Higinio Rivero, el español que ha hecho historia en los Juegos Paralímpicos y aquel accidente de escalada: "Caí 15 metros a plomo"

Higinio Rivero, el español que ha hecho historia en los Juegos Paralímpicos y aquel accidente de escalada: “Caí 15 metros a plomo”

Llegar a unos Juegos Paralímpicos en un deporte es difícil. En dos, todavía más. Y en tres parece casi imposible. Pero ¿y en cuatro? «Pues me lo planteo, eh. He competido en triatlón y los entrenadores de la selección siempre me hacen la broma: 'Te estamos esperando'», cuenta Higinio Rivero, que es un caso único en España y prácticamente en el mundo.

Después de competir en piragüismo en Tokio 2020 y París 2024, se lanzó a la montaña para acabar debutando en esquí de fondo y biatlón en los Juegos Paralímicos de Invierno de Milán-Cortina recién finalizados. Tres especialidades distintas que, a sus 43 años, podrían no ser las últimas, porque Rivero disfruta con la experimentación. «No me considero piragüista ni esquiador, soy un disfrutón. He probado muchísimos deportes, aunque clasificarse para unos Juegos Paralímpicos es otra cosa. No sé si voy a poder, pero sería bonito, la verdad», apunta.

EFE

Natural de Bilbao, piloto e instructor de vuelo, un accidente de escalada en el municipio cántabro de Ramales de la Victoria cambió su vida hace ahora 13 años. Una grave lesión medular derivó en una paraplejia. Curiosamente, antes de eso se había tatuado toda la columna, con sus vértebras dibujadas sobre la piel. «La gente ahora se sorprende mucho con el tatuaje, pero es solo una coincidencia», asegura.

¿Qué ocurrió en aquel accidente de escalada?
Fue un cúmulo de errores. Era un día normal, sin ningún peligro evidente. Fui con un compañero a una zona que no conocíamos bien, no teníamos claras las vías, no sabíamos qué longitud tenían y llevábamos una cuerda corta que ya había sido cortada. Teníamos que destrepar para llegar al suelo, pero en principio no había problema. En un intento, el compañero no me paró, se me escapó el grigri y caí 15 metros a plomo.
¿Qué consecuencias tuvo?
Me rompí la cadera por varios sitios, la tibia y el esternón, me estalló la vértebra L1 y algunos trozos se quedaron en la médula. Estuve tres meses encamado sin poder moverme para que se soldara la cadera y, cuando pude pasar a la silla, los dolores eran muy fuertes. Durante el primer año solo podía estar sentado media hora al día porque el dolor era insoportable. Por suerte fue remitiendo y pude empezar a hacer cosas.

El descubrimiento del biatlón

«En rehabilitación me propusieron probar el baloncesto y a mí me gusta el baloncesto, pero no quería estar en un pabellón. Los que somos cabras tenemos que tirar al monte. Necesitaba naturaleza. Y cuando descubrí el piragüismo, mentalmente me fue genial», recuerda Rivero, quien rápidamente destacó dando paladas.

Como miembro del club Plentzia Piraguismo Taldea, fue campeón del mundo de maratón en paracanoe en 2016, apenas dos años después de empezar, y luego se lanzó al reto olímpico. «Fueron años muy buenos, pero después de París 2024 necesitaba un respiro mental, un cambio de aires. Había probado el esquí como preparación invernal para el piragüismo y me planteé la opción de llegar aquí, a Milán», comenta sobre su transición del río a la montaña, del agua a la nieve, con una sorpresa de por medio: el biatlón.

EFE

Mientras entrenaba para debutar como paralímpico en esquí de fondo, descubrió que en Candanchú hay un campo de tiro -el único de España- y quiso probarlo. Esquiar, parar, tirarse al suelo, disparar, levantarse y volver a esquiar. Aquello parecía divertido. «Me enganchó muchísimo. Entre el piragüismy el esquí de fondo hay similitudes porque el movimiento de brazos es parecido, pero lo de disparar en el biatlón es otra cosa. Te obliga a calmarte, a concentrarte, a respirar. Necesitas una estrategia. Tiene mucha miga», analiza Rivero.

En los esquís, el español se sienta sobre una estructura de aluminio que los une y a la que va atado. Cuando tiene que disparar, debe tirarse con todo su cuerpo sobre la nieve y colocarse de lado. El gesto de levantarse sólo con la fuerza de sus brazos es muy exigente fisicamente y requiere cierta técnica. Al principio costó. Ahora Rivero ya la domina, como demostró con su decimosexto puesto en la persecución del pasado viernes. Con una pensión de incapacidad vitalicia y beca ADOP como tres veces paralímpico, ahora tiene en el punto de mira los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. «Volveré a la piragua con una motivación nueva y quién sabe si me da por probar otra cosa», concluye.

¿Por qué a algunos deportistas no les funciona el implante capilar? "No tiene que ver con el dinero"

¿Por qué a algunos deportistas no les funciona el implante capilar? “No tiene que ver con el dinero”

«Sólo para confirmar a todos mis seguidores que me hice un trasplante de cabello. Me estaba quedando calvo a los 25, así que por qué no». Era 2011. La cirugía capilar justo se estaba popularizando y Wayne Rooney, estrella del Manchester United que acababa de llegar a la final de la Champions, admitió en Twitter que se había sometido a una intervención, que se había puesto pelo. Hubo cuatro bromas, claro. Pero parecía que se abría un camino: a partir de entonces cualquier deportista podía reconocer que había pasado por quirófano sin vergüenza. Ya no era el primero. Desde ese momento se iban a multiplicar las confesiones públicas, incluso los anuncios. Pero en la práctica no ha sido así. Muy pocos deportistas han dado el paso, pese a la oportunidad publicitaria que supone. Lo hizo Michel Salgado, por ejemplo, o Robbie Fowler, pocos más.

