució en la contrarreloj bajo la lluvia de Pisa (a nueve segundos de Juan Ayuso), en una de las disciplinas que más ha evolucionado durante su carrera. No le pilló el corte del pelotón camino de Nova Gorica. Y resistió sin alardes pero sin perder demasiado tiempo los tres etapones de los Dolomitas. Y, en el Colle delle Finestre, donde en 2018 había protagonizado un hundimiento histórico, saldó una cuenta pendiente para escribir una de las páginas más vibrantes del ciclismo de los últimos tiempos, desplumando las dudas de Isaac del Toro y de Richard Carapaz.
La carrera de Simon, que incluye 10 victorias de etapa entre las tres grandes, está marcada por las comparaciones con su hermano -al que hace dos años, en la primera etapa del Tour con meta en Bilbao, dejó el honor del triunfo cuando culminaron juntos la escapada-, que sigue siendo su mejor amigo, no hay día sin llamada telefónica entre ellos. Imposibles de distinguir, cuando se convirtieron en profesionales en el equipo australiano Orica-GreenEdge en 2014, les obligaron a usar gafas de sol de diferentes colores. Habían crecido en Bury, influidos por la afición de su padre John, y se habían labrado en el ciclismo en el velódromo de Mánchester. De hecho, su gran sueño de infancia era ser olímpico en pista, ahí fue oro Mundial en 2013 en Minsk. Simon aguantó algo más, creciendo en la Academia Great Britain. Adam puso rumbo a Francia (Troyes) para aventurarse en la carretera.
Era la primera vez que se separaron. Se volvieron a unir en 2014, hasta que en 2021 Adam volvió a separar el camino, rumbo al Ineos. Simon permaneció una década bajo la misma estructura con sus cambios de nombre: Orica-Scott, Mitchelton-Scott, Team BikeExchange, BikeExchange-Jayco y, finalmente, Jayco-AlUla. Allí vivió uno de sus episodios más turbios, cuatro meses sancionado por el uso de un inhalador para el asma en París-Niza. Su propio equipo se responsabilizó del error de no haber avisado previamente a la UCI.
Hasta que el pasado verano protagonizó uno de los fichajes más sonados al unirse al proyecto de un Visma Lease a Bike marcado por los infortunios y las derrotas en los últimos tiempos. Pero el gran objetivo de Simon era (y sigue siendo) ayudar a Jonas Vingegaard en el Tour.
Adam y Simon Yates, durante la última etapa en Roma.LUCA BETTINIAFP
Nadie contaba demasiado con él para el Giro. Pero alejado de enfermedades e infortunios que le lastraron en el pasado, su preparación fue perfecta, entre las montañas de Andorra (donde reside desde 2015) y de Sierra Nevada, su lugar preferido para los trainings camps, donde siempre le acompaña su familia y su perro. «Disfruto analizando los datos, mirando las gráficas y viendo qué funciona y qué no», aseguraba en una entrevista hace un par de años.
Simon, cuyos ojos claros estaban empapados en lágrimas en la meta de Sestriere, el mismo que por la mañana en Verrés dudaba de si iba a ser capaz de pasar al ataque (reconoció que fueron sus compañeros los que le animaron y le dieron la confianza suficiente para intentarlo), confiesa su pasión por los videojuegos - paso muchas horas relajándome con el FIFA, Call Of Duty, Battlefield»- y también disfruta de la carrera a pie, que practica fuera de temporada. Su hermano corrió hace años el maratón de Barcelona, bajando de las tres horas. Él, confiesa, también le gustaría intentarlo algún día.
«No hay nada más grande que esta sensación. Es un momento importante en mi carrera, ya veremos qué pasa a partir de ahora», confesaba ayer el tercer corredor británico de la Corsa Rosa, tras Chris Froome en 2018 y Tao Geoghegan Hart en 2020.
El habitual paseo por Roma para coronar al campeón del Giro de Italia tuvo en esta edición 108, una de las más sorprendentes que recordará la Corsa Rosa, la bendición del nuevo Papa. León XIV recibió al pelotón a las 15.30 horas en el Vaticano, antes del inicio de la última etapa.
"Sepan que son modelos a seguir para los jóvenes de todo el mundo. Les agradezco su labor y espero que, así como han aprendido a cuidar el cuerpo, el espíritu también sea siempre bendecido. Estén siempre atentos a la totalidad del ser humano: cuerpo, mente, corazón y espíritu. Que Dios los bendiga", pronunció el Papa Prevost, que estrechó la mano de Simon Yates, Mads Pedersen, Isaac del Toro y Lorenzo Fortunato, las cuatro maglias del Giro. Y recibió un maillot rosa del presidente de RCS, Urbano Cairo.
