Marcus Slaughter, el carismático pívot del Real Madrid de hace una década, podría haber recibido una orden de arresto por una cuestión de falsedad documental en el caso de los pasaportes de los jugadores extracomunitarios en la ACB.
Al parecer, según ha informado RAC1, esta circunstancia podría afectar a los títulos del conjunto blanco durante el 2015, temporada en la que se produjo el descubrimiento. Ese año, el Real Madrid ganó Liga y Copa.
La prohibición de la ACB a los equipos de jugar con más de dos jugadores extracomunitarios llevó al alapívot a competir con un pasaporte ecuatoguineano. Este hecho, según el Acuerdo Cotonou vigente desde principios de siglo, permitía al deportista no ocupar plaza de extranjero.
Lo llamativo de esa historia es que había otro jugador en el campeonato que también disputaba los torneos ACB con un documento ecuatoguineano. Se trata de Andy Panko, pívot del CB Fuenlabrada. El problema para ambos es que compartían el mismo número de documento.
Además del número de pasaporte, que se obtuvo en el consulado de Guinea Ecuatorial en Las Palmas de Gran Canaria, ambos jugadores también compartían agencia de representación, Beobasket, propiedad de Misko Raznatovic. Ninguno estuvo la siguente temporada en la Liga Endesa.
Panko no necesitó el beneficio de jugar como comunitario en el Fuenlabrada ya que había plazas para alinearle. Sin embargo, Slaughter sí que necesitaba esa condición al contar el Real Madrid aquel año con Gustavo Ayón y Facundo Campazzo como jugadores extracomunitarios.
Según RAC1, si el juicio oral determina la culpabilidad del jugador, el Real Madrid podría perder la Liga Endesa 2014-15 y la Copa del Rey que conquistó frente al Barcelona, que está personado como acusación particular del juicio.
Este domingo se cumplió unos de los sueños de LeBron James. La leyenda de la NBA compartió cancha junto a su hijo Bronny en un partido de pretemporada de los Lakers. LeBron lo ha tenido siempre claro y por eso ha aguantado hasta casi la cuarentena jugando en la élite. Su anhelo más profundo siempre fue hacer historia al ser el primer padre que comparte vestuario con su hijo en la mejor liga de baloncesto del mundo.
El partido era lo de menos. En este caso era un amistoso perdido por 118-114 por Los Ángeles Lakers contra los Phoenix Suns en la Acrisure Arena de Palm Desert (California). El caso es que LeBron, de 39 años, y Bronny, que cumplía 20 años este domingo, hicieron historia al ser los primeros padre e hijo en disputar un partido de pretemporada de la NBA. Y todavía queda el plato fuerte, un partigo oficial de la NBA.
El próximo 22 de octubre, cuando arranque la temporada regular de la NBA, los Lakers debutarán contra los Minnesota Timberwolves en un encuentro que podría verles en pista juntos en su primer compromiso oficial.
El debut de Bronny junto a LeBron, se produjo al comienzo del segundo período. LeBron acabó el partido con 19 puntos, cinco rebotes, cuatro asistencias y dos tapones en 16.20 minutos. Bronny no anotó puntos y falló su único intento, un triple tras una asistencia de LeBron. Capturó dos rebotes y perdió cuatro balones en 13.25 minutos en pista.
Los Lakers habían arrancado el viernes su pretemporada con una derrota ante los Timberwolves por 107-124 en un encuentro en el que no jugó LeBron James y sí participó Bronny. El hijo de LeBron aportó entonces 2 puntos, 3 tapones, un rebote y una asistencia.
Entre los demás partidos disputados este domingo, el dominicano Karl Anthony Towns debutó con los New York Knicks, con diez puntos y cuatro rebotes en 14.46 minutos en pista.
