Yu Zidi se hace con un bronce en el 4x200 libre en los Mundiales de Singapur con sólo 12 años

Yu Zidi se hace con un bronce en el 4×200 libre en los Mundiales de Singapur con sólo 12 años

De pronto, y de modo doblemente indirecto, Yu Zidi se convirtió, a sus 12 años, en la medallista más joven de la historia en un Campeonato del Mundo. En la última prueba de la jornada, los relevos 4x200 libre, China (7:42.99) acabó en tercer lugar detrás de Australia (7:39.35) y Estados Unidos (7:40.01). Dado que Yu había participado en la semifinal, obtuvo oficialmente el derecho a recibir un metal doblemente indirecto por eso, por colectivo y por estar ella ausente en el envite definitivo. Pero si China estaba en el podio es porque Yu había contribuido a ello.

Mollie OCallaghan, que cerró el cuarteto australiano, y ya campeona en la prueba individual, se colgó otro oro. Katie Ledecky, que se peleó sin fruto con ella, pugnando por un imposible agarró con la plata su medalla número 29 en un Campeonato del Mundo. Abrumador.

Volvemos a Yu Zidi. Fue un gran día para la infantil sirena. Al comienzo de la jornada, en la final de los 200 mariposa, se quedó de nuevo, como en la de los 200 estilos, en la cuarta posición. No consiguió franquear la frontera que separa la nobleza de la realeza, pero su actuación está contribuyendo al recuerdo que permanezca del Campeonato. Aún le quedan los 400 estilos. Será difícil que, a su tierna edad, no acuse el esfuerzo. Pero quién sabe.

Summer McIntosh, la vencedora, estaba disgustadilla, a pesar de su tercer oro. Quería batir el plastificado récord de Liu Zige (o Zige Liu, que nunca sabemos muy bien dónde colocar los nombres y los apellidos chinos) que data de 2009 (2:01.81). Realizó 2:01.99. Regan Smith (2:04.99) y Elizabeth Dekker (2:06.12) ni la vieron. Yu Zidi (2:06.43) no acabó lejos de la australiana.

La jornada era golosa, con todas estas mujeres y con un par de hombres en liza: Léon Marchand y David Popovici. Y de lo goloso, implícito en todo lo atractivo, a lo glorioso, sobreentendido en todo lo triunfal, Marchand aplastó, bueno, ahogó a sus rivales. No batió el récord del mundo, pero realizó la segunda mejor marca de la historia (1:53.68), sólo superada por su récord en las semifinales. Shaine Casas (1:54.30) se acercó al tope estadounidense, hasta ayer mundial, de Ryan Lochte (1:54.00). Hubert Kos (Hungría) fue un bronce lejano (1:55.34). Los tres son discípulos de Bob Bowman, el muñidor de Michael Phelps.

Popovici, en los 100 libre, también cumplió los pronósticos y, también realizó la segunda mejor marca de todos los tiempos. Nadando como siempre, más conservador al principio y huracanado después, se plantó en unos 46.51 sólo superados por los 46.40 de Zhanle Pan (o Pan Zhanle, ya saben), eliminado en las semifinales. Jack Alexy también bajó de los 47 segundos (46.92). No así, un poco sorprendentemente, Kyle Chambers (47.17). Popovici es el rey de la velocidad. Participará asimismo en los 50, que le vienen algo cortos para su manera de nadar. Pero sus oros en los 100 y los 200 lo acreditan de sobra.

EEUU a velocidad de crucero

Doblete USA en los 50 espalda femeninos con Katharine Berkoff (27.08) y Regan Smith (27.25), muy amenazada por la china Letian Wan (27.30). Estados Unidos, superado el virus gastrointestinal que afectó al equipo, está alcanzando su velocidad de crucero.

Satisfacción española. Carles Coll se convirtió en el primer compatriota en acceder a una final, la de 200 braza. Y de qué manera, con el quinto mejor tiempo (2:08.49) de los elegidos. Batía de ese modo, de paso, el lejano primado de poliuretano de Melquíades Álvarez: 2:09.69 desde 2009. Carles nadó de modo muy regular (y regulador) en su semifinal. Dobló en primer lugar por los 50. En segundo por los 100. Y en tercero por los 100 para concluir también tercero. Dio la impresión de controlar la distancia y el cronómetro. De no emplearse a fondo.

Yu Zidi, la nadadora que a sus 12 años rompe una barrera infranqueable desde 1936

Yu Zidi, la nadadora que a sus 12 años rompe una barrera infranqueable desde 1936

La aparición de una niña de 12 años, la china Yu Zidi, en el gran escenario de la natación ha causado un impacto general que, en su difusión, ha llegado incluso a gente no interesada en el deporte. O particularmente en la natación. Y suscitado una reflexión o demandado una información acerca de los límites cronológicamente inferiores de la biología, allí donde el organismo humano se encuentra aún en sus primeras etapas de formación.