La anécdota del encuentro la protagonizó Nairo Quintana que se saltó el protocolo y se acercó al Papa para estrechar su mano. Los corredores pasaron por la Plaza de San Pedro, los Jardines Vaticanos y salieron por la Porta del Perugino para iniciar la etapa final. De ahí, con los festejos típicos del final de cada gran vuelta, afrontaron los 144 kilómetros por Roma, casi siempre controlado el pelotón por el Soudal, el Alpecin y el Visma.
Olav Kooij celebra su triunfo en Roma.LUCA BETTINIAFP
A falta de 70 kilómetros triunfó una fuga de seis hombres (Verre, Paleni, Cerny, Hepburn, Pietrobon y Marcellusi), que mantuvieron un pulso con el pelotón durante muchos kilómetros: su ventaja apenas llegó a los 30 segundos. Josef Cerny fue el que más resistió; fue neutralizado a falta de menos de seis kilómetros, ya en la última vuelta al circuito.
El triunfo de etapa fue para Olav Kooij, su segundo de este Giro. Por delante de Kaden Groves y Moschetti. Lanzado por Van Aert y completando la fiesta del Visma Lease a Bike, que lució un maillot negro y rosa para la ocasión
Roma rindió multitudinario homenaje al Giro, su patria ciclista. La afición italiana es la más entusiasta y leal del mundo, acaso porque fueron italianos y rivales los primeros verdaderos gigantes de la ruta: Costante Girardengo y Alfredo Binda. Los siguientes, también hermanados en la grandeza universal y el antagonismo local, se llamaron Fausto Coppi y Gino Bartali.
Unos y otros hicieron nacer en sus compatriotas un fundacional sentimiento de orgullo que se instaló para siempre en el alma deportiva nacional y alcanza en el interés, en la pasión por la corsa rosa, tan perfecta rima, su máxima expresión. Tanto apasionamiento condujo en no pocas ocasiones a comportamientos no del todo limpios en los despachos y el pelotón.
La entrega de los italianos al Giro es todavía mayor, si cabe, que la de los franceses al Tour. Y, desde luego, que la de los españoles a la Vuelta. Desigual, por añadidura, según las regiones. En el ciclismo, Euskadi es la Italia de España.
El Giro es con diferencia la más endogámica de las tres mayores rondas por etapas. Lo han ganado 69 veces los italianos con 44 corredores distintos. El Tour, 32 veces los franceses con 21. Y la Vuelta, también 32 veces los españoles con 24. Los ciclistas italianos han antepuesto, como una vocación y un deber, el Giro al Tour y a la Vuelta. Muchos, incluso, han sumado más participaciones en el Giro que en el Tour y la Vuelta juntos.
No ocurre lo mismo con franceses y españoles, que no han hecho de su gran ronda nacional el núcleo indiscutible, innegociable de sus trayectorias y apetencias. Sin ir más lejos, por estos nuestros pagos, Bahamontes, Indurain y Contador corrieron más Tours que Vueltas. Delgado empata a 11. Son casos plenamente significativos y ampliables.
Comparado con su propia historia, el ciclismo italiano se halla hoy inmerso en un perceptible bache. Ha resistido regular la globalización. No hay equipos italianos entre los 18 de la máxima categoría, aunque sí corredores de esa nacionalidad en sus filas. No con los mayores galones, empero. Objetivamente, ningún italiano podía aspirar a ganar este Giro, pese a que la tierra propia presta alas y el aire natal es más nutricio. No existe un Vincenzo Nibali, último italiano en vencer en el Tour (2014) y el Giro (2016).
No se le aproximan Caruso (37 años), Ulissi (35), Cattaneo (34), Formolo (32) y Ciccone (30). Ni los menos veteranos Fortunato (29) y Scaroni (27). Fabio Aru, ganador de la Vuelta en 2015, segundo en el Giro ese mismo año y tercero en 2014, pudo formar con Nibali un dúo estelar. Pero fue aceleradamente a menos y se retiró aún joven, a los 31 años. Nibali, el más internacionalista de los italianos, fue, no obstante, fiel al Giro. Participó en 11 ediciones, por nueve del Tour y cinco de la Vuelta.
Italia se ilusiona actualmente con Antonio Tiberi (23 años) y Giulio Pellizzari (21). El tiempo dirá. Entretanto, se apoya en sus dos mayores estrellas: un rodador de lujo, Filippo Ganna, y un sprinter de alta gama, Jonathan Milan. Con ellos los tifosi, optimistas por tradición y convicción, combaten la nostalgia, calman la impaciencia y alimentan la esperanza.
