En el entorno de Carolina Marín cuentan que no lo esperaba. La china He Bing Jiao, su rival en las fatídicas semifinales de los Juegos de París en las que volvió a romperse la rodilla, subió al podio a recoger su plata -perdió en la final-, con un pin de España. Un bonito homenaje. Una sorpresa porque Jiao no tenía mucha relación con Marín y porque la cultura china no es muy dada a este tipo de expresiones. “Podéis imaginar cómo está, pero ha visto la fotografía de Jiao y le ha emocionado“, comentan quienes la conocen.
La jugadora aterrizó este lunes en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, y allí la recibió un grupos de aficionados que le dedicó una ovación y la vitoreó: “¡Campeona, campeona!”. “Todavía no he podido ver todo (refiriéndose a las muestras de cariño), pero quiero dar las gracias a todo el mundo. Estoy destrozada, no puedo decir otra cosa. Me voy ahora mismo al hospital y a ver qué sale. No sé si me tienen que operar, voy directamente al hospital y ahí tomaremos decisiones. Gracias por el apoyo”, dijo ante los medios que la esperaban en la terminal.
Durante toda la mañana se estuvo haciendo pruebas en la Clínica CEMTRO, donde fue operada las dos veces anteriores, por el doctor Pedro Guillén. Las primeras exploraciones, realizadas en el centro médico de la Villa Olímpica, apuntaban a una rotura del ligamento cruzado de la pierna derecha, aunque no se hará oficial hasta que haya un diagnóstico seguro. Marín se rompió por primera vez ese ligamento de esa misma rodilla a principios de 2019, en Indonesia. Luego, dos meses antes de los Juegos de Tokio 2020 sufrió la misma lesión, pero está vez en la rodilla izquierda y con afectación también al menisco.
Desde el mismo entorno de Marín aseguraban que ni tan siquiera habían valorado la opción de recibir una medalla de bronce honorífica y que esa iniciativa, si realmente existía, no había salido de ellos.
«Yo también puedo ver similitudes, sí, sí», reconocía hace unos días Carlos Alcaraz, al tiempo que se defendía: «Pero no pensé en copiar a Novak [Djokovic], simplemente salió así».
Desde que llegó al circuito ATP, Alcaraz ha aprovechado cada pretemporada para perfeccionar su saque. Cuando celebró su primer Grand Slam en el US Open de 2022 se frenaba hasta dos veces antes de golpear; al año siguiente pasó a hacer únicamente una parada; y la temporada pasada adoptó un movimiento más fluido, sin pausas, muy directo. Fue un éxito. Más puntos ganados con el primer servicio -del 73% al 74%-, más aces por partido -de 3,9 a 4,8- y, más allá de los números, mayor confianza. En su triunfo en el último US Open sobre Jannik Sinner, por ejemplo, el saque fue su argumento más sólido.
Pero aun así, el pasado diciembre quiso introducir algún retoque de la mano de Samuel López. Los cambios de años anteriores le habían dado más potencia, pero también le habían restado fiabilidad. Cada vez tenía que recurrir más al segundo saque -el porcentaje de primeros cayó hasta el 63%- y esa tendencia podía llevarle a problemas en determinados encuentros. Ahí entró en juego Djokovic.
El mayor problema que Alcaraz tenía al sacar era el toss, es decir, el lanzamiento de la pelota al aire antes del impacto. Había días en los que subía recta y firme, pero en otros le bailaba y no encontraba la manera de controlarla. Por ello, en la Carlos Alcaraz Academy, López le propuso dos pequeñas variaciones como remedio. Ahora el número uno del mundo se prepara colocando la pelota sobre la raqueta para sentirla antes de propulsarla. Y, al hacerlo, ejerce la fuerza con delicadeza, con la muñeca hacia abajo en lugar de hacia arriba. Son dos detalles mínimos, pero llamativos: es lo que lleva haciendo Djokovic toda la vida. Ahora el saque de Alcaraz se parece al del serbio. Se parece mucho. Se parece muchísimo.
PAUL CROCKAFP
«En cuanto vi el saque de Carlos, le envié un mensaje diciendo: 'Debemos hablar sobre los derechos de autor'. Y el otro día, cuando llegamos aquí a Melbourne, le comenté que hay que empezar a hablar de royalties. Por cada ace que haga en el torneo, espero un homenaje. A ver si cumple el acuerdo», bromeaba Djokovic el lunes, después de que el propio Alcaraz admitiera «ver similitudes». «Hay golpes que no he cambiado nunca, pero siempre estoy mirando cómo mejorar mi saque. Prácticamente cada año he introducido algún detalle nuevo. Si me comparo con mi versión de hace cinco años, lo más diferente técnicamente es el saque, eso seguro», aseguraba este miércoles Alcaraz.
Una arma para este torneo
Un análisis certero de los efectos del cambio exige meses, pero en los dos partidos que ya ha disputado en el presente Grand Slam el español ha empezado a encontrar resultados. En el debut ante Adam Walton, su porcentaje de primeros se elevó hasta el 67% y apenas sufrió con el saque -aunque cedió un break en la única opción en contra-. Y este miércoles, frente a Yannick Hanfmann, su servicio le sostuvo en un primer set muy incómodo. Al final venció por 7-6(4), 6-3 y 6-2, y este viernes, en tercera ronda, se medirá a Corentin Moutet, un tenista extravagante que volverá a poner a prueba armas como su saque.
Ante Hanfmann quedó en evidencia que, después de dos meses de parón, el español todavía está en busca de ese no sé qué que te da la competición. Apareció nervioso, perjudicado por el cambio de horario -debutó de noche y esta vez jugaba al mediodía- y molesto por el fuerte viento que soplaba en Melbourne. En el primer set, un periodo que se alargó durante 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a cometer varios errores no forzados y muy pronto se vio con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.
