Una mano al hombro. Estoy aquí para lo que necesites. Un consuelo. En ese escenario, la Philippe Chatrier, la pista central de Roland Garros, Rafa Nadal y Carlos Alcaraz están acostumbrados a ganar, pero ayer sufrieron juntos una derrota e igualmente juntos se marcharon. Si celebraron como un equipo, por qué no llorar como un equipo. Después de caer ante los estadounidenses Austin Krajicek y Rajeev Ram en cuartos de los Juegos, los dos se abrazar
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
¡Por fin un récord del mundo! El agua hervía al paso de los finalistas en los 100 metros libre. Y más que en las otras calles en la ocupada por Pan Zhanle. El chino, 19 relampagueantes años, hecho de materia estelar supersónica, volaba dejando un rastro de espuma ardiente. Era el plusmarquista mundial (46.80). Y lo sigue siendo, ahora con 46.40. Dejó a más de un segundo a Kyle Chalmers y a David Popovici. Los aplastó, los ahogó en la prueba reina
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Cuando Léon Marchand emergió del agua en el último 50 de la mariposa, la futurista Defénse creyó ser presa de un maremoto. Era como la mariposa de la teoría del caos, cuyo aleteo puede provocar un movimiento sísmico, pero en carne y hueso. La fuerza de ese aleteo es la fuerza del oro que viene para encontrarse en el podio con el oro que resiste. Un cruce de caminos en la victoria entre miembros de dos generaciones a los que separan cinco años, pero es que un año de un campeón olímpico son cinco en un mortal. Marchand, de 22, es el oro que viene; Katie Ledecky, de 27, es el oro que resiste.
Los desafíos que se habían impuesto para estos Juegos tienen similitudes, al afrontar cada uno de ellos cuatro pruebas. Marchand, los 200 y 400 estilos, los 200 mariposa y los 200 braza. Por ahora ha nadado los tres últimos con el pleno: tres oros. Ledecky, los 400, 800 y 1.500 libre, y el relevo de 4x200 libre. Después de afrontar las dos primeras, suma un oro y un bronce. Podría decirse, pues, que se trata de un desafío incompleto para la estadounidense, pero sería injusto con una nadadora de época. La que viene es de Marchand, más rápido ya que Michael Phelps. La que vivimos pertenece también, al menos en el fondo, todavía a Ledecky. París los venera. Los Ángeles los espera.
El reto de Marchand no era únicamente el de nadar pruebas que parecen antagónicas, como los 200 mariposa y los 200 braza, sino hacerlo con apenas dos horas de diferencia, después de haber afrontado las semifinales, por la mañana, con menos margen. La mariposa muestra su extraordinaria velocidad. La braza, el mejor nado subacuático, gracias a su cuerpo longilíneo, casi púber, que opone menos resistencia al agua. La combinación arroja como resultado el mejor nadador de estilos del momento y, si vamos a los tiempos, quizás podamos hablar pronto del de la historia. El récord del mundo de los 400 estilos ya le pertenece (4.02.50). Se lo arrebató a Phelps.
La oposición de Milak
El orden de las finales era el mejor para el francés, ya que las semifinales habían demostrado que iba a encontrar más oposición en la mariposa que en la braza, debido a la presencia de Kristof Milak. El húngaro es un cíclope del agua. En la semifinal que también dominó, fue más rápido que Marchand. También había ocurrido en las series. De ese modo se inició la final, con el húngaro primero en los tres virajes. Al salir del tercero, Marchand apuró su nado subacuático y emergió como una orca. Algo se había dejado dentro contra lo que Milak nada pudo hacer. Tampoco contra la grada enfebrecida. El francés ganó el 200 mariposa más rápido de la historia olímpica (1.51.21) después de haber hecho lo propio en los 400 estilos. La braza, en cambio, devolvió a un Marchand dominador de principio a fin.
