Arbeloa, del Mbappé-Cristiano a la situación de Carvajal: "No voy a correr ningún riesgo con él. Le queda menos"

Arbeloa, del Mbappé-Cristiano a la situación de Carvajal: “No voy a correr ningún riesgo con él. Le queda menos”

Lleva 23 goles en las 23 jornadas de Liga. 22 en su caso tras perderse el duelo contra el Betis a principios de enero. A gol por encuentro, un promedio que no se ve en la Liga desde los años de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Quizás por el recuerdo de los años que compartió con el portugués, a Arbeloa se le apareció en la mente su excompañero a la hora de analizar el momento de Kylian Mbappé. «Pensamos que no íbamos a ver nada igual que Cristiano y parece que Mbappé va por ese camino. Parecía que lo de Cristiano era de extraterrestre, pero Kylian tiene condiciones para seguir su estela. Nunca sabes si lo podrá superar porque Cristiano estuvo muchos años, pero si alguien puede es Kylian», aseguró el técnico.

El francés sentenció al Valencia con el 0-2 anotado en el descuento y dejó al Madrid de nuevo a un punto del Barça tras una noche cómoda pero con algo de tensión en Mestalla, hasta que Carreras adelantó a los blancos e inclinó el duelo hacia el banquillo visitante.

«Sabemos que venir a Mestalla es como ir al dentista, por la exigencia y por la necesidad que tenían ellos. Habíamos conseguido aquí sólo tres victorias en los últimos 11 años, así que sé la dificultad que tiene», admitió Arbeloa, que con los cambios en los laterales terminó con los experimentos del día del Rayo, cuando situó en los carriles a dos centrocampistas, Valverde y Camavinga. Ese detalle, que en el caso del francés no convence demasiado en la dirección del club, quedó aparcado en Valencia, donde David Jiménez y Carreras fueron los titulares.

«Soy consciente de que Fede donde es feliz es el en el centro del campo, es donde más partido le podemos sacar», reconoció el técnico sobre el uruguayo. Y es que sorprendió Arbeloa en la alineación, situando en el lateral derecho al canterano Jiménez y dejando en el banquillo a Carvajal y Alexander-Arnold, de vuelta el británico a la convocatoria después de dos meses lesionado. La decisión del técnico envió a Valverde al centro del campo y volvió a confirmar las dudas que existen sobre el nivel físico actual de Carvajal, que ni siquiera calentó.

Este periódico informó el miércoles que el lateral español lleva días repitiendo en Valdebebas que se siente «listo» para tener minutos, pero el entrenador salmantino sólo le ha dado 29 minutos en el último mes, un rato contra el Albacete en Copa y otro contra el Mónaco en Champions, dejándole sin jugar en los últimos cuatro encuentros. A pesar de las ganas del capitán, los servicios médicos apelan más a la cautela, preocupados por la inflamación que sufre su rodilla con los minutos.

«A Dani le voy viendo cada vez mejor en los entrenamientos. No pienso correr ningún riesgo con él. Dentro del vestuario no tengo que contar su importancia, es el primero que da una palabra siempre antes de los partidos y es importante tener una referencia como él. Estoy seguro que encontrará su mejor nivel con paciencia y trabajo. Le queda menos para ser más relevante», explicó Arbeloa en la sala de prensa. Tras el partido, el defensa se quedó hablando en el césped con Antonio Pintus.

La nota positiva fue Carreras, que se sacó la espina del último mes. El lateral izquierdo falló una ocasión clarísima en el último segundo de la final de la Supercopa contra el Barça, sufrió en Lisboa contra el Benfica y no disputó ni un minuto ante el Rayo, pero marcó el gol decisivo del duelo ante el Valencia. Vio un hueco en el área rival, aprovechó un ligero rebote tras un slalom y batió a Dimitrievski para poner por delante al Madrid. Fue su segundo gol con la camiseta blanca, repitiendo el rival contra el que había anotado el primero en la primera vuelta, un Valencia que queda «muy jodido», en palabras de su capitán Gayà.

Brutal agresión al árbitro que pidió matrimonio a su novio durante un partido de la Bundesliga

Brutal agresión al árbitro que pidió matrimonio a su novio durante un partido de la Bundesliga

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El alemán Pascal Kaiser vivió su momento de gloria hace 10 días cuando pidió matrimonio a su novio Moritz justo antes del partido de la Bundesliga entre el Colonia y el Wolfsburgo. Los 50.000 espectadores del RheinEnergieStadion vieron al joven árbitro amateur hincar la rodilla y con un micrófono en la mano declararse a su novio a la vez que le ofrecía el anillo de compromiso.

La imagen del joven, defensor de la causa LGBTQ+, emocionó en toda Alemania. Sin embargo, una semana después, la alegría se ha transformado en desgracia.

