Este domingo se cumplió unos de los sueños de LeBron James. La leyenda de la NBA compartió cancha junto a su hijo Bronny en un partido de pretemporada de los Lakers. LeBron lo ha tenido siempre claro y por eso ha aguantado hasta casi la cuarentena jugando en la élite. Su anhelo más profundo siempre fue hacer historia al ser el primer padre que comparte vestuario con su hijo en la mejor liga de baloncesto del mundo.
El partido era lo de menos. En este caso era un amistoso perdido por 118-114 por Los Ángeles Lakers contra los Phoenix Suns en la Acrisure Arena de Palm Desert (California). El caso es que LeBron, de 39 años, y Bronny, que cumplía 20 años este domingo, hicieron historia al ser los primeros padre e hijo en disputar un partido de pretemporada de la NBA. Y todavía queda el plato fuerte, un partigo oficial de la NBA.
El próximo 22 de octubre, cuando arranque la temporada regular de la NBA, los Lakers debutarán contra los Minnesota Timberwolves en un encuentro que podría verles en pista juntos en su primer compromiso oficial.
El debut de Bronny junto a LeBron, se produjo al comienzo del segundo período. LeBron acabó el partido con 19 puntos, cinco rebotes, cuatro asistencias y dos tapones en 16.20 minutos. Bronny no anotó puntos y falló su único intento, un triple tras una asistencia de LeBron. Capturó dos rebotes y perdió cuatro balones en 13.25 minutos en pista.
Los Lakers habían arrancado el viernes su pretemporada con una derrota ante los Timberwolves por 107-124 en un encuentro en el que no jugó LeBron James y sí participó Bronny. El hijo de LeBron aportó entonces 2 puntos, 3 tapones, un rebote y una asistencia.
Entre los demás partidos disputados este domingo, el dominicano Karl Anthony Towns debutó con los New York Knicks, con diez puntos y cuatro rebotes en 14.46 minutos en pista.
La vida sigue igual. O eso, al menos, cuenta la Supercopa Endesa, tan tempranera, pero de nuevo con triunfo del Real Madrid sobre el Barcelona en el partido que descorchó oficialmente la temporada 24/25. La vida sigue igual porque Facundo Campazzo, en el momento de la verdad, sacó su genio de la chistera, su gen ganador, y decidió una semifinal competida. Los blancos, que buscan en Murcia su séptimo título consecutivo, se enfrentarán el domingo al ganador del UCAM-Unicaja. [89-83: Narración y estadísticas]
Fue una asistencia a Tavares y un robo culminado en contragolpe por el propio argentino ya en el último minuto lo que desestabilizó a este novedoso Barça de Joan Peñarroya, la enésima vuelta de tuerca del proyecto culé. Fue la culminación de otra actuación majestuosa del Facu (18 puntos, seis asistencias...) para mantener las costumbres. Otro título que no alzarán los catalanes, en blanco toda la temporada pasada, aunque esta vez todo parezca tener un aire más ilusionante.
Al menos en lo anímico -lo baloncestístico todavía resulta difícil de calibrar-, las sensaciones que transmite este nuevo Barça son esperanzadoras para escapar del barrizal de los últimos tiempos. No hubo rastro de complejos pasados en esta Supercopa -un "partido loco" según Chus Mateo-, que no deja de ser un torneo oficial en mitad de la pretemporada, pero que, por supuesto, suma después en el palmarés y en las cuentas siempre pendientes entre los dos gigantes.
En el Palacio de los Deportes de Murcia, por segundo año consecutivo, Madrid y Barça se desperezaron con todo su carrusel de caras nuevas. Aunque falló dos tiros libres seguidos (uno sin tocar aro), Rathan Mayes, titular, pronto dejó pinceladas de lo que puede llegar a ser para Mateo. En los azulgrana, su fichaje más 'desconocido', el ex NBA Chime Metu, también. En una primera mitad de vaivenes y algunos lanzamientos fallados de más, como si a ese nuevo balón de la ACB aún costara tomarle las costuras, fue otra novedad, Serge Ibaka, el que primero impactó.
