Támara Echegoyen, antes de la inauguración en París: “Soy abanderada gracias a mis derrotas”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:27

En el agua, siempre en el agua. Támara Echegoyen (Ourense, 1984) creció sobre un barco, maduró sobre un barco, triunfó sobre un barco y, cómo no podía ser de otra manera, hoy disfrutará sobre un barco, el que llevará a la delegación española por el Sena con ella al frente. «Me encanta que la ceremonia de inauguración se haga dividiendo a los equipos en barcos, ¡imagínate! Los estadios están muy bien, pero para mí será como un sueño. Estoy disfrutando mucho de los momentos previos. Estas ceremonias cansan, son muchas horas de pie, pero se pueden vivir muy pocas en la vida», asegura a EL MUNDO.

La vela, el deporte que más medallas ha dado a España, tendrá otra abanderada, una campeona olímpica, aunque de aquello hace 12 años y la lejanía duele. Por el camino, Echegoyen ha logrado el récord que nadie querría: tanto en los Juegos de Río 2016 como en los Juegos de Tokio 2020 acabó cuarta, dos medallas de nada. En París quiere olvidar la racha.

Su padre tenía un barco en Sanxenxo, navegaba con la familia desde que era una niña. No imagino unos inicios tan idílicos.
Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia en el mar, pero aquello tenía poco que ver con el deporte, menos aún con la competición. Te lo contaría de manera muy romántica, pero sería mentira. Mi familia sólo tenía un barco de ocio y yo quizá probé 10 deportes antes de decidirme sólo por la vela.
Cuentan que ahora es imposible sacarla del mar, que no sale ni para ir a tomarse algo.
(Risas) Totalmente. En mi vida hay muy pocos días sin mar. Incluso de vacaciones estoy en el agua. A veces necesito desconectar de la competición, pero nunca del mar. Lo único que me cuesta es convencer a mis amigos a que salgan conmigo porque siempre voy al 100%, me sale sin querer, y ellos quieren que el barco vaya tranquilito, plano, para que no se vuelquen las cervezas.

RFEV

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 apareció de la nada, junto a sus compañeras Ángela Pumariega y Sofía Toro, para ganar el oro en aquel barco Elliot 6m.
Es inolvidable, aquello fue una sorpresa incluso para nosotras. Nos costó clasificarnos y llegamos a los Juegos con un objetivo muy realista, conseguir un diploma. Quizá esa fue la clave. No presionarnos nos permitió disfrutar de los Juegos al máximo, centrarnos en nuestra rutina, hacer lo nuestro. Aún tenemos las tres un grupo de Whatsapp y la relación es muy, muy buena. Muchas veces sólo nos centramos en el resultado, pero el valor de lo vivido es enorme.
Fueron el 'Chiquitas Team'.
¡Eso es! En mi casa siempre me han llamado 'chiquita' y de ahí vino. Luego, como estaban empezando las redes sociales, nos pusimos ese apodo y aún hay gente que lo recuerda.
Luego vinieron dos 'casi' consecutivos. ¿Cómo los vivió?
El tiempo es necesario para asimilar que has acabado cuarta. Las dos veces me sentía igual, desolada, triste, frustrada... ¡uf! Sería injusto no llorarlo, pero luego vas dándole el valor que tiene. En tres Juegos Olímpicos he acabado con opciones de medalla. Es difícil relativizarlo, pero el deporte es así, no todo es bonito.

RFEV

¿Seguiría aquí si se hubiese colgado un bronce en Tokio?
No lo creo. Ese diploma me ha permitido llegar a París, puedo decir que soy abanderada gracias a mis derrotas. Con una medalla no hubiera seguido navegando y no estaría aquí, pero la cabezonería siempre ha sido mi tripulante. Acabar cuarta es doloroso, pero hay que apreciarlo.
Ahora que lo aprecia, ¿Se retiraría tranquila sin otra medalla olímpica, con el oro de Londres 2012?
Tendría que hacerlo, ¡Qué remedio! Pero me quedaría una espina clavada, no te lo puedo negar.
Ya ha vivido varias aventuras fuera de la vela olímpica. ¿Hasta qué punto llegó al límite en sus dos vueltas al mundo a vela en 2018 y 2023?
¡Buf! Hasta límites insospechables. Llegué a estar completamente agotada. Antes hablábamos de estar siempre en el mar y ahí sí que deseé pulsar un botón que me devolviera a tierra. Pero siempre había algo que me empujaba a seguir adelante. Unos Juegos Olímpicos tienen dificultades, tienes que navegar muy rápido, con presión, pero no llegas al límite. En la vuelta al mundo pude comprobar qué es realmente la extenuación.

Marcus Cooper, primer abanderado nacido fuera de España: “Es un honor llevar la bandera más bonita del mundo”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:25

Señala la estadística que Marcus Cooper (Oxford, Reino Unido, 1994) será el primer abanderado español en unos Juegos nacido fuera de España, pero él responde de la manera más española posible. Ahora una guasa: «Mi tatarabuelo ya veraneaba en Mallorca». Y ahora, mucha pasión: «Yo siento muchísimo los colores, todos mis éxitos han sido siempre de España. Aquí he crecido, de aquí soy y para mí es un honor llevar la bandera más bonita del mundo». Si en algún momento hubo polémica, incluso alguna duda suelta, ya no queda nada.

Cooper, el piragüista que sorprendió en solitario con un oro en Río 2016 y brilló en equipo con una plata en Tokio 2020, está ante su momento. La bandera, su bandera, bien alta.