Para Ledecky fue más sencillo. El padecimiento que experimentó en el 400 libre desapareció cuando aumentó la distancia. La estadounidense es una fondista, pero una fondista muy rápida, como prueba el hecho de que ganara el 200 libre en los trials de su país. En la actual escena olímpica, sin embargo, no es suficiente, frente al potente equipo femenino australiano. No es únicamente Ariarne Titmus, que ya derrotó a Ledecky en Tokio. Volver a intentarlo dice mucho en favor de la norteamericana, que podría haberse refugiado en la larga distancia, del 800 al 1.500. En cambio, quiso aceptar el reto. La comodidad no va con los campeones, no con los campeones de verdad.
Marchand, durante la final de mariposa.JONATHAN NACKSTRANDAFP
En el 1.500, la estadounidense impone una velocidad de crucero insostenible para el resto y acabar en 15.30.02. París asistió a su dominio y lo hizo con agrado, pese a animar a la francesa Anastasia Kirpichinkova, aunque La Défense no se emocionara como con Marchand, líder de un equipo francés que escala en el medallero. La natación gala, de profunda tradición olímpica, encuentra un nuevo referente desde Laure Manadou, con tres medallas (oro, plata y bronce) en Atenas'2004, con tan sólo 18 años. El nadador de Toulouse ya lo ha mejorado en París.
El liderazgo de EE.UU.
Ledecky encarna, asimismo, el liderazgo de una natación estadounidense venida a menos en París. La sombra de Phelps es alargada, muy alargada. Los 100 libre, que se disputaron ayer, dejaron campeones ajenos a las barras y estrellas. Caeleb Dressel, encumbrado en Tokio con cinco oros, ni siquiera pudo clasificarse para la prueba en los 'trials' en su regreso tras sufrir una depresión.
El oro de Ledecky es el octavo de su carrera y su medalla olímpica número 12. Si domina el 800 libre, algo previsible, y el 4x200 libre, menos a su alcance debido a la oposición de las australianas, superaría a Larissa Latynina, con nueve oros, como la mujer más laureada en la historia de los Juegos, algo que podría haber alcanzado ya Simone Biles si su mente no hubiera dicho basta en Tokio. La de Ledecky nunca para, continúa y continúa, como sus brazadas.
Fue el desconsuelo de un gigante. Roto sobre el tatami, derrotado cuando el oro era su único objetivo en Tokio. «He aprendido a disfrutar del proceso», dice ahora Niko Sherazadishvili. Viajó el domingo a París, observando desde sus últimos entrenamientos en el Dojo de Brunete los éxitos de su gran amigo y compañero Fran Garrigós, los pupilos de Quino Ruiz. El resurgir del judo español. Superado el proceso del salto a otro peso (-100 kilos) y una
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Javier SánchezEnviado especial Saint-Quentin-en-Yvelines
Enviado especial Saint-Quentin-en-Yvelines
«El golf es diferente al resto de los deportes porque estuvo mucho tiempo fuera de los Juegos. Nuestros padres no vieron a Jack [Nicklaus] o a Arnie Palmer ganar un oro olímpico y nosotros no vimos cómo lo hacía Tiger. Crecimos mirando 'majors', eso era lo único importante. Pero cuando pasen los años estoy seguro que los Juegos ganarán en importancia. Es un torneo especial, que no se puede explicar», proclama el estadounidense Xander Schauffele en el bucólico Golf National de Saint-Quentin-en-Yvelines, a 40 kilómetros de París, y podría decirlo por interés, no en vano él es vigente campeón olímpico, quien triunfó en los último Juegos de Tokio, pero realmente lo dice por amor. Concretamente por amor a su padre.
Su padre, Stefan Schauffele, soñó con ser olímpico, estuvo a punto de conseguirlo y una desgracia se lo negó, pero le inculcó que no hay nada más grande que unos Juegos. Ni un PGA Championship ni un British Open, los dos majors que Schauffele ha ganado este año en una increíble racha.
«Todo lo que le sucedió a mi padre me permite apreciar lo que tengo y lo que puedo hacer en este torneo», asegura el actual número dos del mundo, que este jueves hará su primera vuelta al recorrido (a partir de las 09.00 horas) junto al resto de favoritos, como Jon Rahm. Pero, ¿qué le pasó a su padre? Desde sus bisabuelos, Johann y Richard, los dos futbolistas, uno internacional por Austria y el otro jugador del Stuttgart alemán, su familia siempre había tenido una gran cultura deportiva y su padre, Stefan, continuó el legado. Decatleta destacado en Alemania, tenía la marca necesaria para competir en los Juegos de Seúl 1988 cuando sufrió un accidente.