Rudy Fernández. Sergio Rodríguez. Guerschon Yabusele. Fabien Causeur. Vincent Poirier. La enumeración basta: cinco jugadores de primer nivel en la Euroliga, en el baloncesto internacional, perdidos por el Real Madrid de golpe, por jubilación o por traspaso. Añadan a Carlos Alocén, base de gran proyección -ya lo iremos viendo- al que los responsables blancos no dieron tiempo de juego tras recuperarse de una larga lesión y al que han dejado marchar
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Europa, la razón de ser del Real Madrid, su destino obligado, no supuso reacción. Este nuevo Madrid en busca de rumbo y crecimiento sumó su tercera derrota seguida del curso, otro borrón, otro palo en la rueda para su despegue, ante un Bayern agresivo y mordaz, liderado por la clase de Shabazz Napier, uno de esos NBA que alegran la Euroliga. [97-89: Narración y estadísticas]
Las alarmas ya están encendidas, pese a que no van ni dos semanas de competición. Fue un mercado de riesgo, una renovación más profunda de lo habitual, y Chus Mateo sabe que no puede permitirse un equipo sin alma. Intentó ponerse serio tras un mal arranque, firmó unos alegres minutos después del descanso, pero acabó tan desquiciado como Campazzo en la última jugada, en la que fue expulsado por protestar de mala manera una falta que no pitaron cuando buscada a la desesperada la prórroga.
Todo en el estreno del espectacular SAP Garden, donde flotaba en el ambiente el navajazo en Coruña y la final de la Supercopa perdida. Y el Bayern, también reinventado con Gordon Herbert y hasta cinco caras nuevas, pronto supo agrandar la herida con su baloncesto de cara.
Sin Hezonja, Mateo varió su quinteto con la introducción de Eli Ndiaye (repitiendo el guion de las dos últimas Final Four) y sin el señalado Rathan-Mayes (que dejó fogonazos de calidad, aunque falló cuatro tiros libres imperdonables). Pero pronto se comprobó que el arranque de la Euroliga en Múnich no iba a servir para reencontrarse con la fluidez. Dos derrotas seguidas nublan la confianza, más cuando el remozado Madrid necesita cimientos desde los que crecer. Pero este Bayern post Laso encontró facilidades que quizá no esperaba.
Defensa
Los blancos olvidaron la lección número uno, la de defender. Pérdidas, faltas de concentración y el Bayern acribillando desde el perímetro, especialmente mortal Napier. Sólo Musa, como queriendo arreglar el desaguisado que costó la derrota en Coruña el domingo, contestaba. Mateo hizo debutar en la temporada al olvidado Hugo González y fue la segunda unidad la que propició la primera reacción, con un triple desde el medio del campo sobre la bocina de Rathan-Mayes.
Pero el inicio del segundo acto fue volver a las andadas, a la desidia defensiva, con Carsen Edwards como un demonio y Voigtmann descolocando a todos con sus lanzamientos y sus rebotes ofensivos. La ventaja llegó a ser de 11 tras una canasta de Booker y ahí, de nuevo, el toque a rebato. Otro golpe de orgullo comandado por Campazzo y Tavares para cerrar la herida antes del descanso (52-51).
Fue otro Madrid a la vuelta, como no podía ser de otra forma. Y pronto se notó en el marcador su salto defensivo. Un parcial de 0-13 para cambiar la dinámica. Campazzo se adueñó completamente del escenario, una lección magistral de dominio, baloncesto diversión con puntos y asistencias y su clásica conexión con Tavares. Sólo cuando se tomó un descanso -el contraste con Feliz es abismal todavía- pudo el Bayern respirar.
Pero cuando la corriente parecía a favor, emergió un Bayern tremendo en el comienzo del acto definitivo. Un 24-4 (cinco triples y la electricidad de Carsen Edwards y Napier) para encender todas las alarmas, para tirar todo el trabajo por tierra, pues ni el desesperado arreón final pudo evitar el peor de los augurios, una derrota para empezar la Euroliga, tan fastidiosa como para sacar de sus casillas a Campazzo, el líder que comprueba como su excelencia no le sirve a su equipo.
Cuando Bob McAdoo aterrizó en Milán en el verano de 1986 era toda una rareza. El que había sido máximo anotador de la NBA luchando por la Copa de Europa. Lo mismo que Dominique Wilkins años después en Atenas. En la Euroliga que arranca este jueves y que festeja su 25 aniversario (todavía sin sede para su Final Four de mayo) sólo hay un equipo, el novedoso París Basketball, en el que ninguno de sus jugadores ha debutado en la mejor liga del mundo. Otros, como el aspirante Olympiacos, posee hasta 10 con pasado yankee. El trasvase de cada verano se ha convertido en la gran animación de la competición. Y este 2024 no ha sido excepción.
