Martina Terré, 15 paradas para un oro y el secreto de su voz perdida

Actualizado Domingo, 11 agosto 2024 - 01:20

Por las que llevan años aguardando y por las jóvenes que llegan. Miki Oca no se dio ni un gramo de importancia en un oro para la historia del deporte español. Para desesperación de los periodistas, el seleccionador, en el cargo desde 2010, sólo hablaba de ellas. "¿Pero no habéis visto el partido, quién lo ha ganado?", despejaba. Ellas, un grupo tan cohesionado que ríen y celebran juntas, que bailan al ritmo de la DJ, la boya Paula Leitón, Hay Lupita y Potra Salvaje son sus himnos en el autobús.

Para saber más

Desde la concentración, ya en junio, en el CAR de Sant Cugat. Después en la altura de Sierra Nevada, un éxito a fuego lento. "Desde entonces ellas sólo me repetían que querían ganar el oro", admite Oca. Que mira a su lado a Bea Ortiz y sus cuatro goles, tres decisivos a la vuelta de vestuarios, y Martina Terré, y tampoco quiere personalizar. Porque "lo llamativo son sus paradas, pero sin el trabajo del resto..." Pero la protagonista es la portera, sin duda.

Una chica de 21 años con la timidez lógica de su edad. Que arruinó a los Países Bajos con una espectacular parada a su lado derecho en la tanda de penaltis. Y que en la finalísima fue una absoluta pesadilla para Australia: 15 intervenciones nada menos, un asombroso un 83% de acierto bajo los palos. Y todavía se lamentaba de las que no atajó. "Me estudio a todas a las rivales. Y mira, estoy pensando que hay algún gol que podría haber parado, que iba al sitio donde sabíamos y no lo he parado", se lamentaba con su afonía.

"Les entraba el ansia de chutar"

Ahí, en su voz rota, está otro de los grandes secretos de este oro logrado en el inmejorable marco de La Défense, repleto de banderas rojigualdas. Una de las grandes novedades introducidas por Miki Oca y su cuerpo técnico es la de contar en voz alta los 10 últimos segundos de cada posesión. Y esa tarea recae en Martina. "A la primera posesión ya pierdo la voz: 10, 9, 8, 7, 6... que me tiene la garganta...", admite la catalana, a la que cuesta hacerse oír en el estruendo del pabellón. "Antes sólo hacíamos el 10 y el cinco y les entraba un poco el ansia de chutar cuando decías el cinco. Esto gasta la voz, pero sirve. Porque hoy hemos hecho algún gol al final del tiempo. Así que estoy contenta", reconocía.

Terré irrumpió en la portería de la selección en el último Europeo, del que fue MVP. Fue desplazando poco a poco a una mítica como Laura Ester. Y esa convivencia es la que emociona a la joven de Barcelona, a la que se le saltan las lágrimas en zona mixta. "Laura, para mí, es algo muy grande. Tenerla a mi lado, como compañera de equipo, una mujer con tanto palmarés, tantos partidos jugados...", enumera la guardameta del Sant Andreu.

Martina Terré, en acción.

Martina Terré, en acción.Luca BrunoAP

Terré fue, junto con Elena Ruiz -otra perla que con 16 años debutó en Tokio 2020- campeona del mundo júnior en 2021, en Netanya. Allí estaban también Nona Pérez y Marta Camus, el relevo generacional. Y esa sangre nueva es, para ella, la que ha posibilitado el éxito, ese maleficio olímpico después de dos finales perdidas (Londres y Tokio, fueron quintas en Río), el colofón a un equipo de leyenda.

"Las jóvenes aportamos la inocencia de no haber jugador finales, de no tener dolores de cabeza, de saber que hemos perdido. Intentamos aportar ese momento de disfrutar, de jugar como sabemos, sin que nos tiemble nada. A veces se hace como un muro delante a las más veteranas. Nos dan la tranquilidad de saber que es una final y nosotras el empuje para ir a por todas", razonaba Martina, que estudia en la Universidad Pompeu Fabra y desde ayer es leyenda del waterpolo. Y que quita mérito a sus intervenciones felinas, porque "con lo bien que defiende mis compañeras es fácil encontrar los huecos para parar. Me dejan mi lado y ya está". Y ya está.