Mientras iba en coche a un entrenamiento en Stuttgart un conductor borracho le embistió frontalmente y acabó con su carrera. «Fue un golpe muy duro, se quedó completamente ciego del ojo izquierdo y estuvo dos años entrando y saliendo del hospital», explicó a la CNN Schauffele, cuya carrera empezó de alguna manera a raíz de esa tragedia.
Una vida estricta en EEUU
Porque lo ocurrido impulsó a su padre a irse a estudiar a Estados Unidos, a la Universidad de San Diego, donde acabó trabajando como profesor de golf y conoció a otra alumna, Ping-Yi-Chen,yankee de padres japoneses, que cursaba Ingeniería Aeroespacial. Juntos tuvieron a Xander y a su hermano mayor, Nico, y juntos criaron a ambos como deportistas de élite. Mucho ejercicio, cuidado a la dieta y al sueño y mucha, muchísima disciplina. «Cuando venía algún amigo a casa les decían: ¡Las manos sobre la mesa! ¡Siéntate recto!», recuerda Schauffele y asegura que por cosas como esa incluso en el circuito profesional a su padre, Stefan, se le conoce como El Ogro.
Desde sus inicios, Stefan fue precisamente el entrenador de Xander y guio sus pasos: en 2015 se convirtió en profesional, en 2017 se dio a conocer con un quinto puesto en US Open, en 2018 fue segundo en el British... hasta su oro en Tokio y el doblete PGA/British de este año. «No sabría qué escoger, si los Juegos o los majors. Los Juegos me conectan con mi padre», asegura antes del inicio.
Hugo González quiere demostrar que ha llegado a París mejor de lo que demostró en la final de los 100 espalda, donde no se movió de lo conseguido en Tokio: sexto. Apenas cinco centésimas arañó al tiempo de entonces. Poco. El 200 espalda tiene que ser distinto. Deberá nadar más rápido de lo que hizo en semifinales, donde el tercer puesto en la primera le dio un puesto en la final, pero con el peor crono de los participantes (1.56.52), lo que le condena de nuevo a la calle ocho.
Por distancia, es la prueba que mejor se adapta a sus condiciones, a pesar de que en la capital nipona no consiguiera entrar en la final. Fue campeón en Doha, en el Mundial que se disputó en año olímpico, y poco después logró el récord de España (1.54.51) en los Campeonatos de España. El mallorquín sabe que debe estar en su mejor prestación posible en los Juegos para subir al podio. Por ahora, le separan casi dos segundos.
Después de no entrar en la final en Tokio, en París no quiso verse apurado y, ya en las series de la mañana hizo valer su buen final para concluir segundo (1.57.08) y asegurarse una buena calle en las semifinales de la noche. Partió por la cuatro. En, cambio, en las semifinales, pese a su tercer puesto, el tiempo no mejoró lo suficiente para darle lo que quería, una buena calle. Saldrá en la ocho. Como dicen sus compañeros estadounidenses de entrenamiento: "Tenemos final y tenemos calle. "Let's go!" ¡Vamos! Es su única opción.
Quedarán los recuerdos, a ellos y a los aficionados, de los tres partidos que jugaron juntos en los Juegos Olímpicos de París y de su complicidad fuera de la pista, pero sobre todo quedará el ejemplo: así se da un relevo. Rafa Nadal, con sus 22 Grand Slam y todo lo demás, vio cómo Carlos Alcaraz empezaba a dominar el tenis, el US Open, Wimbledon, incluso Roland Garros como hacía él, y no dudó ni un segundo: "¿Jugamos juntos?". Mil ejemplos hay en el tenis, ¡en la vida!, de reemplazos traumáticos, por una competitividad mal entendida o simplemente por envidia, y esto fue lo contrario.