El deporte es, por encima de todo, una actividad física y, como tal, muy exigente. Mucho más practicado a máximo nivel. Cierto que existen deportes más propensos que otros a la precocidad. Es evidente que no se puede ser campeón mundial de boxeo o ganar el Tour en edades adolescentes. Otros deportes, como la gimnasia o la propia natación, según razones analizadas por la medicina, admiten con frecuencia la existencia de juventudes extremas en sus filas y sus éxitos. Especialmente en el caso de las mujeres, que se desarrollan antes y gozan de algunas características, como la flexibilidad, ventajosas respecto a las de los hombres.

En natación, Michael Phelps e Ian Thorpe, por ejemplo, estaban a altísimo nivel a los 15 y 16 años. Como bastantes mujeres, por otra parte, y nunca a la altura de algunas de ella. Pensemos en la australiana Shane Gould (Shane Gold), la única mujer que ha reunido todos los récords de estilo libre. En los Juegos Olímpicos de Múnich72 tenía 15 años y conquistó tres oros, una plata y un bronce. Y a los 16 se retiró.

La alemana oriental Rica Reinisch también contaba 15 años cuando conquistó el oro en los 100 y los 200 espalda, y en los 4x100 estilos, en los Juegos de Moscú80. Es verdad que no estaban las americanas. Pero no es menos cierto que, en las tres pruebas, se alzó el récord del mundo. Y en los 200 se lo arrebató a la estadounidense Linda Jezek. También se retiró a los 16 después de permanecer hospitalizada con inflamación crónica de ovarios a causa del bombardeo de esteroides a que había sido sometida durante la pubertad. Ante el peligro de quedar estéril, abandonó las piscinas.

De entre las nadadoras en activo, Katie Ledecky tenía esos mismos 15 años cuando fue campeona olímpica en Londres'2012. Y Summer McIntosh ya despuntaba a los 14. Tenían 14 la australiana Sandra Anne Morgan, la inmortal húngara Kristina Egerszegi y la japonesa Kyoko Iwasaki cuando fueron campeonas olímpicas. Morgan, en los 4x100 libre en Melbourne56. Egerszegi, en 200 espalda (y subcampeona en 100) en Seúl88. También ganaría en Barcelona92 y Atlanta96. En Barcelona, además, los 100. Iwasaki se coronó en Barcelona en los 200 braza.

El 2 de marzo, en los trials, la estadounidense Anita Nall había batido por dos veces, una por la mañana y otra por la tarde, el récord del mundo de la prueba. Tenía 15 años. El 21 de julio, seis días antes de la final olímpica, cumplió 16. E Iwasaki... 14. Sigue siendo la nadadora más joven en conquistar un oro en los Juegos (Nall fue tercera a tres centésimas de la plata, la china Lin Li). A su regreso a casa, a Numazu, en la Prefectura de Shizuoka, la homenajearon 70.000 personas.

Portentos adolescentes

Bien. Tenemos portentos adolescentes ganando medallas a los 14 y 15 años. Pero Yu Zidi, ¡por favor!, tiene 12, una diferencia enorme a esas edades en cuanto al desarrollo integral del cuerpo (y la mente). Y no cumple los 13 hasta octubre. Rompe los más madrugadores esquemas. ¿Hay precedentes? Sí. Uno. Inge Sorensen, una niña danesa que, con 12 años y 24 días (sólo 25 días antes, menos de un mes, tenía 11), accedió al bronce en los 200 metros braza en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936. La medallista de plata, la alemana Martha Geneger, contaba 14 años. Pero Sorensen, repitámoslo, 12.

Continúa siendo la nadadora más joven en conquistar una medalla olímpica. Fue campeona de Europa en Londres, en 1938 y la primera nadadora en bajar de los tres minutos en los 200 braza. La Segunda Guerra Mundial cortó su carrera. Se casó con un ingeniero, Janus Tabur. Tras el conflicto, emigraron a Sudáfrica, a Canadá y Estados Unidos. Murió en Nueva Jersey en 2011, a los 86 años. En su país era conocida como Lille henrivende Inge, la pequeña adorable Inge.

La irrupción de Zidi

Yu Zidi no ha ganado aún ninguna medalla. Pero, por acudir a referencias orientativas, y aunque los tiempos cambian a toda velocidad, con su marca en Singapur en los 200 estilos (2:09.21) hubiera sido quinta en los Juegos de París y en los de Tokio. Cuarta en los de Londres y tercera en los de Pekín. Por descontado, habría ganado en Atenas con, por ende, récord del mundo. Los tiempos cambian en la natación a velocidad de vértigo. Pero 200 metros siguen siendo 200; y el agua, agua.

En teoría, a Yu le aguardan muchas medallas, a no ser que la precocidad, por extrema, vaya en detrimento del futuro, incluso del cercano. El inminente es que, en este Singapur perplejo, ya se metió también en la final de los 200 mariposa. Con la octava marca, pero en la final, donde todo es difícil y nada es imposible. Le quedan en su cargado programa, mucho más para una niña, los 400 estilos. Yu Zidi mueve al asombro absoluto y a la total expectación. Ningún hombre ha nadado a los 12 años más rápido que ella.