Mientras en los vestuarios es uno de los temas más habituales de conversación, el tabú sobre la calvicie y sus remedios se mantiene en público por varios motivos. Uno de ellos es cultural; siglos de chistes sobre calvos lo atestiguan. Pero otro es práctico: nunca se sabe si el trasplante puede fallar. LeBron James, quizá el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pasó dos veces por el quirófano, según los expertos -una en 2014 y otra en 2019-, y pese a ello esta temporada vuelve a lucir una notable pérdida. ¿Cómo puede ser que multimillonarios con todas las técnicas a su alcance tengan estos problemas?

«No tiene que ver con el dinero», asegura Luciano Montini, director médico y cirujano principal de la Clínica Keller, una de las más conocidas de Barcelona. «Esa misma pregunta se repite en la consulta. Muchos pacientes me preguntan por los casos de Rafa Nadal o del Cholo Simeone y me parece útil para explicar lo que puede ocurrir». «En primer lugar, muchos deportistas se hacen trasplantes de cabello muy jóvenes, con menos de 24 o 25 años, y en esos casos la evolución es más tórpida. El pelo trasplantado queda muy bien, queda para toda la vida, pero el problema es el otro pelo, que seguirá su curso natural y terminará cayéndose. Pero muchas veces el problema es otro: los tratamientos», cuenta Montini.

El miedo al antidopaje

En los procesos pre o posoperatorios se suelen utilizar tres sustancias que ayudan al mantenimiento del pelo no trasplantado -el pelo antiguo- y ninguna de las tres está prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje. El minoxidil, posiblemente el más popular, nunca fue considerado dopaje, y la finasterida y la dutasterida están permitidas desde 2009. Sin beneficios propios, antes se creía que podían enmascarar el uso de esteroides, pero ya no es así. Pese a ello, la mayoría de deportistas no se atreven a tomar nada por miedo a una sanción. Casos como el de Yeray Álvarez, futbolista del Athletic, que cumple ahora diez meses de castigo, alertan del riesgo. Álvarez siempre ha mantenido que únicamente tomó un medicamento contra la caída del cabello de su pareja y que no sabía que contenía canrenona, una sustancia ilegal.

«Los deportistas que están en alta competición son muy, muy, muy cuidadosos con lo que toman y lo comprendo. Los fármacos que utilizamos no dan positivo, pero es verdad que algunos optan por no seguir el tratamiento. O también puede ser que no les funcione. Si implantamos las entradas y el paciente no hace tratamiento o no le funciona va a seguir perdiendo pelo en otras zonas», analiza Montini, que añade que el presupuesto del paciente no cambia esa máxima.

En las mejores clínicas de Madrid o Barcelona un deportista se puede gastar 15.000 o 20.000 euros porque puede pedir que le cierren el local para que nadie le vea u otras prebendas, pero la técnica del implante siempre será la misma. «Cada médico usa la que le parece mejor, pero el resultado final es comparable. Los tratamientos premium hay que darlos a todos los clientes», asegura Montini, que suele trabajar con este tipo de clientes en verano. Las operaciones capilares exigen un mínimo de quince días de parón y ciertas precauciones en los días posteriores, y los deportistas solo cuentan con ese tiempo en sus vacaciones. «Al final, son tratamientos muy populares entre deportistas y la amplia mayoría de casos son exitosos», finaliza el doctor.

Los puntos sin celebración de Sainz y el sufrimiento de Alonso: "No sentía las manos y los pies"

Los puntos sin celebración de Sainz y el sufrimiento de Alonso: “No sentía las manos y los pies”

Volvieron las sonrisas a los despachos de la Fórmula 1 porque el nuevo formato híbrido podría ser entretenido, divertido incluso. La segunda carrera de la temporada, celebrada en el circuito de Shanghái, mostró las lágrimas del adolescente Kimi Antonelli por su primera victoria en el Mundial, el enfado de George Russell por quedarse en segunda posición y la discusión interna que empieza a gestarse en Ferrari entre Lewis Hamilton y Charles Leclerc. Hubo adelantamientos de verdad, incertidumbre en los puestos de podio y los pilotos disfrutaron al volante. ¿Todos? No, no todos.

Los McLaren han pasado de las alegrías de la temporada pasada a las penas, sin poder competir; todo son calamidades para Max Verstappen, que tuvo que retirarse; y otros como Carlos Sainz y Fernando Alonso siguen sufriendo en sus lentos monoplazas. Sainz sumó dos puntos y se negó a celebrarlo; su Williams le atormenta. Alonso, en cambio, estuvo en peligro por culpa de su Aston Martin. En sus 20 años en el campeonato, el español ha vivido de todo, pero tiene por delante algo inédito: se está jugando el físico sin mediar accidentes.

La agonía de Alonso

Como ocurrió en el estreno de Melbourne, Alonso volvió a ofrecer una clase magistral de salida y llegó a rodar noveno, pero después no hubo curva en la que no fuera adelantado. Hiciese lo que hiciese, caía a la cola del pelotón; no había remedio. Si aguantaba a los rivales durante unos giros, acababan superándole por velocidad. Si acertaba con la estrategia —optó por neumáticos duros— y escalaba hasta el undécimo puesto, poco tardaba en regresar atrás. Tal fue su desánimo que llegó a saludar con la mano a Checo Pérez cuando este le adelantaba en pista. En su primer paso por boxes avisó de un problema en el Aston Martin y una vuelta después, en la 33, se retiró.