Nadal le tendió la mano a Alcaraz y durante unos días, menos de los esperados pero suficientes, ambos aprendieron juntos. Cuánto le servirá en el futuro a Alcaraz en su ascenso del tenis lo visto y oído de Nadal en la Villa, en los entrenamientos, en los encuentros. Perdieron, perdieron ante una pareja de dobles de verdad, dos ex números uno de la especialidad, Rajeev Ram y Austin Krajicek, por 6-2 y 6-4 en cuartos de final del torneo olímpico, pero quizá lo aprendido valga más que un oro, que ya es decir.
Antes de la derrota de los españoles, el ruso Daniil Medvedev perdió contra el canadiense Félix Auger-Aliassime y a su pasó por la zona mixta de Roland Garros dejó una frase para el recuerdo: "Podría jugar también los dobles, pero me molesta que haya tanta gente en la pista". Eso mismo les pasó a Nadal y Alcaraz ante Ram y Krajicek. Con muy pocos entrenamientos juntos y escasísima experiencia en la disciplina del más joven, los estadounidenses se abalanzaron sobre la red y los españoles no supieron cómo empujarlos hacia atrás. En cada juego el esquema era el mismo: Nadal y Alcaraz en el fondo de la pista y Krajicek y Ram delante, esperando para volear, para machacar, para ganar. No servía tirarles fuerte, costaba horrores colarles un sólo globo... no había manera.
Un intento de proeza
Hubo instantes de desesperación, especialmente de un Alcaraz acostumbrado a inventarse decenas de 'winners' en sus partidos de individuales. El reciente campeón de Wimbledon y Roland Garros lo intentaba, lo intentaba y lo intentaba y pocas veces acertaba. Además desde el primer juego Krajicek y Ram fueron a buscarle cuando estaba en la red y eso todavía le puso más nervioso. Los estadounidenses no le tenían miedo, querían que fallara golpes a los que no está acostumbrado y lo hizo.
Sólo hubo unos minutos en los que todo fue posible porque Nadal y Alcaraz son Nadal y Alcaraz. En el segundo set, después de ser avasallados por sus rivales, con 6-2 y 5-4 en el marcador, les robaron tres bolas de break y les pusieron a todo el público de la Philippe Chatrier encima. Ahí el brazo de los expertos doblistas se encogió: sólo en la Copa Davis hubo alguna manera un ambiente tan eléctrico. Pero su veteranía primó y el encuentro se acabó.
Para la historia, un oro que se pierde, pero para el medallero español otro oro que cobra fuerza. La derrota del dobles aligera la semana de Alcaraz que si hubiera seguido adelante en los dos cuadros habría tenido que enfrentar 12 partidos en ocho días. Con molestias en el muslo y el peso de los últimos 'grandes', podría derrotarle el cansancio o incluso una lesión. Ahora, más con la mencionada derrota de Medvedev, el camino está libre. Hasta la final individual no encontrará a un adversario capaz de amenazarle y si puede descansar el único objetivo ya debe ser su triunfo.
Ya está: es el día. Si quiere alcanzar el tan anunciado objetivo, igualar o superar las 22 medallas de Barcelona 1992, España debe triunfar este jueves en los Juegos de París. Si no lo hace, si no vive como mínimo dos o tres celebraciones, esa aspiración deberá ser rebajada y quedarse, si un caso, en la frontera de las 20 medallas o incluso en las 17 de Tokio 2020. Desde que salga al sol hasta que se ponga, la afición deberá atender a competiciones, más competiciones y más competiciones donde puede haber éxito.
La marcha y sus dos dobles campeones del mundo
Empezando por la marcha. En el Trocadero empezará la competición de atletismo con la especialidad de España, aquellos que caminan 20 kilómetros a toda velocidad. A las 7.30 horas será la competición masculina y a las 9.20, la femenina. La selección cuenta aquí con sus referentes, Álvaro Martín y María Pérez, doble campeones en el último Mundial, pero no sólo están ellos. Entre los hombres, también competirán Diego García Carrera, que fue sexto en los Juegos de Tokio, y el joven Paul McGrath, reciente subcampeón de Europa. Y entre las mujeres, sobresalen Laura García-Caro, sexta en el pasado Mundial, y Cristina Montesinos. La carrera masculina acabará sobre las nueve de la mañana, la femenina, sobre las 11 y entre ambas habrá otro foco de atención.