París se prepara para una clausura “más festiva”: Tom Cruise en el relevo de la bandera y actuaciones de Beyoncé, Snoop Dog y Red Hot Chili Peppers

Actualizado Domingo, 11 agosto 2024 - 00:03

Tras 15 días intensos de deporte, fiesta urbana y ambiente olímpico, París apagará hoy la llama de su pebetero. La ciudad pondrá el broche a sus Juegos con una ceremonia de clausura (21.00) en la que la alcaldesa de la capital, Anne Hidalgo, entregará el relevo a la de Los Ángeles, Karen Bass, la próxima sede olímpica.

Tras un acto de apertura muy francés e inédito (por primera vez se realizaba fuera de un estadio, con un recorrido por el río Sena), el de cierre será algo menos espectacular, dentro del Stade de France.

Será una ceremonia, según los escasos detalles que han revelado sus organizadores, «más festiva», con varios conciertos y un homenaje a todos los que han hecho posible estos Juegos: los atletas, pero también los voluntarios y las fuerzas del orden. Participará, por ejemplo, la unidad de gimnasia de los bomberos de París.

Francia cierra su cita olímpica satisfecha, con buenas cifras de participación, se han podido celebrar las pruebas de agua en el Sena (a pesar de las dudas iniciales) y, además, no ha habido problemas de seguridad, que era una las principales preocupaciones antes de empezar. Unos 35.000 agentes (policías, gendarmes y unidades extranjeras) han velado cada día para que todo transcurriera en calma.

Para saber más

Los detalles de la ceremonia de clausura se mantienen en secreto, como ya pasó con la del 26 de julio. El maestro de ceremonias vuelve a ser Thomas Jolly, que ya tuvo que denunciar las amenazas recibidas tras el acto inaugural. Si en este se destacó la monumentalidad de París, luciendo los espacios donde se han celebrado durante dos semanas las pruebas, hoy se rendirá homenaje «al monumento humano, el que vibra cada día desde que empezaron los Juegos», ha explicado Jolly.

«homenaje a los deportistas»

Dos medallistas franceses, el nadador Léon Marchand y la ciclista Pauline Ferrand-Prévot, serán los encargados de llevar la bandera francesa durante el acto, que comenzará a las nueve de la noche y durará algo más de dos horas. Según ha desvelado la prensa francesa, tendrá un lugar protagonista Tom Cruise, que será el encargado de recoger la bandera gala y dar el relevo a EEUU. Además, actuarán los grupos franceses Air y Phoenix, Beyoncé, Snoop Dogg, Red Hot Chili Peppers y Billie Eilish, todos vinculados a la zona de Los Ángeles en otra escenificación del relevo olímpico.

El final de esta ceremonia, ha asegurado Thomas Jolly, «será emocionante para decir adiós a estos Juegos». «Se rendirá homenaje a los deportistas, será una magnífica manera de celebrar colectivamente a los atletas que han brillado con sus pruebas y su espíritu de competitividad». El estadio de Francia se convertirá en una sala de conciertos en la que habrá bailarines, acróbatas y también «interpretaciones inéditas».

Será difícil igualar el broche de fiesta de hace dos semanas, cuando Céline Dion (que lleva años fuera de los escenarios) cantó el himno al amor de Edith Piaf a los pies de la Torre Eiffel, pero será igualmente inolvidable, según Jolly: «Una distopía, con vestigios de la ceremonia de apertura hallados por viajeros venidos de otro tiempo. Todo para transmitir que los Juegos son algo precioso y frágil. Que ese monumento humano puede desaparecer».