EFE

El coche ya no se podía conducir. El motor Honda provoca vibraciones que destrozan el cuerpo de los pilotos y llega un momento en que no hay quien lo aguante. En su última vuelta, Alonso tenía que ir soltando el volante para paliar el dolor. «Me retiré porque las vibraciones del motor eran excesivas y diferentes. A partir de la vuelta 20 no sentía las manos ni los pies. He intentado aguantar, pero ya íbamos una vuelta detrás del resto y no tenía sentido seguir perdiendo sensibilidad», aseveró, y añadió: «Con las vibraciones puedes rodar, pero a base de dar vueltas, en media hora o 40 minutos tienes problemas».

Eso sí, Alonso encontró un rincón de satisfacción en medio del naufragio. «Lo más divertido que hay ahora mismo son las salidas. Todos tenemos la misma batería y nuestro coche sale bien. La primera vuelta es de instinto y no es el campeonato del mundo de pilas que tenemos ahora mismo», comentó, crítico tanto con la organización del Mundial como con su propio equipo, del que se desvinculó públicamente. Cuando le preguntaron si el Aston Martin podría ser más rápido dentro de 15 días, en el Gran Premio de Japón, esquivó la respuesta: «Pregunta al equipo. Mis planes están claros hasta Japón: volver a casa, descansar, entrenar fuerte y preparar la carrera de forma correcta. Ojalá en Honda hagan los deberes y podamos ver algún progreso». Suerte tiene que se anularan las dos carreras de abril, Bahrein y Arabia Saudí, por la situación en Oriente Próximo.

Los puntos de Sainz

Con el abandono de Lance Stroll, en el garaje de Aston Martin todo eran caras largas; igual que en el garaje de Williams. Carlos Sainz obró un milagro, acabó noveno y sumó dos puntos, pero igualmente se negó a celebrarlo. Su carrera guardó un gran parecido con la de Alonso: arrancó 17º, tiró de oficio para adelantar a coches mejores y aprovechó los abandonos ajenos para pescar en río revuelto. Cuando el coche de seguridad salió justo después de su parada en boxes, pareció que la carrera se le escapaba, pero aguantó en los neumáticos duros hasta el final.

«Desgraciadamente voy tan lento que no me voy divirtiendo, voy haciendo lo que puedo con lo que hay. No he tenido ritmo para aguantar a los de delante; vamos a cuatro o cinco décimas de la zona media, así que ni estamos en esa pelea», admitió. Y luego, con una mezcla de alivio y resignación: «Cuando he visto la oportunidad de ganarle a Colapinto y a los que se iban por ahí peleando, he conseguido aguantar delante y traer a casa un top 10, que ahora mismo para nosotros es oro».

El adolescente Antonelli gana en China su primera carrera entre la discusión interna en Ferrari

El adolescente Antonelli gana en China su primera carrera entre la discusión interna en Ferrari

Los habituales de Montmeló todavía recuerdan a aquel Max Verstappen imberbe, adolescente, el más rápido de todos con 18 años, el ganador más joven de la historia de la Fórmula 1. Justo una década después ha encontrado sucesor. Otro talento precoz, Kimi Antonelli, celebró este domingo su primer triunfo en el Mundial a los 19 años y, como entonces el neerlandés, se prometió una estrella, un campeón, un referente.

En la segunda carrera del año, el Gran Premio de China, Antonelli lo hizo casi todo como debía para imponerse por delante de su compañero de equipo en Mercedes, George Russell, y de los dos pilotos de Ferrari, enfrascados en una discusión interna. Si Mercedes va a dominar la temporada y va a sumar un doblete detrás de otro, al menos que sea así: con dos candidatos al éxito, que no esté todo decidido de antemano.

En el circuito de Shanghai se confirmaron alegrías para los aficionados a la Fórmula 1 que temblaron con el rarísimo estreno del nuevo formato en Australia. La posible alternancia entre Russell y Antonelli es una, pero hay más. La segunda escudería en discordia, Ferrari, podría rendirse ante su desventaja e imponer un orden a los suyos, pero ha decidido lo contrario: el espectáculo está asegurado. Otro motivo para sonreir.

EFE

Por detrás de Antonelli, Lewis Hamilton y Charles Leclerc se enzarzaron en una guerra civil que duró vueltas y más vueltas y levantó a todos los presentes de sus asientos. Que venciera Hamilton, un piloto que el año pasado parecía al borde la retirada, fue el final perfecto. Habrá 'show' con el sistema eléctrico, quizá incluso gracias a él.

Si en el circuito de Albert Park los adelantamientos fueron artificiales, difíciles de aplaudir, en China la gestión de las baterías fue parte del juego. A sus 41 años, Hamilton, por ejemplo, demostró que saber utilizar los nuevos motores genera maniobras emocionantes e inesperadas. Quizá haya que darle una oportunidad a esta Fórmula 1.

Todo depende de cómo se mire. El nuevo formato es un desastre para los McLaren, que no pudieron ni correr, o para Max Verstappen, que tuvo que retirarse, pero hay que saber adaptarse. Entre el desastre de Aston Martin, que obligó a Fernando Alonso a retirarse por las vibraciones del motor Honda, apareció Carlos Sainz para hacerse con dos puntos con su Williams.