Se subirá a la barcaza, saldrá a navegar por el Sena y levantará la bandera con toda la delegación detrás. ¿Se lo ha imaginado?
No soy capaz, llevo varios días nervioso, como a la espera. Lo he hablado varias veces con Sául [Craviotto, abanderado en Tokio 2020] y lo comenté con Pau Gasol [abanderado en Londres 2012]. Me cuesta aceptar lo que significa ser el abanderado de tu país en unos Juegos Olímpicos. Es fuerte, eh. En el deporte te acostumbras a pensar en el siguiente objetivo justo después de ganar. En 2016 gané el oro olímpico y a las pocas horas ya pensaba en la temporada siguiente. Pero no hay nada más allá de ser abanderado.
Diría que le impone más el simbolismo por la bandera que el hecho de que le vayan a ver millones de personas, que gane popularidad, que le empiece a seguir más gente.
Totalmente. No me preocupa que me reconozcan, lo llevo muy bien. Tiene más cosas buenas que malas. Incluso cuando ha habido alguna crítica, lo he encajado bien, con naturalidad. Al final si soy conocido es por el deporte, es por algo bonito y eso me permite ayudar a la gente.

JORGE PETEIROEL MUNDO

Habla del Plan Cooper, su proyecto web para mejorar la salud de las personas. En el proceso cuentan que ha probado todos los planes nutricionales posibles.
(Risas) Sí, la verdad. Me gusta probar, ver si hay algo que me permita recuperar mejor, entrenar mejor, sentirme mejor. Durante una época probé la dieta eco, por ejemplo, todo lo que comía era bio. Pero todo, todo, absolutamente todo. También probé el ayuno intermitente, incluso con entrenamientos intensos. Me sentía más ligero, la verdad, no notaba que me empeorara. Pero no hay nada que sea la panacea. Ahora, con la ayuda de profesionales, simplemente intento comer lo más sano posible.
También, junto a Miravia, patrocinador de estos Juegos Olímpicos, protagoniza la campaña 'Con la cabeza bien alta', que cuida de la salud mental. ¿Cuál ha sido el momento más duro de su carrera en ese sentido?
Nunca he tenido un bajón muy grave, pero sí toques de atención. En 2015, por ejemplo, no me pude clasificar para los Juegos de Río 2016 en la modalidad que yo quería y pensé en dejar el piragüismo. Sólo tenía 21 años, pero pensé que tenía que dejarme de grises: o me retiraba o me metía por completo, a por todas. Y me puse como un robot, todos los entrenamientos perfectos, los descansos, las comidas... Empecé a ganar en una prueba que no era la mía, me clasifiqué para los Juegos a última hora en la repesca y saqué el oro.

JORGE PETEIROEL MUNDO

El piragüismo nunca falla.
Sí, siempre dicen eso. Recuerdo en Tokio que estábamos viendo a alguien competir en la tele española, diría que a Lydia Valentín, y como no sacó medalla dijeron: 'Bueno, nos queda el piragüismo'. Esa presión se nota. Pero conseguimos manejarla bien, nos lo tomamos como algo positivo. Y en todo caso en el K4 [el barco que comparte con Craviotto, Rodrigo Germade y Carlos Arévalo] nadie nos va a poner más presión de la que nos ponemos nosotros mismos. Somos muy autoexigentes.
Ustedes mismos han admitido que el año pasado eso cayó [fueron séptimos en el último Mundial].
Nos relajamos, no lo podemos negar. Nos faltaba chispa, diría que incluso un poco de humildad. Cuando llevas tantos años compitiendo te olvidas de que para estar ahí arriba necesitas seguir entrenando, seguir mejorando, seguir trabajando. Hemos conseguido grandes cosas, pero no somos invencibles ni mucho menos. A nivel técnico nos faltaba sincronización, acople.
Pero si llevan juntos una eternidad.
Da igual. Hay tantos detallitos que pueden fallar que si te despistas todo se derrumba. En lo técnico, en una piragua con cuatro personas, la hidrodinámica es muy compleja. Cuesta mucho sincronizarse completamente y si no lo haces vas mucho más lento. Es un deporte de fuerza, pero también de resistencia, es muy duro, de verdad. A mi me gusta decir que vas tan al límite que después de llegar a paso el siguiente paso es morir. Por eso hemos hecho sesiones agónicas en las que nos grabábamos y luego, en seco, en una pantalla grande, estudiábamos hasta el último detalle. Así día a día, entrenamiento a entrenamiento, hemos vuelto a nuestro nivel, o mejor, y venimos a estos Juegos a por todas.
¿Tiene España opciones de superar en París las 22 medallas de Barcelona 92?

¿Tiene España opciones de superar en París las 22 medallas de Barcelona 92?

«Las 22 medallas de Barcelona (13 oros, siete platas, dos bronces) son un reto necesario», pronuncia Alejandro Blanco, tan optimista, tan satisfecho el presidente del Comité Olímpico con lo que ya es un logro para sacar pecho. 382 deportistas españoles están en los Juegos, casi tantos como en Barcelona (420), aunque entonces, por ser país anfitrión, todo eran privilegios clasificatorios. Y, también para estar orgullosos, hay mayoría de mujeres (192 por 190). Pero esa cifra es como una losa de la que el deporte español no se puede desprender. Se desafía con el logro de Barcelona cada cuatro años y cada cuatro años la realidad impone calma.