La noticia ya no es que los mejores de Europa acaben en las redes de la poderosa y millonaria NBA, que apunta directamente a los jugadores en formación. Esta vez apenas le ocurrió a Gerschon Yabusele, impulsado a última hora por su asombroso despliegue con Francia en los Juegos Olímpicos. Sasha Vezenkov, que para la mayoría de los General Managers es el mejor refuerzo del verano (para el 53,8%, según la encuesta de BasketNews) ha deshecho el camino que recorrió hace un año junto a Vasilje Micic y está de vuelta en el Olympiacos. Un viaje en sólo ya una dirección que incluye jugadores de todo pelaje, desde veteranos que encuentran un motivante último baile en Europa, hasta jóvenes en busca de la oportunidad que no se les otorga en el frenético mercado americano con 30 franquicias (y 15 jugadores en cada una de ellas, además de los equipos afiliados de la G-League). Pero también tipos en el mejor momento de sus carreras ávidos de nuevos alicientes competitivos.
Es el caso, por ejemplo de Cedi Osman, el último fichaje del campeón. El turco tiene 29 años y ha disputado casi 500 partidos en la NBA (más de 70 la pasada temporada con los Spurs). Ahora está a las órdenes del inefable Ergin Ataman. «Si se tratara de otro jugador que no tuviera experiencia europea en su carrera, no hubiéramos hecho este traspaso. Pero Cedi tiene una gran carrera en la NBA y no tiene 33 o 34 años. Vino a Europa porque no encontró lo que quería en la NBA. Decidió jugar en la Euroliga porque vio y entendió, como muchos jugadores de la NBA finalmente entienden ahora, que la Euroliga es una competición de nivel NBA. A veces, más alto que el nivel de la temporada regular», aseguró rotundo el técnico del Panathinaikos.
Cedi Osman, antes de un partido con el Panathinaikos.
Un caso parecido podría ser el del Evan Fournier (Olympiacos) o el de Furkan Korkmaz (Mónaco). El verano pasado ya habían llegado a la máxima competición europea tipos con mil batallas americanas como los hermanos Hernangómez, Kemba Walker o Jabari Parker. Y esta temporada el Real Madrid (que debuta en Múnich ante el Bayern, 20.45 h.) recoge el retorno de Garuba (como en su día hizo con Musa, Deck, Campazzo,Hezonja o Tavares), el Efes contará con dos clásicos de rotación como Stanley Johnson o Jordan Nwora, el Barça con Chimezie Metu, el Fenerbahçe con Boban Marjanovic, el Partizan con Aleksej Pokuevski, Frank Ntilikina y Carlik Jones, el Asvel con Shaquille Harrison y el Panathinaikos también con el gigante turco Omer Yurtseven. Todos tuvieron más o menos recorrido el año pasado en la NBA.
En total, serán 91 los jugadores que al menos han disputado un partido en la NBA. Ninguno de ellos como Serge Ibaka (ahora en el Real Madrid tras un curso en el Bayern), con 1.071 noches a sus espaldas, al que sigue Marco Belinelli (925). Sólo seis de los 18 equipos no podrían integrar un quinteto exclusivo de ex NBA, con el mencionado Olympiacos a la cabeza seguido de bien cerca por el Partizan (9) y Fenerbahçe (para los GM, el equipo de Jasikevicius es el que mejor se ha reforzado), Madrid, Barça y Monaco con ocho jugadores. En la ficticia clasificación de partidos NBA en sus filas, el primero con diferencia es, curiosamente, el Barça (1.955), seguido por el Madrid (1.750) y el Panathinaikos (1.617).
A Dikembe Mutombo se le recordará por un gesto inconfundible que tantos han copiado después, su enorme dedo índice negando tras haber taponado al rival, el "no en mi casa" que era a la vez una definición de sí mismo. El africano, uno de los mejores pívots defensivos de la historia de la NBA, ha fallecido este lunes a los 58 años tras no haber superado un tumor cerebral.
