Landaluce y Jódar, los dos españoles que buscan el relevo de Alcaraz en las Next Gen ATP Finals

Landaluce y Jódar, los dos españoles que buscan el relevo de Alcaraz en las Next Gen ATP Finals

Las Next Generation ATP Finals van a cumplir 10 años, pero siguen siendo un torneo extraño.

Extraño por las fechas: a partir de mañana y hasta el próximo domingo, a las puertas de la Navidad. Extraño por el lugar: en un pabellón bajo techo de Yeda, Arabia Saudí, muy cerca de la Meca. Y extraño por el formato: los partidos se juegan al mejor de cinco sets a cuatro juegos y hay punto de oro después del empate a 40.

Es una competición a destiempo, difícil de seguir, pero en el tenis no hay otra ocasión así para los menores de 20 años.

Los ocho clasificados, entre ellos dos españoles, Martín Landaluce y RafaJódar, se repartirán un botín de más de dos millones de euros que pueden hacer que doblen, tripliquen o incluso cuadrupliquen lo que han ganado en su aún corta vida en el tenis. De hecho, el fijo por participar, 130.000 euros, ya es más de lo ingresado por Jódar en toda su carrera, 68.000 euros.

"Hay nervios, pero los nervios siempre son oportunidades", resume su compatriota, Landaluce, con acierto: en efecto, ambos están ante una gran oportunidad.

Un torneo sin favoritos claros

En otras temporadas, las Next Generation ATP Finals estaban decantadas antes de empezar: había favoritos de los que nadie dudaba. En 2021, cuando Carlos Alcaraz levantó el título, ya era el número 32 del mundo y se enfrentó a otros Top 100 como Sebastian Korda, Lorenzo Musetti o Brandon Nakashima.

Esta vez los aspirantes tienen menos solera. Las renuncias de Jakub Mensik y Joao Fonseca han hecho que solo haya un candidato entre los 100 mejores del ranking ATP, el estadounidense Learner Tien, número 28, y el resto apenas tiene experiencia en el circuito profesional.

Sin ir más lejos, Jódar todavía no ha jugado ningún partido ATP y ha conseguido la clasificación gracias a sus tres victorias recientes en torneos Challenger. Los datos demuestran dos cosas: que a los jóvenes cada vez les cuesta más destacar en el tenis y que, pese a todo, España tiene relevo.

Dos españoles por primera vez

Después de Jaume Munar (2018), Alejandro Davidovich (2019 y 2020) y el propio Alcaraz (2021), por primera vez el país tendrá a dos representantes en el torneo que reúne a las mayores promesas mundiales y eso ofrece esperanza. Hoy faltan españoles en la élite, pero el futuro parece despejado.

A sus 19 años, Landaluce y Jódar ya llevan algunas temporadas prometiendo, aunque el camino de ambos es muy distinto. Landaluce, madrileño, entrena en la Rafa Nadal Tennis Academy de Manacor y ha optado por un ascenso clásico en el circuito ATP.

GETTY

Campeón del US Open júnior de 2022, el año pasado ya ganó su primer Challenger y este 2025 ha disputado su primer Grand Slam y ha conseguido su primera victoria en un Masters 1000. Su progresión no es prodigiosa, no es Alcaraz, pero poco a poco va encontrando su lugar.

"Estoy aprendiendo a manejar la presión, las expectativas que los demás tienen. Eso es mucho para un jugador de 17 o 18 años. Ahora me siento más centrado", cuenta quien ya ha debutado en la Copa Davis y ambiciona un lugar en el Top 100 del ranking global el año próximo.

Camino universitario

Para Jódar, la meta es otra. También de Madrid y también campeón del US Open júnior, en su caso en 2024, ha empezado a estudiar en la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, y eso ha cambiado su trayectoria.

Volcado en la liga universitaria, la NCAA, apenas tiene semanas libres para participar en torneos contra profesionales y eso hará que tarde más en destacar. Por ejemplo, al contrario que Landaluce, Jódar no ha participado este 2025 en los torneos clasificatorios de los diferentes Grand Slam.

"Tenía dos opciones justo después de mi carrera júnior: ser profesional o ir a la universidad. Elegí la universidad porque creo que Virginia es un gran lugar para crecer como tenista", explica Jódar, que estos días en las Next Generation ATP Finals podrá medirse a sus coetáneos.

Él y Landaluce han caído en el llamado grupo de la muerte, junto a Tien y el noruego Nicolai Budkov Kjaer, pero ambos saben que están ante una gran oportunidad.

Anna Tarrés: "Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa"

Anna Tarrés: “Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa”

La vida después de la cancelación, ¡qué vida más dulce! En el Club Kallipolis de Barcelona, el club que creó la natación sincronizada en España, su club, Anna Tarrés habla con EL MUNDO con la tranquilidad de quien ya es inmune. "Si digo algo polémico, pues muy bien, ya ves tú", asume. Tras dirigir la época dorada de la sincro, con las medallas de Gemma Mengual, Andrea Fuentes y Ona Carbonell, en 2012 fue denigrada y despedida por la denuncia de algunas ex pupilas sobre sus métodos y sus palabras, como aquellos "gordis".

En los tribunales demostró que la Federación Española había orquestado una campaña para echarla y le pagaron más de 400.000 euros de indemnización, pero igualmente tuvo que empezar de nuevo. Mientras se metía en política como diputada de Junts per Catalunya entre 2018 y 2020, entrenó a equipos menores como México, Francia, Ucrania o Israel hasta que llegó China para entregarle su sincronizada. En los pasados Juegos Olímpicos de París 2024 devolvió la confianza con el oro por equipos por delante de España, bronce después de una década en blanco sin ella.