Niko Shera, una cuenta pendiente
Pese a la hora tempranera, poco después de las 10.00 horas, debutará Niko Shera en el judo, en su nueva categoría, los hombretones de menos de 100 kilos. Como en los Juegos de Tokio, llega con cierta aura de imbatibilidad, pero está vez además llega herido. En aquella cita olímpica japonesa sufrió la decepción de su vida, cayó en cuartos de final y en la repesca y lloró como nunca. Ahora vuelve, con un bronce en el último Mundial, y ganas de resarcirse. Peleará por el bronce sobre las 17.00 horas y por el oro después de las 18.00 horas.
El remo, en busca de la segunda medalla de su historia
Pero no habrá un momento para separarse de la televisión. El remo vive su mejor momento desde hace décadas e intentará hoy a las 11.30 horas conseguir la segunda medalla olímpica de su historia. En el doble scull, Rodrigo Conde y Aleix García buscarán el podio con su plata mundial en 2022 como presentación y la tercera plaza en la clasificación. Los entrenadores hablan de una regata muy igualada con los neerlandeses Melvin Twellaar y Stef Broenink, subcampeones en Tokio, como favoritos al oro. Quedó fuera de la final la pareja francesa, vigentes campeones olímpicos. Serán seis minutos de delirio.
ALI HAIDEREFE
Reyes Pla, el momento de 'El Profeta'
Y sólo una hora después, a las 13.08 horas. El Profeta, Enmanuel Reyes Pla. Como Niko Shera, otro grandullón que busca la redención por lo ocurrido en los Juegos de Tokio 2020. El boxeo reparte dos bronces así que si vence en su combate de cuartos de final ante el belga Victor Schelstraete asegurará la medalla. "A arrancarle la cabeza", desafiaba en conversación con EL MUNDO en pleno despegue del boxeo español. Hasta cuatro aspirantes a la gloria habrá en cuartos de final en los próximos días.
La vela, como siempre la vela
Después el horario ofrece al espectador un respiro para comer y, a las 14.43 horas, otra más que posible fiesta. Lejos de París, en la bahía de Marsella, el 49er masculino disputará su medal race con mucho ya ganado. El dúo formado por Diego Botín y Florian Trittel, medallistas en los últimos tres mundiales, lo tienen todo de cara para aspirar incluso al oro. Botín, con otra pareja, Iago López, fue cuarto en Tokio 2020 después de tener colgado el bronce al cuello durante buena parte de la regata decisiva.
Hugo González con el oro mundial al cuello
Y a última hora, a las 20.37, se lanzará Hugo González a otra final olímpica para redondear el día. En los 100 metros espalda ya fue sexto, pero en los 200 metros espalda, su distancia, en la que es el actual campeón del mundo, aspira a mucho más. De nuevo en los otros carriles tendrá muchas amenazas, pero su capacidad de progresar en plena prueba le otorgan más opciones en la distancia larga. A los 25 años, después de una progresión irregular en su carrera, es su momento: el día D y la hora H.
España se impuso a Brasil en un partido atípico. Lejos de exhibir jogo bonito, las canarinhas tuvieron en su portera, Lorena, a su jugadora más destacada, vieron cómo Marta, su puntal, era justamente expulsada en el añadido del primer tiempo y acabaron con una defensa, Antonia, lesionada y buscando aquello que en el fútbol añejo se conocía como el gol del cojo, después de agotar todos sus cambios. Athenea del Castillo, aprovechando un fallo de la guardameta rival al tratar de desviar un centro de Mariona Caldentey, rompió el muro rival para marcar el 0-1 y Alexia Putellas, en el añadido, con un gran tiro cruzado, remachó un triunfo por 0-2 que le permite al conjunto de Montse Tomé pasar a cuartos como primera clasificada.