¿Es realista la ilusión esta vez? «Las previsiones invitan al optimismo», sigue Blanco, consciente de que el abanico del deporte nacional, tras años estabilizado por debajo de las 20 preseas (fueron 17 en Tokio, igual que en Río, aunque con sólo tres oros), ha ampliado sus expectativas. Este mismo jueves en París, a dos días de los Juegos, paseaban por la sala de prensa de la Villa Olímpica alguno de los candidatos. El pletórico Hugo González, el judoca Fran Garrigós (el que puede estrenar el contador, este mismo sábado), la selección femenina de waterpolo, los remeros, que por primera vez acuden con cinco botes -«hicimos una plata en la última Copa del Mundo. Venimos con opciones reales de conseguir una medalla», lanza Javier García, pareja de Jaime Canalejo- y Carolina Marín, esperanzada en sí misma y sus posibilidades, pero cauta con lo colectivo: «No me gusta hablar de cifras. Genera presión. Hay expectativas. Intentaremos ganar las máximas medallas».

JJOO Paris. Medallero

Pero sí, hay razones para el optimismo. Y nombres propios (y 10 equipos clasificados, con el fútbol y el waterpolo esta vez a la cabeza de las ambiciones de podio) sin complejos para pensar que en la capital francesa España puede estar en una cifra similar a la de hace 32 años. Y eso que, por ejemplo, la desaparición del kárate del programa priva de dos éxitos casi seguros con Sandra Sánchez y Damián Quintero.

Hugo González, el mismo que afirma que afrontará su reto «con pasión», fue campeón del mundo en 200 metros espalda en febrero y también afrontará la prueba de 100 y la de los 200 metros estilos combinado. Un poco antes lo fueron (por partida doble en Budapest) los marchadores María Pérez y Álvaro Martín, cuyas sus opciones en París además se multiplican con la novedad del relevo mixto. Fátima Gálvez en tiro, Adriana Cerezo y Adrián Vicente en taekwondo, Teresa Portela, el K4, Antía Jacomé y María Corbera en piragüismo, Jordi Xammar y Nora Brugman en vela..., especialidades en el que siempre son varias las opciones y que son las que raramente fallan en el deporte español.

Para saber más

Para saber más

París cuenta con otra potente novedad, el resurgir del atletismo (pese al varapalo de la grave lesión de María Vicente) y no sólo con los marchadores. Las recientes exhibiciones de Ana Peleteiro (que no tendrá la oposición de su compañera de entrenamientos Yulimar Rojas, lesionada), del saltador nacionalizado Jordan Díaz (campeón de Europa en Roma con una impresionante marca de 18,18 metros) o Moha Attaoui (1:42,04 en el 800) hace que se sueñe con el tope, también en el esplendor de la Ciudad Condal, esas cuatro medallas de Fermín Cacho, Daniel Plaza, Manolo Peñalver y Javier García Chico.

Aitana Bonmantí, durante el primer partido de España en los Juegos.

Aitana Bonmantí, durante el primer partido de España en los Juegos.ALAIN JOCARDAFP

El judo pide foco después de años de mal fario con Fran Garrigós, Niko Shera, Ai Tsunoda... La gimnasia (Ray Zapata), la escalada con el dorado Alberto Ginés, por supuesto Carolina Marín y Maialen Chorraut (a sus quintos Juegos con 41 años), el boxeo...

Por último, algunos mediáticos con ganas olímpicas. En golf, Jon Rahm, a pesar de su mala racha, que estará acompañado en París por David Puig, Carlota Ciganda y Azahara Muñoz.

Y, evidentemente, el tenis, otro de los caladeros históricos, enorme foco de la delegación española con Carlos Alcaraz y Rafa Nadal. Juntos, en ese doble de leyenda, tendrán opciones, aunque dependerá del estado físico del más veterano y de su compenetración, sin haber jugado nunca juntos. En el torneo individual, Alcaraz es el gran favorito. Ausente Jannik Sinner por una apendicitis de última hora, el sorteo del cuadro de ayer le aplanó más el camino. Después de ganar Roland Garros y Wimbledon de manera consecutiva, el oro olímpico sería el broche perfecto. En las pistas de Roland Garros, además, España tendrá otras posibilidades de triunfar, con el doble entre Marcel Granollers y Pablo Carreño y, sobre todo, en el dobles mixto de Granollers y Sara Sorribes, que con sólo dos victorias ya estará peleando por las medallas.

¿Qué se vive como abanderado en la inauguración de unos Juegos? “Si te olvidas algo ese día es para matarte”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:23

«Ese día repasas la mochila tres veces. Normalmente te llaman a un ensayo por la mañana y luego te convocan horas antes de la ceremonia. Antes de salir de la Villa lo revisas todo: que los calcetines sean los que tocan, que el gorro sea el adecuado. Imagínate que llegas allí y te falta algo, es para matarte. Durante todo el día se pasan muchos nervios, la verdad. Es como una víspera de Reyes: estás feliz y al mismo tiempo a la espera», recuerda Ander Mirambell, el último abanderado español en una ceremonia de inauguración, en su caso junto a Queralt Castellet en los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín 2022. Él es el último de una tradición que hoy en los Juegos Olímpicos de París continuarán Marcus Cooper y Támara Echegoyen.