Dikembe Mutombo Mpolondo Mukamba Jean-Jacques Wamutombo llegó a jugar, con sus 218 centímetros, casi 1.200 partidos en la mejor liga del mundo tras haber nacido en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, y sólo Akeem Olajuwon ha puesto más tapones que él en la historia de la liga. Su media por partido fue de 2,8 (un total de 3.289 gorros). Llegó a ser ocho veces All Star, cuatro veces nombrado mejor defensor y, ya retirado, fue incluido en el Hall of Fame.
Había llegado a EEUU ya con 21 años para enrolarse en la Universidad de Georgetown, donde formó una pareja inexpugnable junto a Alonzo Mourning y, fuera de las canchas, se licenció en Lingüística y Diplomacia e incluso estudió Medicina. En 1991 fue elegido en el puesto 4 del draft por los Nuggets, donde pronto impactó en la competición: fue ya All Star, nombrado Rookie del Año y promedió el tope de su carrera en anotación (16,6 puntos), además de 12,2 rebotes y, por supuesto, tres tapones.
En su tercera temporada, la franquicia de Colorado iba a protagonizar una de las grandes gestas de siempre. No sólo regresó a los playoffs: en la primera ronda eliminaron al mejor equipo del Oeste y favorito al anillo, los Sonics de Gary Payton y Shawn Kemp.
Mutombo, con su envergadura y su intuición defensiva, siguió siendo un jugador único en la protección de la pintura, aunque el anillo siempre se le resistió. Cuando más cerca estuvo fue en su posterior etapa en los Sixers, donde disputó las Finales de 2001 junto a Allen Iverson. Eso fue tras su paso por los Hawks. Después, ya algo en declive, llegó a jugar y perder otra final con los Nets de 2003. Alargó su carrera hasta 2009, siempre aportando en cada franquicia -ganó el premio al defensor del Año hasta en cuatro ocasiones, marca que sólo ha sido igualada por Rudy Gobert y Ben Wallace- que se hizo con sus servicios. Ese abril, un choque con Greg Oden dañó aún más su rodilla cuando jugaba para los Rockets y puso fin a su enorme trayectoria, a la que nunca faltó una sonrisa como acompañante.
"En la pista fue uno de los mejores taponadores y defensores en la historia de la NBA. Fuera de la cancha, puso su corazón y su alma intentando ayudar a los demás", ha destacado Adam Silver en el comunicado de la NBA que anunciaba el fallecimiento del pívot a los 58 años tras no poder superar su cáncer cerebral, que le fue diagnosticado en octubre de 2022. Tras su periplo como jugador, fue embajador de la Liga. Además, desempeñó una destacada labor humanitaria con la Fundación Dikembe Mutombo para intentar erradicar enfermedades infantiles que sufrían muchos niños en su país natal. Hasta en dos temporadas había sido reconocido con el Premio J. Walter Kennedy, el galardón que premia al jugador que más servicios y dedicación presta a la comunidad.
Una acción de 3+1 de Yunio Barrueta a falta de dos segundos para el final permitió al Leyma Coruña arrancar su aventura en La liga Endesa con un histórico triunfo ante un Real Madrid, que dominó durante 39 minutos, pero acabó sucumbiendo ante el acierto desde el perímetro del equipo local (13 triples). [Narración y estadísticas (86-85)]
El vigente campeón de Liga entró en los últimos tres minutos con una sustanciasl ventaja (72-80), pero Brandon Taylor salió al rescate para llegar con vida al último suspiro. Facundo Campazzo no falló desde la línea de tiros libres para poner el 82-85. Faltaban 12 segundos. El Leyma buscó un ataque largo y Dzanan Musa perdió de vista a Barrueta, que forzó la falta y metió un triple lejano contra el tablero.
La locura se desató en el Coliseum. Los 9.300 aficionados se levantaron de sus asientos cuando el cubano encestó el tiro libre. Chus Mateo pidió tiempo muerto. Restaban 1,4 segundos. El Real Madrid buscó a Sergio Llull, pero su tiro no entró. La primera victoria naranja en la ACB llegó ante el subcampeón de la Euroliga.