Russell deshace la resistencia de Ferrari en la carrera sprint de China y Alonso llega a meta

Russell deshace la resistencia de Ferrari en la carrera sprint de China y Alonso llega a meta

Queda la esperanza de ver un Mundial de Fórmula 1 divertido; en unos meses quizá regrese la incertidumbre de quién será el vencedor y, con ella, el entretenimiento. De momento, el dominio de George Russell y su Mercedes es abusivo, pero hay indicios de que Ferrari podría llegar a discutírselo en algún momento. ¿En mayo, después del parón? ¿En verano? Ojalá. Por el bien del espectáculo.

Después del arrollador estreno en Australia, este sábado Russell volvió a ganar en la carrera al esprint de China, pero lo hizo con menor ventaja. Algo es algo. En las 19 vueltas de la prueba, Lewis Hamilton primero y Charles Leclerc después amenazaron su triunfo, o eso pareció. Todavía no queda claro si la escudería británica está contemporizando, si guarda las formas para evitar modificaciones del reglamento por parte de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), pero si no es así puede haber competencia.

Al fin y al cabo, Ferrari tiene una virtud que vale oro: las salidas. En cuanto se apagan los semáforos, tanto Leclerc como Hamilton vuelan y, mientras eso sea así, habrá alternancia. En el circuito de Shanghái, la aceleración de los monoplazas rojos permitió a Hamilton colocarse justo tras Russell y disputarle el liderato en las primeras seis vueltas. Como ocurrió en Melbourne, las peculiaridades de los nuevos motores híbridos propiciaron un intercambio espléndido entre los dos ex compañeros —ahora tú, ahora yo— que solo se disipó cuando Hamilton empezó a perder neumáticos. Entonces, la carrera parecía sentenciada. Russell se marchó con un segundo de ventaja, dos, tres, hasta contar con seis segundos de colchón, pero entonces apareció el coche de seguridad. La retirada de Nico Hülkenberg obligó a sacar la grúa a pista y ahí cambió la prueba.

Quedaban tres vueltas —tres— y Ferrari tendría otra oportunidad para derrotar al líder, esta vez de la mano de Leclerc. Con todo abierto, el monegasco podía atacar en cuanto se apartara el «safety car». Hubo tensión. Hubo nervios. Pero en la curva anterior a meta el Ferrari derrapó, Russell aprovechó para atacar y se acabó la duda. Nueva victoria para el inglés, Leclerc en el segundo puesto, Hamilton en el tercero y, detrás, sin opciones, cuarto, el McLaren de Lando Norris.

"El vaso está bastante vacío"

Hubo pilotos con mucho lío durante la carrera, como Kimi Antonelli, que recibió una sanción y acabó quinto, o Max Verstappen, que sufrió en la salida y terminó noveno, fuera de los puntos. Y hubo pilotos que lucharon y lucharon y lucharon. Entre ellos, dos españoles. Con una estrategia muy inteligente, ambos montaron neumáticos duros en sus paradas y esperaron que se armara el caos y, cuando llegó, pelearon. Tras el coche de seguridad, Carlos Sainz llegó a situarse undécimo y Fernando Alonso, decimotercero, aunque en los giros finales perdieron posiciones. Sainz acabó duodécimo y Alonso, decimoséptimo, con una alegría: al menos pudo ver la bandera a cuadros. En plena crisis, los dos Aston Martin terminaron la carrera y eso, ahora mismo, ya es mucho.

HECTOR RETAMALAFP

"Por lo menos hemos podido completar la carrera. Es la primera vez que consigo hacer una tanda larga sin problema. Seguramente hemos recogido datos importantes para el equipo. Pero bueno la situación sigue siendo mala y tenemos que mejorar mucho. El vaso está bastante vacío por mucho que lo miremos. A ver si lo podemos ver medio lleno en unas carreras", analizó Alonso antes de la clasificación de la carrera de China.

¿Por qué el 70% de los corredores del maratón de Barcelona son extranjeros? El fenómeno 'expat' se adueña del 'running': "Es nuestra manera de reunirnos"

¿Por qué el 70% de los corredores del maratón de Barcelona son extranjeros? El fenómeno ‘expat’ se adueña del ‘running’: “Es nuestra manera de reunirnos”

De Sutton, una de las discotecas de referencia de Barcelona, empiezan a salir corredores. 50, 100, 150, 200... ¿Qué está pasando? Es viernes noche y todo es distinto. No hay jóvenes locales pijetes en busca de una copa y una charla. Hay 900 runners mayoritariamente extranjeros disfrutando de un social run nocturno, del evento, de las vibes. Dirigidos por el personal del cercano —y exclusivo— Edan Studios, trotan por la Diagonal unos cinco kilómetros, regresan a la sala, completan un workout al ritmo del DJ y acaban la juerga en la pista de recovery bebiendo Red Bull y cava 0,0. La ciudad ya es suya.

Barcelona cambió después de la pandemia con la llegada masiva de trabajadores cualificados extranjeros —los llamados expats—, que dispararon los alquileres en barrios como la Barceloneta o el Poblenou, generaron todo un ecosistema económico a su alrededor y, finalmente, hicieron suyo el ocio de la ciudad. Mientras bares musicales históricos como el Karma o la Deskomunal anuncian su cierre, otros cambian para atraer a ese nuevo público. ¿Cómo? Con deporte. Especialmente con running. El Sutton ya ha hecho su propuesta, la Apolo o la Laut han empezado a organizar social runs o clases de aeróbic y en Bling Bling se hace indoor cycling de noche. Es adaptarse o morir.