Según informa L'Équipe, en la noche del pasado sábado, Kaiser fue agredido físicamente en su domicilio. El día anterior, había recibido amenazas explícitas en las que se incluía su domicilio, por lo que había avisado a la Policía, que no vio un peligro inminente.

Pero el diario francés afirma que tres hombres le estaban esperando en su jardín y le atacaron violentamente mientras fumaba un cigarrillo. Kaiser cree que la agresión tienes tinte homófobos y vincula directamente este ataque con su propuesta de matrimonio.

Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seahawks de Seattle han destrozado este domingo a los New England Patriots logrando la segunda Super Bowl de su historia. Un partido soñado para el equipo de Mike Macdonald, que dominó desde el primer minuto al último. Que reivindicó su papel de favorito, tras haber sido el mejor conjunto durante toda la temporada. Que anuló completamente a la estrella rival, el jovencísimo quaterback Drake Maye, superado, anulado, desesperado. Que impuso su ritmo, su defensa, un ataque machacón. Que consumó, 11 años después, una venganza servida más que fría, tras la derrota dolorosísima en la final de 2015.

El partido, jugado en California, nunca estuvo en disputa, y el resultado final, 29 a 13, ni siquiera hace del todo justicia. Pudo ser peor, mucho peor, por la extraordinaria defensa de los ganadores, una de las exhibiciones más importantes de las últimas décadas. Los Patriots, sin ideas, sin brazo, sin piernas ni estrategia, no lograron anotar hasta el último cuarto. Hasta el tercero sólo había logrado completar ocho pases, tantos como despejes. Maye recibió seis placajes, una cifra demoledora para una estrella emergente que se quedó esta semana sólo a un voto de ser nombrado MVP de la NFL. Por no hablar de tres pérdidas de balón, la última de las cuales fue interceptada por Uchenna Nwosu para el touchdown que redondeó la masacre.

Los Patriots sólo tuvieron un destello en todo el partido, un touchdown en el último cuarto para intentar recortar distancias y soñar con un milagro que nunca estuvo cerca. Que nunca merecieron. Seattle fue mejor en todo. En el planteamiento, en la ejecución, en las ganas, en el espíritu. Sin necesidad de que su quaterback, Sam Darnold, una cenicienta que ha llevado a su equipo a la gloria después de una carrera plagada de decepciones, traspasos, cortes y desprecios, brillara demasiado.

No fue un partido vistoso, ni de los que crean aficionados nuevos, quizás, en busca de pases largo, jugadas legendarias, carreras imposibles. Sí fue uno para gourmets, para los que disfrutan con lo más profundo de este deporte: el análisis, la táctica, las miles de horas de estudio, preparación y combinación de diagramas. Un trabajo fino que no deja momentos precisos de belleza o épica, que no deja héroes ni villanos obvios. Pero que será estudiado durante décadas por los expertos.

Fue una victoria de equipo, de sistema, de planteamiento. De una defensa espectacular, liderada por xxxxxxxx, el merecido MVP del partido. Habitualmente los premios son para los lanzadores, los receptores, los corredores. Pero de vez en cuando, incluso cuando el marcado no ha sido escaso, el reconocimiento llega a los que batallan cada posesión.

Los Seahawks arrancaron haciendo daño enseguida, en el primer minuto. Con una ráfaga de carreras y un inesperado pase de más de 30 yardas que los colocó enseguida en distancias de anotación. Sin sobresaltos, metieron la primera patada y los primeros tres puntos en menos de cuatro minutos. No hubo fallos de la defensa, sino un acierto del ataque y fue suficiente. No marcó el ritmo del primer cuarto pero sí el resultado y la tendencia de lo que vendría después.

Los Patriots, escasos en el ataque desde los playoffs, respondieron de forma conservadora, protegiendo a su joven quaterback estrella, optando una y otra vez por carreras y pases corto por la izquierda. Salió bien dos veces, hasta que un sack, un placaje, lo derribó y generó las primeras dudas, y los primeros agujeros, en el muro defensivo. Antes de que acabara el cuarto, un segundo sack para un equipo que ha defendido bien la temporada, pero que en tres partidos de play off permitió que su estrella fuera derribado 15 veces. Después llegaron cuatro más en una noche desastrosa que tardará en ser olvidada.

La misma tónica marcó los siguientes 15 minutos, y los demás. Los puntos llegaron primero poco a poco, en cuatro patadas sin que los de Nueva Inglaterra, el equipo que más Super Bowl tiene, la franquicia más exitosa y temida de toda la historia, aparecieran. Estaban perdidos, desanimados, imprecisos. Incapaces no ya de anotar, sino de acercarse lo suficiente como para soñar con una patada lejana. Después ya llegó la masacre, la humillación. Una batería de errores, debilidades y exposiciones en toda la defensa que permitieron un festival de sus rivales.