Sigue dirigiendo a China. ¿Son diferentes las nadadoras allí?
La sociedad es diferente. Allí el respeto hacia el superior y la disciplina son valores muy arraigados, y tienen otro concepto de la cantidad de horas de trabajo necesarias para conseguir algo. Pero, por otro lado, las relaciones son un poco más frías. Ese es el cambio más importante en el que he trabajado allí: ahora las nadadoras se emocionan, transmiten sentimientos, son más generosas con su energía.
Son más disciplinadas, pero también habrá quien se queje.
Aquí se discute más a los entrenadores, eso seguro. La juventud es la misma en todas partes, no lo niego, pero allí el trabajo es sagrado y por eso les va como les va. Están educados en otros valores y, antes de sublevarse, razonan un poco más. Por cultura, las nadadoras en China son menos espontáneas, menos exageradas, menos emotivas.
Decía Toni Nadal que a los jóvenes aquí no se les prepara para las dificultades que hay en la vida.
Es así. No se les prepara para tolerar la frustración. Estamos malentendiendo el estado del bienestar: les explicamos que el resultado puede ser inmediato y a un precio realmente bajo. Que todo sea placentero, que nada cueste, que no se cansen, que no sufran. En ese sentido estamos haciendo una sociedad más débil.
Hace unos meses, en EL MUNDO entrevistamos a Andrea Fuentes, seleccionadora de España y ex pupila suya, y nos dijo lo siguiente: "En China todavía siguen el sistema antiguo, el más obediente, y quiero ver cuánto aguantan ahí. Cuando sus nadadoras vean en TikTok que vivimos mejor y las podemos ganar, pensarán: ¿y yo por qué tengo que aguantar este trato?".
Tenemos sistemas diferentes porque las sociedades son diferentes. En China he adaptado mi método a la sociedad de allí. A mí me parece que España ha tenido mucha suerte al fichar a Andrea y que volvamos a donde lo dejamos en 2012. Esa manera de plantear las coreografías, de vender el deporte al público, los jueces, esa investigación con la música... Me parece que es una alumna muy aventajada y una rival muy interesante.
¿Diría que fue demasiado severa con las nadadoras cuando era seleccionadora española?
Fui todo lo exigente que tenía que ser y todo lo trabajadora que tenía que ser. Nunca he negado que fue duro, pero los inicios son así. Hay que contextualizar la historia para entenderla. Cuando empecé, en 1997, el entorno era completamente distinto. Yo tenía que luchar por una calle en una piscina pública, no tenía ninguna ayuda económica y me faltaban recursos humanos. Ahora tienen una piscina en exclusiva en el CAR de Sant Cugat, becas, facilidades para compaginarlo con los estudios... Yo tuve que sacar agua de las piedras. Empezamos de cero hasta llegar a ganar medallas ante potencias como Rusia. Trabajamos muchísimo.
La mayoría de quejas se centraron en el tema del control de peso. ¿Por qué esa obsesión?
Te lo pregunto a ti: ¿Por qué la sociedad tiene esa obsesión? A nivel social, las mujeres necesitamos tener unas medidas, mantener una imagen, y en un deporte artístico eso influye. Además, un cuerpo atlético rinde mucho más: sale más alto del agua, va más fuerte.

Gorka Loinaz / Araba PressAraba

¿Cómo vivió ser la mala de España durante unos meses?
Al principio fue un shock. Pasé de ser la entrenadora más laureada a la villana más villana del mundo mundial de la noche a la mañana. Pero entendí que me había convertido en una persona muy incómoda por todo lo que había reivindicado. Todo lo hice por el bien del deporte, e hice muchas cosas, aunque me equivocara en algunas. Cuando alguien lucha por lo que le toca, combate la desigualdad y se enfrenta a la autoridad, pasan estas cosas. Al final, me afectó menos de lo que la gente piensa.
Siguió trabajando en la sincronizada.
Eso fue lo que hice: seguir con una vida normal, con las amistades de antes, en mi club de toda la vida y aportando al deporte todo aquello que sé. Convertimos un deporte que nadie conocía en un deporte importante y me siento pionera. Fui la primera entrenadora con un contrato laboral en toda España. No fue un camino de color de rosa, pero hice las cosas como las supe hacer.
Y de paso se metió en política, como diputada de Junts en el Parlament. ¿Lo volvería a hacer?
En la primera línea, no, pero cuando la sincronizada se acabe quizá, no sé. Podría aportar, ayudar a mi manera. Sigo vinculada a la gente que trabaja en el Parlament, me alimenta la mente y el alma y aporto mi opinión en lo que me parece.
¿Sigue creyendo que la independencia de Cataluña es posible?
Siento que estamos en un punto muerto, pero a veces se necesitan estos momentos para recapacitar, para analizar dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Yo lo tengo un poquito difícil para ver una Cataluña independiente, pero tengo claro que veré una Cataluña más fuerte, con más peso en el conjunto del Estado.
¿Qué le parece el auge de la extrema derecha independentista?
Estos partidos surgen como respuesta a unas necesidades sociales. Tenemos que escuchar y no dejar que la extrema derecha avance. Debemos hacer más políticas sociales, de igualdad y justicia, en todos los sentidos. Nos tenemos que poner todas las pilas para dar un mensaje claro y, sobre todo, ejercer estas políticas que todos queremos.
¿Volvería a entrenar a España?
No, no volveré. Tengo contrato con China hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y no creo que me dé tiempo de hacer más cosas después. También quiero descansar. Entrenar a España es algo que ya he hecho y ya hay quien lo está haciendo muy bien.
¿Tuvo algún problema en dirigir a España siendo independentista?
Cuando estaba haciendo deporte, no estaba haciendo política. Lo que hice estaba fuera de todo eso. Lo más importante siempre fue el equipo por encima de otras historias. En Cataluña me consideraban muy española y en España, muy catalana. Pero siempre fui fiel a la gente con la que trabajaba, al grupo.
Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Preparados, listos, inmersión. En una esquina del Centro Europeo de Astronautas de Colonia, un aspirante a astronauta se sumerge en la piscina y desciende, desciende y desciende hasta tocar fondo a 10 metros bajo el agua para empezar su entrenamiento. Allí estará cinco, seis, siete y hasta ocho horas haciendo maniobras con múltiples herramientas dentro de un traje espacial que pesa 150 kilos, que es rígido como una mala cosa y que exige máxima concentración.

«Es lo más duro de nuestra preparación para ir a la Estación Espacial Internacional (EEI). Solo hacemos una sesión de piscina a la semana porque acabamos reventados», comenta Pablo Álvarez, el español que espera una misión para salir al espacio, sobre el trabajo en el tanque de inmersión de la Agencia Espacial Europea (ESA).

«Así simulamos las actividades extravehiculares que haremos en la Estación Espacial. Cuando haya que hacer alguna reparación en el exterior debemos estar familiarizados con el traje, que tiene siete capas de distintos materiales y que, además, está presurizado. Está súper duro. Es como apretar una pelota de tenis todo el rato. Cuesta cualquier movimiento y las manos sufren bastante», expone el astronauta.