Los expats buscan un ocio saludable y su fuerza está en los grupos de running. Los locales, las marcas y las carreras se los rifan por su tamaño, su poder económico y su capacidad de influencia en las redes sociales. Según fuentes del sector explican a EL MUNDO, ya hay grupos que cobran una tarifa solo por asistir a eventos, donde luego suelen recibir material de obsequio.

«Hace dos años, cuando empezamos, las marcas no querían poner dinero, nos decían que no había presupuesto para marketing en España, pero ahora muchas nos llaman. Hay mucho camino por recorrer. Con un tercio del presupuesto que utilizan en Londres o en París, en Barcelona se pueden hacer grandes cosas y mover a muchísimas personas», comenta a EL MUNDO en inglés Vlad Stanculescu, fundador del club Razze.

En plena semana grande

Con el lema home of spicy runners, cada semana reúne a unos 200 corredores en algún restaurante vegetariano o alguna cafetería de especialidad de la ciudad para salir de allí a trotar y luego hacer el afterrun. De Rumanía, formado en Londres en marketing, cuando llegó a Barcelona a finales de 2023 se dio cuenta de que los pocos clubes de running existentes —como el Prorunners o el BC Team— estaban enfocados en mejorar el rendimiento de los corredores populares y que faltaban grupos centrados en socializar. «Quise montar un grupo bonito, aesthetic», recuerda, y hoy ese grupo es uno de los más solicitados.

Miembros del club Razze, esta semana.

Miembros del club Razze, esta semana.HOKA

De hecho, esta semana ha sido su semana grande. Antes del maratón de Barcelona que se celebra mañana, marcas como Hoka, nueva patrocinadora de la prueba, han organizado multitud de eventos y campañas que han cruzado la ciudad. No en vano, en esta edición se va a batir el récord de participación extranjera, con un 68%, gracias a los expats. Hasta la pandemia, los corredores llegados de fuera solían ser un 50%, pero ahora los foráneos residentes en la ciudad han disparado la diferencia.

"A veces te sientes solo"

«Como extranjero en la ciudad a veces te sientes solo y salir a correr es nuestra manera de reunirnos. El año pasado hicimos un evento con una escuela de surf que se hizo viral y creo que se ha confirmado un trend de correr en la ciudad», analiza por su parte el alemán Hairo Hernández, responsable de recursos humanos de una multinacional, que también lleva menos de tres años en Barcelona y cuenta con un grupo propio, Running Club BCN.

Como Razze, RCB aglutina cada semana a unos 200 corredores alrededor de algún negocio, con un «70% de corredores extranjeros y un 30% de locales». «Ofrecemos un marketing superorgánico y mucha visibilidad. Los próximos cinco años los eventos de comunidad de running, de pádel o de hyrox lo van a ser todo», finaliza uno de quienes han cambiado el ocio en Barcelona. La ciudad ya es suya.

Juanjo Brau, el fisioterapeuta del Barça de Guardiola y su cruda despedida: "Me pasó factura. Salí del club y me liberé"

Juanjo Brau, el fisioterapeuta del Barça de Guardiola y su cruda despedida: “Me pasó factura. Salí del club y me liberé”

«Me ha encantado escribir este libro. Espero que con el paso del tiempo todo se relativice y pueda decir más verdades», promete Juanjo Brau en su conversación con EL MUNDO.

¡Ay!, los fisioterapeutas. Nadie en el vestuario de un equipo sabe más que los fisioterapeutas -están con los jugadores cuando falta el entrenador y viceversa- y sin embargo nadie cuenta menos. Boca cerrada. Son una tumba. Sin embargo, con los años, algunos de ellos se abren a narrar lo vivido o, como mínimo, parte de ello. Después de salir del club, Brau, fisioterapeuta del Barcelona de Pep Guardiola, publica ahora su libro Lo que el fútbol no ve (Magazzini Salani) y en él desliza intimidades de aquella época dorada del club azulgrana. Por ejemplo, cuando tuvo que viajar a Costa Rica para asegurarse de que Leo Messi no jugara ni un minuto con Argentina en un amistoso. O cuando compró un pastel para obligar a Carles Puyol a celebrar un cumpleaños que el capitán había cancelado por un empate ante el Recreativo.