Hasta ahora España ha tenido 39 abanderados. De José García Lorenzana en Amberes 1920 hasta Saúl Craviotto y Mireia Belmonte en Tokio 2020 pasando por el rey Felipe VI en Barcelona 1992 o algunos repetidores, como Francisco Fernández Ochoa, que llegó a encadenar tres ediciones.

«Es un honor muy grande, equiparable sólo a ganar un oro. Estás representando a un país y, al mismo tiempo, encabezas la delegación, eres el elegido entre tus compañeros», comenta Alejandro Abascal, campeón olímpico de vela en Moscú 1980 y abanderado español en Los Ángeles 1984, que más allá de lo sentimental rememora los pormenores de llevar la bandera.

«Recuerdo que me sorprendió el detallismo de la preparación. En el ensayo de la mañana nos explicaron el recorrido, toda la ceremonia... Ya estaban allí, por ejemplo, las niñas que llevaban el letrero de España. Pensaba que la bandera pesaría más, pero nada, es una pluma. Aunque en esos momentos, con la emoción, el orgullo y la juventud podría pesar lo que quisiera», añade 'Jan' Abascal, que luego en aquellos Juegos yankees sólo pudo ser undécimo. Con aquella ceremonia de inauguración como recuerdo, el regatista no tardó en retirarse y pasar a ser entrenador de, entre otros, jóvenes que ahora aspiran a medalla como Diego Botín.

El recuerdo de Mirambell y la anécdota de Abascal

«No sé cómo será en París, pero el momento de salir del túnel y entrar en el Estadio Olímpicos es espectacular. Nosotros, con Queralt, quisimos cambiar un poco el protocolo y en lugar de ir en línea recta, hicimos un círculo sobre nosotros mismos. Además yo que colaboro con la asociación Cris contra el cáncer, que ayuda en la pediatría oncológica, me quite el gorro y me toqué la cabeza en recuerdo a los niños», recapitula Mirambell, especialista en skeleton, primer español en este deporte, que en Pekín 2022 disputó sus cuartos Juegos y después colgó el trineo.

Hoy, como Abascal, se dedica a preparar a los más jóvenes y transmitirles su experiencia que incluye, cómo no, sus recuerdos de aquella inauguración. «Justo cuando dejé la bandera hice una videollamada con mi mujer y mi hijo y tengo guardada una captura de pantalla», comenta quien subraya el honor de liderar a otros deportistas. Porque, junto a la bandera, el valor está en quién está detrás.

«Yo siempre hice vela, pero el deporte que me entusiasmaba era el baloncesto. Seguía mucho a la selección, teníamos muy buena relación. De hecho, fui de los pocos españoles que vieron la final de Los Ángeles. No había manera de conseguir entradas, pero el entrenador, Antonio Díaz Miguel, me dijo que me subiera al autobús con ellos. Llegamos al estadio de los Lakers, Epi me dejó su bolsa, yo me estiré todo lo que pude para parecer más alto y nadie me dijo nada. Yo flipaba en los vestuarios, entre las taquillas de Magic y de Abdul Jabbar. Acabé al lado del banquillo, disfruté como un niño aquel día», recuerda Alejandro Abascal, uno de los 39 elegidos que hoy ya serán 41.

Lady Gaga, Céline Dion y el gran misterio: Todos los detalles de la ceremonia de inauguración de París 2024

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La llama olímpica y la luz. Será a partir de las siete y media de la tarde, en la hora dorada, el momento en el que el cielo de París mejor explota sus colores, cuando la luz y el Sena hagan su magia. Atletas de todo el mundo comenzarán a desfilar en barcos y a cielo abierto por el río, símbolo del corazón de la vieja Europa. A lo largo de seis kilómetros, y a través de 17 puentes, recorrerán el París más sublime: Notre Dame, el Museo del Louvre, la Asamblea Nacional, la plaza de la Concordia, los Inválidos, el Jardín de Tullerías y, cuando el sol ya haya caído, el lugar más emblemático de todos: la Torre Eiffel.

Si no lo estropea el tiempo, según los cálculos de la organización habrá dos tercios de luz natural al atardecer. La hora elegida, los tiempos y el escenario: nadie como Francia sabe exhibir mejor la belleza. Tratará de clavarlo en esta ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, los terceros que celebra (junto a Londres, es la única ciudad con triplete) tras los de 1900 y 1924.

Dina Sánchez

El Sena, que se ha limpiado y volverá a ser apto para el baño, una de las herencias olímpicas, será el hilo conductor de un espectáculo que durará tres horas y 45 minutos. Es el primero que se celebra fuera de un estadio, en el corazón de una ciudad. Francia aspira a que sea la más espectacular que se ha visto en la historia olímpica. París puede lograrlo.

La ciudad vive desde ayer una especie de calma tensa. Hay silencio, emoción contenida. No se respira un gran fervor en las calles, también hay inquietud por la seguridad. Hoy París es un niño la noche antes de que lleguen los Reyes Magos.

Dina Sánchez

El espectáculo dará pasó al deporte, pero para un país como Francia, que da tanta importancia a la simbología, la tradición y la historia, este arranque es clave para poder festejar todo lo demás. El espectáculo está cronometrado y medido al segundo. Ha sido diseñado por Thomas Jolly, su director de orquesta, junto con la escritora Leïla Slimane y el historiador Patrick Boucheron.