Récord mundial de Marchand y de España para Hoek en Singapur

Actualizado Miércoles, 30 julio 2025 - 15:32

Cayó en el Campeonato, en las semifinales de los 200 metros estilos, el primer récord del mundo a manos del mejor, del más completo nadador del planeta Tierra, del planeta Agua: Léon Marchand. No lo batió. Lo desintegró. Devorando el agua en 1:52.69, una marca "disparatada", mandó al baúl de los recuerdos, por no decir, por respeto, al desván del olvido, el registro de 1:54.00 que Ryan Lochte mantenía desde 2011.

De una sola tacada, el francés se ha saltado las matemáticas, amerizando en 1:52 sin pasar por el 1:53. Si decimos que, probablemente, estamos ante la marca más valiosa de la natación, no exageramos.

Pararíamos aquí, emocionalmente saciados, si no tuviéramos que contar que Luca Hoek rompió por dos veces el récord nacional de los 100 libre. Primero en las series, con 48.23. Más tarde, en la semifinal, con 48.04. Era, con diferencia, con 17 años, el más joven de los semifinalistas.

Le sacan tres años los dos "monstruos" de la disciplina, los dos últimos plusmarquistas mundiales: David Popovici y Zhanle Pan, veinteañeros, pero no ya adolescentes. Hoek, enormemente ambicioso, sin miedo ni complejos, pasó primero en su semifinal por los 50 metros. Acusó el esfuerzo y no pudo sostener en envite. Terminó en la decimocuarta posición general. El corte para el acceso a la final se produjo en 47.64. Luca aún está algo lejos. Pero se halla en camino.

Volviendo a Marchand, recordemos que su récord se ha producido en una semifinal. Que pueda mejorarlo aún más en la final se ha convertido en una de las grandes preguntas para una de las grandes respuestas de la competición.

Katie Ledecky arrasa en el 1.500 en una carrera en la que compitió contra sí misma

Katie Ledecky arrasa en el 1.500 en una carrera en la que compitió contra sí misma

Herida, enrabietada, reivindicativa, aún dolida por su derrota en los 400, Katie Ledecky salió en los 1.500 a un ritmo brutal. Salvaje. Lani Pallister, la fondista australiana, optimista hasta lo utópico, trató de aguantarla. Pero era como intentar seguir a Pogacar. Un imposible. Un suicidio. Ambas volaban por debajo del récord del mundo. Las demás no aparecían en el plano, en la pantalla. Pero Pallister no aguantó y, finalmente, su excesivo esfuerzo, fruto sin fruto de su aplaudible ambición, le costó la plata ante Simona Quadarella.

Hasta los 1.300 mantuvo Ledecky el pulso consigo misma, con su récord del mundo de 2018 (15:20.48). Lo perdió (15:26.44). Pero su comportamiento contribuyó a una prueba de altísimo nivel en la que Quadarella batía el récord de Europa (15:31.79).

Y hablando de nivel, nunca hubo en los 100 espalda masculinos unos números mejores en un podio. Los tres primeros bajaron de los 52 segundos: el sudafricano Pieter Coetze (51.85, tercera mejor marca de todos los tiempos), el italiano Thomas Ceccon (51.90), plusmarquista mundial con 51.60, y el francés Yohann Ndoye-Brouard (51.92, récord nacional). Kliment Kolesnikov lideró la prueba hasta los últimos 20 metros. Iba demasiado aprisa y se hundió hasta el quinto puesto.

Regan Smith (USA) y Kaylee McKeown (Australia) se han estado arrebatando la una a la otra en los últimos años, desde 2019, el récord mundial de los 100 espalda, que ahora ostenta Smith con 57.13. Pero, en las máximas competiciones, la australiana le tiene comida la moral a la estadounidense. Y casi, esta vez, además, le vuelve a quitar la plusmarca.

Ganó con 57.16. Smith se quedó en 57.35 y mantuvo la plata ante la otra americana Katharine Berkoff. En ese equipo americano afectado por la intoxicación alimentaria, las mujeres están solventando la papeleta mejor que los hombres. O estaban menos afectadas en virulencia o en número, o se han recuperado más rápidamente.

David Popovici, el favorito, se impuso en los 200 libre. El rumano repartió muy bien los esfuerzos y remontó en el último largo. Fue muy fuerte y muy inteligente. Tocó la pared en 1:43.53, por delante del estadounidense Luke Hobson (1:43.84) y el japonés Tatuya Murasa (1:44.54). El récord del mundo de Paul Biedermann (1:42.00) se mantiene bastante tranquilo desde 2009, cuando la Era del Poliuretano. Es uno de los pocos topes que sobreviven desde entonces. Pero si alguien puede romperlo, ese es Popovici. Lleva unos años en la cumbre. Pero sólo tiene 20.