La maravillosa inspiración de Steph Curry alarga, ante Francia en París, la tiranía olímpica del USA Team

Actualizado Sábado, 10 agosto 2024 - 23:50

Ni gigantes llegados de otras dimensiones, ni el ambiente en contra más feroz. Nada puede (aún) con el imperio del USA Team, los reyes olímpicos del deporte que inventaron, de oro en el Bercy Arena por quinta vez consecutiva. Fue la final de Steph Curry, el que apagó cualquier intento de rebelión con cuatro triples en tres minutos que son ya parte de la historia de los Juegos. La pura diversión en el infierno, ese será el legado del genio de los Warriors. Ni el despliegue de Wembanyama pudo dar aliento a Francia, derrotada en París ante la enésima versión del Dream Team.

Porque no, ya no hay lugar para equipos de ensueño a los que no haga falta pedir tiempos muertos para arrasar en un torneo de principio a fin, como ocurrió en Barcelona 92. La globalidad acorta las distancias. Y deja sustos como el de la semifinal contra Serbia (terminó ganando el bronce a Alemania), un aviso que fue en contra de los intereses de Francia ante el anhelo de un oro que hubiera sido absolutamente histórico.

Y del que no estuvo tan lejos cuando el enésimo destello de Wemby y Yabusele, insospechada pareja, les arrimó a sólo tres puntos a falta de tres minutos. Pero entonces, Curry decidió que el aro era inmenso, que diera igual cómo, cuándo y con quién delante, sus triples iban a silenciar el Bercy Arena, más bien extasiado ante lo que estaba ocurriendo, la absoluta inspiración de un jugador de época. En sus primeros Juegos, el mejor tirador de todos los tiempos puso su nombre con mayúsculas, cinco triples en la segunda mitad, ocho en total de los 18 con los que el USA Team acabó con la Francia de Collet.

Asombroso frenesí

Pocas finales en la historia olímpica han albergado tal expectación, con todos los ingredientes posibles sobre el Bercy Arena, cuyos alrededores eran un hervidero de ilusiones. Y la noche arrancó con un frenesí asombroso, como un All Star pero con competitividad total, con Wemby, a sus 20 años, anotando desde todas las posiciones imaginables, achicando al abucheado Joel Embiid. Con LeBron dibujando pases por la espalda y una velocidad de vértigo. Que, de repente, frenó en seco, un bajón de revoluciones provocado por la defensa en zona gala, que sólo al final pudo romper con dos triples Anthony Edwards. Aún así, se había quedado un primer acto igualado y bajísimo de anotación.

Yabusele machaca sobre LeBron, durante la final.

Yabusele machaca sobre LeBron, durante la final.AFP

Aunque Yabusele, ya protagonista, puso por delante a Francia, para delirio de las tribunas, el USA Team pronto imprimió su sello. Los triples de Curry, la versatilidad de Booker y el dominio de la cancha de LeBron. Un 8-0 que pronto fue la máxima (36-46), aunque al Rey el osado Yabu le plantara un brutal mate en la frente. El jugador del Madrid, junto con Wemby, era el sostén local, al que sólo el desacierto desde el perímetro mantenía todavía alejado de los de Steve Kerr.

Pero con la manada de lobos nunca puedes dar nada por supuesto. Curry tenía balas guardadas en la recámara, listo para desenfundar a la vuelta de vestuarios, cuando el USA Team ya no aguardó a nadie. Dos triples del de Ohio a la vuelta de vestuarios supusieron la máxima para EEUU (47-61). Y Francia ya sólo pudo hacer la goma, sin darse nunca por vencida.

Aprovechando algún despiste y con la aparición del veterano De Colo, soñó con la gesta por un momento. Pero era la noche de Curry. Triples tras bote indefendibles, el último una absoluta locura. Y lo disfrutó como nadie.

Ghadfa cae con toda su ilusión contra el favoritísimo Jalolov y se cuelga la plata

Ghadfa cae con toda su ilusión contra el favoritísimo Jalolov y se cuelga la plata

Cuando entra a la Philippe Chatrier, una pista monumental, quizá la más monumental de todas las pistas de tenis, Ayoub Ghadfa va murmurando. ¿Qué dirá? Parece sobrecogido Alrededor 15.000 personas mirándole a él, sólo a él, delante un ring azul eléctrico y detrás su entrenador, Rafa Lozano, que le azuza, más que tranquilizarle. Está en la final de unos Juegos Olímpicos y debe disfrutarlo con todo. En los entrenamientos todos los deportistas se imaginan en una situación así, pero nadie imagina lo que viene luego.