En las Riberas del Sena, en las gradas instaladas, lo verán unas 320.000 personas y otras 50.000 en las fan zone. Se conocen algunos detalles. El evento tendrá el ADN de Francia: su pulsión revolucionaria, esa promesa de igualdad y fraternidad y el reflejo de su diversidad. Habrá un recorrido por la historia, pero será también una ceremonia de 2024. Participarán decenas de jefes de Estado, entre ellos los Reyes de España. El primer barco en zarpar por el Sena será el griego, como marca la tradición, y el último será el anfitrión. El colofón será en la Plaza de Trocadero, con la Torre Eiffel al anochecer.

Habrá bailarines, Marsellesa, varias composiciones visuales que se proyectarán en pantallas a lo largo del recorrido, y se han filtrado algunos de los momentos clave: si no hay sorpresas, Lady Gaga abrirá la actuación, Céline Dion cerrará con el Himno al amor de Édith Piaf y Aya Nakamura versionará La Bohème, de Charles Aznavour.

Quién será el deportista encargado de llevar el último tramo de la antorcha y encender el pebetero olímpico es aún una incógnita. Será en el jardín de Tullerías. Se ha hablado del ex futbolista marsellés Zinedine Zidane, de los más apreciados en Francia, o de la ex atleta Marie-José Pérec, oro olímpico. Otro de los secretos es lo que ocurra justo en la Torre Eiffel, al final del acto.

Dina Sánchez

Se ha creado una burbuja se seguridad para proteger este momento. Se han confinado las riberas del Sena, inaccesibles desde hace una semana y hoy blindadas. Se cerrará el espacio aéreo durante la ceremonia en un radio de 150 kilómetros, y ningún avión podrá aterrizar en los aeropuertos parisinos. El ejército lleva semanas revisando las aguas del río, cerrado a la navegación, y se bloqueará parte del periférico, que se reservará al transporte de los atletas.

Desde hace meses se trabaja en este dispositivo, el más grande desplegado en la capital y el mayor quebradero de cabeza de cara a este acto: Hay 45.000 agentes, entre policías, gendarmes, seguridad privada, militares y policía extranjera. Había un plan B, e incluso un C, en caso de ataque inminente (que de momento no se han tenido que activar) aunque mucho menos espectaculares que el escenario del Sena al atardecer.

Los Juegos de París en un mundo sin tregua: Ucrania, Gaza y la frustración del olimpismo

Los Juegos de París en un mundo sin tregua: Ucrania, Gaza y la frustración del olimpismo

Los Juegos Olímpicos no pueden cumplir con uno de los mandatos que daban sentido a su creación: la tregua olímpica. La razón es que el evento que arranca con un homérico y desafiante recorrido por el Sena, lo hace en un mundo sin tregua, rotos los equilibrios geopolíticos del pasado, en el periodo más inquietante desde la Guerra Fría y con la crecida de movimientos y dirigentes populistas y radicales. Francia no es ajena al fenómeno, pese al 'No Pasarán' con el que la izquierda ha evitado el triunfo de la extrema derecha, aunque ello no puede convertir a París, la Atenas del olimpismo moderno, en la Olimpia que detenía las guerras.

Los conflictos en Ucrania y Gaza continúan en paralelo a las hazañas de sus atletas, incluso un puñado de rusos que lo harán sin bandera. Tras las sanciones occidentales, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió apartar de los Juegos a Rusia y Bielorrusia, hecho que rompe, asimismo, lo más parecido al equilibrio geodeportivo del pasado, entre Estados Unidos y la extinta URSS. Rusia no llegó a igualar el viejo poder soviético, por la pérdida de repúblicas, Ucrania entre ellas, y la caída del comunismo, en el que el deporte era una de las pocas vías para cambiar una vida. Pero se mantenía como vértice del nuevo orden, hoy destruido como consecuencia de la política y cargado de interrogantes. El Equipo de los Refugiados, creado en 2016 y formado en París por 37 deportistas, es el reconocimiento del olimpismo de su propio fracaso, de su incapacidad de pacificar menos de un mes un mundo en convulsión.

Biden, Putin y Trump

El presidente ruso, un nostálgico de la gran Rusia que conecta con el dominio soviético, tiene una orden de detención de la Corte Penal Internacional. El de Estados Unidos acaba de quebrar y dejar expedito el camino del regreso a la Casa Blanca a Donald Trump, convertido en un mártir tras el atentado sufrido en Pensilvania. Joe Biden era el símbolo de la debilidad que urge cambiar a los miembros del Partido Demócrata, y Vladimir Putin es el de la amenaza para el mundo. Entre ambos gravita un Trump peligrosamente cerca del ruso en su mandato anterior.

El poderoso equipo de Estados Unidos, que colocará a LeBron James, un Ulises de su deporte, en el mascarón de proa de su barcaza en el Sena, está llamado, pues, a dominar el medallero, mientras que los escasos rusos o bielorrusos competirán bajo la bandera olímpica, la bandera de la vergüenza para Putin, que hace sólo seis años mostraba al mundo la eficacia de su Mundial de fútbol. En Tokio ya tuvieron que hacerlo, entonces por las sanciones por dopaje al estado ruso, y escucharon a Tchaikovsky en el podio. China aparece como el contrapoder americano, heredera del deporte de Estado de las antiguas potencias del Este, otra vez entre acusaciones de dopaje.