La última final de la jornada, los 100 braza femeninos, fue también la de la gran sorpresa hasta ahora de la competición. Para empezar, se habían quedado a las puertas la plusmarquista mundial, Lilly King, y la doble campeona del mundo, Ruta Meilutyte. La ocasión la aprovechó la inesperada alemana Anna Elendt, plata en Budapest 22, es cierto, pero no una estrella en el conjunto de la disciplina.

Ganó, por añadidura, nadando por la calle 1. Una rareza. La piscina estaba entre embelesada y excitada contemplando la pugna por las calles centrales de Kate Douglass y Qianting Tang. Y, de pronto, se dio cuenta de que la vencedora estaba fuera de su foco visual. Elendt, una joven de 23 años, de tez morena y rasgos meridionales, realizó 1:05.19. Douglass, 1:05.27. Y Tang, 1:05.64.

Fracaso español

Ningún español pasó a las semifinales de sus pruebas. Al menos, aunque flojas, Emma Carrasco (200 estilos) y Carmen Weiler (100 espalda) nadaron las de las suyas. Pero esta vez ni Nil Cadaval, en los 50 braza, ni Arbidel González, en los 200 mariposa, se acercaron a la frontera que separa las series de las "semis". Cadaval (27.90) no se aproximó a su récord nacional (27.50). La empresa, por otra parte, estaba difícil: el corte se hizo en 27.20. Arbidel marcó 1:56.48, bastante lejos de su tope nacional (1:54.99). De haberlo repetido, o de haberse acercado, habría entrado sin problemas en esas semifinales. El corte se produjo en 1:56.35.

En la tradicional, eterna lucha entre Estados Unidos y Australia que sigue dando lustre a la natación, manda hasta ahora Australia. Acopia seis medallas por 10 de Estados Unidos. Pero una más de oro (tres por dos). El oro... Esa fiebre, esa quimera.

Yu Zidi, una nadadora china de 12 años, se lleva los focos en el segundo oro de McIntosh

Yu Zidi, una nadadora china de 12 años, se lleva los focos en el segundo oro de McIntosh

Primero se irguieron olfateando el aire y luego, tras ocupar su poyete, se inclinaron venteando el agua dos mujeres muy jóvenes. Bueno, una mujer muy joven y una niña. Una canadiense de 18 años llamada Summer McIntosh y una china de 12 de nombre Yu Zidi. El instituto lindando con la universidad al lado del cole, o como sea y se organice la educación en China. En la Corte de la Natación, la reina y la damita de honor. Una especie de menina de ojos rasgados.

Cuando acabó la prueba (nos resistimos a decir "carrera"), los 200 metros estilos, McIntosh era medalla de oro, su segunda, tras la de 400 libre. Y Yu, de "chocolate", un material más apropiado para una criaturita de esa edad, a la que imaginamos más con los morros manchados de tan deliciosa sustancia que mordiendo metal.

McIntosh, la máxima atracción del Campeonato, aspira a cinco oros individuales. Antes de cada final hay una serie y una semifinal. Mucho tute, mucho trajín acumulativo. Así que la canadiense está nadando sin emplearse a fondo para aguantar el envite. La apretó un poco Alex Walsh en la braza, el estilo menos bueno de Summer, un nombre luminoso y rubio. Incluso así, venció con mucha ventaja (2:06.69) sobre Walsh (2:08.58) y la otra canadiense, Mary-Sophie Harvey (2:09.15).

Yu Zidi terminó, pues, cuarta a sólo seis centésimas del bronce. Una hazaña en sí misma. Una aceptada invitación al asombro. Sus 2:09.21 son mejores que el récord de España de Mireia Belmonte (2:09.45). Nada menos. Unos números que le valieron un bronce a Mireia en el Mundial de Barcelona. Viniendo de la séptima posición, en el último largo, el de libre, sólo empleó una centésima más que McIntosh. La volveremos a ver, en principio, en los 400 estilos y en los 200 mariposa. El interés deportivo y antropológico por seguir su trayectoria crece exponencialmente. Y no parece que vaya a ser defraudado.

El primer oro estadounidense de los Campeonatos llegó, en los 100 mariposa femeninos, de la mano de Gretchen Walsh, hermana de Alex y recuperada de la gastroenteritis que ha mermado al equipo. Y lo hizo a lo grande, con 54.73, la segunda mejor marca de la historia, sólo por detrás de su récord del mundo (54.60). Aglutina los ocho mejores registros de siempre. Se quitó una espinita. Dominadora de la especialidad, sólo pudo ser segunda en París y nunca había ganado un Mundial en piscina larga. En corta sí.

Las otras dos finales de la jornada, los 50 mariposa y los 100 braza masculinos coronaron, respectivamente, el francés Maxime Grousset (22.48), uno de los escuderos de Léon Marchand, y el chino Haiyang Qin (58.23).

No pudo pasar Carmen Weiler a la final de los 100 espalda, donde sí estarán, obedeciendo la lógica, Kaylee McKeown y Regan Smith. La española, de 20 años, nadó peor que en el Campeonato de España y que en las series. Con 59.92 ocupó el puesto decimosegundo en el total de participantes. Nacida en Bangkok y criada en Singapur, no pudo ser profeta en "su" tierra. Veremos qué tal se comporta en los 200 espalda.