Brizuela, ante Ibaka.ACB Photo
Con sus 35 años pero su físico tan impecable como imponente, el pívot -que ya jugó unos partidos de blanco durante el lockout de la NBA de 2012- puso en órbita al Madrid, ocho arriba mediado el segundo acto (32-24). Pero pronto hubo respuesta del Barça. Y contundente. Aunque esta vez de un 'conocido'. Jabari Parker, que hace un año por estas fechas era toda una incógnita, demostró que es ya el auténtico líder azulgrana. Con su talento y su movilidad, despertó a los de Peñarroya, contagió a Brizuela (tres triples casi seguidos) y dejó al aspirante por delante al descanso (41-42).
Pero a la vuelta de vestuarios fue como si la pretemporada se hubiera terminado para el Madrid. De repente, su ritmo habitual, su colmillo y dos nombres propios dominando la cancha. Hezonja, que amaneció con dos triples y, especialmente Tavares. Perezoso al comienzo, en ese impás resultó el de siempre: completamente desequilibrante en la pintura.
Entre los refuerzos del Barça de este verano, también hay un anti-Tavares, un gigante de 2,21, Youssoupha Fall (desde el Asvel) que Peñarroya no utilizó, pues arrastra un esguince. El caboverdiano impulsó a un Madrid que se disparó con un 16-4 (60-48) pero que iba a bajar el pistón después. El final ajustado (80-80 a falta de menos de un minuto), lo había propiciado un tridente de pequeños en un Barça que lanzó, eso sí, 18 tiros libres menos, con el debutante Juan Núñez a los mandos y Laprovittola y Brizuela como puñales.
Pero en la recta de meta, pocos 'sprinters' tienen la cosas más claras que Campazzo.
Los Boston Celtics conquistaron este lunes el título de la NBA tras derrotar a los Dallas Mavericks por 106-88 (4-1 en la serie) y sellar su anillo número 18.
Los Celtics son ahora el equipo con más títulos de la historia de la NBA ya que este nuevo éxito les permitió desempatar con sus eternos rivales: Los Angeles Lakers (17).
Los de verde no ganaban un anillo desde 2008 cuando Paul Pierce, Kevin Garnett y Ray Allen alcanzaron el número 17 venciendo precisamente a los Lakers.
Dieciséis años después, la legendaria franquicia de Bill Russell, Larry Bird, Red Auerbach y muchos otros mitos del baloncesto ya tiene a nuevos dioses para su panteón con un conjunto liderado por Jayson Tatum y Jaylen Brown (MVP de estas Finales) que, del principio al final de la temporada, ha sido el imparable dominador de la liga.
Primeros del Este con el mejor balance de la NBA (64-18), los de Joe Mazzulla aplastaron a todos sus rivales de conferencia y tampoco dieron opción en las Finales a los muy meritorios Mavericks de un Luka Doncic con un físico tremendamente castigado.
El anillo supone además la ansiada redención de los "Jays", que habían llegado cinco veces a la final del Este y una a las Finales -sin contar esta- quedándose siempre al borde de la gloria, sobre todo en aquellas perdidas ante los Golden State Warriors en 2022.
Nunca más tendrán que escuchar las críticas que aseguraban que no estaban preparados para brillar en los momentos más importantes.
Quinteto
Al lado de Tatum y Brown, los Celtics han disfrutado del quinteto más completo y apabullante de la temporada.
Kristaps Porzingis -quien regresó este lunes tras perderse dos partidos por lesión- y Jrue Holiday fueron dos fichajes de lujo y un Derrick White multiusos redondeó ese heroico quinteto ya inolvidable.
Desde el banquillo, el primero en salir siempre fue otro de los grandes protagonistas de esta velada apoteósica: el dominicano Al Horford, que a sus 38 años y tras 17 temporadas por fin tocó el cielo de la NBA.