Ghadfa, prácticamente un novato, un boxeador por instinto, desde hace apenas cuatro años, se encuentra en el cuadrilátero al uzbeko Bakhodir Jalolov, que no sólo fue campeón en los Juegos de Tokio 2020, que también lo será ante él en París. Todo el mundo se lo ha dicho así de claro al español. Durante casi dos décadas, los rivales de Rafa Nadal debieron de sentir algo parecido aquí, pero Nadal no te podía noquear con un derechazo. "Este Jalolov es una bestia", han advertido a Ghadfa. "Es invencible", ha leído en redes sociales. "El oro es imposible", ha escuchado por ahí. Y todas esas voces tenían motivos.

Jalolov, un tipo de más de dos metros, serio de principio a fin, se presenta en Roland Garros sin perder un combate amateur a tres asaltos desde 2017 y ya como profesional acumula un balance de 14 victorias en 14 combates, todas, absolutamente todas por KO. Mirar a las apuestas asustaba antes -la victoria de Jalolov se paga a 1.08-, pero ya en el cuadrilátero mirarle a la cara asusta todavía más. Hay que ser muy duro para hacerlo y eso hace Ghadfa. Con toda la ilusión y esa cara de buen tío tan suya, el español intenta conectar con su derecha en el primer round, pero quien lo hace es su rival con dos rectos con su zurda: se nota la experiencia. La desigualdad queda clara de inicio, los jueces plantan un 5-0, aunque no todavía no se acaba.

Más igualdad, más intercambio

Decían las estadísticas que Jalolov no había perdido un round en todos los Juegos, pero también decían que el rival de Ghadfa en semifinales, el francés Djamili-Dini Aboudou-Moindze, era favorito y muchas otras cosas. Como que un chaval marbellí, hijo de inmigrantes marroquíes, no iba a ser aplaudido en el barrio más pijo de París, el distrito XVI, hogar de ministros, cantantes y arquitectos. Pero casi de medianoche lo es. Y en el segundo round el español lo intenta, lo intenta más que nunca, se expone y golpea a Jalolov.

Hay más igualdad, más intercambio, pero los jueces no lo ven así. Otro 5-0. En el tercer round, un 4-1 como consuelo, ya no habrá nadie en juego. Al final, plata de Ghadfa en los superpesados, un resultado excelente. La decimoséptima medalla de España en estos Juegos Olímpicos y la segunda alegría para la nueva cuadrilla del boxeo español, una cuadrilla de muchos kilos en todos los sentidos.

Jalolov festeja su triunfo en la final.

Jalolov festeja su triunfo en la final.AFP

Hasta estos Juegos, España era un país de pequeños pegadores, como lo fueron Enrique Rodríguez Cal, Faustino Reyes o el propio Rafael Lozano, hoy entrenador. Ahora ya no. En los pesos más grandes, de donde salieron leyendas como Muhammad Ali, Joe Frazier, George Foreman, Wladimir Klitschko o Anthony Joshua, el país tiene a unos amigos capaces de todo. Con Ghadfa, Enmanuel Reyes Pla, bronce hace unos días en los pesados, y Gazi Khalidov, diploma en los Juegos de Tokio.

Los tres comparten vida en Madrid, aficiones, religión -incluso Reyes Pla se ha convertido al islam- y un futuro esplendoroso en el boxeo. Ghadfa, el niño que recibía bullying en el colegio en Marbella, que se apuntó a kickboxing para defenderse, que fue descubierto para el boxeo cuando se mudó a Madrid a estudiar INEF, ya es subcampeón olímpico. Vendrán más cosas.