Causaron muy buena impresión, en las semifinales de 200 libre David Popovici y Luke Hobson. Igual que, en los 100 espalda, Kliment Kolesnikov, ruso sin himno ni bandera, y Thomas Ceccon. No en balde Kolesnikov es el plusmarquista mundial de los 50, y Ceccon el de los 100. El de 200 sigue siendo Aaron Peirsol desde los Mundiales de Roma, en 2009, en el frenesí orgiástico de los bañadores de plástico.

Van Aert reina en Montmartre para despedir el cuarto Tour de Pogacar

Van Aert reina en Montmartre para despedir el cuarto Tour de Pogacar

Wout van Aert, vencedor de la etapa, fue, por así decirlo, el hombre del día. Tadej Pogacar, vencedor del Tour, fue, en compañía del belga, también el del día. Pero, en gloriosa soledad, el de la semana, el del mes y el del año. Aunque ya no corriese más en lo que queda de temporada, el Tour, por encima de sus otros éxitos estacionales, que no son ni serán pocos, lo ha entronizado en 2025.

Es un ciclista de época. De todas las épocas, peleando a codazos contra Hinault y Coppi para adelantarlos en el conjunto de sus trayectorias y continuar persiguiendo a Merckx, en la grandeza inmarcesible de la del belga. Pogacar es hasta ahora un corredor para la historia. Merckx, para la eternidad. Pogacar, para la fama. Merckx, para la inmortalidad. En una comparación puntual, orientativa, en absoluto concluyente, Pogacar ha ganado su cuarto Tour a los 26 años. Merckx se llevó el suyo a los 27. Pero también es cierto que Eddy le lleva a Pogi algunas ventajas en otros dominios. Veremos en qué pinta el futuro.

Amenazaba lluvia (llovió a cántaros) y la organización decidió tomar los tiempos en el cuarto paso por el circuito de los Campos Elíseos antes de las diversas ascensiones por la empinada y pedregosa colina de Montmartre. Y, descendiendo de nuevo, con la meta en los mismos Campos. No tenía por qué, y mucho menos en un peligroso circuito como un espejo húmedo. No había necesidad. Pero, en un ejemplo de inmensa dignidad profesional, Tadej, en las distintas subidas a Montmartre, 1,1 kms. al 6% de gruesos adoquines con anchos intersticios, una especie de clásica urbana, rompió la carrera. Luego la destrozó. Su fuerza y su determinación formaron un grupo con él mismo, Van Aert, Mohoric, Jorgenson, Trentin y Ballerini. En la última ascensión trató de irse de los demás. Pero fue Van Aert, poderoso, resurrecto, quien lo consiguió para llegar en solitario.

Avanzaba con menos de 20º, un anticipo del otoño, el precoz crepúsculo parisino bajo una nube negra. Pero el sol textil del "maillot" de Tadej Pogacar iluminaba el panorama. El Tour rendía armas al joven portento esloveno, y éste rendía homenaje a la vieja "Grande Boucle". Ambos, agradecidos, se engrandecían mutuamente. Ambos, satisfechos, se enriquecían con su entrega recíproca. Todo triunfo prestigia a la persona y el escenario. Y no hay en el ciclismo un escenario más imponente que el Tour. Y no hay ciclista más brillante que Pogacar.

Según sus palabras y, en definitiva, algunos de sus momentos en carrera, casi más intuidos que comprobados, Tadej, también Rey de la Montaña, ha acabado "fundido". Faltaría más. Pero quién lo diría viendo también algunos de sus comportamientos. Estaría exhausto, sí. Pero menos que el resto. Su descanso es el cansancio de los demás. Su fatiga, la agonía de los otros. Todos, Pogacar en especial, estaban contentos. Unos, los menos, por triunfadores aquí o allá, de esto o aquello. Todos, por supervivientes. Cualquier carrera profesional expide el certificado de ciclista. El Tour añade el de héroes.

Summer McIntosh da buen inicio a su plan de cinco medallas de oro en Singapur

Summer McIntosh da buen inicio a su plan de cinco medallas de oro en Singapur

Incluso sin Ariarne Titmus, en barbecho postolímpico, el primer gran duelo de los Campeonatos, los 400 libre femeninos, entre Katie Ledecki y Summer McIntosh, tuvo enorme interés, pero ningún color. La joven y gentil canadiense, de todavía 18 años (cumplirá 19 en agosto), nadando en conserva, aplastó (3:56.26) a la estadounidense, que con 3:58.87 cedió la plata a la china Li Bingjie (3:58.21).

McIntosh ha empezado con el mejor pie su ambicioso proyecto de cinco oros individuales. Poco después entró en la final de los 200 estilos, sacando de foco a las demás. Entre la expectación general, la párvula china Yu Zidi, de 12 años, una de las atracciones de los Campeonatos, también accedió a la final. No así Emma Carrasco.