Los israelíes, como jefes de Estado

En el país occidental con las mayores comunidades musulmana y judía, además de haber sufrido sangrientos atentados islamistas, desde Charlie Hebdo a Bataclan, la presencia de las delegaciones de Palestina e Israel redobla el desafío de seguridad que ya propicia el contexto mundial y la novedosa ceremonia, con una grada de kilómetros a orillas del Sena. Los deportistas hebreos se mueven a los centros de entrenamiento con medidas propias de jefes de Estado. Como ocurrió en Eurovisión, aguardan protestas en sus competiciones, después de que miembros de la Francia Insumisa dijeran que los israelíes no son bienvenidos en París. El ministro de Interior, Gérald Darmanin, intervino para decir lo contrario y evitar un conflicto diplomático.

El recuerdo del atentado de Múnich, en 1972, en el que murieron 11 miembros de la delegación israelí, además de varios terroristas del grupo palestino Septiembre Negro, es inevitable y mantiene en alerta a la fortificada seguridad en una ciudad abandonada por muchos parisinos. Los agentes están en cada esquina, en cada puente, aunque sin que, por ahora, se perciba tensión.

La huida parisina y los visitantes

Los Juegos no seducen del mismo modo a los habitantes de las grandes metrópolis del mundo, que ya viven todos los días el olimpismo de las finanzas, la cultura o la alta política. No son lo mismo París o Londres que Barcelona o Atenas. Las visitas, sin embargo, compensarán la huida local. París espera unos 15 millones de personas a lo largo de estos 19 días. Barcelona'92, cuya cosecha de 22 medallas aspira a superar la delegación española, con más mujeres que hombres, también se celebró en un mundo cambiante, por primera vez sin la URSS. Cambiante pero menos inquietante que el actual.

Ucranianos, palestinos o israelíes, y hasta rusos sin bandera, no competirán liberados de los conflictos de sus países, como hacía Milón de Crotona, el mejor luchador que recuerdan los Juegos de la antigüedad, en Olimpia, casado con la filósofa Myia, hija de Pitágoras. Entonces dejaba la guerra sin temores para competir por el pacto entre todas las ciudades-estado. Ni París ni Francia ni el mundo, representado por la ONU en la Resolución 118 por una nueva tregua olímpica, lo han conseguido esta vez. El oro es su objetivo, la paz es el oro imposible de un mundo que pone sus ojos en los Juegos, pero les niega su razón de ser.

Un golazo de Mariona culmina la remontada y da los primeros tres puntos a la selección femenina

Un golazo de Mariona culmina la remontada y da los primeros tres puntos a la selección femenina

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 19:16

Por unos instantes, España tuvo que remar a contracorriente. Pero, tras sobreponerse al gol con el que Japón inauguró el marcador, acabó por firmar un debut con victoria en unos Juegos Olímpicos. Al final, el gol de falta directa conseguido por Aoba Fujino espoleó la reacción de un equipo que le dio la vuelta al marcador con tantos de Aitana Bonmatí y Mariona Caldentey para firmar un 2-1 con el que, además, se sacaban la espinita clavada en su triunfal camino hacia su primer campeonato del mundo, conquistado en agosto del año pasado.

Nigeria, este mismo domingo, será la siguiente piedra de toque con la que se medirán las españolas, para acabar cerrando la primera fase por todo lo alto contra Brasil el próximo miércoles.

Japón, tal vez con el recuerdo del 4-0 que logró endosarle a España en el pasado Mundial de Australia en la memoria, firmó un arranque cargado de garra. De hecho, suya fue la primera aproximación peligrosa, con Aoba Fujino obligando a Cata Coll a salvar los muebles tras un pase que le permitió ganarle la espalda a la zaga española cuando apenas se habían cumplido los primeros tres minutos del duelo.

Diez más tarde, en cambio, la propia Fujino sí lograría enviar el balón al fondo de la red de la portería española, con un perfecto lanzamiento de falta directa que la guardameta barcelonista, pese a llegar a rozar el balón levemente con su mano izquierda, no logró desviar del todo de su trayectoria.

El tanto con el que Japón inauguró el marcador, lejos de amedrentar al equipo que dirige Montse Tomé, fue todo un revulsivo. A partir de ahí, España tuvo cada vez más el balón y empezó a llegar a las inmediaciones del área rival con serias opciones para poner la igualada en el luminoso. Algo que, a la postre, lograría Aitana Bonmatí, apenas nueve minutos después, tras aprovechar una excelente asistencia de Athenea del Castillo a la espalda de la zaga y regatear la salida de la portera japonesa, Ayaka Yamashita.

España fue a más con el gol. Tanto, que sus aproximaciones a la portería japonesa crecieron en intensidad, mientras sus rivales trataban de sorprenderlas con algún zarpazo a la contra. Ni unas ni otras, con todo, lograron volver a enviar el esférico al fondo de la red en los primeros 45 minutos, por mucho que Irene Paredes tuviera una excelente ocasión para ello, perfectamente desbaratada por la arquera nipona.

El paso adelante que trató de dar Japón en la reanudación no consiguió prolongarse demasiado en el tiempo. Por mucho que Maika Hamano, relevo de Kiko Seike en el descanso, pusiera a prueba a Cata Coll con un tiro lejano a la postre fácil para la mallorquina, fue España la que más y mejor trató el balón a lo largo de un segundo tiempo en el que la llegada del gol del triunfo para las españolas parecía sólo cuestión de minutos.

Por mucho que tardara tal vez algo más de lo previsto, acabó por llegar con una buena acción de Mariona Caldentey que, tras combinar con Aitana Bonmatí, materializó el 2-1 cuando el partido se disponía a encarar los últimos 15 minutos del tiempo reglamentario. Poco antes, las japonesas ya habían encajado un duro mazazo en forma de la lesión de una Risa Shimizu que se resintió de su rodilla izquierda tras un regate, precisamente, de la propia Mariona.