Las dos caras de Ingebrigtsen

Las dos caras de Ingebrigtsen

Última jornada de atletismo en el Stade de France. La abrió el salto de altura masculino. La prueba permanece embarrancada por debajo de 2,40. Gianmarco Tamberi, convaleciente de desórdenes renales la última semana, se quedó en 2,22. Mutaz Essa Barshim, en 2,34. A 2,36 subieron el neozelandés Hamish Kerr y el estadounidense Shelby McEwen. En un desempate inferior en 2,34 ganó Kerr.

Mientras se dilucidaba la altura, Jakob Ingebrigtsen (13:13

Hazte Premium desde 1€ el primer mes

Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web

Si lo prefieres
<!--

¿Ya eres Premium? Inicia sesión

--> <!--

Cancela cuando quieras

-->
Mohamed Attaoui acaba quinto a un ritmo frenético en el 800 del futuro

Mohamed Attaoui acaba quinto a un ritmo frenético en el 800 del futuro

Muy rápido para Mohamed Attaoui. Por ahora. A los 22 años y después de una fulgurante aparición en el atletismo, tiene tiempo para mejorar. El problema es que en el 800 va a tener una competencia brutal, con una de las mejores generaciones de los últimos tiempos.

Emmanuel Wanyonyi, de Kenia, es su líder y el nuevo campeón olímpico, a los pocos días de cumplir 20 años. Con 1:41.19 hizo la tercera mejor marca de todos los tiempos y se quedó a 28 centésimas del récord del mundo, en una prueba en la que hubo plusmarca de América, la del canadiense Marco Arop (1:41.20), y de Estados Unidos, a cargo de Bryce Hoppel (1:41.67). Jamás cuatro hombres habían bajado de 1.42. Moha fue el quinto (1:42.08). Es su siguiente barrera.

El español iguala el quinto puesto de Adrián Ben en Tokio, pero en pruebas muy diferentes. Ben acabó entonces en 1:45.96 en una final en la que el oro se ganó por encima de 1:45. "Me voy súper contento". Sabía Attaoui por qué lo decía. En esa coyuntura ofreció el máximo de lo que ha conseguido, metido en una criba histórica que le va a llevar a las mejores carreras en el circuito de la Diamond League y a las finales, si no se malogra. Está en buenas manos, afincado en Suiza y dirigido por Thomas Dreissigacker. Eso significa gloria y dinero.

Más piernas

"No he cometido errores, al contrario de lo que me pasó en la semifinal. Lo he dado todo y he tomado las decisiones correctas. Pero al final me han fallado un poco las piernas, a pesar de que casi he estado en mi marca personal. Corría contra grandísimos rivales. Esto me da muchos ánimos para seguir trabajando y entrenando", añadió este atleta nacido en Marruecos, pero afincado en Torrelavega desde los seis años, edad a la que llegó a España con su familia. Empezó atrás, pero en la cuerda para ahorrar metros, aunque la velocidad no le permitió realizar el 'cambio', porque el 'cambio' estaba activado desde el principio por Wanyonyi y Arop.

El 800 en el que tomaba parte Attaoui confirmó la expectativa que proclamaban los ránkings. No sólo el de la temporada, sino el de siempre. De los 10 atletas más rápidos de la historia en el 800, cuatro estaban en la pista, y no por lo que hubieran hecho en el pasado, sino este mismo 2024. Eran el argelino Djamel Sedjati, el francés Gabriel Tual, Wanyonyi y el español. Ahora lo está también Arop. Los tres primeros habían conseguido correr por debajo de 1:42. El español está a a cuatro centésimas, después de su récord de España (1:42.04). Ayer era una carrera para hacerlo, pero le faltaron piernas.

La marca la batió en la reunión de la Diamond League en Mónaco, en unos meses mágicos antes de París. La primera sorpresa la dio al colgarse la plata en el Europeo de Roma, celebrados el mismo año que los Juegos por los ajustes de fechas y campeonatos que provocó la pandemia. Las referencias de los podios, por tanto, hay que tomarlas con cautela. Las marcas, en cambio, valen lo que dicen.