Porzingis celebra con champán el 18º anillo de los Celtics.AP
Ese espléndido juego colectivo apareció en su plenitud en el definitivo encuentro : Tatum rozó el triple-doble en su mejor partido de las Finales (31 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias); Brown consiguió 21 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias; Holiday aportó 15 puntos y 11 rebotes; White sumó 14 puntos y 8 rebotes; Horford logró 9 puntos y 9 rebotes. Y también el rebote de equipo (51 por 35) y la defensa estuvieron a la altura (29,7 % en triples de Dallas).
Los Mavericks, que extendieron a 0-157 el balance histórico en la NBA de equipos con 3-0 en contra (nadie jamás lo ha remontado), acabaron con sabor amargo una campaña por otro lado fantástica en la que Doncic e Irving volaron de la mano, Dereck Lively destacó como novato y los fichajes de Daniel Gafford y P.J. Washington les permitieron reinar en el Oeste.
Rotundamente inferiores a estos majestuosos Celtics a lo largo de la serie, los Mavericks contaron en su despedida con 28 puntos, 12 rebotes y 5 asistencias de Doncic mientras que Irving volvió a apagarse en Boston con solo 15 puntos y 9 asistencias.
Gloria de verde
Como niños temblorosos el primer día de escuela entraron al partido los dos conjuntos. Los nervios, las imprecisiones y los errores se acumularon sin pausa en un primer cuarto más emocionante que brillante.
El TD Garden, con un ambiente extraordinario, era un volcán verde desde mucho antes del salto inicial. Pero su erupción llegó al máximo con la entrada de Porzingis, recibido ya como un auténtico héroe de Boston pese a estar claramente mermado.
Sin apenas rastro de Doncic (5 puntos) y con Irving perdido en combate (0), Josh Green dio oxígeno a los Mavericks con dos triples.
Pero en medio de la incertidumbre y las manos vacilantes emergieron Brown y Holiday, con 6 puntos cada uno y un rabioso compromiso defensivo. Precisamente esa dureza atrás y varios contraataques seguidos propulsaron a los locales con un sensacional parcial de 9-0 para cerrar el primer cuarto con la moral en alto (28-18).
El segundo periodo fue el de ajustar cuentas pendientes: si Boston no había brillado en los triples hasta ahora y a Tatum le faltaba explotar en anotación ambas cosas se dieron la mano en ese cuarto.
Tatum se lució con 12 puntos y un tramo pletórico y los Celtics maravillaron desde el perímetro con un gran 7 de 11 en triples hasta anotar 39 puntos solo en ese segundo capítulo.
Los Mavericks empezaron a derretirse sin que sus estrellas pudieran remediarlo y la puntilla la puso Payton Pritchard en uno de esos momentos mágicos de la NBA: el pequeño base deslumbró con un triple sobre la bocina y desde el centro del campo, exactamente idéntico al alucinante tiro que ya había clavado en el segundo partido en esas condiciones imposibles.
Con 67-46 y todo a favor se fueron los Celtics al vestuario. Tatum (16 puntos y 9 asistencias), Brown (15 puntos) y Holiday (11) marcaron el paso mientras Derrick Jones Jr. (10 puntos) era el sorprendente máximo anotador de unos Mavericks huérfanos de Doncic (9 puntos) e Irving (5).
No había indicios de que los Mavericks pudieran orquestar una remontada ni que pudieran acercarse a su magnífico nivel del cuarto partido.
Ni siquiera un mal tercer cuarto de los Celtics (29,2 % en tiros) les permitió estrechar una diferencia que ya no bajó de los 17 puntos por mucho que Doncic lo intentara con 9 puntos en ese periodo.
El último cuarto arrancó con un incontestable 86-67 y los fans de Boston ya solo tuvieron que descontar los segundos para lograr el anillo 18 en una memorable noche de gloria verde.