Parcial de 12-1
El Real Madrid cometió muchos errores, algunos imperdonables en momentos decisivos. La transición blanca necesita tiempo. Sin Serge Ibaka por lesión, sufrió durante muchos minutos en la pintura. Esta derrota, unida a la de la final de la Supercopa, probablemente desencadenará la llegada de algún refuerzo.
El equipo de Chus Mateo golpeó de salida, dominando el rebote y un triple de Campazzo disparó marcador (9-17), aunque las rotaciones dieron otro aire al ataque naranja. Siguiendo la estela de Ingus Jakovics -ocho puntos en el segundo cuarto-, el cuadro de Diego Epifanio empezó a limar su desventaja hasta culminar su remontada (30-28, min.15) tras un parcial 12-1 que había obligado a un tiempo muerto a los visitantes.
El Leyma tenía bien controlado a Edy Tavares, pero en los momentos de dudas apareció Sergio Llull, autor de 14 de los 22 puntos de su equipo en el segundo cuarto. Duro castigo para un Leyma que había dejado de encontrar buenas posiciones de tiro. Eso permitió al Real Madrid castigarlo con rápidas transiciones, y marcharse al descanso con una cómoda renta (37-44).
Incapaz de sentenciar
El Leyma se suicidó en el arranque del tercer cuarto con varias pérdidas infantiles, pese a un tiempo muerto cuando solo había transcurrido poco más de un minuto. Campazzo y Mussa castigaron al equipo gallego con dos triples. Pero desde la línea de 6,75 también reaccionó el equipo naranja. Encestó tres triples seguidos -2 Barrueta y otro de Taylor- para volver a meterse en el partido.
El Madrid jugaba con el marcador a favor, pero era incapaz de sentenciar. Y lo pagó. Entró en los últimos tres minutos con una renta que parecía suficiente (72-80), pero Taylor se encargó de alimentar el sueño naranja, antes que Barrueta firmase su apoteósico '3+1'.
Hacía años que el Real Madrid no experimentaba un lavado de cara semejante y de ahí los interrogantes. Que la Supercopa Endesa, donde no perdía un partido desde hacía siete años, no ha servido para mitigar. Los blancos arrancan el curso hoy (18.30 h.) en La Coruña ante el recién ascendido Leyma y el jueves visitan al Bayern en el comienzo de la Euroliga. La trituradora de partidos en la que desde hace tiempo devino el baloncesto continental ya está en marcha y la exigencia, evidentemente, no mengua. Aunque, de momento, el mensaje que traslada Chus Mateo mientras pide un refuerzo es claro: "Necesitamos tiempo".
Un mercado abierto para el Madrid porque, cuando ya estaba su plantilla a punto perdió de forma inesperada a Guerschon Yabusele, pieza clave. El francés dejó un buen pellizco en la caja con su vuelta a la NBA después de su impresionante despliegue en los Juegos, pero también un hueco enorme. Antes, los blancos, que nada más terminar el curso tuvieron que solventar el culebrón Hezonja, habían perdido a tres de los veteranos sin los que nada se entendería, Sergio Rodríguez, Rudy Fernández (ambos retirados) y Fabien Causeur. Pero también al crecidísimo Vincent Poirier (Carlos Alocén, que apenas contó tras superar su grave lesión, ha fichado por el Gran Canaria).
En su apuesta por la continuidad desde que ya hace 13 años comenzara la era Laso, que después ha mantenido de manera brillante Chus Mateo, cada verano la plantilla sufría un par de pinceladas. Sin ir demasiado lejos, hace un año apenas Facundo Campazzo fue la única cara nueva, aunque en realidad no lo fuera, pues regresaba tras su experiencia fallida en la NBA. Por eso no es que se perciban alarmas en el club, pero si expectativas y quizá ciertas dudas por cómo va a funcionar todo ahora. "Este año no va a ser tan fácil como el pasado porque hay cambios", avisa el entrenador. "Hemos perdido a jugadores importantes", lanzó un Alberto Abalde del que sin duda se aguarda un paso adelante (fue renovado).