El equipo nipón, en los instantes finales, trató de acelerar en busca del empate. Pero el conjunto que dirige Montse Tomé, defendiéndose sobre todo con la posesión, logró sellar finalmente un debut con triunfo en los Juegos Olímpicos.

Un paseo por la Villa olímpica de París: petanca, camas de cartón y, por primera vez, una sala de lactancia

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 19:01

Un paseo por la Villa Olímpica dos días antes del comienzo de unos Juegos es un deambular de deportistas ansiosos por que empiece la acción. Un Babel de superdotados, una ciudad dentro de una ciudad, 14.000 personas (atletas, entrenadores y resto de personal) dispuestos a vivir una experiencia única y, si es posible, ganar una medalla. En Saint Denis, no muy lejos del estadio, se levanta un pasarela arquitectónica con 82 edificios y 3.000 apartamentos. Todas las comodidades posibles para los protagonistas de las dos próximas semanas y también un buen puñado de curiosidades.

A la vuelta del edificio que ocupa la delegación española, engalanado cada balcón con una bandera rojigualda, y que linda con el de la italiana, un grupo de deportistas de Samoa rompe la tranquilidad con un potente altavoz en el que suena música reggae. La Villa cumple estereotipos. En el bloque de Australia te recibe un canguro y un koala. Un poco más allá, Teddy Riner, posiblemente la mayor leyenda en activo del deporte francés -tres oros olímpicos en judo, 11 veces campeón del mundo- hace cola pacientemente para la típica foto con los aros olímpicos. Es el rincón más concurrido e instagrameado.

En la Villa hay supermercado (2.000 metros cuadrados de Carrefour), servicio de basuras, alquiler de bicicletas, línea de autobus, lavandería, un centro de información turística, conserjería de maletas, un banco, servicio postal, un pequeño hospital, un Fnac, salón de belleza con peluquería y servicio de manicura y pedicura, un par de áreas de juegos recreativos que incluyen dardos, videojuegos y hasta un futbolín... Por haber, hay hasta un rincón para los fumadores. Hay bebederos de agua en cada rincón y muchos árboles. En la Villa de los Juegos de París, por supuesto, hay un gimnasio de 3.000 metros cuadrados con más de 300 máquinas y un abrumador restaurante.

Edificio de la delegación española.

Edificio de la delegación española.Chema MoyaEFE

Para comer, los deportistas tienen cuatro opciones gastronómicas elaboradas por tres prestigiosos chefs (francesa, internacional, africana y caribeña y asiática) y 3.262 asientos. Más de 500 recetas sin descanso, pues el restaurante está abierto las 24 horas. Y, por primera vez, comen en platos de porcelana y cubiertos no desechables.

Además de todos esos servicios, están las peculiaridades. Un piano al aire libre para quien quiera arrancarse, un rincón donde se imparten clases de taichi... Y varios campos de petanca, un deporte tan francés.

Y las novedades. La principal, la sala de lactancia y la guardería. Una iniciativa de la que el CIO tomó nota tras las denuncias de Ona Carbonell en los pasados Juegos de Tokio.

Deportistas en una máquina de vending en la Villa Olímpica.

Deportistas en una máquina de vending en la Villa Olímpica.Chema MoyaEFE

Pero el producto estrella de la Villa son las camas, en cuyo cabecero reza un lema: "Sueña con tus hazañas de mañana". Porque, como ya ocurrió en Tokio, su somier está hecho de cartón. Diseñadas también por la marca japonesa Airweave, se componen de tres módulos que suman 190 centímetros -¿cómo lo hará Wembanyama?- y que se customizan para cada deportista. Para eso se les realiza un escaneado previo de su fisionomía. Todo sea por el descanso: los colchones son de un llamativo plástico (¿?) lavable.

Las habitaciones dobles -también hay apartamentos más grandes- tienen 12 metros cuadrados, no tienen cocina y son minimalistas: paredes blancas y suelo de parquet. No tienen aire acondicionado y sí ventiladores. Hay un perchero, una lámpara de lectura y una mesita de noche. Nada de lujos.

Es difícil imaginar algo que les pueda faltar a los deportistas en la Villa, un impresionante espacio cuya inversión fue de casi 1.500 millones de euros y que, después de los Juegos Paralímpicos, se destinará a casas familiares y de estudiantes.

Un chasco antes de empezar: Brasil noquea a España y le complica mucho los Juegos

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 15:47

Acabó su duelo contra Brasil y entonces, sólo entonces, España descubrió que estaba en unos Juegos Olímpicos. No venía la selección de balonmano femenino de su mejor ciclo, con algunas decepciones en Mundiales y Europeos, pero incluso así su debut en el pabellón 6 del recinto Puerta de Versalles fue desesperanzador. Errores, errores y más errores. Lamentos, lamentos y más lamentos. Brasil atropelló a España con el carácter con máximo argumento. La selección sudamericana no es favorita a la medalla ni mucho menos, si la lograra sería la primera de su historia, pero apareció en París con ganas y eso le sirvió para volar. Al final el resultado fue inequívoco, 18 a 29.

Aunque la fase de grupos es amable y queda un rival en principio asequible, Angola, España ahora tendrá que ganar a Hungría, Francia o Países Bajos sólo para estar en cuartos de final. Para evitar a favoritas como Dinamarca o Noruega en esa fase necesitará sumar tres o cuatro victorias. Mal asunto.