No superhéroes, solo personas sanas

La vida en la Estación Espacial Internacional, que este 2025 ha cumplido 25 años de ocupación continua, no es exigente, pero requiere cierta preparación física antes, durante y después de las misiones. No se trata de que quienes vayan al espacio sean superhéroes, pero sí que dominen ejercicios específicos para que no haya contratiempos.

Hay una máxima: «Que no haya lesiones». Y todo lo demás es salud... y fuerza en las manos.

«Queremos que los astronautas estén bien físicamente sin buscar máximos. Desde que entran en el programa hasta que regresan de la EEI les entrenamos para que tengan buena salud. Necesitan la fuerza y resistencia suficiente para estar seis meses en el espacio, ni más ni menos», resume Laura Weyrowitz, entrenadora de la ESA y ex saltadora de pértiga. Alemana de nacimiento, hace años fue campeona de Cataluña porque estudió en Barcelona.

«Para entendernos, tienen que poder correr o hacer bici durante una hora, pero no necesitan completar un maratón o un Ironman. En lo único que deben sobresalir es en la fuerza de agarre de las manos. Eso sí lo trabajamos de forma específica, porque es esencial para utilizar el traje espacial. Si hay algún aficionado a la escalada sabemos que tenemos mucho ganado», añade quien diseña los planes de aquellos astronautas que están en la Tierra, como Álvarez, y de los que están más allá de los cielos.

La clavícula rota que casi le cuesta su sueño

«El programa de la ESA empieza con cinco días de pruebas, pero pruebas médicas, no pruebas físicas. Lo más parecido puede ser un test de esfuerzo que te suelen hacer sobre una bicicleta estática para conocer tu frecuencia cardíaca y tu VO2 máximo. Pero todo lo demás son resonancias magnéticas, TACs, pruebas oculares... Quieren que estés sano, no que seas un atleta», apunta Álvarez con una historia muy propia sobre sus primeros días como astronauta hace ya tres años.

Ingeniero aeroespacial y aficionado al tenis de mesa —fue campeón de España por equipos—, durante el proceso de selección se entregó a la bicicleta y justo antes de ser elegido se rompió la clavícula por culpa de una caída bajando La Camperona, en su León natal. Su sueño, destrozado. Su carrera, contra el asfalto.

«Me tuvieron que poner una prótesis y pensé que me descartarían. Pero pude seguir en el programa. En la ESA analizan cada problema físico que tengas, hacen una matriz de riesgos de cara a la misión y deciden en consecuencia», desvela el español, que mide 1,87 metros, hecho que también puso en riesgo su participación. Para viajar a la EEI, por motivos logísticos, se establece una altura mínima de 1,50 metros y una altura máxima de 1,90 metros, y él rozaba ese límite.

Tres módulos en el espacio

Desde entonces su puesto no ha corrido peligro. Sin más lesiones ni sustos, en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia cumple con su programa de entrenamientos mientras espera el momento de salir de la atmósfera. Cada semana tocan tres días de resistencia, carrera a pie o bicicleta, y tres días de fuerza, con especial atención en la técnica. Porque eso sí marcará la diferencia en el espacio.

En la Estación Espacial Internacional hay tres módulos especiales para hacer deporte: una bicicleta estática —que en realidad es un ergómetro a pedales—, una cinta de correr y una multiestación de fuerza. Las tres tienen su complejidad de uso, pero la multiestación de fuerza, que funciona gracias a un sistema de pistones, es la que entraña más riesgo de lesión.

«Se pueden hacer un montón de ejercicios clásicos de gimnasio, como sentadillas, peso muerto o press de banca, pero deben salir de la Tierra con la técnica muy bien aprendida. El típico dolor de lumbares, por ejemplo, puede poner en peligro la misión», analiza la preparadora Laura Weyrowitz, que asegura que los astronautas están obligados a realizar una hora de ejercicio diario allí arriba.

Por la ingravidez y todo lo que conlleva, en una misión de seis meses se puede llegar a perder un 25% de musculatura y hay que evitarlo.

Ejercicio en microgravedad

Hay que hacer pesas, hay que correr y hay que pedalear. Aunque cueste pillarle el truco.

«Para utilizar la bicicleta tienen que ponerse un cinturón que va sujeto a la pared. No hay sillín, están flotando. Parece difícil, pero normalmente no tardan en adaptarse. Quizá sea un poco más complicado disfrutar de la cinta de correr porque se tienen que colocar un arnés que les sujeta al suelo. Al principio de la misión no es tan importante, pero al final es esencial que corran y caminen para trabajar la locomoción», comenta Weyrowitz.

La entrenadora reconoce que en la Estación Espacial hay poco ejercicio por diversión. Ha habido algún rato de fútbol o baloncesto en microgravedad para celebrar el inicio de un Mundial o unos Juegos Olímpicos, pero nada periódico, mucho menos organizado por la ESA. Solo faltaba que hubiera algún encontronazo y alguien acabara herido.

Lo más cercano al ocio fue el maratón en el espacio que completó el astronauta británico Tim Peake en 2016 al mismo tiempo que se disputaba el maratón de Londres. «Se ha hecho algún experimento con realidad virtual, pero el entretenimiento no es el objetivo», acepta la preparadora, cuyo trabajo no acaba cuando los astronautas vuelven a la Tierra. Más bien al contrario.

El peligroso regreso

El regreso es el momento más peliagudo de todas las misiones por varias razones. Una, por ejemplo, es el riesgo de sufrir una hernia: los astronautas se estiran entre cinco y siete centímetros sin gravedad y al volver las vértebras sufren en exceso. Aunque el mayor peligro seguramente es cardiovascular.

«Con la microgravedad todos los fluidos corporales, especialmente la sangre, se desplazan hacia la cabeza y al volver los astronautas duermen con los médicos al lado por si sufren un trombo. Es un efecto que tiene equipos de estudio enteros», subraya Pablo Álvarez.

Desde hace más de una década la Agencia Espacial Europea (ESA) lleva a cabo experimentos para estudiar el movimiento de la sangre en los astronautas y prevenir posibles sustos. Uno de esos estudios consistió en escoger a un grupo de voluntarios, estirarlos en una cama con la cabeza inclinada seis grados hacia abajo y no dejar que se levantaran durante 60 días. ¡60 días! Cobraron un buen dinero, 15.000 euros, pero menuda tortura.