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: "Lo único más poderoso que el odio es el amor"

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”

Un espectáculo brutal de baile y plasticidad, un despliegue de ritmo, creatividad y estética. Una reivindicación del alma plural y abierta de América como continente, como oportunidad, como inclusión. Un homenaje a la cultura portorriqueña, con cañas de azúcar, viejitos jugando dominó, jíbaros con sus modestas pavas en la cabeza. Benito Antonio Ramírez Ocasio, más que Bad Bunny, puso en pie este domingo a decenas de millones de latinoamericanos con un show cantado íntegramente (por él) en español, un recital de sus mejores éxitos acompañado de cientos de figurantes y de dos estrellas mayúsculas, Lady Gaga y Ricky Martin.

Lo hizo fiel a su estilo, a sus clásicos, y en un despliegue de política 'soft', indirecta. Mensajes de amor frente al odio, un balón de fútbol americano con las palabras "Juntos somos américa". No hubo consignas políticas, no directamente. No como en los Grammys, donde el artista clamó contra el ICE, la agencia migratoria que busca extranjeros por todo el país. Ni como hizo en su día Jennifer López, con niños encerrados en jaulas para denunciar la separación de menores durante el primer mandato de Trump.

Pero todo el espíritu fue contra lo que representan. Una reivindicación de la unidad, de la concordia. Con menciones sutiles al niño Liam Conejo, detenido por la administración, llevado a miles de kilómetros de su casa, y al que quiere deportar ahora el Gobierno.

Un bar, una casita, en la que estaban Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Alix Earle, David Grutman y otros famosos. Y hubo un grito claro, nada sutil, con decenas de banderas de todos los países del continente y un letrero en los marcadores del estadio: "Lo único más poderoso que el odio es el amor".

Los ojos de medio planeta estaban puestos sobre el artista portorriqueño, que no defraudó en su puesta escena, una recreación de una bodega boricua, de una boda, de la vida de cualquier latino que ama su tierra pero busca oportunidades donde puede encontrarlas. La actuación, sin embargo, no conectó con el público norteamericano presente en el estadio de los San Francisco 49ers, en California. Hubo aplausos, algo (poco) de baile y cierta emoción con un par de sus éxitos más sonados, pero los asistentes claramente no era el público habitual del portorriqueño. La ovación más grande de la noche, probablemente, se la llevó Lady Gaga. Imperial, cantando en inglés, reconocida y admirada por muchos más en las gradas.

"Bad Bunny...mandándote todo el amor, la positividad y el abrazo más grande del mundo. ¡Todos estamos contigo esta noche! Sé que la vas a romper. Estoy aquí contigo de la misma manera que tú estuviste conmigo. ¡Tan orgullosa de ser boricua! Dale fuerte Benito. ¡Como solo tú puedes hacerlo! #LatinoGangGang", le escribió poco antes del show Jennifer Lopez, la última artista latina en un descanso de la Super Bowl en una edición que no sólo la unió a Shakira, sino que le dio al propio Bad Bunny la oportunidad de participar brevemente. Su primera vez.

Bad Bunny hizo una puesta en escena excelente para las cámaras, pero algo más complicada de seguir en la distancia dentro del campo. El artista llegó a San Francisco tranquilo y con enorme secretismo, sin que se filtrara un solo detalle del espectáculo, de las canciones previstas, los posibles artistas invitados y el tono del mensaje que se esperaba que lanzara. Lo más importante el show que ha generado más polémica y expectativa en décadas. Bunny se presentó en medio de insultos, ataques, desprecios y un intento masivo de boicot promovido por la derecha norteamericana, el trumpismo, figuras del movimiento evangélico y una parte de Estados Unidos que no entiende ni acepta que haya un artista desconocido para ellos que no sólo canta en otro idioma, sino que lo hace con orgullo. Y con un mensaje político contra las políticas migratorias de Donald Trump.

"America, the beautiful. THANK YOU, BAD BUNNY", ha celebrado el gobernador de California, Gavin Newsom, uno de los críticos más conocidos del presidente.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, durante un acto en una universidad en septiembre, promovió un 'All-American Halftime Show,' un espectáculo rival "puramente americano" con artistas conservadores como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. Respaldado por el Partido Republicano o estrellas retiradas de la NFL como Brett Favre, el que fuera quaterback de los Packers.