A diferencia de McIntosh, en la prueba masculina de los 400 libre, Lukas Maertens, plusmarquista mundial y campeón olímpico, la gran estrella de Alemania, sufrió para doblegar (3:42.35) al australiano Sam Short (3:42.37).

Pueden existir alegrías dentro de las decepciones. Y viceversa. En la decepción de los relevos masculinos 4x100 libre, eliminado el equipo con 3:14.34, Sergio de Celis en la primera posta, la que valida la marca individual, proporcionó la alegría de batir el récord de España. Rebajó en una centésima (48.24) el reciente tope de Luca Hoek. Aquí tenemos, dentro del Mundial, una interesante pugna local a resolverse en el lance individual. Sobre todo, teniendo en cuenta, además, que Hoek nadó su tramo en menos de 48 segundos.

Parte del equipo estadounidense, sin especificar los nombres, fue víctima de una intoxicación alimentaria durante su concentración, previa al Mundial, en Tailandia. Las secuelas, en forma de "gastroenteritis aguda", según fuentes de la delegación americana, explicarían las incomparecencias de Torri Huske en los 100 mariposa (luego nadó los 4x100 libre, pero se hundió en los segundos 50) y Claire Wenstein (400 libre). También aclararía la clara y temprana eliminación, también en los 400, de Luka Mijatovic. No pudimos ver a la perla adolescente USA, que, a sus 16 años, ha superado las marcas de 14, 15 y 16 de Michael Phelps e Ian Thorpe.

Con Huske mermada y en ausencia, probablemente también intoxicada, de Gretchen Walsh, cedió el oro Estados Unidos (3:31.04) a Australia (3:30.60) en esos 4x100 libre. Y el extraño cuarteto masculino USA, quizás también alterado por la intoxicación, sólo pudo ser bronce tras Australia, con un imperial relevo final de Kyle Chalmers en menos de 47 segundos, e Italia.

Luca Hoek, una bala de 17 años para la natación española

Luca Hoek, una bala de 17 años para la natación española

«No puede entrar a ver una película de Brigitte Bardot. Para recibir el sueldo, los billetes con los que le pagan, su padre tiene que actuar en su nombre». Esto escribía Nelson Rodrigues, uno de los más influyentes periodistas de Brasil, acerca de un muchacho de 17 años que no podía acceder a nada de eso y, sin embargo, podía marcar dos goles en la final de un Mundial y tres en la semifinal. Ese muchacho era Pelé.

Luca Hoek Le Guenedal sí puede ver una película de Brigitte Bardot, pero no puede votar, ni conducir, etc., porque, al igual que Pelé entonces, es menor de edad. Tiene también 17 años, cumplidos en marzo. No puede hacer nada de eso, pero sí competir en el Mundial de Natación que se celebra en Singapur e ilusionar al aficionado español.

Luca, sin embargo, era francés hasta hace dos años y competía como infantil por Francia, el país de su madre. A su padre, neerlandés, lo trajeron tempranamente los abuelos a Sitges y allí, ya mayorcito, conoció a mademoiselle Le Guenedal. Luca nació en Sant Pere de Ribes, a cinco kilómetros de Sitges, y empezó en la natación como actividad extraescolar. A los nueve años, descubierto por Emilio Huete, pasó a entrenarse en el Club Natació Sitges.

marcas excepcionales

Ben Titley, el reputado técnico británico, ex técnico de estrellas como Summer McIntosh, Kylie Masse o Penny Oleksiak, responsable del CAR de Sant Cugat, lo reclutó para el Centro, lo incluyó en una concentración del equipo nacional con gente como Mireia Belmonte y Hugo González, y lo convenció para que adoptara la nacionalidad española. No tuvo que insistir mucho. Luca, que ha pasado a segundo de Bachillerato, seguirá en el CAR durante todo este ciclo olímpico y después ya decidirá dónde y qué estudiar.

Su irrupción en la natación nacional ha sido la de un maremoto, con marcas excepcionales a los 15 y 16 años. Para el gran público ha aflorado a los 17. Brilló en los trials de junio, que le proporcionaron el pasaje a Singapur y explotó en el Europeo Júnior, del que salió con dos oros (100 libre y relevo mixto 4x100 libre) y dos bronces (50 libre y 4x100 estilos). En el 4x100 libre mixto realizó, en el primer tramo, 48.14, por debajo del récord absoluto de España de Sergio de Celis (48.34). La marca no fue homologada al ser establecida en una prueba mixta.

Horas después dejó el primado en 48.25. Y, además, rompió el de los 50. Lo esculpió en 21.99, borrando los 22.04 que ostentaba Javier Noriega desde 2009, cuando Luca tenía un añito, en los tiempos del poliuretano. Se convertía de ese modo en el séptimo nadador de la historia menor de 18 años en nadar los 50 por debajo de los 22 segundos. Luca, que se mira en el espejo de David Popovici, es, pues, un velocista puro que, mientras va fortaleciendo un cuerpo todavía en formación, no se va a prodigar en los 200. En Singapur nadará los 100 y los relevos 4X100 libre. Es algo atrevido, pero no descabellado, colocarle en la final individual. Tendría, probablemente, que bajar de los 48 segundos. No es imposible, dada su progresión. Para el equipo es más factible entrar entre los ocho primeros.