Asegura en el libro que en aquella época no hubo ninguna lucha de egos. Es difícil de creer.
De verdad que fue así. Por eso lo ganamos todo. Un equipo con peleas en el vestuario no gana nada. Había dos factores clave: todos asumían que Leo era el número uno y la mayoría venían de la base. Habían subido juntos y se conocían de sobra. Luego todo era más fácil porque aunque llegaran jugadores, como llegó Neymar, todos sabían a lo que venían.
Con esa generación, la de Messi o Piqué, comenzó en el fútbol base.
Después de Barcelona 1992 empecé a trabajar con la selección de waterpolo y de natación, pero cuando me llamó el Barça no lo dudé. Necesitaban un fisio para el fútbol base, porque entonces no había ninguno, y Guardiola, que me conoce porque somos del mismo pueblo, Santpedor, me recomendó. Recuerdo cuando llegó Messi, por ejemplo.
¿Qué recuerda?
Que toda la ropa le quedaba grande. Era muy pequeño, pero también muy robusto. Ya tenía una consistencia brutal en el tren inferior, no lo movías cuando cubría el balón. Y luego tenía un talento de la hostia, una capacidad cognitiva única. Veía el fútbol en cámara lenta, entre el estímulo y la respuesta no había tiempo. Veía lo que los demás jugadores no veían.
¿Por qué en el fútbol hay tanto secretismo con las lesiones?
No siempre es culpa del club. Un jugador puede pedir que no se hable de él y nadie debe hacerlo. El código deontológico ya lo establece: los datos médicos son propiedad del paciente. Cuando hay muchas bajas en un equipo siempre se culpa a médicos o fisioterapeutas y se montan teorías, pero las lesiones son multifactoriales. Es muy difícil establecer un motivo único de casos distintos. Lo que hay que analizar con más profundidad es cuando hay recaídas repetidas de lo mismo; ahí sí hay que buscar una causa.
¿Cuántas veces una sesión de gimnasio con el fisioterapeuta ocultaba una fiesta previa?
Se ha magnificado tanto al futbolista que no le aceptamos muchas cosas. Los jugadores no dejan de ser chavales jóvenes y algunos salen más que otros. Decir que un jugador se quedaba en el gimnasio era una manera de no dar cierta información, pero tampoco era tan relevante. Al día siguiente entrenaba y ya.
¿Cuál fue el jugador más fuerte físicamente con el que trabajó?
Te voy a sorprender: Piqué. Hacía bandera de no pisar el gimnasio, pero era una bestia físicamente. Luego Puyol era todo ímpetu, el punto de honor, lo máximo. Y también Mascherano, Luis Suárez, Eto'o... He tenido bastantes jugadores fuertes.
¿Por qué se marchó del Barça?
Vino Xavi [Hernández] con su equipo y me dijo que éramos incompatibles. Mis dos últimos años en el club fueron muy caóticos [las etapas de Setién y Koeman] y tuve que asumir más responsabilidades de las que me tocaban. El problema era que veía lo que iba a pasar, veía que habría lesiones, y no tenía herramientas para evitarlo, no me escuchaban. Eso te pasa factura. Salí y me liberé.
¿A qué se dedica ahora?
Sigo viendo jugadores de manera externa. Tengo una clínica en Manresa, junto con el doctor [Jordi] Puigdellívol, traumatólogo del Barça de básquet. Doy conferencias y clases.
La Fórmula 1 intentar apagar el fuego: tres propuestas para salvar un estreno eléctrico que no convenció a nadie

La Fórmula 1 intentar apagar el fuego: tres propuestas para salvar un estreno eléctrico que no convenció a nadie

De todos los trabajadores de la Fórmula 1, los que más han sufrido esta semana han sido, sin duda, los community managers. Los encargados de las redes sociales del Mundial y de los equipos se pasaron toda la previa del Gran Premio de China borrando comentarios negativos de los aficionados sobre el nuevo formato, hasta llegar al extremo. Según desveló el Corriere dello Sport, en Twitter, Instagram o TikTok desaparecieron incluso aquellos mensajes en los que los seguidores se limitaban a decir que el Gran Premio de Australia del pasado domingo había sido «aburrido». Hay muchos nervios en el paddock.

El estreno de la Fórmula 1 semieléctrica no convenció a nadie. Pilotos, ingenieros, directivos, aficionados, periodistas... Todos los actores del certamen criticaron los nuevos monoplazas por las situaciones que generan: adelantamientos a coches parados, acelerones sin lógica o frenazos en plena recta. Por eso los organizadores ya buscan soluciones.

Tal y como informó The Race, el Mundial propondrá cambios a los equipos tras la carrera en Shanghái de este domingo (08.00 horas, DAZN). El nuevo sistema híbrido de los motores hace que los coches dependan en exceso de la potencia eléctrica, que los pilotos deban gestionar la batería de forma continua y que el resultado sea un pilotaje antinatural. Eso es precisamente lo que se pretende corregir.

Según explica a EL MUNDO un mecánico del certamen, hay hasta tres propuestas sobre la mesa. La primera sería aumentar el super-clipping, es decir, la capacidad de recuperación de energía eléctrica, para que las baterías se carguen más rápido. La segunda sería reducir la potencia máxima para que esas baterías aguanten más tiempo, aunque con el coste de menores velocidades punta. La tercera sería incrementar el uso de los motores de combustión para reducir así la dependencia del sistema eléctrico. Todas las opciones son rápidas de aplicar, aunque ninguna resulta sencilla de implementar.

La amenaza de los pilotos

«Lo tenemos que discutir después de China, cuando tengamos más datos sobre la mesa», señalaba Nicholas Tombazis, director de monoplazas de la FIA, con una esperanza: que el circuito de Shanghái ayude. La primera prueba del año fue en Melbourne, precisamente uno de los trazados más exigentes para las baterías, y este domingo todo debería ser más divertido. Con frenadas más intensas, los pilotos tendrán que preocuparse menos del sistema eléctrico y podrán conducir con mayor comodidad.

EFE

Al fin y al cabo, de ellos depende todo. La Fórmula 1 es una competición de escuderías, pero los aficionados siguen a las estrellas. Gracias al trabajo de Liberty Media —y a Netflix—, el campeonato ha penetrado con fuerza en mercados como Estados Unidos, y ese crecimiento hay que protegerlo. En Australia, las críticas de campeones como Max Verstappen o Lewis Hamilton encendieron las alarmas, más aún cuando el neerlandés insinuó una posible retirada. Los organizadores deben introducir cambios para que los protagonistas recuperen la sonrisa, pero también tienen que pensar en el largo plazo.