El estadio, lleno hasta la bandera con 65.000 almas, estaba lleno de amigos del artista. Y de otras muchísimas celebrities: Roger Federer, Kane Brown, Richard Sherman, Chris Pratt, Bon Jovi, Adam Sandler, Robe Lowe o Marcus Allen. Estaban Travis Scott o Tim Cook. Billie Joe Armstrong, Ty Dolla $ign y Flava Flav El jugador y podcaster Travis Kelce, prometido de Taylor Swift. JAY-Z con sus hijas Rumi y Blue Ivy. Los youtubers Logan Paul y Mr. Beast. Los actores Orlando Bloom, Kevin Costner, Leonardo di Caprio, Damson Idris, Jessica Alba o Jamie Foxx. Kendall Jenner y 21 Savage. Justin Bieber, Livvy Dunne, Becky G.

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid, en manos de un técnico que era defensa

El Madrid sigue la estela del Barcelona. Lo malo es que su juego no progresa. Al nuevo genio de Valdebebas se le ocurrió una alucinación. Jugar con un solo delantero, porque Gonzalo nunca existió. Ante un semi colista sólo un delantero y tres medios, más un medio defensivo. Más los cuatro defensas. La alineación de Arbeloa fue como una luz negra de pesimismo.

El enemigo no era el Arsenal. Ni siquiera el Benfica. Era un equipo enfermo que ha cogido la carrera hacia el precipicio de la Segunda División. Peter Lim se ha cargado ya un equipo histórico de la Liga.

Pero es un laberinto mental, dado que Tchouaméni, Camavinga e incluso Valverde en teoría eran tres defensas. Ese era el ficticio centro del campo. Un galimatías tratar de descubrir la ecuación estratégica de la alineación.

Creo que Arbeloa estaba muerto de miedo. Pánico a perder. Esa fue la razón visceral de salir como un equipo acomplejado, sin fútbol y a la espera de algún milagro de Mbappé.

Naturalmente, el Valencia no tenía ni juego, ni moral, ni sistema. Era como un barquito a la deriva en el puerto. Así que la primera parte fue insufrible. Horrible. Entre dos equipos con miedo a perder.

Nada cambió en la segunda parte. Arbeloa creyó que algún gol se pescaría como un fallero mayor por el área che. Y ocurrió el extraño prodigio. Apareció Carreras, que es zurdo, penetró en el área como un cuchicheo y con toda la suerte del mundo, con la derecha, se topó con el gol.

Pues no crean que empezó el baile de los cambios. No. Siguió peor el sermón de Arbeloa. El Madrid se protegía del 0-1 como si fuera el oro de El Dorado. Inaudito. Y, por supuesto, el Valencia pudo empatar. Lucas Beltrán, su mejor futbolista, disparó y Courtois tuvo a su palo derecho como amigo. Pero era el empate.

Los cambios no llegaron hasta el minuto 75. Por fin pudimos vera a un Trent que con los ojos cerrados es mejor que todos los que jugaban, a excepción de Mbappé. Y llegó su gol, tras un contragolpe y el pase mortal de Brahim, que durmiendo es mejor que Gonzalo.

Y sonrió el fenómeno francés. Ya tenía el golito de cada partido. En realidad, Mbappé no estuvo a la altura de su categoría. Pero es que con tanto defensa no recibía ni una sola vez en condiciones. Se quejó hasta de Arda Güler, porque no le filtraba el pase mortal. Estuvo hasta desquiciado.

Y quitó a Güler, como siempre, pero esta vez, antes de que el turco se cabreara, Arbeloa se abalanzó para apretarle en un abrazo. Más falso que el beso de Judas.

El resumen es que el Madrid sigue aburriendo. Y hemos descubierto que un defensa está manejando los millones de un equipo enfermo, sin brillo, sin fuste. Incapaz de hacer jugadas de calidad, ni ante un rival medio muerto.

El rescatador Carreras y el eterno Mbappé sostienen al Madrid en la persecución por LaLiga

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Un rescatador inesperado y el héroe de siempre. El Real Madrid no necesitó mucho más para seguir firme en el mano a mano con el Barça por la Liga. Le bastó acelerarse un poco mediada la segunda parte y soltar a Carreras por la única grieta que dejó un Valencia tan serio y voluntarioso como plano. Si el fútbol tiene memoria, en Mestalla solo vive en la grada. Con el marcador en contra y la parroquia encendida contra su entrenador, solo era cuestión de tiempo que Mbappé se encontrara con un buen asistente como Brahim para cerrar un duelo que fue gris pero provechoso. [Narración y estadísticas: 0-2]

Le costó mucho al Real Madrid hallar cómo hincarle el diente a un rival cuya principal preocupación era que la noche se le viniera encima. Corberán no quería una humillación y amuralló a su equipo tras una presión alta y líneas muy ordenadas que nadie en las filas blancas salvo Mbappé tenía claro cómo agrietar. Se movió el francés por todo el frente de ataque buscando las cosquillas en una misión compleja. Unai Núñez, Cömert y Copete le vigilaron y, sin veneno desde los costados y con Güler asfixiado, no era fácil generar peligro.