«Los astronautas no tenemos que pasar por eso, pero somos sujetos de decenas de estudios. Por ejemplo, en la Estación Espacial se te deforman los ojos y eso también se analiza al detalle. Al final lejos de la Tierra se puede conocer mucho del ser humano», finaliza Álvarez, el próximo español que visitará el espacio y se ejercitará en él.

10 personas en la Estación Espacial

Ahora mismo en la Estación Espacial Internacional (EEI) hay 10 personas de varias agencias espaciales, combinando estadounidenses, rusos y un japonés, formando parte de la Expedición 73. La tripulación incluye a Anne McClain (NASA, EEUU), Nichole Ayers (NASA, EEUU) y Jonny Kim (NASA, EEUU), quienes llegaron en abril de 2025 y han pasado más de ocho meses en microgravedad realizando investigaciones científicas. Junto a ellos está Takuya Onishi (JAXA, Japón), experto en operaciones de microgravedad y con experiencia previa en la ISS.

Por parte de Roscosmos (Rusia) están Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritsky, también desde abril, y Kirill Peskov, todos apoyando sistemas rusos y experimentos en la estación. Recientemente, el 27 de noviembre de 2025 se unieron tres nuevos miembros desde el Cosmodromo de Baikonur a bordo de la Soyuz MS-28: el astronauta Chris Williams (NASA, EEUU) y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev (ambos de Roscosmos), quienes elevaron la presencia a 10 personas y continuarán la misión hasta mediados de 2026. Estos astronautas trabajan en decenas de experimentos que abarcan biomedicina, física de fluidos y estudios en microgravedad, cada uno con periodos típicos de permanencia de seis a ocho meses.

María Castellví y el 'peaje' del esquí fuera de pistas: "Intenté salir como podía del alud, pero no había manera"

María Castellví y el ‘peaje’ del esquí fuera de pistas: “Intenté salir como podía del alud, pero no había manera”

La esquiadora María Castellví relata una experiencia propia y común: en lo suyo, el freeride, el esquí fuera de pistas, es un rito de iniciación.

«Fue el año pasado en una canal, en Argulls, en el Valle de Arán. Había estudiado el parte de aludes y no había peligro, pero hice dos o tres curvas máximo, empecé a encarar los esquís, frené un poco y noté una fuerza que me tiraba para abajo. Bajé toda la canal rodando. Intenté salir como podía del alud, estabilizarme, ponerme de pie, pero no había manera. Hubo momentos muy angustiosos de verlo todo negro. Por suerte no me llegó a enterrar del todo y cuando llegué abajo pude levantarme».

A sus 20 años, antes de debutar con la élite en el Freeride World Tour (FWT), Castellví ya ha sufrido un alud, un trance por el que también pasaron otros referentes españoles, Aymar Navarro, Abel Moga o Nuria Castán.

«No es una norma, no quiero que lo sea, pero al final es lo que hacemos. Por estadística te puede pasar, eso está claro. Siempre hay peligro. Espero que no me toquen más veces», reclama la esquiadora, que en 2024 dominó el FWT Qualifier, la tercera división mundial, y este año competirá en el segundo escalón, el FWT Challenger, y debutará entre los mejores en Baqueira-Beret entre el 16 y el 21 de enero.

Pero si no hay una salida y una meta, si no hay puertas que pasar... ¿Quién gana en el esquí fuera de pistas?
Eso es lo que más le llama la atención a la gente. El freeride no se basa en la velocidad. Es un deporte con un jurado que mide tu creatividad, tu técnica, tu control, tu fluidez y tu estilo. Te envían una foto de un trozo de montaña y tienes que inventarte la bajada. No puedes esquiar allí en los días previos a la competición, así que primero debes estudiarlo todo bien con fotos y vídeos y luego, cuando ya estás allí, inventarte un descenso original, meterle saltos y hacerlo todo de una vez, sin pararte.

Precocidad en contra de las reglas

«Soy de Cambrils, que es un pueblo de la costa de Tarragona, lejos de la montaña, pero mis padres siempre han esquiado y tenemos una casa en el Valle de Arán. Empecé a esquiar a los tres años, hice un grupo de amigos, pero cuando crecimos empezaron a competir en esquí alpino y a mí no me llamaba la atención. No quería estar todo el día bajando la misma pista, quería ver montaña, vivir aventuras, hacer cosas diferentes. Un día, con los monitores, salimos de pista y empezamos a flotar, a saltar, y pensé: 'Esto está guay'. Tenía 10 años», recuerda Castellví, que obligó a cambiar una norma.

En su club, el Club Esquí CEVA de Vielha, no se permitía el esquí fuera de pistas antes de los 14 años, pero con ella tuvieron que hacer una excepción. «Siempre iba con los mayores y al final me dejaron. Ahora los niños ya pueden hacer 'freeride', ha cambiado el enfoque», cuenta quien después descubrió que en el freeride hay competición y que, de hecho, existe todo un mundo competitivo.

Un deporte a las puertas de los Juegos

El Freeride World Tour, con sus tres categorías, celebrará el año próximo su decimonovena temporada y se acaba de crear el Mundial, cuya primera edición tendrá lugar en Andorra, en Ordino-Arcalís, del 1 al 6 de febrero.

Al contrario que en otras disciplinas, aquí la mayor parte de la atención se la llevan los snowboarders, con figuras como el francés Victor de le Rue, aunque a los esquiadores no les faltan patrocinadores.

La ambición del freeride es entrar en los Juegos Olímpicos de Invierno y no es una utopía. En busca del público más joven, el Comité Olímpico Internacional (COI) ya ha aprobado la intención de hacerle un hueco a partir de los Juegos de los Alpes Franceses 2030, aunque como le ha pasado al skimo, es posible que se pierda algo de autenticidad por el camino.

«Estaría bastante bien que el freeride fuera olímpico porque sería más fácil obtener ayudas. Ahora las federaciones lo tienen complicado para dar oportunidades», reconoce Castellví, que compagina sus estudios de Negocios Internacionales y Marketing en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona con sus entrenamientos en Baqueira-Beret, siempre fuera de pistas, aceptando el riesgo.

«Cuando me pilló el alud, ese mismo día ya esquié. Me tomé 20 minutos para tranquilizarme y volví. Es muy difícil que se me quiten las ganas de esquiar», finaliza Castellví.