Luka Hoek, con una de sus medallas.

Luka Hoek, con una de sus medallas.RFEN

María Daza, también aún de 17 años (cumplirá 18 en agosto), brilló asimismo en esos Europeos Júniors con dos oros (4x100 libre y 4x100 libre mixto) y dos platas (100 y 200 libre). Como curiosidad, la espaldista Carmen Weiler Sastre (20 años), que nadó los 100 en los Campeonatos de España en un registro (58.83) que le hubiera supuesto el quinto puesto en París, creció en Singapur.

Una mujer de mundo. Hija de padre alemán y madre española (valenciana), nació en Bangkok, se crió, como decimos en Singapur, y reside en Estados Unidos, donde estudia Ciencias Biológicas en el Instituto Politécnico de la Universidad Estatal de Virginia. Un buen sitio para estudiar y nadar. Al mando de la piscina figura Sergi López, un prestigioso técnico, afincado desde hace muchos años en EE.UU. y cuyas enseñanzas han contribuido a forjar grandes campeones. Sergi, bronce en los 200 braza en los Juegos de Seúl88, fue cocinero antes que fraile. Carmen está en buenas manos.

Las grandes estrellas toman la piscina en el Mundial: Marchand más allá de París, rusos sin bandera y una china de 12 años

Las grandes estrellas toman la piscina en el Mundial: Marchand más allá de París, rusos sin bandera y una china de 12 años

Desde este domingo 27 hasta el 3 de agosto se desarrollará la natación pura, la clásica, en los Mundiales de Deportes Acuáticos (World Aquatics Championships), que comenzaron el pasado día 11 en Singapur con el resto de especialidades. En los años postolímpicos suelen relajarse los deportes más importantes, aunque no sólo ellos, de los Juegos. Se produce algo así como una relajación de los cuerpos y las mentes después de tanta tensión, tanta presión, tanta ansiedad, tantas emociones.

Además, los calendarios siguen todavía reajustándose a causa del desbarajuste general provocado por la pandemia. Los Mundiales de Natación, programados para celebrarse cada dos años, se aprietan en el tiempo. En 2022 se celebraron en Budapest. En 2023, en Fukuoka. En 2024, en Doha. A partir de este Singapur 2025 recobrarán su bienal periodicidad con las ediciones ya designadas de 2027 (de nuevo Budapest) y 2029 (Pekín).

Ausencias un año después de los Juegos

Así que, entre la depresión post-Juegos y los sucesivos agobios anuales, van a faltar algunas máximas figuras en la próspera ciudad-Estado del Sudeste asiático. Se conceden un respiro físico y mental, por ejemplo, tres fenómenos como el húngaro Kristóf Milák, el estadounidense Caeleb Dressel y el británico Adam Peaty. Está embarazada Sarah Sjöström, la «reina» de Suecia, que espera en agosto su primer hijo. En la radiante galaxia femenina australiana, se toma un año sabático Ariarne Titmus. Y Emma McKeon ha decidido retirarse de las piscinas de competición.

Pero el catálogo de comparecientes abruma. Estados Unidos aporta a Luke Hobson, Bobby Finke, Shaine Casas, Michael Andrew, Carson Foster, Torry Huske, Kate Douglass, Simone Manuel, Gretchen Walsh, Katie Ledecky, Regan Smith, Lilly King...

Australia acude con Kyle Chambers, Cameron McEvoy, Mollie OCallaghan, Kaylee McKeown... Otros países derraman estrellas. Para abreviar, eligiendo un solo nombre por país, hombre o mujer, brillan Zhanle Pan (China), David Popovici (Rumanía), Lukas Maertens (Alemania), Thomas Ceccon (Italia), Benjamin Proud (Gran Bretaña), Ruta Meilutyte (Lituania)... Y, obviamente, Léon Marchand y Summer McIntosh. El francés y la canadiense forman la pareja estelar del Campeonato. Su máxima expresión. La 'crème de la crème'.

La canadiense Summer McIntosh.

La canadiense Summer McIntosh.OLI SCARFFAFP

Marchand nadará las mismas pruebas que le proporcionaron los correspondientes oros en París: los 200 mariposa, los 200 braza y los 200 y 400 estilos. McIntosh, aún con 18 años (cumplirá 19 el 18 de agosto), se atreverá, según sus hazañas en los 'trials' canadienses, con cinco: las dos de estilos, los 400 y 800 libre y los 200 mariposa. En París ganó la mariposa y los dos estilos. Y fue plata en los 400 libre, en la llamada, aunque en natación no se corra, «carrera del siglo», dominada por Ariarne Titmus y con Katie Ledecky en el bronce. Titmus estableció entonces un récord del mundo que McIntosh le ha arrebatado este año, en junio, en esos 'trials' canadienses.