Feliz, Abalde y Llull, durante la Supercopa.ACB Photo
Hubo cuatro fichajes y en ellos recaen las incógnitas. Porque, menos el veteranísimo Serge Ibaka, los otros tres nunca han experimentado la exigencia de competir al máximo nivel Euroliga. Andrés Feliz, que hace apenas tres temporadas estaba jugando en LEB Plata y que protagonizó un asombroso estallido en el Joventut, y Xavier Rathan-Mayes, un norteamericano de 30 años bajo el radar (en las últimas siete temporadas ha estado en 14 equipos) que se hartó de meter puntos el año pasado en el Enisey Krasnoyarsk de la liga rusa, ni siquiera han debutado en la máxima competición continental, el destino imposible de esquivar por el Madrid, que perdió la pasada final contra el Panathinaikos. Usman Garuba, otro de vuelta de una NBA en la que pasó desapercibido, llegó a disputar 53 partidos de 2019 a 2021.
Evidentemente, ellos no van a tener la responsabilidad de ser el core del equipo de Mateo. "No necesitamos héroes, sino gente que nos ayude", ha admitido el técnico, que usó la palabra "piernas", es decir, energía y frescura. La responsabilidad de mantener la pujanza del equipo blanco recae, básicamente, en cinco jugadores a los que sumar la sabiduría y la excepcionalidad del capitán Llull. Son Campazzo, Tavares, Musa, Hezonja y Deck. "Se fueron jugadores importantes y nos toca mantener el legado", admitía el argentino, MVP del pasado título ACB.
A sus 33 años, el Facu es el motor (lo volvió a demostrar en Murcia) pero también ya ocupa el vacío dejado por el Chacho y Rudy en cuanto a carisma. Antes de la Supercopa valoró a cada una de las caras nuevas. Y ninguna mejor descripción que la suya.
Rathan-Mayes: "No lo conocía tanto, aunque me había enfrentado a él. Me acuerdo de que nos costó mucho defenderlo. Cuando se rumoreaba su fichaje, me puse algún vídeo de él y, después de verlo entrenarse aquí, es un jugador de tremenda calidad, con muchos puntos, que la pasa bien y puede llevar la pelota. Defiende intenso y dispone de muchos recursos".
Andrés Feliz: "Me encanta porque es supercompetitivo y ganador, pone al equipo por encima de la individual, lo que encaja perfecto en el Madrid. Es duro en los entrenamientos y eso me gusta mucho, quiere ganar, se le ve".
Serge Ibaka: "Es un profesional, está 24/7 en el club para entrenarse, para ayudar a los jóvenes... para todo. Sabe lo que representa jugar en el Madrid".
Usman Garuba: "Es un conocido de la casa que le ha pasado lo mismo que a mí, que ha regresado y se ha encontrado con la dinámica anterior. Eso le ha resultado fácil, aunque quizá le cueste en los primeros meses porque después de dos o tres años en la NBA las cosas son diferentes. Su energía y juventud son valiosas".
También está Hugo González, que debería disponer de los minutos que demanda su calidad, aunque las perlas no siempre tienen su espacio en el Madrid. Y ese fichaje para el que no paran de salir rumores (el último, el de Dylan Osetkowski), aunque Mateo sigue valorando dónde necesita su equipo reforzarse: "No hay prisa".
La pasión por el baloncesto no entiende de fronteras, ni de categorías ni de jugadores. Es simplemente ese cosquilleo en el estómago cada vez que entra al pabellón para competir y el gusto por viajar para conocer nuevas culturas, lo que lleva a entrenadores como Julián Martínez Alman (Sevilla, 54 años), a recorrer medio mundo detrás de una canasta.
Aunque, como cualquier historia, todo comienza por una necesidad mucho más común: aprender inglés para poder comunicarse mejor con sus jugadores. "Después de entrenar en LEB Plata, me di cuenta de que todos los equipos fichaban a norteamericanos y a extranjeros y que yo no podía porque no dominaba el idioma. Ese fue el detonante para irme a Inglaterra. Pero no fui con un equipo debajo del brazo, el primer año tuve que trabajar en una cafetería por las mañanas, para entrenar por la tarde a un club de cantera, los East London Royal. Allí, siendo asistente, fuimos campeones con el sub-19", asegura el técnico.