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Chung Jae-Hun, Im Dong-Hyun, Lee Chang-Hwan, Kim Woo-Jin, Lee Seung-Yun... Así sigue el palmarés hasta que aparece Andrés Temiño. En el pasado Mundial de tiro con arco, un español asaltó la historia para proclamarse campeón individual y campeón en el doble mixto junto a Elia Canales. Fue un deporte dominado durante décadas por Corea del Sur, con clases desde la escuela, millones de practicantes y hasta una liga profesional. Pero ya no lo es.

Ahora manda un país, España, que sólo cuenta con 20.000 federados y 500 clubes, gracias a una cualidad olvidada, menospreciada, repudiada en Asia: la creatividad. Si allí el entrenamiento se basa en la repetición —en lanzar miles y miles de flechas cada día—, aquí se centra en la variabilidad. ¿Hacer voto de silencio en un convento de Lleida para mejorar la concentración? Claro. ¿Entrenar en la oscuridad de la noche en Ibiza? Por supuesto.¿Y hacerlo a la pata coja o de mil maneras distintas? ¿Por qué no?

«No nos aburrimos», admite Temiño en conversación con EL MUNDO en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde sigue preparándose con la mente en un único objetivo: el oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Han roto con el método coreano.
Supongo que sí, aunque no es cosa mía. Hace unos años que el cuerpo técnico de la selección empezó a introducir ejercicios diferentes y nuestro método ya no se basa en la repetición exagerada como antes. Antes les copiábamos, y ahora ya no. Creo que los coreanos alucinarían si vieran cómo entrenamos. Hay un momento en el que, tirando normal, ya no hay mucho margen de mejora: puedes estarte horas y horas y progresar es muy difícil. Por eso es mejor si lo complicas. Tiramos a la pata coja, tiramos con los ojos cerrados, mal colocados, desde muy lejos, a dianas muy pequeñas... Tenemos un entrenador, Carlos Morillo, que es psicólogo y nos propone cosas así.
Como tirar flechas de noche.
Eso empezó como un experimento y funcionó. Estábamos en una concentración en Ibiza y los técnicos nos propusieron tirar de noche para ver qué sentíamos. Apagaron todas las luces del campo de tiro, dejaron sólo un foco en la diana, y nos dimos cuenta de que las sensaciones se multiplicaban. Como no te ves, la propiocepción aumenta un montón: notas mucho más lo que estás haciendo.
Después de ganar un Mundial parece una genialidad, pero podía haber sido un desastre.
Al principio era un poco raro. Todos habíamos tirado a la pata coja o con los ojos cerrados por hacer la broma, y cuando te dicen que lo hagas en un entrenamiento de la selección te sorprende. Pero luego te das cuenta de que si te ponen en dificultades, mejoras cuando vuelves a tirar normal. Esa capacidad de adaptación te da un plus.
Todo está en la cabeza.
Totalmente. De ahí viene la meditación. El tiro con arco tiene mucha relación con la meditación, con el autocontrol, con la respiración. Fue muy útil ir al monasterio [de Les Avellanes, en mitad de la sierra del Montsec, cerca de Lleida] antes de los Juegos Olímpicos de París y estar tres días en silencio. Al principio costaba no hablar entre nosotros, especialmente en las comidas, pero aprendimos a estar en el momento presente, a recuperar el foco...

SERGIO GONZÁLEZ

En estos tiempos, el tiro con arco es un deporte contracultural.
Todos los deportes te exigen concentración: en uno de contacto, o estás presente o te meten un castañazo. Pero en el tiro con arco es básico. Si estás nervioso, es imposible. Aquí gana el más tranquilo. Tienes que estar lo más zen posible, apartar los juicios, olvidar las expectativas.
Hablando de eso, no estuvo en los Juegos Olímpicos de París. Pese a sus 20 años [ahora 21], era candidato a medalla y se quedó en la clasificación.
Pasó lo que pasó, y aprendí mucho sobre mí mismo. El año pasado, antes de los Juegos, hubo un momento crítico en el que empecé a pensar en las expectativas, en lo que podría ganar, en el futuro... y acumulé mucha tensión. Me pudo la presión. Para mí, lo mejor del último Mundial no fueron los dos oros, sino ver que podía gestionar la presión, que no volvía a caer en el mismo error.

Transporte y Logística

¿El Mundial le ha cambiado la vida?
Qué va. Me bajé del podio y todo se había terminado. He dado algunas entrevistas, pero mi vida es exactamente la misma.
Del tiro con arco no se puede vivir.
Ojalá, pero aquí en España es imposible. La única forma de vivir del tiro con arco es ser entrenador en un club o conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos o en los Mundiales, pero eso puede ofuscarte. Si dependes de una competición para subsistir, es muy difícil que lo hagas bien. Yo tiro porque me gusta, no por dinero. Si lo hiciera por dinero, estaría jodido.
Su padre precisamente era entrenador en su ciudad, Zaragoza.
Sí, pero por hobby. Se dedicaba al mantenimiento. Practicaba aeromodelismo, pero cuando yo nací ya no tenía tanto tiempo y empezó con el tiro con arco. Le gustó, y cuando crecí fue mi entrenador hasta que me fui al CAR. Ahora lo ha dejado. En realidad, ni yo sé si me dedicaré a entrenar. Estoy estudiando online un grado superior en Transporte y Logística porque tiene muchas salidas.
¿Cómo se celebran dos oros en un Mundial?
En casa, con la familia. Me dieron tres semanas de descanso y estuve con los míos, haciendo vida normal. No tenía que entrenar si no quería, pero fui un par de días a practicar. Hasta los próximos Juegos Olímpicos queda mucho, y quiero estar en el momento presente, no volver a perderme en el camino.
Ander Martín o por qué España es el epicentro mundial de un nuevo deporte olímpico: "Las regatas son puro frenesí"

Ander Martín o por qué España es el epicentro mundial de un nuevo deporte olímpico: “Las regatas son puro frenesí”

En la playa de Torrevieja unos cuantos hombres y mujeres arrancan a correr en la arena, se lanzan sobre unas embarcaciones rarísimas, como coches de Fórmula 1 sin ruedas, y se ponen a remar a toda velocidad. Sus siluetas y el sonido de sus jaleos se alejan mar adentro, pero de repente dan la vuelta, regresan a toda velocidad, se bajan en la orilla y esprintan para ser los primeros en apretar un pulsador rojo que está en el suelo.