En la penúltima partenza del Giro 2025, en la coqueta Verrès, en el corazón del Valle de Aosta, contrasta la actitud de los dos tipos que un rato después, entre el Colle delle Finestre y Sestriere, van a perder lastimosamente la carrera. La calma casi insultante de Isaac del Toro, el chico con «un par de pelotas» al que Josean Fernández Matxin descubrió hace unos años corriendo en el barro del ciclocross belga, un mexicano, una rareza. Los nervios de depredador de Richard Carapaz, que abandona el último el autobús del Education First, pero se detiene para hacerse una foto con unos aficionados ecuatorianos, que le reclaman como a una estrella de rock. Nadie repara en Simon Yates, como casi nadie lo ha hecho durante las más de tres semanas de esta Corsa Rosa que partió desde Albania. Pero el británico, agazapado, tenía una cita con la historia.
En el mismo lugar en el que hace siete años él mismo perdió el Giro. Esa subida infinita, mitad asfalto, mitad grava. La conoce porque ha aparecido en sus pesadillas, su desfallecimiento en 2018 cuando acudió de rosa y se dejó 40 minutos ante la hazaña de Chris Froome. Por eso no se altera cuando Carapaz dinamita todo casi en la primera rampa, cuando Del Toro le sigue sin inmutarse. Él aguarda, tarda unos metros en atraparlos, pero cuando llega a ellos sabe lo que tiene que hacer. Atacar. Juguetear con sus dudas. Completó los 18 kilómetros de subida en 59:20, superando por 1:25 el récord que estaba en posesión del joven español Pablo Torre.
El británico va a cumplir 33 años y ya pocos contaban con él para las grandes cuando hace unos meses el Visma Lease a Bike, tan de capa caída, le reclutó. El viernes se dejó unos segundos en Champoluc y su candidatura parecía difuminada ante los dos latinos. Por eso sus lágrimas de incredulidad a más de 2.000 metros de altitud. «No tengo palabras. Tenía en mente intentar hacer algo y lo hice. Aunque esta mañana ni siquiera estaba seguro de si quería probar algo, tenía dudas», confiesa, emocionado. Su compañero Wout Van Aert, que le aguardó desde la escapada y le impulsó en el descenso hasta una ventaja que superó los cinco minutos, sonríe cuando entra a meta. Con el orgullo del trabajo en equipo. Una lección táctica del Visma, a la altura de la que protagonizaron hace tres años en el Tour de Francia, camino del Granon, nada menos que ante Tadej Pogacar.
Simon Yates, con la maglia rosa, en Sestriere.LUCA ZENNAROEFE
En la estación de esquí de la Via Lattea también llaman la atención los contrastes. Del Toro, que nunca supo muy bien lo que hacer, que sólo se dedicó a marcar a Carapaz, acelera en la nada para entrar con unos estúpidos metros de ventaja. Es el perdedor, pero él no deja de sonreír, se abraza con otro joven, Pelizzari. «Chapeau para ellos. Han jugado bien sus bazas. Y yo no he tenido nada que hacer. Richard me dejó la responsabilidad. Estoy decepcionado, pero nadie habría imaginado que yo estuviera aquí. Me he demostrado mucho a mí mismo», pronuncia y aclara:«No voy a llorar. No me arrepiento de nada». «Es un ragazzo. Algún día ganará el Giro. Y el Tour», le defiende su compañero Majka, el veterano que no pudo estar junto a su líder, demasiado tarde todo el UAE Team Emirates.
Para el que no hay consuelo es para Carapaz. Él sí es consciente de lo sucedido. Se ha dejado todo por ganar este Giro al que llegó reinventado. Su director, Juanma Gárate, explicaba estos días que el nuevo Richard ya no tiene mentalidad «sudamericana», ahora es «más alemán». Cambió la alimentación, los pequeños detalles. Ya no se pierde en la burocracia de los emails en inglés del equipo a los que no atendía desde sus entrenamientos en Carchi, a 3.000 metros de altitud. El ecuatoriano lo probó casi en la primera rampa del Colle delle Finestre y no dejó de intentarlo. Una y otra vez. No claudicó Del Toro y, claro, le dejó la responsabilidad. Una condena para ambos. «Éramos los más fuertes. Ha ganado el más inteligente», protesta. «Del Toro perdió el Giro. No ha sabido correr bien», critica. Y le apartan de los micrófonos, por miedo a más.
Por tercera vez en los últimos cuatro años (2022 Jai Hindley, 2023 Roglic y 2025 Yates), la maglia rosa es conquistada en el penúltimo día. Son dos perdedores y es un ganador en el Giro más impredecible, el que vio por el camino las desgracias de los favoritos (Primoz Roglic, Juan Ayuso, antes Mikel Landa), el amanecer de la perla Del Toro y el resurgir de Carapaz. Y, sin embargo, en Roma este domingo será coronado el redimido Yates, al que bendecirá el Papa León XIV cuando atraviesen la Ciudad del Vaticano.