La primera línea, perdida

España llegaba a los Juegos con jugadoras capaces de generar goles, una mezcla de las dos últimas generaciones, Shandy Barbosa, Mireya González, Lara González y Paula Arcos, pero ninguna de ellas encontró el camino, más bien lo contrario. Ante la defensa feroz de Brasil y bajo el ruido de un público carioca entregadísimo -París parecía Río-, la primera línea española entró en un laberinto del que no salió en los 60 minutos del encuentro. Se acumularon pérdidas, faltaron los goles.

ARIS MESSINISAFP

Mientras se crecía la portero brasileña, Gabriela Moreschi, y sus dos laterales, Bruna de Paula y Patrícia Matieli, España desaparecía con los únicos chispazos de sus extremos y de los siete metros provocados por sus pivotes. Mal asunto.

Laporta asegura que el Barça tiene "músculo" para fichar a Nico Williams y a Dani Olmo

Laporta asegura que el Barça tiene “músculo” para fichar a Nico Williams y a Dani Olmo

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 14:40

A pesar de que evitó nombrar explícitamente a ninguno de los dos, Joan Laporta dejó muy claro que el Barça está en disposición de contrarrestar de alguna manera el fichaje de Mbappé por el Real Madrid con dos nombres que han brillado en la Eurocopa: Nico Williams y Dani Olmo.

"El tema económico está mucho mejor de lo que estaba, estamos en camino de la normalidad. Hoy, el Barça puede afrontar fichajes de la magnitud de los que se hablan. Podemos afrontar cualquier operación de mercado que creamos que debemos hacer", aseguró el máximo dirigente barcelonista en la puesta de largo de Hansi Flick como nuevo técnico azulgrana.

«"Cumpliremos los criterios para estar en relación 1-1. Además, estamos en negociaciones con Nike para mejorar las condiciones del Barça y pienso que tendremos noticias a medio plazo. A nivel deportivo, se está trabajando, pero no tomaremos decisiones que desestabilicen la estructura deportiva que tenemos. Ahora bien, podemos afrontar este tipo de operaciones, y con garantías", recalcó un Laporta que, a su vez, quiso mandarle un mensaje de agradecimiento a Xavi por su etapa como técnico azulgrana, reiterando que la decisión de prescindir de sus servicios no fue fácil.

Su relevo, Hansi Flick, prefirió ser aún más lacónico que el presidente a la hora de hablar de fichajes. "Nico no está en el Barça, no puedo decir mucho de él. Juega para otro club y yo me centro en mi equipo, nada más", aseguró el técnico alemán.

En su libro de estilo, la Masia jugará también un papel importante. Está trabajando con muchos jóvenes de la cantera y le están dejando grandes sensaciones. Unas sensaciones que espera plasmar en el campo de tal forma que sean del gusto de los seguidores azulgrana.

"No estoy lejos de lo que buscaba Johan Cruyff. Quiero que mi equipo en el campo sea atractivo, que decidan qué hacer con el balón. La táctica es indiferente, lo importante es jugar un buen fútbol, un fútbol técnico, que los aficionados puedan ver tanto en el campo como en la televisión que responde a lo que busca este club", aseguró un Flick que ya se ha encontrado con varios contratiempos en forma de lesiones. A la sufrida por Araujo en la Copa América se le ha sumado en los últimos días la de un Ansu Fati que estaba trabajando al máximo para hacerse con un puesto en su once.

"Puede jugar en la banda izquierda y también como delantero centro. Lo estaba haciendo muy bien, pero se ha lesionado, no podrá ir a la gira por América y tocará esperar. Esperemos que vuelva más fuerte", señaló un Flick que lamentó también la baja de Araujo y se mostró confiado en los próximos regresos de jugadores como Gavi o Frenkie de Jong.

En cuanto a lo que significa un banquillo como el del Barça, aseguró que está más que preparado para afrontarlo: "La presión forma parte de mi trabajo. Al final, se trata de jugar bien, por supuesto, y darlo todo en el campo. Para mí, es crucial dar el 100% en el entrenamiento, así puedes dar el 100% en los partidos".

En este sentido, se mostró convencido de que Lamine Yamal puede ir aún a más bajo sus órdenes. "Es un gran jugador, lo ha demostrado en el último año y ha dejado grandes momentos. Ha ido paso a paso, pero lo importante es que los grandes jugadores sigan mejorando", apuntó un Flick que reiteró su disposición a apostar por los de casa. "Confío en poder llevar jugadores de la Masia, tienen mucha calidad. Aunque creo que pueden mejorar aún más, la base es fantástica. Prefiero no dar nombres, pero veo que mejoran cada día, también en el aspecto físico, trabajamos cada día y en el campo saben exactamente qué posición deben ocupar y qué hacer con el balón. A partir del domingo empezamos la gira, tenemos varios partidos, podrán jugar en alguno de ellos, pero lo más importante es que sigan entrenando", reiteró el técnico quien, cómo no, asegura haber cumplido un viejo sueño con su llegada al club.

"Es una historia que ya he contado. Vine una vez aquí y pensé 'un día quiero sentarme en este banquillo'. Para mí, el Barça es el club más grande. Tenemos opciones de tener muchos éxitos, y mi staff y yo sabemos que tendremos que trabajar mucho para conseguirlos", sentenció.