La gente alucina. "Cada vez hacen cosas más raras", suelta alguno. Otros buscan las cámaras de televisión; parece la prueba de un concurso.

Pero en realidad son la élite mundial del remo de mar, un deporte con muy poca historia y mucho, muchísimo futuro: por lo pronto debutará en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

El epicentro mundial

Un día aparece por la población alicantina el estadounidense Christopher Bak, campeón del mundo, otro día quizá el británico James Cox, campeón de Europa, pero seguro que cada día está su anfitrión, Ander Martín, subcampeón del mundo y de Europa. Es el culpable de que España sea el epicentro de la disciplina. Su Beach Sprint Academy de Torrevieja es el único centro especializado en todo el globo.

"Es una especie de Centro de Alto Rendimiento para equipos de todo el mundo. Ha venido Gran Bretaña, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón, República Checa... Han pasado por aquí todos mis rivales y yo, encantado", cuenta Martín, que sabe que sus vecinos alucinan con sus entrenamientos.

"Se acercan y me preguntan: '¿Oye qué hacéis?' Al final siempre se reúnen 20 o 30 personas. Algunos lo confunden con piragüismo, incluso paddle surf. Pero después es superfácil de entender. Corremos, subimos al barco, damos una vuelta, bajamos y tocamos el botón. Son dos minutos de carrera, las regatas son un frenesí", añade el remero de 25 años.

De la pesca al podio

Esto del Beach Sprint es muy reciente. ¿Cómo ha creado ya una academia?
Hacía remo tradicional, estaba en el equipo nacional, pero me aparté en 2023 cuando vi que esto iba a ser olímpico. Es verdad que el formato sprint actual es muy nuevo, pero el remo de mar tiene mucha tradición en competiciones por equipos o cuartetos y, de hecho, así es como empecé. Soy de una pedanía de Torrevieja, toda mi familia se había dedicado a la pesca y desde pequeño me encantaba el mar. Siempre le pedía a mi madre que me apuntase a algún deporte de mar, pero no teníamos dinero para hacer vela, por ejemplo. Un compañero suyo hacía remo en el mar, me invitó a probar y aquí estoy. Cuando entró en la cita olímpica aposté toda mi carrera. Y después, con la academia, todos mis ahorros.

De momento, parece una apuesta exitosa. Este enero se realizará el primer campus de formación de esta modalidad y la idea es arrancar cursillos para no practicantes. Si el Comité Olímpico Internacional se enamora de la disciplina en el debut de 2028 y la incorpora al calendario fijo, España tendrá la mejor cantera del mundo.

Si no, como mínimo, podría tener una medalla porque Martín es aspirante a todo. "Para mí es inevitable plantearme ahora todo pensando en Los Ángeles. Tengo una hoja de ruta marcada para llegar en mi mejor momento. La competición será en Long Beach y ya he quemado Google Maps mirando arriba y abajo la playa en la que se harán las regatas", cuenta quien ya tiene incluso un movimiento característico.

La firma personal

Como las carreras son tan cortas —solo hay 250 metros de la playa a la boya donde hay que dar la vuelta—, se deciden en apenas dos minutos y hay mucha igualdad. Algunas veces uno de los remeros se cae al bajar de la embarcación o se trastabilla en plena playa y acaba perdiendo en los últimos pasos, justo antes de darle al botón rojo que marca al ganador.

Por eso Martín siempre acaba igual: cuando está a un metro del pulsador, se lanza como quien va a parar un penalty y aterriza sobre el mismo. Gane o pierda acaba rebozado de arena.

"Tengo que reconocer que empezó como una broma. En el primer Mundial que disputé iba ganando cómodamente, salté porque me daba tiempo, hizo gracia y ya me he quedado con eso", apunta el remero, ahora en plena pretemporada. En las últimas semanas ha competido en algunas regatas privadas, como el tradicional Challenge Príncipe Alberto de Mónaco, donde se repartían 10.000 euros, pero ya le toca centrarse en la campaña olímpica.

Con los rivales en casa, en su academia de Torrevieja, preparará la cita de 2028 para intentar ser el primer campeón olímpico de la historia del remo de mar.

El rescate que convirtió en la española Iset Segura en una heroína en Hungría: "El padre y la hija estaban agotados, habían dejado de nadar"

El rescate que convirtió en la española Iset Segura en una heroína en Hungría: “El padre y la hija estaban agotados, habían dejado de nadar”

La vida de Iset Segura es una vida nómada, pasa los años viajando de un lado al otro del mundo, compitiendo en el circuito de carreras de wingfoil -una vela que planea sobre el agua-, pero también tiene momentos de relax. El pasado julio, descansaba después de un entrenamiento junto a su compañero Anastasios Garipis en una playa cerca de Salónica, en Grecia, y todo era dulce: el sol, el mar Egeo, ya saben. Pero de la nada apareció un bañista alteradisimo.

"Es una playa con mucho viento, con muchas corrientes, por eso vamos allí a entrenar. El señor nos dijo que unos turistas húngaros, un padre y una hija, estaban a la deriva y que ya habían llamado al número de emergencias, pero que no venía nadie. Decimos coger nuestras velas e ir a buscarlos", relata Segura en conversación con EL MUNDO sobre el rescate que le llevó a recibir la semana pasada la Medalla de Oro Presidencial de Hungría de manos del presidente del país, Tamás Sulyok.