A causa de las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania -ocioso es recordarlo-, los Campeonatos, destinados a celebrarse en Kazán, fueron «desviados» a Singapur. Los nadadores rusos no pueden participar como tales. Pero 30 de ellos (18 hombres y 12 mujeres) son de la partida como NAB (Neutral Athletes B), sin derecho a la bandera y el himno nacionales. No forman una expedición cualquiera. Hay mucho talento ahí. Especialmente en los casos de Kliment Kolesnikov, plusmarquista mundial de los 50 espalda, y Evgenyia Chikunova, 'recordwoman' de los 200 braza. Kolesnikov renunció a París porque no estaba de acuerdo con semejantes condiciones de participación. Pero se lo ha pensado mejor esta vez.

Desde una guardería china situada en las controvertidas profundidades no sólo deportivas del gigante amarillo, aparece Yu Zidi, una niña de 12 años, especialista en 200 mariposa y en 200 y 400 estilos. Se entrena en la ciudad de Hengschui, al sur de Pekín, en la provincia de Hebei, y ha nadado en tiempos de finalistas olímpicas y mundiales. World Aquatics (la Federación Internacional) establece los 14 años como edad mínima para competir en los grandes eventos. Excepto en casos excepcionales, sostenidos por las marcas. Y a fe que éste lo es. La precocidad ha sido siempre una de las características de la natación. Pero Yu Zidi se encuentra en un estadio cronológico previo a la precocidad: en la mismísima infancia. En la descripción de sus capacidades, baste decir que, a su edad, a esos 12 insólitos años, Summer McIntosh, un auténtico prodigio tempranero, nadaba en registros bastante peores.

España, sin Hugo González

España envía a Singapur una delegación de nueve hombres y siete mujeres, sin Hugo González, vigente campeón mundial de 200 espalda, en baja forma tras la descompresión olímpica, su traslado de Estados Unidos a Tarrasa y los cambios en sus programas de entrenamiento. Tampoco es de la partida, naturalmente, Mireia Belmonte, aún oficialmente en activo. Sí, en cambio, repescado, Carles Coll, campeón mundial de los 200 braza en piscina corta. El equipo es joven, con las sensaciones de Luca Hoek (17 años) y María Daza (18 en agosto), que traen oros de los Europeos júniors, en los que también destacaron Jimena Ruiz y Estella Tonrath.

Estados Unidos reúne históricamente 606 medallas (254-205-147), por delante de Australia, con 278 (101-107-70). España ocupa la decimoctava posición con 18 (5-7-6).

Florentino Pérez: demasiado solo para ganar, demasiado fuerte para perder

Florentino Pérez: demasiado solo para ganar, demasiado fuerte para perder

Se acaban de cumplir 25 años del acceso de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid. No, aún, 25 años en el ejercicio del cargo. Son unas Bodas de Plata en sentido laxo. Florentino dimitió en 2006, arrepentido de haber consentido demasiado a los Galácticos, para regresar en 2009.

El episodio estableció una fractura no sólo temporal en el llamado florentinato, un reinado, una abdicación y una restauración. El presidente, escarmentado, se volvió menos paternal, y más autoritario y desconfiado. También, en la cima de su poder recobrado, más intransigente. Derivó hacia pensamientos y comportamientos disconformes con las opiniones y decisiones ajenas, convertidas por principio en equivocadas.

Trajo al Madrid una empresarial mentalidad calvinista y de marketing a partir de la cual fijar la política deportiva. Convirtió al Madrid en una máquina de gastar dinero, a veces de malgastarlo, y otra de ingresarlo, en ocasiones a espuertas. La búsqueda del equilibrio y, si cabe, el beneficio es para la casa una necesidad desviada en obsesión que conduce a desbarres como la Superliga. Un proyecto compartido con un socio que es una rémora. Un bulto sospechoso aferrado a su propia y fraudulenta financiación singular.

En conjunto, la dimensión de Florentino, un nombre que no necesita apellido, sólo es comparable a la de Bernabéu, un apellido que no necesita nombre. Lo que Bernabéu ideó y creó, Florentino lo ha ampliado y extendido. Dos gigantes, cada uno a su estilo y en su época. En interpretación olímpica, equivaldrían a Coubertin y Samaranch.

Hoy el Gran Jefe Blanco es un francotirador y su tribu un islote (¿oasis?) en la cima de un fútbol secuestrado por jeques y magnates ajenos a su esencia y geografía. Arribistas y advenedizos que sólo han dejado a la hinchada, simbólicamente, la propiedad emocional de los escudos. Florentino afirma con excesiva rotundidad para los tiempos que corren que mantendrá el club en poder de los socios. Está demasiado solo para ganar, pero es demasiado fuerte para perder. Y al revés.

De la resolución de esta paradoja reversible dependerá en gran medida el discurrir del Madrid por las profundidades de siglo XXI de nuestros pecados y nuestras penitencias. Un largo camino a través de un mundo rediseñado por la inteligencia artificial. Un oxímoron, una contradicción que está empezando a dirigirlo sin mejorarlo.