Una vez completó su etapa en Gran Bretaña tras dirigir al London Towers en 1999, equipo que compitió en Euroliga, Martínez Almán embarcó rumbo a Islandia. Un país donde, si bien su experiencia en el Thor Akureyri no fue del todo satisfactoria, pasó un año imposible de olvidar: "Las condiciones eran duras, llegamos a estar a -38 grados y era muy complicado. La liga no era muy seductora, pero lo recuerdo como algo importante en mi vida".
La muela de Amaya Valdemoro
La siguiente oportunidad en el extranjero llegaría en otro rincón del norte de Europa. Esta vez en Riga, Letonia. Tras un breve paso por el Barons, equipo de la capital, donde ayudó a reestructurar el equipo, la selección femenina llamó a su puerta para ser asistente de Krlis Muinieks. Era año del Eurobasket 2009 y España estaba en el mismo grupo. "Nos concentrábamos todos en el mismo hotel y Amaya Valdemoro tenía una infección en una muela que no la dejaba dormir. Un día, a la una de la mañana, sabiendo que era español y pseudo letón, me pidió ayuda para encontrar una clínica, porque el médico de la selección no hablaba inglés y no conocía la ciudad. Finalmente, mi mujer, que es letona, y yo la llevamos a que la hicieran una limpieza, que al final la permitió jugar. Nos metió 15 o 20 puntos y terminó con mi primer entrenador mirándome como diciendo: "valiente ayudante...", relata entre risas Martínez Almán.
Tras tres años por tierras bálticas y un breve paso por Bélgica, donde ganó la liga y la copa, el técnico vivió una de sus mejores experiencias internacionales siendo asistente en el Fenerbahçe SK Femenino, donde también conquistó el torneo local. "A nivel pasión, Turquía está a años de luz de lo que yo haya conocido. He tenido que quitar bengalas del suelo porque estaban quemando el parqué al lado del banquillo y viví un derbi en Final Four de Euroliga con 3.000 policías alrededor del pabellón. Es otra cosa".
Una liga en la que además coincidiría con Alba Torrens, aunque una grave lesión de la catalana impidió más enfrentamientos entre ambos: "Cuando jugué contra la selección sí nos tocó sufrirla, porque España ya estaba mirando para ver qué medalla conseguía y ella estaba en su máximo nivel. En el Galatasaray, ese año ella se rompió el cruzado y casi no pudo jugar", recuerda el técnico.
"África es un placer"
Una vez finalizado ese periodo, el destino le llevaría a países como Suecia, Suiza o Alemania, pero si hay un continente donde Martínez Almán ha podido disfrutar más del baloncesto es África. Más concretamente en Angola y en Mozambique, donde tuvo la oportunidad de dirigir la selección femenina: "Me encanta el continente, su gente y el carácter que tienen tanto a nivel profesional como fuera del deporte. Tienes una sensación agridulce porque están conviviendo en condiciones muy duras de pobreza pero a la vez trabajas con un potencial enorme. Es increíble como mejoran los equipos allí. Para un entrenador es un placer tener esa predisposición por parte de sus jugadores"
Otro aspecto sorprendente y que Martínez subraya de toda su experiencia en Luanda, una ciudad con una inflación incontrolable, es la actitud y las ganas de competir de los jugadores : "Son atletas. Entrenan a las seis de la mañana con normalidad porque después el sol aprieta y es imposible. También me pedían diez minutos de pausa en el entrenamiento para ducharse, cambiarse de ropa y poder seguir después".
Consciente del gran respeto que existe por el entrenador español fuera de nuestro país, Julián Martínez abre ahora un nueva etapa en Ruanda. Un nuevo país, el undécimo, donde podrá seguir disfrutando de aquello que le ha guiado a lo largo de todos los viajes: el baloncesto.
Impresionante salida del Unicaja ante un Real Madrid blando y desorientado. Y finalmente una victoria de prestigio, sin duda, y que entre otras cosas realza que los malagueños eran el equipo, de los cuatro, con menos cambios desde la temporada pasada, mientras que el Madrid ha perdido tres jugadores de primer nivel, además de la ausencia puntual de Mario Hezonja. Gran victoria, pero con su elemento anecdótico.