¿Qué le pasaba a esa familia?
Según nos explicaron, la niña se metió demasiado dentro del agua, no podía salir por culpa de la corriente, el padre entró a ayudarla y acabaron los dos muy, muy lejos de la orilla. Cuando llegamos estaban agotados, ya habían dejado de nadar, sólo luchaban por mantenerse a flote. Les di mi tabla para que se apoyaran y mi compañero se fue a buscar ayuda. Tardó unos 45 minutos, pero encontró a unos pescadores que pudieron venir con su barca.
¿Y mientras usted qué hacía?
Flotaba a su lado e intentaba tranquilizarlos. Hacía mucho frío, pero era imposible remolcarlos con las tablas. Necesitábamos una embarcación, algo más grande. A mí no me importaba estar en el agua, aunque me preocupaba la falta de luz. Estaba anocheciendo y si oscurecía del todo sería muy difícil encontrarnos en mitad del mar.
¿Sufrieron alguna secuela?
Cuando regresamos a la playa con la barca de los pescadores estábamos todos agotados, con frío, pero por fortuna nadie sufrió lesiones ni nada parecido. Cuando nos vieron con las tablas fue un alivio para ellos, pero recuerdo sus lágrimas cuando llegó mi compañero con la barca. Fue muy emocionante.
Se llegó a enterar el presidente de Hungría.
Un medio local griego sacó una noticia, llegó a Hungría y lo publicaron los periódicos más leídos de Hungría. Lo mejor de la ceremonia en Budapest fue que habían invitado por sorpresa al padre y la hija y pudimos reencontrarnos. El padre estuvo todo el rato llorando, muy agradecido. Unas semanas antes, la madre me había buscado en Instagram para darme las gracias y explicarme una cosa super chula.
Diga, diga.
Ahora la niña quiere ser nadadora. Dos días después del rescate, toda la familia decidió regresar a la misma playa, a la misma zona, para perderle el miedo y desde entonces la niña está tomando clases de natación. Ya ha empezado a hacer alguna competición y dice que se quiere dedicar a ello.

¿Ha vuelto usted a esa playa?
Qué va, imposible. Al final estamos todo el día viajando, seguimos el calendario de la Copa del Mundo de wingfoil racing. Ahora, por ejemplo, estaré entrenando en Brasil hasta mediados de diciembre, que tenemos una carrera. Antes estuve este año en China, en Turquía, en Italia, en Suiza o en Marruecos.
¿Le ha salido de repente un sponsor húngaro?
No, no. Hay rumores que el wingfoil puede estar en los Juegos de Brisbane 2032, pero ahora mismo no es olímpico y cuesta mucho vivir de ello. Tengo algunos sponsors y sobrevivo con los premios de la Copa del Mundo [esta temporada ha acabado séptima]. Sólo las primeras suman unas cantidades que están realmente bien. El resto... Yo mientras estoy estudiando Psicología en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Es de Matadepera, un pueblo con montaña al norte de Terrassa. ¿Cómo acabó en el mar?
Mi padre siempre ha tenido veleros y toda mi vida he pasado muchísimas horas navegando. Cuando era pequeña me apuntó a hacer Optimist, competí a nivel internacional y seguí en clases olímpicas como el 49er y el Nacra17. Tuve buenos resultados [un bronce en un Mundial junior, por ejemplo] pero hace dos años decidí pasarme al wingfoil y en eso estoy.
Las estaciones de esquí, contra el pesimismo por el cambio climático: "Estamos viviendo los mejores años de nuestra historia"

Las estaciones de esquí, contra el pesimismo por el cambio climático: “Estamos viviendo los mejores años de nuestra historia”

La Mogorrita, Valcotos, La Collada del Golobar, Fuente Dé, Puerto de Tarna, La Tuca, el Valle del Sol, Llessuí, Rasos de Peguera, Fonte da Cova, Lunada... En todos los rincones de España se encuentran los restos de estaciones de esquí abandonadas -remontes oxidados, edificios en ruinas, colinas peladas- y observándolos se advierte el apocalipsis: no hay futuro.

Debido al cambio climático, los deportes de invierno se suponen en decadencia, con pesimismo instalado incluso en los despachos, con la supresión de la semana blanca en algunas regiones. Pero la realidad es otra.

Con la apertura de Masella el pasado miércoles, las estaciones de esquí españolas han dado por inaugurada una temporada que promete récord. ¿Alcanzar los 6,5 millones de visitantes de la temporada 2008-2009 entre todas las estaciones? Es posible. El curso 2024-2025 se cerró con 5,1 millones de forfaits vendidos pese a que diciembre fue un desastre y hasta febrero no llegó el frío. Este año, en cambio, con las temperaturas heladas de los últimos días, hay centros que ya cuentan con casi un metro de nieve para el Puente de la Purísima.

Récord a la vista

"Nosotros abriremos este sábado y para el Puente seguramente ya estaremos al 80% o 90% de la actividad. El año pasado por estas fechas no pudimos ni abrir. Esta vez ha hecho mucho frío en noviembre, hemos podido empezar a hacer nieve y luego ha caído una nevada muy importante", cuenta Xavi Ubeira, director comercial de Baqueira, una de las tres estaciones más grandes de España junto a Formigal y Sierra Nevada. Después de inversiones multimillonarias —unos 15 millones por temporada en cada estación—, las tres se han instalado por encima del millón de esquiadores o snowboarders anuales. Y de esa cifra no se bajan.

"Los últimos tres años han sido años de poca nieve y, en cambio, han sido los mejores de nuestra historia. La mejoría de la tecnología en la producción de nieve nos ha permitido minimizar el efecto del cambio climático y aumentar el número de visitantes", admite Ubeira, que especifica que la nieve actual se hace con el agua del deshielo que guardan en sus balsas durante la primavera. "Es un ciclo cerrado".

Según el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC), antes del año 2050 "el espesor medio de la nieve podría disminuir a la mitad y la permanencia de la nieve en el suelo podría reducirse en más de un mes", pero eso no quiere decir que se vaya a esquiar menos. De hecho, esas pésimas previsiones y la escasez de los últimos años es lo que ha hecho que las estaciones de esquí españolas estén batiendo plusmarcas: ahora son punteras en nieve artificial.

Si la sequía de finales de los años 80 llevó a la mayoría de centros a comprar cañones de nieve de cultivo —y al resto a cerrar—, la situación actual ha provocado que inviertan en tecnología de última generación capaz de fabricar nieve incluso con apenas -1 o -2 grados de temperatura. Si en la mayoría de estaciones de los Alpes o en las Rocosas se necesita que caiga 50 centímetros de nieve para ponerse a trabajar, en los Pirineos con 15 centímetros les basta.

La tecnología al rescate

"Aquí, en los Pirineos, tenemos mayores oscilaciones de temperatura, pero somos capaces de utilizar muy bien las ventanas de frío. Para nosotros eso es básico", comenta Ubeira, de Baqueira, que también admite que la tendencia es cada vez ir más arriba. La estación de la Vall d’Arán elevó su altitud hace seis años hasta los 2.600 metros cuando abrió pistas en el Tuc de Bacivèr y sus competidoras han hecho lo propio en los últimos años.