La iniciativa, tal y como ya pasó ante Japón y Nigeria, recayó en las botas de las españolas. Y, por mucho que Brasil diera el susto con un remate de Ludmila que se estrelló en el poste izquierdo de la portería de Cata Coll, su mayor posesión del esférico se tradujo en múltiples llegadas a las inmediaciones del área de la canarinha. Llegadas en las que Lorena se lució una y otra vez para evitar que el marcador se moviera antes del descanso. Sobre todo, ante dos disparos peligrosísimos de Tere Abelleira, perfectamente contrarrestados por la arquera brasileña. Antes, el conjunto de Montse Tomé ya vio cómo se le anulaba un tanto a Jenni Hermoso por fuera de juego de Patri Guijarro y cómo Tarciane salvaba con el cuerpo un remate prácticamente a bocajarro de Eva Navarro.
La acción que marcaría el resto del encuentro llegaría en el añadido del primer tiempo. Marta, toda una leyenda, ganadora de seis Balones de Oro, vio la tarjeta roja por levantar demasiado la pierna en un intento de despeje e impactar con su bota en la cabeza de Olga Carmona. La brasileña dejó el césped desconsolada. Consciente, seguramente, de que ese podía ser su último partido.
Marta, entre lágrimas tras ser expulsada.AP
Con una menos sobre el terreno de juego, Brasil trató de tirar de garra para meterse en el encuentro, pero los remates de Ludmila y Kerolin, quienes rompieron el fuego tras la reanudación, se encontraron a su vez con el acierto de una siempre segura Cata Coll, que acabaría siendo sustituida por Misa Rodríguez tras recibir un corte bajo el ojo en un choque con una rival. En el otro extremo del campo, la falta de acierto de Lorena al tratar de atajar un centro de Mariona Caldentey le permitió a Athenea del Castillo poner el tan buscado 0-1 en el marcador. La portera brasileña, eso sí, no tardó mucho en resarcirse. En este caso, enviando a córner un prometedor tiro lejano de Laia Codina.
El intento de Brasil por buscar a la desesperada la reacción, agotando los cambios, se vería al final trastabillado por la lesión de una de sus centrales, Antonia. Para no dejar a su equipo con nueve sobre el césped, trató de recolocarse en punta, más para estorbar lo menos posible que para amenazar a una España que, a la postre, sentenciaría su victoria en el añadido con un gran gol de Alexia Putellas.
El judo español se quitó de golpe en París todos sus complejos, tanta maldición pasada. Pero a la medalla de bronce de Fran Garrigós no le pudieron seguir ni la de Tristani Mosakhlishvili en -90 kilos ni la de Ai Tsunoda en -70, ambos quintos, ambos bien cerca en sus primeros Juegos. Este jueves, Niko Shera apurará las opciones nacionales.
Había sido una mañana para la ilusión. El judoca de origen georgiano, nacionalizado por carta de naturaleza en 2022, derrotó primero a Komronshokh Ustopiriyon, de Tadjikistan, con un wazari. En octavos a Erlan Sherov (4º), de Kirguizistan. Y en cuartos al brasileño Rafael Maceda.
Pero se le estropeó la tarde. Primero, en semifinales, llevó hasta el límite al número uno del ránking mundial, el georgiano Lasha Bekari, campeón olímpico en Tokio. Un duelo fiero y dinámico en el que varias veces se salvó el español de wasari.
Y después, en la lucha por el bronce, sucumbió contra el griego Theodoros Tselidis, con un warari tempranero que no pudo remontar el judoca valenciano.
Ai Tsunoda, en acción.Eugene HoshikoAP
Bien cerquita de la medalla se quedó también la jovencísima Ai Tsunoda, una de las perlas del judo español (tres veces campeona del mundo junior), en su primera participación olímpica. Hija de judocas, su padre japonés, su madre francesa, la ilerdense perdió en la repesca por el bronce, tras ganar a la japonesa Saki Niizue, campeona del mundo.
Lo hizo con un ipon fulminante de la austriaca Michaele Polleres, subcampeona olímpica, cuando no habían transcurrido ni dos minutos de combate. Finaliza quinta Tsunoda que por la mañana, tras dos victorias iniciales, había caído en cuartos contra la número uno del mundo, la croata Barbara Matic.