El Valencia intentaba estirarse buscando a Courtois pero, sobre todo, se esforzó en hacerse espeso y en morder los tobillos, aprovechando cada duda de Camavinga cuando cogía el mando. Aun así, el Madrid soltó dos zarpazos en dos minutos. Güler con un disparo ajustado al palo y otro de Mbappé que salvó Dimitrievski a bocajarro. Al francés lo había encontrado en boca de gol por primera vez Valverde y se asomaba otro partido en el que se presentaba como salvador. Antes tenía que derribar el muro o facilitar, como así hizo, que probara a hacerlo el joven canterano David Jiménez en su única incorporación al ataque.

No era fácil con Danjuma y Gayà amenazando, Beltrán multiplicado castigando cada error y Hugo Duro en perpetuo duelo con Asencio y Huijsen. Mestalla, volcado en empujar las piernas de sus jugadores, sabe lo que les cuesta marcar goles, porque se asoman al área, pero sin letalidad. Por eso sobrevivió el equipo de Arbeloa durante toda la primera parte, sin mostrar chispa, anclado en ataques tan estáticos como estériles. Sin verticalidad, quizá echando de menos a Vinicius.

Si alguien pensaba en sepultar a este Valencia sin que opusiera resistencia, se equivocó. Regresó del vestuario en la segunda parte dispuesto a asustar. Seguía sin juego, pero sí intensidad para que el Madrid no se sintiera cómodo. Encaró dos veces Danjuma, una para que Lucas Beltrán probara con un tímido disparo de espuela, y otra para encadenar dos quiebros más vistosos que efectivos. Fueron diez minutos que obligaron al Real Madrid a espabilar, al menos en la intensidad con que atacaba el castillo construido por Corberán si no querían dejarse media Liga en Mestalla. Lo entendió Carreras, que se escapó por el carril izquierdo que vigilaba Rioja buscando el área. Un quiebro, dos y un tercero a trompicones ante el mar de piernas para armar un disparo que sorprendió a Dimitrievski. Un destello que ponía en ventaja al equipo de Arbeloa. Un goleador inesperado que le tiene tomada la medida a este rival, al que ya golpeó en el Bernabéu.

Lejos de bajar los brazos, el Valencia siguió con su plan y Beltrán mandó un centro de Ugrinic a lamer el poste de la meta de Courtois. Había intención, pero faltaban fuerzas. Arbeloa buscó más colmillo con Brahim, Trent y Mastantuono, mientras Corberán deshizo su defensa y trató de insuflar aire a su equipo cuando toda la grada le pedía la dimisión por mandar a Beltrán y a Ugrinic, la sala de máquinas, al banquillo. El único que la parroquia veía necesario era Sadiq.

Con el partido roto, Mbappé puso la sentencia y al Valencia, plano, ya no le quedaron ni carreras alocadas que encendieran a una afición hastiada que fue perdiendo la fe en la remontada.

El defensa coge la otra mano de Dios: el encuentro de Araujo con Jesús en busca de su recuperación

El defensa coge la otra mano de Dios: el encuentro de Araujo con Jesús en busca de su recuperación

La mano de Dios fue la mano de Maradona, en realidad, un dios pagano. La mano que busca Ronald Araujo, en cambio, no es la pícara extremidad con la que el argentino engañó al mundo para poner en suerte un Mundial, en 1986. Es la mano del Dios que inspira su fe, porque entiende que únicamente en su misericordia podrá encontrar alivio al sufrimiento de su alma. Como Ainara, la protagonista de Los Domingos, lo hace ante el asombro y la incredulidad de quienes le rodean, en este caso en el club azulgrana, aunque con respeto por uno de los futbolistas más queridos en el vestuario.

El jugador uruguayo viajó a Tierra Santa a su encuentro con Jesús, a sentirlo en las estaciones del via crucis o en el Monte de los Olivos, y regresar con el gol, como un resucitado, en lugar de elegir las terapias de la ciencia para tratar sus problemas de salud mental. Los caminos de la fe son un intangible que la psicología no califica ni desprecia, pero se pregunta si serán suficientes, si Araujo será capaz de volver a levantarse si cae de nuevo con la cruz a cuestas.

El miedo al fracaso acabó por encerrar a Araujo, de 26 años, en su casa después de un error y una expulsión en un partido de Champions, en campo del Chelsea, del que el Barcelona salió derrotado. El club azulgrana no tiene un psicólogo adscrito al primer equipo. Tampoco el Madrid, algo que causa extrañeza en el sector de la psicología deportiva, pese a que ambos clubes han tenido casos que habrían merecido esa atención.