La Fórmula 1 de gasolina no volverá. Los constructores quieren que la inversión en desarrollo que exige el Mundial se traduzca en ventas en los coches de calle, y en la calle cada vez hay más eléctricos. A finales de 2025, el 25,1 % de los vehículos de la Unión Europea ya era electrificado —eléctrico o híbrido— y en España, el 18,7 %. Este año, atraídas por el cambio de motores, se han incorporado Audi y Cadillac y se valora el interés de BYD, el mayor fabricante chino de vehículos eléctricos.

Por eso el equilibrio es tan complicado: los cambios deben satisfacer a quienes pilotan, pero no a costa de regresar a la combustión pura. Habrá que ver, además, cómo afectan las modificaciones a las escuderías, con Mercedes como posible perjudicada y McLaren y Red Bull como posibles beneficiadas. De momento, en Shanghái, este domingo, todo seguirá igual: adelantamientos exagerados, coches parados y maniobras extrañas en el circuito chino.

Audrey Pascual, la doble campeona paralímpica que nunca renunció a nada: "Mi abuelo me llamaba 'number one', ya lo soy"

Audrey Pascual, la doble campeona paralímpica que nunca renunció a nada: “Mi abuelo me llamaba ‘number one’, ya lo soy”

Cuenta Audrey Pascual que cuando le amputaron los pies a los nueve años, una psicóloga la visitó en su habitación del hospital y le recomendó que se pusiera metas alcanzables. «Me dijo: ‘No podrás ser profesora de ballet, pero podrás ser otras cosas’. Y a partir de ahí dejé de escuchar. Solo podía pensar en que esa mujer no podía decirme a mí lo que yo iba a ser. En ese momento deseé ser profesora de ballet con todas mis fuerzas. Luego ya se me pasó. Bueno, más o menos», cuenta. Porque Pascual no se puso a bailar, pero abrazó la rebeldía.

De Venturada, en la Sierra de Madrid, todos los fines de semana de invierno veía cómo sus primas se marchaban a la estación de La Pinilla a esquiar y ella pedía acompañarlas. Su familia no quería que sufriera en medio de una diversión que le sería ajena. Era imposible esquiar con prótesis, ¿qué iba a hacer allí? Pero tanto insistió que la llevaron, tanto insistió que descubrió el esquí adaptado, tanto insistió que se enamoró de la adrenalina, tanto insistió que ahora, por esa insistencia, es doble campeona paralímpica.

En los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina que se celebran estos días, Pascual, de tan solo 21 años, se ha convertido en la estrella española tras conseguir el oro en la combinada y el supergigante, y la plata en el descenso de la categoría LW 12-2, reservada a esquiadoras sentadas. La alemana Anna-Lena Forster había dominado los dos últimos Juegos Paralímpicos, pero Pascual ya la ha rebasado en dos ocasiones con emoción: en la combinada de ayer lo hizo por 46 centésimas. Todavía le quedan el eslalon gigante —mañana— y el eslalon —el sábado—, donde podría agrandar un palmarés que ya es historia del deporte español: nunca una mujer había triunfado tanto en una misma edición.

EFE

«Me acuerdo de mi familia, que lleva apoyándome desde siempre, y de mi abuelo, que decía que había que ser la number one. De hecho, él me llamaba así, number one, así que por fin lo soy y me estará viendo desde el cielo. También pienso en mis patrocinadores, que son otra parte de mi familia, y en la federación, que apostó por mí», señaló tras la carrera.

"Tiene unas ganas inmensas"

De abuela británica —de ella heredó el nombre, nada que ver con Audrey Hepburn—, sus padres, Quique y Laura, descubrieron que sufría agenesia bilateral —una malformación congénita grave— cuando nació. En las ecografías no se había detectado nada. De la rodilla para abajo, sus huesos no habían terminado de formarse, lo que le dificultaba caminar. Desde pequeña aprendió a nadar y a surfear sentada, pero fue después de la amputación cuando entendió cuál sería su deporte.

«Tiene unas ganas inmensas de comerse el mundo, de aprender, de probar cosas. A mí me ha sorprendido muchísimo», reconoce su entrenador, José Casado, que la acompaña este año. Su talento destacó pronto, pero más aún su empeño. Las escasas esquiadoras con su discapacidad solían contar con la ayuda de un monitor que las acompañaba, pero ella quería independencia desde el principio y la consiguió.

A través de la Fundación También —organización sin ánimo de lucro que promueve el deporte entre personas con cualquier tipo de discapacidad— obtuvo el material necesario y se lanzó a competir. Cuando lo hizo, su caso era rarísimo: en los Campeonatos de España ni siquiera existía categoría femenina.

Desde su debut en la Copa del Mundo en 2023 se confirmó como una de las mejores del planeta, hasta el punto de llevarse el Globo de Cristal en el eslalon gigante en su temporada de debut, con tan solo 18 años. Después vendría una evolución que la llevaría a competir en todas las disciplinas, hasta atreverse, este mismo curso, con el descenso: una especialidad que tiempo atrás le aterrorizaba. «En su primer descenso lo pasó regular, pero ahora está encantada. Tiene un carrerón por delante. Es muy joven y de cabeza va muy bien, sólo hay que ver cómo ha afrontado los Juegos», explica su técnico, Casado, y remata: «Y aún puede subir a dos podios más».