Yulenmis Aguilar, durante la final de jabalina.

Yulenmis Aguilar, durante la final de jabalina.AFP

Moha pulverizaba los 1:43.65 de Saúl Ordóñez, anterior récord de España. Eso es darle un bocado a una marca, que es como ha aparecido este atleta en el atletismo español y como lo hizo en las series de París. En la semifinal en la que no supo ubicarse y fue, en su opinión uno de sus peores 800, hizo 1:43.69. La impresión, pues, es que tiene margen de mejora si consigue dominar algunos aspectos de la estrategia de carrera, con menos tráfico en el 800 que en el 1.500, pero sin tiempo y metros para corregir los errores.

Attaoui había subido al podio continental ya como sub'23, aunque inicialmente en los 1.500. La transición, incluso la compatibilidad con el 800, era más habitual en el pasado. El ejemplo es el presidente de la World Athletics, Sebastian Coe, que ha seguido las pruebas en Saint Denis. Sus 1.41.73 son todavía la sexta marca de todos los tiempos del único atleta con dos títulos olímpicos en 1.500. Coe y Steve Ovett alternaban las distancias, mientras que las generaciones posteriores se inclinaron por hacerlo en el 1.500 y el 5.000, desde Hicham El Guerrouj a Jakob Ingebrigtsen.

A Coe correspondió el honor, como anfitrión, de ver a David Rudisha bajar de 1:41 (1:40.91) en Londres, en los Juegos de los que era anfitrión. Entonces, en 2012, un récord del mundo del futuro, como lo había sido el de Coe en 1981. Hoy, un desafío para esta nueva generación del 800 de la que Attaoui forma parte.

Águeda Marqués, tras la final de los 1.500.

Águeda Marqués, tras la final de los 1.500.AFP

Más lejos de esa élite está Yulenmis Aguilar, pese a concluyó sexta en la final de jabalina (62.78) y obtuvo, asimismo, diploma olímpico. Esa marca difícilmente puede llevarla a un gran podio. Había lanzado este año 63.90, pero no pudo repetirlos en París. Thierry Ndikumwenayo, por su parte, sabía que el podio de los 5.000 estaba mucho más lejos que para Attaoui o Yulemnis, pero al menos tuvo el foco de liderar la prueba hasta que sucumbió al poder de los etíopes y a un poder superior, el del noruego Jakob Ingebrigtsen, que pasó al vuelo a los atletas de la altiplanicie africana para redimirse de su derrota en el 1.500. Águeda Marqués, undécima en la de 1.500, no alcanzó el diploma, pero sí marca personal (4.00.31). Eso es competir.

Una caída frustra las opciones de Mora y Torres en el madison

Una caída frustra las opciones de Mora y Torres en el madison

Actualizado Sábado, 10 agosto 2024 - 19:54

El equipo de Portugal, compuesto por Iuri Leitao y Rui Oliveira, logró el primer oro olímpico en pista para su país, hazaña que se concretó en la modalidad de madison, donde la plata se la llevó Italia, el bronce Dinamarca y España sólo pudo acabar novena tras una caída de Albert Torres.

Sobre el Velódromo Nacional de Saint Quentin-En-Yvelines, Portugal se impuso en el vigésimo y último sprint, que puntuaba doble. Un agónico triunfo con 55 puntos, ocho más que la pareja italiana formada por Elia Viviani y Simone Consonni, que había dominado las tres cuartas partes de la prueba. Leitao, corredor del Caja Rural, logró la plata en omnium el pasado jueves, y junto a Oliveira, corredor del UAE, frustraron los anhelos del dúo transalpino.

España aspiraba a la sorpresa, pero la suerte resultó esquiva para Sebastián Mora y Torres, con una caída que arruinó cualquier opción de luchar por las medallas. Tras el séptimo sprint, a 130 vueltas del final, Torres y Mora figuraban en cabeza con 11 puntos. Restaba un mundo, pero las sensaciones iniciales permitían soñar con la lucha por el podio. Una madison supone muchas alternativas, momentos de mayor y menor inspiración, y normalmente la última fase de la competición resulta decisiva.