Las estaciones españolas por debajo de los 2.000 metros son las que más han sufrido, las que más sufren y las que más sufrirán para seguir con su actividad. La nieve en cotas bajas no está asegurada y eso impide captar al cliente extranjero, el nuevo dorado.

"El futuro pasa por impulsar de nuevo la formación en España, el trabajo de base, recuperar la semana blanca, y por atraer a más esquiadores de fuera. Baqueira es una estación muy conocida en España y el sur de Francia, pero fuera nos queda mucho por recorrer. Británicos, estadounidenses, canadienses aún piensan que aquí sólo hay sol y playa Tenemos que trabajar ahí porque hay muy pocos destinos que puedan ofrecer una experiencia como la nuestra", finaliza Ubeira, ante la que puede ser la mejor temporada de esquí en España de la historia.

España, después de la derrota en la Davis: la medalla de Munar, el esquí de Ferrer y la felicitación al público italiano

Actualizado Domingo, 23 noviembre 2025 - 23:12

"Ahora siento más dolor que otra cosa", proclamaba Jaume Munar después de la derrota de España en la final de la Copa Davis, todavía con la medalla de subcampeón al cuello. En la ceremonia de entrega de la Ensaladera a Matteo Berrettini, Flavio Cobolli y compañía, los cuatro miembros del equipo español recibieron su metal y ninguno sintió el impulso de quitárselo rápido de encima. De eso nada. Eso no se hace.

Todos miraron, tocaron, cuidaron su medalla hasta el punto de que Munar salió del Bologna Fiere con ella puesta, después incluso de pasar por las duchas. "Está claro que hemos perdido una final, pero no lo veo como un drama. El equipo ha sido competitivo durante la semana, estoy muy orgulloso de todos ellos", comentó David Ferrer. Ese orgullo era compartido.

La derrota fue una lástima, el más apenado era Munar, que creyó cerca su victoria ante Cobolli, pero todos se conjuraron para valorar su logro. En 113 ediciones del torneo, España solo ha llegado 11 veces a la final y la ha ganado en seis ocasiones. No siempre puede ser.

Un abrazo colectivo

Pero el grupo confirmó una sensación: sí se puede. Después de la final, en rueda de prensa, no hubo ningún lamento por la ausencia de Carlos Alcaraz, pero hubo muchas promesas de futuro. Si a este grupo se le une el número uno del mundo no hay rival invencible, ni la Italia dominadora.

TIZIANA FABIAFP

"Necesito analizar con calma lo que ha ocurrido en este partido, pero me llevo un carro de ilusión para la Davis del año que viene", admitía Munar. "Este torneo me sirve para ver que si las lesiones me respetan todavía tengo el nivel para estar en el circuito", confesaba Pablo Carreño. "Ha sido una gran experiencia para el año que viene. Todos estarán listos", prometía Ferrer, que volvía a subrayar la unidad de grupo como arma para lo que vendrá.

Incluso en la derrota, cuando cada uno podía pasar la pena a solas, cuando podían culparse los unos a los otros, lo primero que hicieron fue fundirse en un abrazo colectivo.

La afición italiana

Y se despidieron de la pista italiana con una ovación. El público fue crucial en el partido ante Munar y Cobolli tanto que Carreño llegó a considerar que "si se hubiera jugado en España habría ganado Jaume", pero no existió ni una sola queja. Más bien todo lo contrario.

Los ánimos a los jugadores italianos que hacían que las gradas del recinto ferial se movieran eran lo que todos esperaban. La Copa Davis es esto. Tantas anécdotas habían escuchado de lo que ocurrió en Mar del Plata, aquello de tener a aficionados gritando en contra, que sólo pudieron disfrutarlo. "El público ha sido perfecto. Ha sido la atmósfera que esperaba. Les quiero felicitar", asumió Munar sin una pizca de ironía.

Luego todos compartieron sus planes de vacaciones en el mes sin tenis que ahora sí, por fin, se viene. "Yo ahora sólo quiero hacer bici e ir a esquiar", admitía Ferrer mientras otros hablaban de playas lejanas y de planes familiares. Pedro Martínez, por ejemplo, espera a su segundo hijo y tiene pendiente celebrar el segundo aniversario del primero, que fue precisamente este domingo.

Berrettini derrota a Carreño y obliga a España a otra gesta en la final de la Copa Davis

Actualizado Domingo, 23 noviembre 2025 - 16:40

Que sea épico. Si España debe ganar esta Copa Davis, no puede ser de otra manera: a contracorriente, desde la derrota, con un hilo de esperanza. O el carácter empuja a la Ensaladera o Italia la retendrá por tercer año consecutivo. Este domingo, en el primer partido de la final, Pablo Carreño cayó ante Matteo Berrettini por 6-3 y 6-4 en una hora y 17 minutos, y obligó al equipo a una nueva proeza. Ya lo hicieron en las rondas previas ante Dinamarca, ya lo hicieron en cuartos ante la República Checa. ¿Por qué no una vez más?

En el siguiente duelo, el líder español, Jaume Munar, intentará doblegar al número uno italiano, Flavio Cobolli. Si lo logra, todo quedará abierto para un último y decisivo encuentro de dobles. La lógica se inclina hacia Italia, pero Munar ya derrotó a Cobolli el mes pasado en Shanghái. El séptimo título de España todavía es posible. Que sea épico.

Berrettini era, en realidad, el mayor obstáculo de la eliminatoria: el punto más complicado. El italiano, de casi dos metros -1,96 de altura- ya no es el jugador que fue antes de aquella sucesión de lesiones, aquel finalista de Wimbledon 2021 que evocaba a Juan Martín del Potro. Pero sigue siendo un tenista formidable. Cada vez depende más de su saque, sí, pero qué saque. Ante Carreño, pese a un porcentaje relativamente bajo de primeros (63%), conectó 13 'aces' y no concedió ni una sola bola de break. Italia llega a esta Final a Ocho sin el tenis de Jannik Sinner ni Lorenzo Musetti, pero aun con ellos presentes es probable que Berrettini también hubiera encontrado su oportunidad.

En indoor, sobre superficie dura, su servicio es un arma absoluta. Y con esa certeza solo necesita paciencia. Carreño saltó a pista tan nervioso como su rival y, como él, cometió errores en los primeros puntos; pero en los momentos decisivos no dispuso de un saque que lo rescatara. En el primer juego del segundo set el español salvó dos bolas de rotura y recuperó la fe, pero Berrettini lo sentenció cuando consideró.