La mala salida de la nueva Fórmula 1 o por qué los pilotos odian sus coches: "Pronto habrá un gran accidente"

La mala salida de la nueva Fórmula 1 o por qué los pilotos odian sus coches: “Pronto habrá un gran accidente”

«¡Me encanta este coche, me encanta este motor!», gritaba George Russell al cruzar la meta del circuito de Albert Park, confirmándose como el primer ganador del recién estrenado Mundial de Fórmula 1. Su Mercedes es superior -vaya si lo es-, por eso apunta al título esta temporada, pero esa no es la única particularidad que el inglés mantiene respecto al resto de los pilotos: es el único entusiasmado con los nuevos monoplazas.

A nadie más le gustan. Tras la carrera en Australia, la zona mixta del trazado fue una procesión de conductores talentosos, todos disgustados con la conducción o, mejor dicho, con los directivos que han cambiado la normativa del campeonato e invalidado todo lo que sabían. Ya no se trata de ser el más rápido, sino de ser el más eficiente, y eso resulta desconcertante. Ahora deben soltar el acelerador en plena recta. Deben frenar mucho antes de cada curva. En definitiva, deben ir con más cautela. Todo ello para recargar las baterías de los propulsores eléctricos, que son los que lo deciden todo.

En las primeras vueltas de la prueba se produjo una concatenación de adelantamientos entre George Russell y Charles Leclerc -ahora tú, ahora yo- que devolvió la Fórmula 1 a tiempos pretéritos y confirmó que este año habrá más batallas en pista. Aun así, la mayoría de los actores del campeonato mantuvieron el gesto torcido. Espectáculo, sí, pero artificial. El Mercedes adelantaba al Ferrari utilizando el sobrante de energía del llamado modo adelantamiento, pero acto seguido se quedaba sin potencia y era rebasado de nuevo. Una y otra vez, en cada recta. Al final, una parada en boxes permitió a Russell alejarse junto a su compañero, Kimi Antonelli, y el intercambio de posiciones llegó a su fin. Todos los presentes, de los ingenieros a los aficionados, se quedaron con la misma duda: ¿qué acaba de pasar? Ese toma y daca tendría que haber sido emocionante, muy emocionante, y sin embargo resultó más bien extraño.

Las críticas de Verstappen y Norris

«Es un caos. Adelantas en una recta y luego te vuelven a adelantar. He visto cosas muy raras, como en el Mario Kart», aseguraba el cuatro veces campeón Max Verstappen, quizá el más crítico con el nuevo reglamento. Su palmarés se explica por su arrojo: siempre era el último en frenar, quien más apuraba en las curvas, y ahora eso ya no es determinante. «Esto no es divertido», afirmó en la pretemporada, cuando llegó incluso a insinuar su retirada. Ayer, cuando le preguntaron por algún aspecto positivo del nuevo reglamento, contestó sin rodeos: «Para mí no hay ninguno». «Habría que cambiar muchas cosas de esta Fórmula 1, como los motores y las baterías, pero eso ya no es posible», añadió el holandés.

«Han convertido los mejores coches del mundo en los peores», le acompañaba el vigente campeón Lando Norris, que en Melbourne apenas pudo ser quinto, justo por delante de Verstappen. «George estará contento, pero el nuevo reglamento no está bien», reconocía el líder de McLaren, que vio cómo su compañero, el local Oscar Piastri, se estrellaba en la vuelta de calentamiento después de que su monoplaza registrara un pico de potencia inesperado que fue incapaz de controlar. «Pronto habrá un gran accidente», sentenció Norris.

La defensa de Domenicali

Sus palabras pusieron en alerta a los organizadores del campeonato, que reconocen encontrarse en una fase de prueba. Tras las primeras carreras se podrían introducir modificaciones para ayudar a los pilotos: Liberty Media está dispuesta a escuchar, tal y como anunció en la pretemporada. Pero la Fórmula 1 será eléctrica o no será. «Si vemos algo que deba abordarse, lo haremos de la manera correcta. Creo que ahora estamos en el buen camino», apuntaba Stefano Domenicali, CEO del campeonato, que celebró la llegada de Audi y Cadillac y dejó claro que dar marcha atrás es imposible: «Hemos incorporado una nueva unidad de potencia para atraer a más fabricantes. El combustible sostenible, la electrificación... por eso nació este proyecto». El ex jefe de Ferrari no tardó en plantar cara a los pilotos críticos: «Creo que, en general, hablar mal de un mundo increíble que nos permite crecer a todos es un error».

El nuevo Mundial guarda la incertidumbre sobre qué pasará, si algún cambio devolverá la sonrisa a sus estrellas, aunque ya tiene varias certezas. Una es el dominio exagerado de Mercedes. Incluso ayer, después del duelo entre Russell y Leclerc, hubo rumores sobre si la escudería británica se estaba reservando potencia para proteger su ventaja a vista de los legisladores. Su doblete en la primera carrera dibuja una temporada con un claro ganador; la condena de la emoción. Sólo Ferrari, con su velocidad en las salidas, parece capaz de discutir también los triunfos y queda por saber cómo evolucionarán McLaren y Red Bull.

No estarán con ellos, eso seguro, ninguno de los dos españoles en competición, condenados ambos a las últimas posiciones. Con varios problemas aerodinámicos, Carlos Sainz sólo pudo acabar penúltimo con su Williams, por detrás de su compañero Alex Albon, y el Aston Martin de Fernando Alonso apenas aguantó 14 vueltas. La salida del dos veces campeón fue prometedora -llegó a situarse décimo-, pero después perdió una posición tras otra hasta la retirada. En sólo siete días volverá a intentar el milagro de acabar una carrera con el motor Honda y mantener así la motivación en medio del desastre a sus 44 años.