Hubo un buen tramo en el que no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar con rapidez y, en el juego siguiente, todo empezó a funcionar.
Una canasta, muchas canastas, y un rebote, y otro, ahora un tapón, y un triple e incluso hasta algún mate porque ya lleva dos esta temporada: Mariam Coulibaly está imparable. En la actual Liga Femenina es la máxima anotadora con muchísima diferencia -23,1 puntos-, la máxima reboteadora con mucha diferencia -10,5 rebotes- y casi siempre la mejor jugadora de la jornada. Si sigue igual, referente de un Joventut de Badalona en playoffs, este año no sólo será MVP, también superará los registros de estrellas como Sancho Lyttle o Astou Ndour. Pero pocos conocen la historia que calla entre felicitaciones y elogios. Hace apenas un año, Coulibaly, jugadora de 27 años nacida en Mali, había dejado el baloncesto y lloraba una dura pérdida personal.
¿Qué ocurrió?
Quería ser madre y decidí aparcar mi carrera un tiempo. Necesitaba un tratamiento de fertilidad, mi pareja vive en Mali y era complicado que viniera a España, así que decidimos hacerlo en Túnez. Allí es más sencillo y hay buenos centros médicos. Me quedé embarazada, pero al final no salió bien. Perdí al bebé. Me marché a Mali y, la verdad, durante un tiempo pensaba que no volvería a jugar. No quería.
El baloncesto era lo de menos.
La verdad es que sí. Además gané mucho peso, unos 30 kilos, y sabía que necesitaría mucho, mucho trabajo para volver a jugar. Pero después fue una manera de ocupar el tiempo. Allí en Mali empecé a entrenar con mis hermanos, a ir al gimnasio, a ponerme en forma, y en primavera me llamó Miqui [Miquel Calderón], que había sido mi entrenador en el Sant Adrià y ahora está conmigo en el Joventut. Me preguntó por cómo me encontraba y me dijo que la Penya necesitaba a una pivot si yo quería volver a jugar.
¿Ha cambiado como jugadora?
Ahora me noto mucho más fuerte. Siento que no me pueden parar, estoy poniendo toda mi fuerza en el baloncesto. Vine a España pronto, empecé la pretemporada un mes y medio antes que el resto y me centré mucho en mejorar mi juego. Después de lo que ocurrió, quiero ver hasta donde llega mi carrera. Mi familia me ayuda mucho, siento su apoyo en todo momento.
David RamírezAraba
Coulibaly, de Bamako, empezó a jugar a baloncesto siguiendo los pasos de su hermana mayor, Naignouma, ex del Spar Girona, y destacó por primera vez en el Mundial sub-17 de 2014, donde se enfrentó a la Estados Unidos de Katie Lou Samuelson. A los 18 años, a través del representante de su hermana, consiguió una prueba en el Spar Gran Canaria y así empezó una carrera en equipos modestos de la liga. Hace tres años, en el IDK Euskotren de San Sebastián debutó en playoff de la Liga Femenina y se asomó entre las mejor valoradas, pero fue entonces cuando decidió dejarlo para ser madre.
"Cuando llegué a los 30 lo volveré a intentar"
«Mi hermana Naignouma se había quedado embarazada y yo quería también quería ser madre, así que pensé que era el momento», recuerda en conversación con EL MUNDO en el centro de la pista del Palau Olímpic de Badalona, donde ahora es ídolo. El año pasado el Joventut logró por primera vez un ascenso a Liga Femenina y este curso Coulibaly -junto a su compatriota Gnere Dembele, también interior- ha hecho que el equipo se mantenga lejos del descenso, ahora mismo octavo en la clasificación. «Vienen a vernos muchas niñas y eso me gusta», admite.
David RamírezAraba
¿Cómo de aceptado está en Mali ser jugadora de baloncesto?
Ahora no hay problema. Cuando yo era niña había mucha gente que decía que no podía jugar, que era para los niños, pero ahora eso va desapareciendo. Yo tuve la suerte de que mis padres eran deportistas y querían que yo hiciera deporte. Además mi hermana me abrió el camino. Ahora ha fichado por el Cadí La Seu, vuelve después de ser madre, y tengo ganas de jugar contra ella [lo hará el próximo 19 de febrero]. Nunca hemos jugado en el mismo equipo, siempre hemos sido rivales.
¿Ya le han llamado clubes más grandes, incluso de Euroliga, para la próxima temporada?
Hay equipos interesados en mi futuro, pero quiero concentrarme en esta temporada. En verano ya veré. Ni yo me esperaba los números que estoy haciendo, ahora pienso que soy la mejor, pero no quiero precipitarme. Me gustaría jugar playoffs con el Joventut y que nos clasificamos para la Eurocup.
¿Y la selección española?
La verdad es que no sé cómo funciona ahora mismo. Cuando tenía 18 o 19 años y empezaba a jugar en Gran Canaria, pregunté si podía jugar con la selección española y me dijeron que no porque ya había disputado un Mundial sub-17 con Mali. Ahora no sé cómo está el reglamento, si es posible cambiar o no. Nadie me ha preguntado.
¿Le gustaría volver a intentar quedarse embaraza pronto?
Lo haré, sí. Cuando mi embarazo no salió adelante, mi familia me hizo ver que aún era muy joven y que podría volver a intentarlo más adelante. Ahora quiero centrarme en jugar, en mi carrera en el baloncesto, y cuando llegue a los 30 años lo volveré a intentar.