Lucha frenética

A mitad de carrera, Mora y Torres seguían fajándose en puestos del podio. La lucha sin cuartel, frenética sobre el anillo del velódromo, variaba por momentos. Japón encadenó varias puntuaciones para ascender a la zona noble, en perjuicio de España, que bajó a la quinta plaza, con su marcador estancado en 15 puntos.

En el último cuarto, Chequia empezó ganando vuelta y sumó 20 puntos que le auparon a la cuarta plaza. Italia reaccionó atacando para defender el liderato. La dupla británica perdió opciones con la caída de Oliver Wood. Se volvió loca la carrera a medida que se acercaba el final. Consonni y Viviani hacía valer una diferencia mínima sobre Dinamarca y Chequia a falta de 25 vueltas. España quedaba a 25 puntos del bronce, pero la desgracia de Torres acabó con cualquier opción.

Indignado el menorquín, con el casco roto, reclamaba ante los jueces, pero no le permitieron salir de nuevo a la pista. A 20 vueltas se esfumaron las opciones de la dupla española. Tras el incidente, Portugal ganó vuelta, sumó 20 puntos y desplazó a Italia de la primera plaza. Oliveira y Leitao dieron el golpe de mano en momento clave.

Una vida persiguiendo este oro: España, campeona olímpica tras derrotar a Australia en la final de waterpolo femenino

Actualizado Sábado, 10 agosto 2024 - 16:44

Dos finales olímpicas perdidas no son cualquier cosa, no es algo que se vaya así como así de los pensamientos de un deportista profesional cuando la vida le ha dado la oportunidad de regresar al lugar de sus pesadillas, pero también de sus anhelos.

Lo han ganado todo, también Mundiales y Europeos, pero Londres y Tokio no se olvida.

En La Défense, es el partido de sus vidas. Aunque suene tópico.

Lo es para las jóvenes, lo es para las que cayeron hace tres años por primera vez, pero, sobre todo, lo es para las cuatro veteranas de un colectivo para la historia del deporte español. Pili Peña, Maica García, Laura Ester y Anni Espar. Su tercera final olímpica de cuatro oportunidades. También para Miki Oca. Y esta vez no está EEUU enfrente, con la que ya saldaron cuentas tras 11 años de derrotas en la primera fase. Igual que con los Países Bajos en esa semifinal taquicárdica en la que Martina Terré paró un penalti con el alma en la tanda.

Había sonrisas y rostros de confianza antes del comienzo, el trabajo hecho, la fe en sí mismas. También en Australia, la sorpresa del torneo, una rival que ya fue campeona olímpica en Sidney 2000, aunque que llevaba seis años sin derrotar a España. Pero el primer acto en La Défense fue áspero, como si en vez de en agua avanzaran en barro. Ambas porteras, Terré y Gabriella Palm, eran las absolutas dueñas de la piscina. Un tanto en escorzo de Paula Leitón desde la boya igualó el penalti inicial de Alice Williams, la misma que en el último segundo hizo el 2-2.

El turno de Bea Ortiz

Sin perder la paciencia, pero la selección estaba enredada en la tela de araña aussie. Estuvieron 11 minutos las de Oca sin marcar, cada ataque un naufragio. El momento crítico. Hasta que Maica García rompió la racha. El suyo fue el único gol de todo el segundo cuarto; Australia tampoco estaba para fiestas.

Pero tras el descanso, el cuchillo. Era la hora de la verdad, el momento tan esperado. Tomó las riendas Bea Ortiz, que enhebró tres goles de carrerilla, tres disparos que elevaron a España.

Las jugadoras de España celebran el oro.

Las jugadoras de España celebran el oro.AFP

Ya nada las podía parar. Ni las remontadas pretéritas de una Australia que tampoco sabía lo que era perder en estos Juegos. Y eso que un gol sin ángulo, en el último segundo de la posesión, de Sienna Hearn, arrimó a las de Bec Rippon (6-7). Pero esta final la iban a ganar. Y de nuevo la heroína de La Défense, Bea Ortiz. Y después Maica, y Anni Espar. Y las lágrimas cuando todavía faltaban dos minutos y Terré seguían parándolo todo (hasta 15 intervenciones) y ya sabían que toda esta espera había merecido la pena.