El miedo al fracaso

Iniesta y Bojan fueron los más relevantes, pero también en Valdebebas pusieron en relación las lesiones y el fracaso de Illarramendi en el Madrid con la incapacidad para responder a la presión o hay quien era partidario de que Vinicius hubiera tenido ayuda profesional para controlar su ira. Sólo si algún futbolista la requiere, los clubes la ofrecen o dan libertad para que la busquen a título personal.

Araujo no fue una excepción. El Barcelona, con la intermediación de Deco y el beneplácito de Hansi Flick, la puso a su disposición y ofreció al jugador el tiempo que necesitara para recuperarse. Incluso planteó al central que viajara a Uruguay para recuperarse anímicamente al calor del entorno familiar y en particular de la figura paterna. Celestino Araujo no es únicamente un padre para el futbolista. Es un referente, según cuenta el propio jugador, alguien que le inculcó desde niño el sentido de la responsabilidad y la cultura del esfuerzo, y al que ha recurrido en lo momentos de duda. En cambio, para sorpresa de la mayoría, Araujo apareció en Jerusalén bajo la capucha de su sudadera y asediado por jóvenes que pretendían un selfie.

Un coloso del deporte puede ser tan débil como cualquiera, lo que no puede tener es la privacidad de cualquiera. Araujo no era un peregrino refugiado en el anonimato, aunque pretendiera lo mismo. A pesar de la conflictiva historia de la región, en Tierra Santa muchos de los lugares han permanecido inalterables a cómo son descritos en la Biblia, con acuerdos y desacuerdos entre la teología y la arqueología. Incluso para quienes no somos creyentes, pero hemos sido educados en la cultura cristiana, los escenarios sobrecogen, como si subyaciera una fuerza telúrica. Para los que profesan la fe, el efecto es realmente el de una epifanía: «Podemos escuchar a Jesús, sentirlo al pisar donde pisó y tocar donde tocó».

Araujo agradece a Dios su gol en Albacete.

Araujo agradece a Dios su gol en Albacete.RTVE

Araujo escuchó, regresó, jugó y marcó, en el partido de Copa contra el Albacete. «La gloria, Señor, no es para nosotros; sino para tu nombre, por causa de tu gran amor y tu fidelidad», escribió en su perfil en redes sociales, con la fotografía de su celebración, en la que se tapaba la cara con una mano y levantaba la otra para señalar al cielo. Era su forma de decir que no era su gol, sino el gol de Dios.

El uruguayo es seguidor de la Iglesia Metodista, una de las variantes en el seno del protestantismo, que adora a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y no reconoce la sucesión apostólica ni la autoridad del Papa. De hecho, contrajo matrimonio en la Iglesia Metodista de Montevideo con su pareja desde la adolescencia, Abigail Olivera, con la que ya tenía dos hijas.

Si bien el viaje espiritual de Araujo en busca de la recuperación anímica no es lo habitual entre los futbolistas, la religiosidad es común entre buena parte de los jugadores, especialmente sudamericanos y brasileños. Rivera, la ciudad de donde es originario el defensa, al norte de Uruguay, limita con Brasil y vive bajo una poderosa influencia cultural del país vecino. Eso incluye también a la religión.

El predicador Dani Alves

Desde Donato a Kaká, que dijo haber guardado castidad hasta el matrimonio debido a sus creencias, la fe alcanza, incluso, al propio Dani Alves, que después de la absolución de la pena por violación, ha reaparecido como predicador invitado en una parroquia evangélica en Girona. Tras el paso por la cárcel, Alves dice haber hecho un «pacto con Dios».

Los pactos de Araujo sólo los conoce el jugador, con el que el Barcelona quiere ir con tacto, especialmente su entrenador. Después de ser titular en Albacete, no jugó frente al Mallorca en el Camp Nou. Experiencias anteriores recomiendan cautela. La psicogía observa el caso entre el respeto y cierta expectación. «La fe ayuda, pero en el largo plazo, si los problemas persisten, puede no ser suficiente», afirma un profesional. Todas las manos que pueda coger Araujo serán, pues, bienvenidas para lograr el fortitudo animo, la fortaleza del alma.

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el corazón y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones más en sus casas contemplando por televisión otro de esos tristes capítulos que hacen del deporte una metáfora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubrían el rostro con las manos.

Se celebraba el descenso de los Juegos Olímpicos, la prueba reina del esquí alpino, la más rápida, la más espectacular, la más excitante, la más peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la más conocida, la más admirada, la más perseguida. Salía en el lugar número 13 de las participantes. Y, súbitamente, nada más arrancar, 12 segundos más tarde (¿o eran también 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar milésimas en cada movimiento, se enganchó con una puerta. Se desequilibró y voló ya con las alas quebradas. Y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helicóptero, transformado en un vehículo deportivamente mortuorio.

Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas mediáticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura pública, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero también en los países en los que el esquí y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo físico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el público y la prensa, yacía sobre la helada y dura nieve, en la que sólo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.

Prótesis de titanio

Era, sí, el final para ella no sólo de los Juegos Olímpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 años para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que había abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que había padecido. «Mi cuerpo está roto sin posibilidad de reparación», declaró. Se había roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco... El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analgésicos. Pero, bueno, quizás no reparado, pero sí zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la prótesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le había permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volverá. This is the end.

Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, también esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacionó con Tiger Woods, formó una pareja de ensueño para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisión para con sus elegidos.

La conmoción producida por su accidente es equivalente a la admiración despertada por una figura que reúne todos los requisitos para ser considerada una moderna heroína, una mujer de, también, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematográfico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas olímpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), sólo por detrás de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Príncipe de Asturias y Laureus...

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.

Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.AFP

Cuando pocos días antes del comienzo de los Juegos se rompía, en su novena competición del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión de doliente épica. Se entonaron los correspondientes réquiems, porque ninguna otra pieza musical podía serle aplicada a su persona.

Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptaría. Pocas horas después del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que «el sueño olímpico no se ha acabado para mí». Pero sí se ha acabado. Ahora sabemos que el sueño degeneró en pesadilla y que tenían razón quienes tildaron de locura el empeño. Pero fue una locura grandiosa en su desafío a la Medicina y a la razón.

Se la atendió en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte médico a mediodía.

El Betis rompe la racha invicta del Metropolitano y mete en problemas a Simeone

El Betis rompe la racha invicta del Metropolitano y mete en problemas a Simeone

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Una genialidad de Antony y, también, la vuelta a sus peores pesadillas en lo ofensivo condenaron al Atlético ante el Betis en el Metropolitano, escenario de la primera derrota liguera de su equipo. Los verdiblancos, así, se cobraron una revancha muy en caliente por una eliminación en la Copa en la que los rojiblancos, con cinco tantos a domicilio, parecían haber encontrado la mejor manera de castigar la portería contraria. Una efectividad que, visto lo visto sobre el terreno de juego, corre peligro de convertirse en un oasis en medio del desierto. [Narración y estadísticas (0-1)]

Sin goles, no hay victorias. Pelear por la Liga, ahora mismo, parece imposible. En la Copa, mientras, el Barça es una amenaza clara y fehaciente. Y, si no mejoran claramente las cosas, incluso el Brujas puede permitirse soñar con dar la campanada en Europa. Esas son las sensaciones que dejan ahora mismo este tropiezo en casa. Aunque, en el fútbol, las cosas pueden cambiar de forma tan espectacular como inesperada de un día para otro. A eso, sin duda, sí pueden agarrarse los colchoneros.

Los primeros compases fueron un intercambio de golpes en toda regla. Avisó primero Lookman, con un disparo que no encontró el camino de la portería del Álvaro Valles. Más serias, en cambio, serían las advertencias iniciales de los béticos. Ambas, con Bakambu como protagonista. En los dos casos, Jan Oblak se empleó a fondo para evitar que el balón acabara en el fondo de su portería. Sendos avisos a los que les seguirían dos remates de un Julián Álvarez que, junto con Sorloth, lidera la tabla de goleadores rojiblancos en la Liga, pero cuya capacidad anotadora es un poco como el Guadiana, que aparece y desaparece cuando menos te lo esperas, y de un Giménez que buscó la sorpresa ante los que el portero visitante mostró una solvencia fuera de toda duda.

más ganas que puntería

En el otro extremo del campo, mientras, Oblak no pudo en última instancia impedir que un sorprendente disparo de Antony desde la frontal acabara por convertirse en el 0-1. Aún no se habían cumplido los primeros 30 minutos y a los de Simeone les tocaba remar a contracorriente. Tras el tanto, cómo no, se esforzaron por volver a poner las tablas. Con más ganas que puntería, todo sea dicho. El Betis, por su parte, confortado por la ventaja, tendría también alguna que otra opción para echar algo de sal a la herida. Sin éxito, en este caso. Quien sí encontraría el camino de la portería contraria al filo del final reglamentario del primer tiempo sería Lookman.

Su gol de cabeza, servido desde la derecha por Marcos Llorente, acabaría siendo invalidado por fuera de juego. Visto el panorama, el técnico del Atlético movió el banquillo para dar entrada a Le Normand por Ruggeri, Baena por Almada y Sorloth por Julián Álvarez, en busca de aumentar la vigilancia sobre Antony y darle una vuelta a sus opciones en ataque. Y, de hecho, logró muy pronto amenazar a su rival, con un desplazamiento de balón de Koke al que Giuliano trató como pudo de darle una vida extra, pero que no inquietó al meta rival.