En 1996, Miki Oca, el primer español ya en tener un oro olímpico como jugador y entrenador, había ganado un oro en Atlanta para el waterpolo nacional. Pero faltaban ellas, una selección que ya era leyenda y que en París 2024 lo corroboró a lo grande.

Antía Jácome y el enésimo cuarto puesto de España: “No podía más, no tenía más en mi cuerpo”

Actualizado Sábado, 10 agosto 2024 - 14:54

Por fin, la sonrisa de Antía Jácome. En el hangar de España en el canal de Vaires-sur-Marne ya sólo había miradas al suelo, malas caras, el ánimo hundido hasta que la española empezó a palear. Después de decepciones y hasta hundimientos, 44 segundos para la ilusión. Jácome arrancó entre las mejores y entre las mejores se mantuvo hasta que al final... ¡Casi!

Su cuarto puesto en el C1-200, otro para la delegación española, que ya acumula 17 en estos Juegos Olímpicos de París no era lo esperado, pero a ella le supo a gloria. "No podía haber dado más de mí, la verdad. No tenía más en este cuerpo. Me hubiera gustado subir al podio, pero me voy con un buen sabor de boca", comentaba Jácome, que venía de un desencanto, el sexto puesto junto a María Corbera en el C2-500 y de un ciclo olímpico más que complicado.

Porque Jácome, revelación en los Juegos de Tokio, quinta con sólo 21 años, apuntaba a todo cuando sus entrenadores desde que se mudó de Pontevedra a Sevilla, Marcel y Georgina Glavan, ficharon por China sin avisar y se quedó sola. De camino a París tenía que rehacer su preparación y su vida. Y decidió mudarse nuevamente, esta vez a Mallorca, para empezar a trabajar con Kiko Martín en Lago Esperanza, en Pollença. La siguió su pareja, el también piragüista Pablo Martínez, y su compañera en la canoa, Corbera.

"Tengo que darles las gracias porque no puedo tener un entorno mejor. Cuando me quedé sin entrenador hicieron lo impensable para que yo consiguiese una medalla y no ha podido ser, pero estoy segura de que algún día será", anunciaba Jácome, que reclamaba unos días de vacaciones antes de encarar unos Juegos de Los Ángeles 2028 a los que llegará con 28 años, el mejor momento para conseguir, entonces sí, su medalla olímpica. "He sido quinta y he sido cuarta, ahora me toca dar ese pasito más", proclamaba.

María Pérez y Jordan Díaz serán los abanderados de España en la ceremonia de clausura

María Pérez y Jordan Díaz serán los abanderados de España en la ceremonia de clausura

Actualizado Sábado, 10 agosto 2024 - 14:32

España ya conoce a sus abanderados para la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de París 2024. Serán María Pérez y Jordan Díaz que, tras lograr la medalla de oro en el relevo mixto de marcha, la plata en los 20 kilómetros y otro oro en triple salto, han sido elegidos esta mañana para reemplazar al piragüista Marcus Cooper y a la regatista Támara Echegoyen, que llevaron la bandera en la fiesta de inauguración en el Río Sena.

Este acto a modo de clausura, que se celebrará el próximo domingo en el Stade de France, girará en torno a un espectáculo denominado 'Record'. Además, se festejará el éxito de la ciudad anfitriona y se entregará la antorcha olímpica a la ciudad que acogerá los próximos Juegos Olímpicos en 2028: Los Ángeles.

También se espera que en la celebración participen un gran número de artistas, acróbatas y bailarines que ofrecerán al público una gran actuación.

Hace cuatro años en Tokio, el COE eligió como protagonista en ese día a la karateca Sandra Sánchez, que había conseguido subirse a lo más alto del podio en la modalidad de kata.