Por eso, quizás, El Cholo no tardó tampoco demasiado en darle entrada al tercero en discordia en cuanto a estadísticas anotadoras de los rojiblancos en la Liga: un Antoine Griezmann que, aunque veterano, parece tener todavía bastante que decir, aunque sea partiendo de inicio desde el banquillo. Con el noruego y el francés, el Atlético buscó estirar un poco más sus líneas para igualar lo antes posible. Encomendados, en muchas ocasiones, a la fe inquebrantable de Giuliano Simeone en tareas ofensivas.

Lookman, ante Ruibal, el domingo en el Metropolitano.

Lookman, ante Ruibal, el domingo en el Metropolitano.AFP

La portería del Betis, a pesar de todo, parecía una y otra vez inaccesible. Hasta que Llorente, en su intento de estorbar a Griezmann cuando el rojiblanco buscaba el remate a un medido centro de Giuliano, sí envió el balón al fondo de su propia portería. Pero el tanto, tras unos instantes de suspense, acabaría siendo invalidado a instancias del VAR por fuera de juego.

Los de Pellegrini, vistas las circunstancias, acabaron apostando más por defenderse que por buscar la sentencia, con un ejercicio de orden y paciencia. En el añadido Riquelme dispuso de una fantástica ocasión para el 0-2, con un intento de vaselina neutralizada por Oblak. Muchos habían abandonado ya sus asientos en el Metropolitano, molestos con la imagen de su equipo. Los problemas se amontonan para el conjunto de Simeone, que sólo sacó dos victorias en sus últimos seis partidos.

Ocho meses sin ganar... hasta que llegó Raúl García Pierna al Movistar con su victoria de "rabia" en Valencia

Ocho meses sin ganar… hasta que llegó Raúl García Pierna al Movistar con su victoria de “rabia” en Valencia

No le cabía la sonrisa en el rostro tras cruzar la línea de meta en Valencia. Él mismo admitió después que fue una victoria de "rabia", acordándose de lo complicado que estaba resultando el comienzo de año para el Movistar, su nuevo equipo. Raúl García Pierna, uno de los talentos más prometedores del pelotón español, quizá ya una realidad a unos días de cumplir 25 años, se impuso en la última etapa de la Vuelta a la Comunidad Valenciana en un despliegue de pura potencia. Su esencia.

Fue un remate de ganador, la punta de velocidad para vencer en un sprint reducido, la fuga que había triunfado en la eléctrica etapa con salida en Bétera, atravesando dos puertos, el Oronet y el Garbí. Ganó por unos centímetros al alemán del Red Bull Herzog, en un grupo en el que también iban otros dos españoles, Adrià Pericas y Diego Uriarte. Y que sólo aventajaron en un suspiro al sprint del pelotón comandado por Ben Turner. Puños de rabia para García Pierna, pedigrí ciclista, hijo del ex de Festina Felix García Casas y hermano del Carlos, profesional del Burgos BH. La segunda de su carrera tras la del año pasado en la La Route d'Occitanie, aunque entonces vestía los colores del Arkea, el equipo francés con el que acudió a los dos últimos Tour de Francia quien también fuera, en 2022, campeón de España de contrarreloj.

"Estoy muy contento, teníamos un poco de rabia por no ganar ayer e íbamos con todo. Sabíamos que podía llegar la fuga y hubo suerte. Prefería no jugármela después de la caída en la crono, quería sobrevivir más que arrancar y caerme. Ganar y encima en las primeras carreras con Movistar...", contaba después, celebrando sus nuevos colores.

García Pierna es una de las caras nuevas del Movistar para 2026. Junto a Cian Uijtdebroeks (que se cayó en la primera etapa y se lesionó en la muñeca), Juanpe López, Roger Adrià y el polaco Filip Maciejuk. Un impulso de ambición y juventud. Y un alivio para un equipo que no acostumbra demasiado a las mieles del éxito últimamente. En 2025, apenas celebró seis. Y la última fue, nada menos, que en junio. Entonces, Iván Romeo ganó la tercera etapa del Criterium Dauphiné con final en Charantonnay. Y desde entonces...

En Valencia, premio al Movistar y premio a la persistencia de García Pierna, protagonista absoluto en la etapa. Fue él quién hizo la selección definitiva en el Garbí. "Tenemos las cosas muy claras. Sabemos lo que queremos. Esperemos que no sea la última victoria", pronunció después.

El triunfo en la general fue para el intratable Remco Evenepoel, que ya había sentenciado la jornada anterior. Aventajó en 24 segundos al portugués Joao Almeida, segundo, y en 34 a su compañero Giulio Pelizzari, tercero.